Los vampiros del zodiaco CAPÍTULO 2
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CAPÍTULO 2

LEO

A Tris todo le parecía bien, absolutamente todo. Y eso era algo que no soportaba. Era muy vivaracha y quería llevarse bien con cualquier miembro del cuartel. La única vez que la había visto borde había sido con Vic aunque no había tenido ocasión de ver el motivo, tampoco me importaba.

Con un par de conversaciones establecidas y alguna más escuchada, me percaté de que estaba tan contenta por la idea de ser madre. Y que, dentro de lo que había, en realidad le parecía muy guapo como para intentar algo.

Alguien le remarcó que yo no tenía obligación de entablar una relación con ella pero eso no pareció preocuparla demasiado. Eso sí, notaba la mirada de juzgar en todos si intentaba salir o entrar por ahí.

De todos menos de Jana… Básicamente porque no la había visto desde hacía unos días.

—Aquí estás. —dije encontrándola de madrugada en la cocina comiéndose a cucharadas un bote de dulce de leche. —Ese golpe de azúcar alterará tus sentidos. —bromeé.

—Los tengo ya alterados. —respondió.

Su rostro hizo una mueca, como si estuviese sorprendida de coincidir conmigo.

—¿Dónde has estado metida? —pregunté con verdadera curiosidad.

—Entrenando en el gimnasio, como quedamos que sería buena idea hacer. —respondió encogiéndose de hombros.

Podía parecer que no me fijaba, pero había notado un tinte de reproche en su voz.

—¿Estás molesta por algo conmigo? —pregunté aunque a ese tipo de conversaciones sí que no estaba acostumbrado.

—¿Cómo de prohibido tienes salir a divertirte? —interrogó entonces clavando sus ojos color miel en mí.

Su pecho subía y bajaba marcando su turgencia en el punto exacto de su escote.

—Prohibido no está, o eso dicen los que no me dejan salir. —respondí riéndome.

Se carcajeó al mismo tiempo.

—¿Y divertirte dentro? —preguntó entonces sugerente.

Me puse serio porque algo cambió en el color miel de sus ojos tornándose más oscuro en el centro de la pupila. Sus incisivos quedaron a la vista entonces de una forma sugerente. Y entonces se acercó a mí pasando las dos manos por detrás de mi cuello.

Su olor a rosas se intensificó y no tuve ningún control sobre mí mismo. La cogí por la cintura hasta subirla a la encimera y colocarme entre sus piernas. Ella tiró de su ropa interior hasta hacerla salir por debajo de su vestido y abrió más sus muslos para dejarme entrar. Y joder si lo hice.

Gruñí dentro de ella mientras se esmeraba en volverme totalmente loco con los movimientos de su lengua contra mi cuello. Mi piel quemaba contra la suya.

Hubo un momento en el que fue a irse por completo pero me detuve consiguiendo que me pegase lentamente en el pecho regañándome. Volví a iniciar el vaivén de nuestras caderas para encender su sexo de nuevo. Era una tortura deliciosa de la que ella parecía estar disfrutando.

Y vaya que si yo lo hacía.

Cuando oí ruido fuera aumenté el ritmo para asegurarme de que llegase antes de tener que parar por completo y salí para llevarla corriendo hacia el otro pasillo y taparle la boca.

—¿Qué te pasa? —preguntó en un susurro aunque la cara era de satisfacción.

—Llegaba alguien. —expliqué antes de que ambos viésemos desde la esquina que entraba Abigail con su bebé en la cocina.

Noté en el olfateo que hizo del aire que un rastro de lo que había pasado se había quedado en el ambiente. Se rió un poco y siguió a lo suyo. Pero salió muy rápido así que…

—Mañana lo sabrá todo el mundo. —dijo Jana llevándose las manos a la boca.

—Nada nos prohíbe hacerlo. —mascullé tenso aunque sabía que no iba a ser bien recibido.

—Bueno, no es como si fuéramos pareja ni nada por el estilo. Solo es sexo. —respondió.

Auch, eso no me había sentado del todo bien. Demasiado fácil para ella distinguir las cosas. Que para mí también pero…

—Mejor si nos separamos entonces ya, para no levantar ampollas. —afirmé sereno.

Se fue sin decir nada más tras encogerse de hombros. Estaba endiabladamente sexy con ese camisón incluso yéndose sin darme más importancia.

Mientras me iba a dormir, el rastro a rosas en mis fosas nasales estaba todo el rato presente. Soñé con sus caderas moviéndose encima de mí con avidez.

En mitad del sueño, su olor se hizo más real e incluso, tras desaparecer violentamente, apareció entrando por la puerta.

Mierda. Eso no era un sueño.

Jana estaba subiéndose a mi cama de verdad.

—¿Qué…? —dejé la pregunta a medias en el aire.

—Solo quiero hacerlo otra vez... —Mordió mi oreja. —No puedo dormir. —añadió.

Mi miembro reaccionó al instante con más energía todavía arrancando su ropa interior y girándola para quedar encima. Bajé hasta su sexo para lamer su intimidad con maestría consiguiendo sus gemidos y que apretase las uñas contra las sábanas.

Cuando arqueó sus piernas entre las que me encontraba humedeciéndose aún más, subí para adentrarme de lleno hasta sentir que derramaba todo el líquido caliente en ella. Nuestras frentes se quedaron pegadas por unos segundos en los que ella entreabría los labios para besarme juguetonamente.

—¿Y ahora qué? —pregunté aunque no sabía de dónde ni para qué había salido esa cuestión.

—Ahora iré a mi cuarto, en cuanto me dejen de temblar las piernas. —respondió sonriéndome.

—¿Quién te prohíbe salir a ti? —interrogué dejándome caer a un lado.

Lejos de apoyar su cabeza en mi pecho, se incorporó.

—Oh, nadie, pero hoy la diversión pillaba lejos de casa. —respondió sonriéndome.

¿Eso qué significaba? Me sentí enfadado de pronto. Y más cuando terminó de irse.

¿Quién dormía después de eso? ¿Y por qué no podía?

Al bajar a desayunar tuve que plantearme qué tan buenas decisiones había tomado en las últimas veinticuatro horas porque todas las miradas se clavaron con críticas en ellas.

Siempre había despertado ese tipo de opinión, pero aquello era distinto.

Vi la duda reflejada en el rostro de Tris, quien parecía no saber cómo actuar. Todo el mundo esperaba que sucediese algo. Justo en ese momento, Jana entró pasando de todo sirviéndose de desayunar.

Genial. Ni a mí me salía ese escudo de hielo de “Es mi vida sexual, no la vuestra”.

—Leo, siéntate aquí si quieres. —dijo sonriéndome Tris.

Eso me sorprendió. A mí y a todos. Como no sabía qué otra cosa podía hacer, fui hasta allí para servirme un zumo junto a una ampolla escarlata.

—¿Has descansado? —pregunté forzado.

Me sentía algo incómodo porque sabía que ella olía lo que había pasado y aunque yo no le había prometido nada porque en ningún momento me había planteado una relación con nadie… Nunca había tenido que lidiar con una situación como esa.

—Sí, y tranquilo. No me importa. —respondió volviendo a sonreírme.

Hice algo muy parecido a toser de la impresión.

—¿Tú…? —cuestioné bajando sensiblemente la voz. —¿Estás de acuerdo con qué exactamente? —interrogué desconcertado.

Sabía que todo el mundo quería ser partícipe de esa conversación porque incluso yo hubiera estado intrigado de no ser el principal implicado.

—Me da igual tu vida sexual la verdad. Solo quiero asegurarme de que sabes que tienes que hacer algo parecido conmigo si queremos que aquí crezca algo. Y queremos eso. —respondió perdiendo un poco la sonrisa.

—¿Yo no te gustaba? —pregunté sin entender nada de lo que estaba pasando a mi alrededor.

—Bueno, eras algo así como mi crush, pero tampoco pierdo el culo por ti ni nada por el estilo. De hecho, creo que somos signo de leo los dos pero no nos parecemos. Tendremos ese bebé… ¿Cómo amigos? —interrogó tranquila.

Genial, demasiado tranquila. Nada visceral.

¿Qué estaba pasando?

—Supongo que podemos hacerlo, claro. —respondí.

—Quizá… ¿Se puede hacer luego? —cuestionó algo incómoda con ese tema.

—Sí, nos vemos en un rato. —dije saliendo de aquel comedor que tan agobiante me estaba empezando a parecer.

Di un golpe a un marco que rompí de inmediato.

—No veo que Tris sea un problema. Ni siquiera con tus… relaciones externas… —Se quedó callado. —Harold quiere saber si os vais a poner con eso pronto. —añadió.

—En un rato. Solo necesito un rato. —respondí enfadado.

A media tarde me duché como cuando iba a salir de normal. Me puse incluso guapo para mirar que mi pelo había quedado hacia atrás algo oscurecido con el agua.

Sexo sin compromiso pero con un bebé de por medio. No era tan complicado.

Salí encontrándome de pronto mirando al final del pasillo donde Jana se observaba en un espejo.

Llevaba un vestido negro con escote tanto por delante como por detrás y su cabellera rubia destacaba el oscuro de su traje.

Nuestros ojos se encontraron en el espejo y, sin darme cuenta, empecé a andar lentamente hacia ella.

Al llegar, encontré su cadera con mi mano. Ella echó su pelo a un lado y yo besé su cuello. Parecía encenderse con la misma rapidez que yo y eso solo enfurecía mi miembro queriendo poseerla.

¿Pero yo no iba de camino a otra parte?

—Debería irme si no quiero llegar tarde. —aseguró.

¿A dónde iba? ¿Y con quién?

—Quizá puedes divertirte aquí. —sugerí sin poder evitarlo.

¿Qué mal podía hacernos a ninguno de los dos calentarnos otro ratito?

—Tengo planes fuera. —rebatió pese a pasear sus manos por mi cuello.

—Yo también tengo planes. —discutí sintiéndome ofendido.

Le quité las manos y se carcajeó.

—Sí, creo que tienes que usar tu miembro para algo más que el placer. —señaló.

La palabra “placer” en su boca sonaba demasiado bien, tentador hasta decir basta.

—Puedo usarlo exactamente para eso ahora mismo. —dije mientras paseaba mis dedos por el interior de sus muslos.

—Leo… No es buena idea. —susurró mientras los introducía.

—O es una maravillosa idea. —rebatí.

Acabamos en su cuarto, que estaba más cerca, haciéndolo como animales; que en parte lo éramos. Mi instinto más primitivo me pedía sacar los colmillos; rasgar un poco su piel; hacer que gritase de pasión.

Cuando terminamos recibí un mensaje de Tris en el teléfono, que alguien se lo tenía que haber dado, que ponía “Hablemos”.

A lo mejor ya no le parecía tan buena idea ser amigos. De cualquier forma, no era una conversación que pudiera rehuir por mucho que me apeteciera salir y encerrarme en una noche de juerga que consiguiese que dejase de pensar en todo y en nada al mismo tiempo.

Bajé con ropa ancha que nada tenía que ver con lo que me ponía para salir y encontré a Tris removiendo relajada su café.

—Desde luego que eres una leo poco peleona. —dije intentando ser amable.

Solía caer bien y, sin embargo, en esa situación, entendía que me tuviese tirria. No debía ser fácil que todo el mundo cuchichease.

—Leo, he tenido una idea.

—Mira, lo siento. Sé que sería más fácil si fuésemos compañeros. Con todos los demás ha sido así, pero… Siempre he pensado que no había nadie para mí y… No siento nada diferente desde que nos conocemos. —dije siendo sincero.

—Tranquilo. Supongo que somos la excepción.

Eres guapo, pero tampoco siento eso. Sin embargo…

Hay que ver qué hacemos con lo del bebé.

—respondió volviendo a sonreírme. —¿Y si lo hacemos de laboratorio?

—preguntó entonces emocionándose de nuevo, como la primera vez que habíamos intercambiado palabras.

—Pues… No sé si eso es posible, pero es una buena opción. —respondí.

Sabía lo que iba a decir el trío calavera al respecto, pero dejé que ella lo explicara a su manera en mi lugar.

—¿Me estás diciendo que tú, que te has tirado todo lo que se mueve desde que te conozco, quieres hacer el bebé por in vitro? —preguntó Lewis parpadeando.

—¿Y si no es posible? —preguntó alterado Harold.

—No puede ser que me des este dolor de cabeza Leo. —soltó Gulliver casi riéndose.

—Pues habrá que probar, porque si no queremos, no queremos. —dijo contundente aunque tranquila Tris.

Vaya, eso lo estaba haciendo por mí…. Era la primera amiga que hacía en mucho tiempo. Y había sido tan sencillo como aparecer. Lo medité de nuevo, pero no sentía ninguna conexión más allá de una amistad con ella ni sabiendo qué era lo que se esperaba de nosotros.

Mientras dejábamos que ellos divagasen sobre cómo hacerlo, vi de reojo a Jana salir por la puerta del cuartel arreglada.

¿Dónde cojones iba? ¿Y a mí qué me importaba?