Los trece minutos (Los casos de Rivas 3) CAPÍTULO 24La reunión privada #2
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CAPÍTULO 24La reunión privada #2

—Sabemos que Gabriel quería hablar con Inés sobre unas operaciones económicas y que ambos acordaron encontrarse en el aparcamiento. Ahora tenemos que reconstruir qué pasó cuando llegó allí. Su ayuda nos permite distinguir lo que Gabriel había previsto de lo que realmente consiguió hacer.

Laura miró hacia el despacho vacío.

—Aquel jueves pensé que solamente estaban teniendo otra de sus discusiones. Llevaban nueve años trabajando juntos y habían pasado por épocas bastante peores. Jamás imaginé que la última conversación pendiente de Gabriel pudiera terminar siendo tan importante.

Inés se encontraba reunida con dos asesores cuando solicitamos hablar con ella.

Aceptó recibirnos al terminar, pero esta vez su actitud fue distinta. Nos hizo pasar a una sala donde había dispuesto que estuviera presente una abogada de la empresa.

Molina colocó sobre la mesa la conversación recuperada.

—Queremos aclarar algo que no aparece en sus declaraciones anteriores.

A las veinte doce, Gabriel le propuso reunirse en su coche, en la planta menos dos, alrededor de las ocho cuarenta.

Usted respondió tres minutos después que estaba de acuerdo y que bajaría directamente. ¿Recuerda esa conversación?

Inés leyó los mensajes completos antes de contestar.

—Sí. Recuerdo que Gabriel quiso continuar hablando de la conciliación fuera de las oficinas. Estábamos intentando resolver una discusión que había ocupado buena parte de la tarde. Pero una cita acordada no significa necesariamente que llegara a celebrarse.

—Eso es precisamente lo que necesitamos saber —respondí—. Usted nos dijo que no volvió a mantener ninguna reunión con él después de la discusión en las oficinas. Ahora sabemos que aceptó encontrarse con Gabriel poco antes de que lo asesinaran.

La abogada intervino.

—Mi clienta ha explicado sus movimientos y ha colaborado con las comprobaciones. Si existe documentación adicional, agradeceríamos que se incorpore a una declaración formal y que pueda examinarla antes de responder sobre acontecimientos que ocurrieron hace una semana.

Inés apoyó los papeles delante de ella.

—Puedo decirles que aquella noche estaba dispuesta a hablar con Gabriel. Después cambiaron varias cosas y terminé marchándome. Ya les he explicado cómo cancelé el transporte que había reservado y cómo regresé a casa.

Molina se inclinó ligeramente hacia ella.

—La cancelación ocurrió siete minutos después de que aceptara reunirse con Gabriel.

Usted había reservado un coche para las veinte veinticinco y después afirmó haber utilizado un taxi.

Necesitamos que nos explique cómo encaja ese cambio de transporte con una reunión prevista para las veinte cuarenta.

Inés permaneció unos instantes mirando la copia.

—Precisamente por eso preferiría revisar mis comunicaciones antes de reconstruir ahora cada decisión.

Recuerdo que quería marcharme y que Gabriel insistió en continuar hablando.

Es posible que aceptara reunirme con él y después decidiera que aquella conversación podía esperar.

Lo que no quiero es improvisar una explicación que ustedes terminen interpretando como una declaración definitiva.

Su abogada pidió que cualquier nueva comparecencia se organizara con las garantías correspondientes.

Acepté.

La documentación ya establecía que Inés había acordado la reunión. Su presencia efectiva en el coche seguía necesitando una corroboración independiente.

Antes de salir de la sala, Molina recogió las copias.

—Necesitaremos también conservar las comunicaciones relacionadas con esa reunión y cualquier documento que pueda acreditar sus movimientos posteriores —indicó—.

La investigación ya no se limita a su salida de las oficinas.

Estamos comprobando lo que ocurrió después de que aceptara encontrarse con Gabriel.

Inés se quedó sentada junto a la abogada mientras abandonábamos la estancia.

De regreso a comisaría, Molina preparó la ampliación de las diligencias. Esta vez disponíamos de una contradicción concreta: Inés había aceptado una reunión en el aparcamiento que no había mencionado al reconstruir su última tarde con Gabriel.

Le pedí que mantuviera separadas las comprobaciones sobre AUX-04, las comunicaciones y el acceso al vehículo.

—Quiero saber también qué pasó con las llaves de Gabriel —añadí—.

En el coche encontramos un mando sobre la consola, pero todavía no hemos demostrado quién lo llevaba antes de que él llegara.

La existencia de una reunión explica por qué alguien podía esperarlo; sigue faltando acreditar cómo habría entrado al habitáculo.

Molina revisó sus notas.

—Voy a comprobar las llaves disponibles y sus custodios. También pediré que nos confirmen si la berlina tenía alguna modalidad de acceso distinta de las que examinamos con el técnico. Prefiero cerrar esa cuestión antes de utilizar la reunión para sostener una reconstrucción completa.

Miré la hora.

Eran las seis y veinte.

Claudia terminaba el ensayo a las siete, y el martes le había prometido que iría a buscarla.

—Encárgate de distribuir estas comprobaciones y de asegurar la documentación original —le dije—. Mañana revisaremos juntos los resultados. Hoy tengo que salir a una hora concreta.

Molina levantó la vista.

—¿Algún compromiso importante?

—Voy a recoger a Claudia. Se lo prometí el martes y no quiero volver a organizar la tarde como si en casa todos pudieran adaptar sus horarios al mío.

Guardó los papeles.

—Entonces vete. Tenemos bastante trabajo y puedo ocuparme de repartirlo sin que estés aquí dando instrucciones sobre cada llamada. Además, si necesitas que algo esté preparado para mañana, te lo dejaré encima de la mesa.

Llegué al instituto unos minutos antes de las siete.

Claudia salió con dos compañeras, hablando de un cambio en la representación. Cuando me vio junto al coche, se despidió de ellas y se acercó con el libreto bajo el brazo.

—Al final me han dejado el papel que quería —me contó mientras abría la puerta—. La profesora ha decidido que prepare la otra escena solamente como suplente, aunque nos ha dicho que todos tenemos que aprender a trabajar con cambios. Ha sido bastante más sencillo de lo que pensaba.

Arranqué cuando terminó de colocarse el cinturón.

Durante el trayecto me explicó cómo habían resuelto el reparto y las dificultades de una compañera que estaba pensando abandonar el grupo.

Le pregunté qué opinaba ella.

Claudia empezó a contármelo con una seguridad que no le había escuchado el martes. Esta vez dejé que terminara antes de decir nada.