Los trece minutos (Los casos de Rivas 3) CAPÍTULO 28La mujer que no se había marchado #3
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CAPÍTULO 28La mujer que no se había marchado #3

El armario estaba en el lugar descrito por Inés. Sobre su parte superior había varias cajas de cartón, algunas abiertas y otras cerradas con cinta. Antes de moverlas, Científica fotografió la disposición y documentó el estado de las superficies.

La caja marcada «filtros» apareció detrás de una relación de material eléctrico que llevaba meses sin actualizarse.

En su interior encontraron un pañuelo gris doblado alrededor de un objeto metálico.

Pilar pidió que nadie lo manipulara hasta terminar las fotografías.

Cuando retiraron cuidadosamente el tejido, quedó visible una pequeña navaja plegable.

La hoja presentaba restos oscuros adheridos cerca de la unión con el mango.

—La localización coincide con la que ha facilitado Inés —dijo Pilar—.

Ahora tendremos que analizar esos restos, comparar las características del arma con la lesión y comprobar si existe alguna transferencia que pueda relacionarla con el vehículo.

El hallazgo tiene un valor importante porque ha señalado un objeto oculto cuya posición no conocíamos.

Molina examinó las fotografías sin acercarse al armario.

—También describió el pañuelo, la caja y el lugar donde estaba escondida. Eso es información que no aparecía en ninguna de las diligencias que le hemos mostrado.

—Incorporaremos todo con la cadena de custodia correspondiente —respondí—. La recuperación del arma deberá quedar separada de los resultados que todavía tiene que obtener el laboratorio.

Salimos del depósito mientras los técnicos continuaban trabajando.

En el pasillo de servicio, Molina se detuvo frente a la puerta S-2.

—Durante días creí que alguien había preparado una forma de entrar en el coche aprovechando la descarga. Después pensamos que la furgoneta podía haber sido utilizada para salir. Al final, la parte que nunca comprendimos estaba sucediendo antes de que Marcos llegara.

—Gabriel esperaba a Inés —respondí—. Ella acudió a la reunión, entró con él y permaneció dentro mientras discutían. La furgoneta apareció después. Lo que ahora sabemos sobre la agresión procede de su declaración y tendremos que contrastarlo con el arma, la sangre y el resto de las pruebas.

Molina miró hacia el armario que acabábamos de abandonar.

—Por lo menos esta vez tenemos algo más que una explicación de cómo pudo ocurrir.

Antes de terminar la jornada revisé con Molina las actuaciones necesarias para remitir las diligencias al juzgado.

Habíamos acreditado las operaciones económicas sospechosas, la reunión concertada, el contacto de Inés con AUX-04 y la presencia de sangre de Gabriel en su calzado.

Su declaración explicaba la entrada, la agresión y la retirada, y había permitido localizar un arma oculta en un lugar que describió con precisión.

La investigación del asesinato podía darse por esclarecida policialmente, a falta de completar los informes periciales y de que la autoridad judicial valorara las responsabilidades correspondientes.

Pedí a Molina que coordinara también la revisión de las diligencias que afectaban a Marcos y a los demás sospechosos. Habíamos exigido muchas explicaciones a personas que se encontraban trabajando aquella noche; correspondía ahora dejar constancia de qué sospechas habían perdido fundamento.

Después solicité que se organizara la comunicación oficial a Beatriz Arroyo.

Prefería hablar con ella personalmente.

Cuando llegué a la sala donde me esperaba, se levantó antes de que pudiera sentarme.

—¿Han encontrado a quien mató a Gabriel?

—Tenemos una persona detenida que ha reconocido su participación y ha facilitado información que hemos podido corroborar.

Hay pruebas materiales importantes y la investigación ha avanzado lo suficiente para esclarecer lo ocurrido.

Todavía quedan actuaciones judiciales y periciales, pero quería que lo supiera por nosotros.

Beatriz permaneció de pie unos instantes.

—¿Era alguien que él conocía?

—Sí. Una persona de su entorno profesional.

Me pidió que le explicara cuanto pudiera sobre las circunstancias. Le hablé de la investigación económica y de la reunión que Gabriel había acordado aquella noche, evitando detalles que todavía debían quedar reservados al procedimiento.

Cuando terminamos, Beatriz me acompañó hasta la puerta.

—Llevo días intentando imaginar qué pudo pasarle dentro del coche —dijo—.

A veces pienso que se quedó dormido mientras esperaba a alguien.

Otras, que intentó marcharse y alguien se lo impidió.

Supongo que ahora tendré que acostumbrarme a saber que estaba hablando con una persona a la que conocía desde hacía años.

Me despedí de ella y regresé a comisaría.

Molina había terminado de preparar la documentación para el juzgado. Revisamos juntos los últimos extremos, incorporamos la diligencia de localización del arma y dejamos identificados los análisis pendientes.

Cuando terminamos, cerró el expediente de trabajo y apartó de la mesa el plano del aparcamiento.

Todavía quedaban asuntos relacionados con las empresas de Gabriel que debíamos continuar investigando. Pero la muerte del empresario tenía ya una explicación respaldada por pruebas que no dependían exclusivamente de nuestra interpretación de las cámaras.

Firmé las diligencias y se las devolví a Molina para su tramitación.