Los vampiros del zodiaco CAPÍTULO 5
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CAPÍTULO 5

REBECA

Levantarme fue la parte fácil. Que no se me notase la resaca ya fue otra historia. Lena me ofreció disimuladamente unas pastillas con el desayuno.

Por lo visto, aunque lo supieran, nadie había decidido regañarme. Qué novedad.

—¿Conseguiste que dejase de girar tu cabeza? –preguntó animado Travis.

—¿Por qué estás tan fresco? –cuestioné apoyando al barbilla en la palma de la mano.

Sentía que se me iba a caer la cabeza.

—Porque tengo más costumbre, más aguante, y bebí menos en proporción. –respondió jocoso.

Me tuve que reír a la fuerza.

—Vaya, vaya, qué bien os lleváis. –sugirió Amir con ganas de picar. —¿Y os enrollasteis o qué? –preguntó divertido.

Le golpeé con el codo.

—Hicimos todo lo que quisimos hacer.—contestó hábil Travis para espantarlo. —¿No es así? –preguntó en mi dirección cuando volvimos a estar solos en la mesa.

—Supongo que sí.

Me sonrojé un poco. Tenía la sensación de que me miraba con interés carnal además de su acercamiento amistoso. Y eso era algo que necesitaba para mí misma y para mi ego que había quedado, una vez más, pisoteado.

—¿Te regañó mucho tu tío? –interrogó al mismo tiempo que pasaba Greyson.

—Esto… Un poco. Solo me dejó claro los límites. –respondí consciente de que, a esa distancia, podría oírnos.

—Lo bueno es que no se ha chivado así que… Podemos salir otra vez. –anunció encantador.

—¿Y a dónde vamos? –pregunté metiéndome en su juego.

Por lo menos él quería acompañarme, hacer cosas, y sin miedo a que vieran que me hablaba. Quizá era él y yo tenía otras cosas metidas en la cabeza por culpa de mi admiración por Greyson.

—Al cine. Vamos de tranquis hoy porque me da a mí que te gusta demasiado la fiesta. –picó graciosamente.

—A eso no me pondrán problema. –dije sintiéndome algo aliviada por no tener que pedir permiso.

Mi madre era capaz de leerme que me pasaba algo en la cara incluso a un kilómetro de distancia.

Estaba indecisa. Me había cambiado cuatro veces de ropa hasta quedarme con un vestido azul claro que remarcaba el escote y la cintura, lo suficiente para estar vistosa según yo pero sin ser vulgar. Dejé mi pelo en tirabuzones caer y me pinté un poco más rojos los labios.

Al mirarme al espejo, hice el gesto de un beso.

¿Y cuántas veces había soñado sin querer con Greyon dándome ese primer beso?

Pero no iba a ser él…

Dejé salir el aire contenido y me dirigí a la salida, donde debía estar esperándome Travis. Por algún motivo, mis pies me llevaron hasta la habitación de Greyson y me quedé parada ahí.

Tuvo que rastrearme en el aire, porque abrió serio y con su cuerpo bloqueando cualquier entrada a su habitación.

Sí, bonito recordatorio de que no quería nada conmigo. Y yo allí, dispuesta a decirle algo que me dejaría aún más en vergüenza.

¿Y si me iba?

—Tú dirás. –dijo con la mandíbula tensa.

—Si te molesto me voy. –reté poniéndome atacada.

Él tenía ese efecto en mí, de multiplicar mis emociones como un exponencial.

—No he dicho absolutamente nada. –señaló.

—Tampoco has dicho que no te moleste. –recalqué.

Me giré ante su silencio pero me hizo rotar hacia él de nuevo cogiéndome de la muñeca.

—No me molestas Rebeca, nunca lo haces. –admitió para mi sorpresa. —¿Querías algo? –preguntó mientras paseaba sus ojos por mi cuerpo.

¿Qué estaba mirando?

Sentí que estaba desbocada de los nervios.

—¿Puedo pasar? –interrogué mirando a cada lado del pasillo.

—No es buena idea. –contestó enderezándose aún más, tanto que vi sobresalir el tatuaje por su camiseta.

—Pues me marcho, no voy a decirte esto en mitad del pasillo. Y Travis me está esperando. –solté poco dispuesta a seguir allí plantada.

Me metió de un solo movimiento dentro de su habitación tras mirar que no había nadie que nos viese.

—¿Y? –preguntó enarcando una ceja.

—Esto… —Dudé porque era tan absurdo que no entendía qué me había llevado hasta allí con alguna esperanza de que me dijese que sí cuando estaba claro que no. Pero como me había “ayudado” una vez… —Quería pedirte algo. –comencé a decir.

—¿Un favor? –preguntó extrañado.

—Más bien… Un regalo. –respondí sin saber muy bien por dónde tirar. Enarcó aún más la ceja. —El de mi cumpleaños, me lo debes. –ataqué metiéndome yo sola aún más en el lío.

—Mmm… Pues tú dirás. Si está a mi alcance… —aventuró.

Claro que él no podía imaginarse lo que le iba a decir.

—Quiero que me des un beso. –solté, porque cuanto antes lo dijese antes se acababa esa tensión amenazando con hacer explotar mi pecho.

Se quedó quieto. Si nosotros fuésemos humanos, diría que había dejado de respirar, como no lo éramos, el equivalente. Sus ojos azules paseaban por mi rostro sin que en el suyo se dibujase expresión alguna.

—Rebeca, yo… —Se volvió a callar.

Era como si no supiera exactamente qué decir.

—Me voy a besar esta noche con Travis. –declaré entonces aunque podía parecer que estaba loca. Seguramente lo estaba, pero decidí decirle toda la verdad. –Pero siempre había pensado que tú serías el primero.

Su mandíbula estaba tan tensa que noté como había un pálpito en ella. Sus hombros eran puras rocas y podía imaginarme su abdomen marcado a cincel también apretado.

—¿Y por qué va a ser esta noche? –preguntó desconcertándome. –Lo de Travis digo.

—¿Eso es lo que vas a decir? –inquirí enfadada.

—Tengo curiosidad. –soltó sin dejar de mirarme.

—Pues porque sí.

—Gran respuesta. –rebatió. –Y gran motivo. –añadió.

—Eres insoportable. –declaré dispuesta a irme.

Él y su puta manía de colocar la mano en la puerta para evitar que me fuese, pero estaba dispuesta a pelear para marcharme de esa situación, que si bien me había metido yo sola en ella, no tenía ganas de continuar.

Greyson no me veía más que como una cría y yo me empeñaba en decirme a mí misma que no era cierto una y otra vez.

Giré sobre mis talones para colocar ambas palmas sobre su pecho y empujarle. Casi ni le moví.

—No hagas eso. –pidió bajito. Lo volví a hacer. –Rebeca. –Mi nombre sonó severo, a advertencia.

—¿O qué? –reté de nuevo.

Levantó las manos en señal de paz y yo decidí irme, eso sí, para no volver.

—Solo digo. –Me detuve sin darme la vuelta, pero noté sus pasos a mi espalda, llegando hasta mí emanando calor.

–Que cuando beses a alguien, debería ser porque tu garganta se seque al tenerlo cerca; tus manos quemen de querer tocarlo; y sientas que no hay otro sitio más donde quisieras estar que en esa boca. –declaró consiguiendo paralizarme.

—¿Eso es lo que tú sentías por todas las que te has tirado? –pregunté sintiendo que era injusto.

Putamente injusto que yo quisiera pasar por su cama aunque fuera siendo una más.

—Eso es lo que no he sentido nunca, con nadie que haya estado. –contestó. –No hagas nada que no sientas Rebeca.

—¿Y si lo que siento no importa? –pregunté volviendo a sentir mi voz débil.

—Te están esperando. –señaló de pronto sin contestar a eso.

—Estamos hablando. –recalqué elevando un poco la voz.

—Seguiremos hablando cuando vuelvas. –dijo encogiéndose de hombros antes de lanzarse a su cama con las manos detrás de la nuca.

¿Eso era una invitación a hablar después?

Hice lo que yo misma le había aconsejado a Travis: Si ya has conseguido algo que no esperabas, debías salir corriendo antes de que hubiese arrepentimiento.

—Has tardado un siglo. –recriminó con una sonrisa en los labios Travis.

—Perdón, no sabía qué ponerme.

—Pues estás guapísima. –halagó abriéndome la puerta del coche. –Va a ser una noche increíble.

Su augurio no tenía por qué no ser cierto, pero yo solo pensaba en volver al cuartel para seguir teniendo esa conversación con Greyson. Y no era justo ni conmigo misma porque prefería discutir con Greyson que reírme con Travis.

Sin sentido. Dañino. Pero cierto.

La película estaba bien, pero yo tenía la cabeza en otra parte. Travis me empujó un poco en el hombro para que le mirase. Al sostenerle la mirada, pensé en las palabras de Greyson.

Era guapo, pero no conseguía que la imagen mental de su boca acercándose a la mía me dejase paralizada y con los labios entreabiertos.

¿Y si me estaba apresurando?

Cuando el cine se quedó a oscuras, ya acabadas las letras de los directores, sentí una punzada de temor. Me levanté rápida y eché a andar hacia la salida. Travis pareció algo desconcertado.

—Podemos ir a cenar. –propuso intentando alcanzarme.

—La verdad es que creo que aún tengo algo de alcohol en mi organismo porque estoy tan cansada. –mentí.

Me sentía algo culpable, pero en realidad, no era como si le hubiese dicho que iba a pasar entre nosotros nada especial esa noche. Eso solo había sido una idea que había pasado por mi mente.

Otro día.

“O nunca” sonó solo en mi cabeza.

En el camino al cuartel, me miró varias veces, como si sopesase si decirme algo. También había un deje de contrariedad en su expresión. A lo mejor él se había hecho sus propias ilusiones.

¿Tenía yo la culpa de no poder parar de pensar en Greyson? Posiblemente.

—Entiendo que lo prohibido pueda parecerte emocionante. –dijo de pronto. –Pero si todo el mundo está en contra, quizá tienen motivos. Al fin y al cabo, nosotros somos jóvenes…. Es posible que no sepamos toda la historia.

Su comentario me molestó. No le correspondía meterse en esto, precisamente había contemplado la posibilidad de salir con él porque al llegar de fuera, no tenía nada que decir al respecto. Pero unos días había sido suficiente al parecer para coger información y hacerse una idea.

—No sé de qué estás hablando. –mentí.

—Que sepas que siento algo de verdad por ti, me gustas. –declaró en la puerta del cuartel.

—Nos vemos mañana. –contesté aunque sabía que era una respuesta poco sensible con su confesión.

Aún con esa sensación agridulce, subí hasta la habitación de Greyson. Cuando abrí, su expresión fue de alivio por un segundo, o eso me pareció.

—¿Y bien? –interrogó enarcando una ceja.

No cambió de postura con las manos tras la nuca. Estaba expuesto de forma que mi mente trazó imágenes indecentes.

—No ha surgido. –dije sin estar segura de si se refería al supuesto beso.

—Bien. Ya llegará el momento y la persona. –soltó sin más levantándose. –Buenas noches Rebeca. –añadió abriendo la puerta para invitarme a salir.

—¿Qué? –pregunté incapaz de no parecer sorprendida.

Él me había dicho que hablaríamos. Yo creía… ¿Qué creía?

—¿Ocurre algo? –interrogó sin perder su expresión pétrea.

—Era un consejo paternal entonces. –respondí intentando tragarme esa verdad.

Solo quería que no me equivocase, como no lo quería Leo o no lo quería Shaun. Y yo me había montado una película porque tenía esa jodida habilidad.

—Un consejo, sin más. –rectificó sin que tuviese sentido para mí.

—Pues muchas gracias por el consejo. –dije enfadada.

Con él; con haber cancelado mi cita; con mis expectativas; y con mis deseos.

–¿Y sabes qué? No hace falta que me regales nada.

Era una estupidez sin sentido. La emoción de lo prohibido dicen, pero esa venda ya se me ha caído.

Tranquilo, “tito”, que no tengo ninguna intención de perseguirte. –solté como un toro de miura.

¡Imbécil!

¿Había vuelto para volverme loca? ¡Pues no iba a conseguirlo! Yo merecía algo más que soñar despierta con algo que, evidentemente, no iba a pasar.

Mi cuerpo me recordó quejicoso el placer que había sentido al tocarme pensando en él con su voz de guía, pero le exigí que se callase.

Greyson no era para mí, fin de la historia.