CAPÍTULO 26Lo que Gabriel descubrió #2
—Quiero enseñaros primero la comparación de las suelas —dijo Pilar—.
Una de las impresiones parciales de la alfombrilla presenta características compatibles con este modelo.
Además del dibujo general, hay una interrupción irregular en el borde de una pieza de la suela que también aparece en el calzado intervenido.
Es una correspondencia relevante, aunque la marca de la alfombrilla no conserva una impresión completa que permita una identificación individual concluyente.
Molina observó las ampliaciones.
—Inés trabajaba con Gabriel desde hacía nueve años. Incluso aunque pudiéramos demostrar que estuvo sentada allí alguna vez, eso no establecería que lo hiciera el jueves del asesinato. Ya sabíamos que podíamos encontrar restos de ocupantes anteriores.
Pilar colocó una segunda fotografía.
—Por eso hemos examinado el calzado completo. En una pequeña hendidura de la suela se recuperó material biológico que no correspondía a una simple partícula del pavimento. El análisis ha identificado sangre humana y el perfil genético obtenido coincide con el de Gabriel Lozano.
Me acerqué a la imagen.
La muestra procedía de un espacio estrecho entre dos piezas de goma. Según la documentación de recogida, aquella zona permanecía protegida de los contactos exteriores más habituales y se había analizado separadamente del resto del zapato.
—¿Habéis comprobado la posibilidad de contaminación? —pregunté.
—Hemos revisado la cadena de custodia, las muestras de referencia y los controles del análisis.
El calzado se recogió precintado en el domicilio de Inés y no estuvo en contacto con las muestras del vehículo durante su tratamiento.
El resultado es fiable. Lo que sigue requiriendo interpretación es el momento y el mecanismo por el que esa sangre llegó a la suela.
Molina volvió a examinar las fotografías.
—Tenemos una impresión compatible con ese zapato en la alfombrilla del copiloto y sangre de Gabriel en el propio calzado. Ya no estamos hablando solamente de que Inés tuviera una razón para reunirse con él. Hay una relación física que deberá explicar.
—Exactamente —respondió Pilar—. La sangre no permite afirmar por sí sola que llevara el zapato puesto durante la agresión. Pero el hallazgo tiene que valorarse junto a las marcas interiores y a lo que ella ha declarado sobre sus movimientos.
Pilar abrió otra carpeta.
—Hay también un resultado de la tarjeta AUX-04.
Cuando quedó intervenida se recuperaron varios rastros papilares, algunos demasiado fragmentarios para compararlos.
Uno de ellos presenta suficientes características para establecer una correspondencia con una impresión de Inés obtenida legalmente durante las nuevas diligencias.
Molina se inclinó hacia ella.
—Entonces tenemos un contacto suyo con la tarjeta que había negado haber recogido.
—Tenemos una huella que permite sostener que la manipuló en algún momento —corrigió Pilar—. Como la tarjeta era de uso compartido, el rastro no puede fecharse. Tampoco podemos determinar con una huella si fue ella quien abrió S-2 a las veinte treinta y cinco o a las veinte cincuenta y cinco.
Examiné las dos fotografías colocadas sobre la mesa.
Una mostraba el calzado. La otra, la superficie de una tarjeta que habíamos visto repetidas veces durante la investigación.
Por separado, ambas pruebas conservaban limitaciones.
Juntas situaban a Inés ante preguntas a las que hasta entonces había conseguido responder con explicaciones administrativas.
A primera hora de la tarde nos reunimos con Ferrer para incorporar sus conclusiones provisionales al conjunto de las diligencias.
Había revisado los contratos, las transferencias y parte de los documentos entregados por Cauce.
Seguía pendiente una comprobación técnica del valor de los servicios, pero la distribución del dinero y la relación de Inés con la empresa subcontratada estaban respaldadas por documentación bancaria y mercantil.
—Gabriel había detectado una operación cuya presentación contable no coincidía con lo que sucedió realmente en el banco —explicó—.
Eso fue lo que le llevó a pedir las dos versiones y los justificantes.
Ahora sabemos que una parte sustancial de los fondos acabó en una sociedad vinculada a su directora financiera, sin que esa relación figurara en el expediente contractual que hemos examinado.
Hay motivos suficientes para investigar una apropiación de fondos y la posible ocultación de las operaciones, aunque la calificación definitiva corresponderá al procedimiento judicial.
Molina tomó una copia de las conclusiones.
—Gomis autorizó el pago, pero su intervención es distinta de la modificación posterior y de la distribución de fondos.
Tendremos que continuar comprobando qué sabía realmente sobre Linde.
Su responsabilidad económica y sus enfrentamientos con Gabriel no desaparecen porque hayamos descubierto la intervención de Inés.
Ferrer estuvo de acuerdo.
—Una autorización puede ser válida y haberse utilizado dentro de una operación irregular.
Para determinar quién organizó el desvío tendremos que examinar las instrucciones, los contratos y el conocimiento de cada responsable.
Pero la documentación que Gabriel pretendía entregar al auditor estaba bien elegida.
Había localizado precisamente los registros que permitían empezar a descubrirlo.
Guardé el informe.
Durante casi toda la investigación habíamos supuesto que Gabriel permaneció en el coche por una llamada o porque quiso terminar algunos asuntos antes de marcharse.
Ahora teníamos la conversación mediante la que citó a Inés, las discrepancias que quería discutir y el recorrido por el que alguien podía haber llegado hasta la plaza antes que él.
También teníamos la sangre de Gabriel en un zapato intervenido a Inés.
Pedí a Molina que preparara la incorporación inmediata de los resultados al procedimiento y coordinara con el juzgado las medidas correspondientes. La gravedad de los indicios exigía actuar sin esperar a que la reconstrucción estuviera redactada por completo.
Cuando nos levantamos, Ferrer señaló las fotografías que habíamos colocado junto a su informe.
—Hay algo que quisiera saber, inspector. Aquella noche llamé a Gabriel para confirmar la documentación que debíamos revisar. Lo encontré preocupado y bastante distraído durante la conversación. Si estaba reunido con Inés, ¿por qué decidió atenderme mientras seguían juntos?
Miré el registro de la llamada.
La conversación había comenzado a las 20:51:48 y terminado cincuenta y cuatro segundos después.
—Es una de las cuestiones que tenemos que reconstruir —respondí—. Sabemos que Gabriel podía hablar durante esa llamada y que después dejó de responder. Lo que ocurrió dentro del coche no puede deducirse únicamente del momento en que usted escuchó aquel ruido.
Ferrer recogió sus documentos.
—Entonces quiero que conste también lo que le dije en mi primera declaración.
Aquella conversación no me permitió saber si había otra persona con él.
Si estaban discutiendo, Gabriel no me lo explicó.
Hablamos de los originales que quería entregarme y la comunicación terminó antes de que pudiera precisar qué esperaba que revisara primero.
Al despedirnos, Molina permaneció a mi lado en el pasillo.
—He vuelto a pensar en la furgoneta —comentó—.
Durante días creí que alguien había organizado su presencia para cometer el asesinato.
Si la agresión ocurrió después de la llamada, Inés pudo encontrarse con una oportunidad que no tenía prevista cuando aceptó la reunión.
Eso explicaría parte de nuestros errores, aunque todavía debemos establecer qué hizo durante aquellos minutos.
—Y si llevó un arma con intención de utilizarla —respondí—. La diferencia entre acudir a discutir y acudir preparada para matar será importante. Tenemos pruebas de que había razones económicas para intentar impedir la auditoría, pero el motivo no sustituye la reconstrucción de la agresión.
Molina asintió mientras guardaba la copia del informe pericial.
Los agentes encargados de ejecutar las medidas acordadas ya habían recibido la documentación necesaria. La situación de Inés había cambiado y sus declaraciones anteriores tendrían que confrontarse con indicios que no dependían de nuestra interpretación de las cámaras.
Regresé al despacho para revisar las horas de la llamada y del segundo uso de AUX-04.
Entre ambas había menos de tres minutos.
Aquel intervalo exigía una explicación física muy precisa, y esta vez teníamos pruebas suficientes para intentar comprobarla.