Los trece minutos (Los casos de Rivas 3) CAPÍTULO 28La mujer que no se había marchado #2
88%

CAPÍTULO 28La mujer que no se había marchado #2

La respuesta no describía una agresión preparada alrededor de la llegada de Marcos. Según su relato, el obstáculo apareció mientras seguían discutiendo y le proporcionó una ocasión inesperada para abandonar el lugar sin quedar expuesta a las cámaras.

—¿Cómo salió del coche?

—El asiento estaba demasiado adelantado para pasar cómodamente entre el marco y el todoterreno. Accioné el mando lateral, lo retrasé y pude sacar las piernas. Tenía prisa y una de las suelas quedó enganchada en la alfombrilla. Me apoyé en el suelo del coche antes de salir y después cerré mi puerta.

Recordé la doblez de la alfombrilla, el arrastre de sangre sobre el carril y la impresión parcial de calzado.

—¿Qué hizo con los zapatos que llevaba aquella noche? —pregunté.

—Los limpié nada más llegar a casa. Había visto sangre en una de las suelas y pensé que había conseguido quitarla.

Después los guardé con los demás. Cuando supe que estaban investigando el coche, llegué a pensar en deshacerme de ellos, pero me convencí de que la limpieza había eliminado cualquier resto.

—¿Adónde fue?

—Volví hacia S-2 por detrás de la furgoneta.

Utilicé otra vez la tarjeta para entrar al pasillo de servicio.

Después subí hacia la planta de oficinas, dejé la tarjeta donde la había recogido y salí del edificio por el acceso habitual.

Más tarde cogí un taxi en la calle. Había cancelado el transporte que tenía reservado porque acepté hablar con Gabriel, pero nunca pensé que terminaría marchándome de aquella manera.

—¿Recuerda a qué hora pasó por la salida principal o si se cruzó con algún empleado de seguridad? —pregunté.

—La hora exacta, no. Recuerdo que había gente entrando y saliendo del edificio. Caminé hacia la calle intentando comportarme con normalidad, aunque procuré evitar que alguien me reconociera.

Pedí a Molina que incorporara aquel recorrido a las comprobaciones pendientes sobre las cámaras y los accesos. Hasta entonces habíamos trabajado con una hora de salida que Inés había facilitado para sostener su primera versión de los hechos.

Su relato explicaba por qué no habíamos conseguido identificar el servicio de transporte que había presentado inicialmente como parte de su coartada.

También explicaba la utilización de AUX-04 en los dos momentos que llevábamos investigando.

Faltaba comprobar una cuestión esencial.

—¿Dónde está la navaja? —pregunté.

Inés se volvió hacia su abogada.

Esta vez solicitaron interrumpir la declaración y permanecer a solas.

Cuando regresamos, Inés pidió que le permitiéramos explicar dónde había dejado el arma.

—Al entrar por S-2 hay un pasillo que lleva a las dependencias auxiliares.

Antes de llegar al depósito, a la derecha, se encuentra un armario metálico donde guardaban material de mantenimiento.

Hay varias cajas pequeñas en su parte superior.

Dejé la navaja cerrada y envuelta en un pañuelo dentro de una caja de cartón que estaba detrás de las demás.

—¿Recuerda alguna característica de la caja? —preguntó Molina.

—Era marrón y tenía escrita la palabra «filtros» con rotulador negro. El pañuelo era gris claro. Me había manchado al intentar limpiar la hoja y lo llevaba en la mano cuando entré al pasillo. Pensé que allí no lo encontrarían inmediatamente.

La abogada pidió que quedara reflejado que su clienta facilitaba voluntariamente aquella localización. También solicitó que se incorporara íntegramente la explicación que había dado sobre su intención.

Acepté y dispuse que la declaración quedara cerrada conforme al procedimiento.

Antes de salir, Inés pidió hacer una última precisión.

—Cuando les dije que no había recogido la tarjeta, sabía que estaba mintiendo.

Había pensado que, si no podían demostrar que había bajado, tampoco conseguirían demostrar que estuve en el coche.

Pero cuando me mostraron los mensajes y después encontraron la sangre, comprendí que tarde o temprano tendrían que preguntarme por lo que pasó allí dentro.

—Lo que ha declarado será contrastado con las pruebas —respondí—. Especialmente lo relacionado con el arma y sus movimientos. También tendrá oportunidad de ampliar o rectificar su versión con asistencia letrada ante la autoridad judicial.

Inés miró los papeles que Molina estaba ordenando.

—Gabriel me dijo que todavía podía colaborar entregando la documentación.

Pensé que, después de lo que había descubierto, aquello era una manera de obligarme a reconocer todo delante de mis compañeros.

Me preocupaba más perder mi puesto que lo que estaba haciendo con el dinero.

Eso es lo que recuerdo de aquella conversación.

Esperé a que su abogada terminara de revisar el acta antes de abandonar la sala.

Pilar entró en el depósito auxiliar acompañada de dos técnicos y de los agentes encargados de asegurar el acceso.