CAPÍTULO 27De las 2047 a las 2100
Había caminado sin correr, utilizando el espacio que quedaba libre entre las columnas y evitando el recorrido principal de los vehículos. Cuando se detuvo frente al lector, Nuria comprobó el cronómetro y le pidió que regresara por el mismo camino.
—Quiero repetirlo con la furgoneta colocada en su posición —explicó—.
Este recorrido es válido para medir la distancia, pero aquella noche había un vehículo descargando y varias personas trabajando en los alrededores.
Necesitamos saber cuánto cambia el tiempo cuando reproducimos esas circunstancias.
Molina se acercó mientras guardaba el teléfono con el que había medido la primera prueba.
—He podido llegar hasta aquí sin encontrarme con nadie, aunque durante unos metros he quedado a la vista del pasillo de circulación.
Si alguien hubiera salido del coche cuando la furgoneta tapaba la plaza, tendría que haber aprovechado la columna y el lateral del todoterreno para mantenerse fuera de las cámaras.
Vamos a comprobar exactamente dónde vuelve a ser visible.
Habíamos conseguido autorización para utilizar parte del aparcamiento durante aquella mañana. Los responsables del edificio habían desviado la circulación por otra zona y dos agentes controlaban el acceso a las plazas donde trabajábamos.
En el lugar que había ocupado la berlina de Gabriel se encontraba un vehículo equivalente. A su derecha, unos paneles reproducían la posición del todoterreno gris. También habíamos colocado una furgoneta de dimensiones semejantes a la de Marcos, con el motor apagado y las ruedas inmovilizadas.
Pilar supervisaba la reproducción desde el lateral del coche. Había llevado las fotografías originales de la inspección y las medidas del asiento del copiloto, pero había dejado claro que las pruebas materiales seguirían examinándose exclusivamente sobre las evidencias intervenidas.
—Quiero que distingamos dos movimientos —dijo mientras ajustaba uno de los paneles—.
El acceso al coche antes de que llegara Gabriel y la salida después de que resultara herido.
El segundo podría relacionarse con la sangre del carril y con la posición final del asiento.
El primero depende de unas circunstancias que todavía tenemos que establecer.
Repetimos la entrada por el lado del copiloto utilizando las dos modalidades de apertura que habíamos examinado anteriormente.
Los resultados coincidieron con los de la primera reproducción: si Gabriel desbloqueaba todas las puertas mientras se aproximaba, una persona situada junto al lateral derecho podía entrar antes de que él ocupara el asiento del conductor.
La apertura mediante proximidad ofrecía un margen menor y obligaba a coordinar el movimiento de ambos ocupantes. Seguíamos sin conocer qué procedimiento había utilizado Gabriel aquella noche, pero las dos alternativas eran físicamente posibles.
Pedí a Nuria que dejara constancia de la comprobación y preparáramos la segunda parte de la reproducción. Lo que necesitábamos medir ahora era el tiempo que podía emplear una persona en abandonar el asiento del copiloto, salir entre los vehículos y llegar hasta S-2.
Durante semanas había visto aquellas imágenes sin considerar seriamente esa posibilidad. Incluso después de conocer la existencia de S-2, concentré buena parte de las comprobaciones en las personas que podían acercarse al coche cuando comenzaba la obstrucción.
Había sido una decisión mía, además de una interpretación compartida con Molina.
Y nos había hecho dedicar demasiado tiempo a reconstruir un acceso que quizá nunca ocurrió durante los trece minutos.
Nuria nos reunió junto al vehículo para comenzar la segunda parte.
Había preparado una secuencia con los horarios corregidos de las cámaras, los registros de S-2 y las llamadas telefónicas. Ninguno de los tiempos procedía de una estimación visual cuando existía una referencia documental.
—Gabriel llegó a las veinte cuarenta y uno.
La furgoneta comenzó a ocultarlo a las veinte cuarenta y siete.
A las veinte cincuenta y uno y cuarenta y ocho recibió la llamada de Ferrer, que terminó a las veinte cincuenta y dos y cuarenta y dos.
Treinta y un segundos después hubo otra llamada del mismo número, sin respuesta.
La segunda apertura de S-2 figura a las veinte cincuenta y cinco y treinta y seis.
Molina señaló la diferencia entre las dos últimas horas.
—Desde que termina la conversación hasta que se utiliza la tarjeta pasan dos minutos y cincuenta y cuatro segundos. Si la agresión se produjo entonces y la segunda apertura corresponde a la retirada, la persona que salió tuvo que abandonar el coche y recorrer esta distancia dentro de ese tiempo.
—Tenemos que comprobar también la situación más ajustada —dije—.
Si la agresión ocurrió después de que Ferrer volviera a llamar, a las veinte cincuenta y tres y trece segundos, quedarían dos minutos y veintitrés segundos hasta la segunda apertura de S-2.
Ese intervalo tendría que incluir la agresión, la reacción posterior y la retirada.
Vamos a medir cuánto exige el recorrido antes de considerar viable toda la secuencia.
Pilar pidió a la agente que ocupara nuevamente el asiento del copiloto.
Yo me senté al volante.
Habían adelantado el asiento derecho ocho centímetros respecto a su posición final, utilizando la medida aproximada que se desprendía del examen de los carriles. El control eléctrico quedaba junto a la base del asiento, al alcance de quien estuviera sentado allí.
—Vamos a reproducir movimientos, no una agresión —aclaró Pilar—.
La distribución de sangre permite investigar si hubo un desplazamiento del asiento cuando Gabriel ya estaba herido, pero no conocemos la posición exacta de los cuerpos ni cómo se produjo el contacto.
Aquí solo podemos medir la maniobra y comprobar su compatibilidad física.
Nuria inició el cronómetro.
La agente accionó el mecanismo y el asiento retrocedió. Después se inclinó hacia la puerta, abrió lo suficiente para introducir una pierna y giró el cuerpo hasta conseguir salir.
La limitación de espacio la obligó a detenerse para colocar el segundo pie.
Desde mi asiento, el movimiento quedó parcialmente oculto por el marco y por el respaldo derecho.
Cuando logró cerrar la puerta, Molina le indicó el recorrido que debía seguir.
Avanzó hasta la columna, rodeó el extremo del vehículo de reparto y continuó hacia S-2. Al llegar al lector simuló la presentación de la tarjeta, sin utilizar AUX-04 ni alterar los registros antiguos.
Nuria detuvo el cronómetro.
—Un minuto y cuarenta y siete segundos desde que comenzó a mover el asiento. Vamos a repetirlo sin indicaciones, porque ahora ha seguido exactamente el recorrido que Molina le señaló y eso reduce las dudas que tendría alguien que necesitara orientarse.
La segunda prueba resultó más lenta.
La agente tuvo dificultades para sacar una pierna y necesitó corregir la posición de la puerta. Después encontró a Molina junto a la columna, representando a una persona que pudiera aparecer en el pasillo de circulación, y esperó unos segundos antes de continuar.
Tardó dos minutos y nueve segundos.
—Los dos resultados caben en el intervalo posterior a la llamada —observó Molina—. Incluso el segundo deja margen si situamos el comienzo del desplazamiento poco después del corte de la comunicación. Pero eso no demuestra que la agresión sucediera exactamente entonces.
Pilar recogió las medidas.
—Y hay otra limitación. Hemos empezado a contar cuando el asiento comienza a moverse.
Si la herida se produjo antes, falta ese tiempo.
Tampoco conocemos cuánto pudo tardar la persona en reaccionar después del ataque.
La reproducción permite comprobar que la retirada es físicamente viable, pero no puede convertir una secuencia hipotética en una cronología exacta.
Salí del coche mientras el técnico devolvía el asiento a su posición de partida.
La alfombrilla original había presentado una doblez junto a la zona posterior y una impresión parcial de calzado. Ahora disponíamos, además, de un zapato intervenido a Inés con características compatibles con aquella impresión y una pequeña cantidad de sangre de Gabriel alojada en su suela.
El movimiento que acabábamos de observar ofrecía una forma posible de relacionar esos elementos.
Pero faltaba determinar exactamente cómo había llegado aquella sangre al calzado.
—Si quien salió estaba junto a Gabriel cuando recibió la herida, pudo entrar en contacto con sangre al desplazarse por el habitáculo —comenté—.
También pudo producirse una transferencia indirecta al mover el asiento o al apoyar el pie.
Necesitamos que el informe pericial valore esas posibilidades sin elegir una solamente porque encaje mejor con nuestra hipótesis.
Pilar colocó las fotografías sobre el capó del vehículo de reproducción.
—Lo que podemos relacionar es la sangre de Gabriel en el carril, el arrastre compatible con el retroceso del asiento, las marcas de uso del espacio derecho y el material biológico encontrado en el zapato.
Son elementos concordantes, pero el mecanismo exacto de transferencia sigue abierto.
Y el tirador interior de la puerta del conductor constituye otra actuación que debemos situar sin confundirla con la salida del agresor.
Me mostró aquella última fotografía.
La pequeña mancha se encontraba en la cara interior del tirador, donde Gabriel habría colocado los dedos para accionar la apertura.
—Si intentó abrir la puerta después de recibir la herida, pudo dejarla entreabierta él mismo —continuó—. La posición observada al terminar la obstrucción no obliga a suponer que el agresor saliera por ese lado.
Volví a mirar la puerta derecha.
Durante los primeros días habíamos intentado explicar la del conductor como parte de la huida. Ahora resultaba posible que ambos movimientos pertenecieran a personas distintas.
Molina quiso hacer una última prueba antes de desmontar la furgoneta.