Los trece minutos (Los casos de Rivas 3) CAPÍTULO 23La tarjeta auxiliar
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CAPÍTULO 23La tarjeta auxiliar

La tarjeta auxiliar

Raquel había preparado dos carpetas sobre la mesa cuando llegamos a las oficinas de Lozano Inversiones. Una contenía las solicitudes de documentación que Gabriel había realizado durante su última semana. La otra, bastante más delgada, reunía comunicaciones con la administración del edificio.

Molina se sentó frente a ella y abrió la segunda.

—Quiero empezar por este correo del jueves —dijo—. Lo envió usted a las siete cincuenta y seis de la tarde y hace referencia a una solicitud de acceso a las dependencias auxiliares. Necesitamos saber quién se la encargó y qué hizo después de recibir la respuesta.

Raquel examinó la hoja.

—Me lo pidió Inés. Estábamos terminando de preparar documentación para la auditoría y quería comprobar unos anexos que, según la relación de archivo, podían encontrarse en una dependencia del edificio.

Le expliqué que mi departamento no tenía autorización para entrar allí y me dijo que consultara con administración.

Habíamos llegado hasta aquella comunicación después de que Molina ampliara la petición de documentos.

Las primeras diligencias se habían centrado en los registros de seguridad y en la custodia de las tarjetas.

Esta vez había solicitado también las peticiones que los propios empleados de Lozano Inversiones habían realizado para acceder a instalaciones comunes.

—¿Le pidió expresamente una tarjeta? —pregunté.

—Me pidió que averiguara cómo entrar. Después hablé con administración y me dijeron que podían facilitar una credencial temporal. Se lo trasladé a Inés antes de marcharme, pero desconozco si llegó a utilizarla. Yo estaba terminando unos justificantes y tenía bastante trabajo pendiente.

Molina abrió el correo siguiente.

La respuesta se había enviado a las 20:03 desde administración del edificio. Confirmaba que seguridad podía autorizar una tarjeta auxiliar para consultar documentación en una dependencia próxima a mantenimiento.

En el asunto aparecía una referencia interna. El cuerpo del mensaje identificaba a Inés Calderón como solicitante.

—Aquí figura su nombre —señalé—. ¿Por qué no nos había hablado de esta gestión cuando le preguntamos por los movimientos de la tarde?

Raquel dejó la hoja sobre la mesa.

—Porque ustedes me preguntaron por los documentos que Gabriel había pedido y por las operaciones que estaba revisando. Esta solicitud no tenía relación con ninguna transferencia. Además, Inés me había dicho que se ocuparía personalmente de resolverlo. Yo hice la consulta y continué trabajando.

Molina permaneció unos instantes examinando la respuesta.

—En sus declaraciones anteriores, Inés explicó que había buscado documentación en una sala de archivo de vuestra planta. También le preguntamos si bajó a las dependencias subterráneas y no consiguió precisar todos sus desplazamientos. Una solicitud como esta habría resultado útil para comprobarlo.

—Lo entiendo ahora que me lo explica —respondió Raquel—.

Pero una cosa es solicitar acceso a un archivo y otra bajar realmente.

Si todos los correos que envío para organizar el trabajo terminan convirtiéndose en una declaración sobre lo que hizo otra persona, voy a tener dificultades para responder por mis propias tareas.

Su malestar tenía una causa reconocible. Desde la muerte de Gabriel, buena parte de las decisiones del departamento financiero se estaban reconstruyendo a partir de comunicaciones administrativas que ella había tramitado sin participar en su contenido.

—Queremos que responda únicamente por lo que hizo y escuchó —le dije—. ¿Recuerda si Inés volvió a hablarle de la tarjeta?

—Me preguntó si habían contestado. Le dije que sí y le reenvié el correo. Después seguí con los justificantes. Si necesitan saber quién recogió la credencial, tendrán que preguntarlo a seguridad.

Raquel nos permitió contrastar los mensajes con el correo original de su cuenta corporativa. Molina solicitó su conservación y le mostró el texto que proponía incorporar a las diligencias.

Ella corrigió una expresión antes de firmarlo.

Habíamos escrito que Inés había pedido una tarjeta. Raquel insistió en precisar que le había encargado gestionar una autorización de acceso.

Aceptamos la modificación.

La diferencia podía terminar siendo importante.

Rafael Cifuentes nos recibió en una pequeña sala contigua al despacho de seguridad. Tenía el teléfono encima de una carpeta y varias hojas preparadas para discutir la renovación del contrato de vigilancia.

Cuando Molina le mostró la comunicación de administración, la leyó completa antes de responder.

—Recuerdo que aquel jueves hubo varias peticiones para entrar en dependencias auxiliares.

Algunas correspondían a trabajos de mantenimiento y otras a empleados del edificio que necesitaban documentación.

Si quieren saber qué autorización se dio, tendremos que consultar las comunicaciones de ese día.

—Ya tenemos una —respondió Molina—. A las veinte tres, administración informó de que podía facilitarse una tarjeta temporal a Inés Calderón.

Usted estaba encargado de controlar las credenciales auxiliares y nos dijo que no sabía quién había retirado AUX-04.

Necesito que nos explique si recibió esta petición y qué hizo con ella.

Rafael dejó de hojear los papeles.

—Autorizar el acceso y entregar una tarjeta son gestiones distintas. La administración podía consultar si una empleada estaba habilitada para entrar, pero la retirada debía registrarse. Precisamente lo que hemos estado intentando aclarar es por qué esa anotación no aparece.

—La tarjeta se utilizó dos veces aquella noche —intervine—. Ahora hemos identificado una petición concreta, presentada poco antes. Necesitamos saber si estaba relacionada con la credencial que terminó utilizándose.

Rafael se levantó para buscar un archivador.

Había una hoja con las comunicaciones internas de su departamento. Junto a la referencia de administración aparecía una nota manuscrita:

Archivo auxiliar. Dirección financiera. Autorizar tarjeta temporal.

Debajo figuraban sus iniciales.

Molina le mostró la anotación.

—¿La escribió usted?

—Sí. La petición llegó mientras estaba resolviendo otros asuntos y dejé la autorización preparada.

El procedimiento normal era que la persona interesada acudiera a recoger la tarjeta y firmara la entrega, pero aquella tarde hubo varios cambios de turno.

Ya les he explicado que la custodia de las auxiliares no siempre se realizó correctamente.

—¿Qué tarjeta dejó preparada?

Rafael consultó la hoja y después miró a Molina.

—AUX-04 era una de las que podían utilizarse para ese recorrido. Es posible que fuera la que se facilitó, pero la anotación no identifica el número de credencial. No puedo asegurarles que esta autorización terminara convirtiéndose en un préstamo.

—Cuando le preguntamos por los usuarios posibles, usted habló de personal de mantenimiento y de las contratas —dijo Molina—. Nunca mencionó que la directora financiera hubiera solicitado entrar aquella noche.

—Porque estábamos hablando de quién había utilizado la tarjeta. Yo no tenía constancia de que ella la recogiera. Si hubiera dicho que Inés tuvo AUX-04, habríamos estado atribuyéndole una actuación que no podía demostrar.

Molina mantuvo la mirada sobre él.

—Podría habernos informado de que había una autorización a su nombre. Llevamos días reconstruyendo quién tuvo motivos para entrar por S-2 y usted sabía que existía esta petición. Nos habría permitido comprobarla cuando todavía estábamos tomando las primeras declaraciones.

Rafael cerró el archivador con cuidado.

—Acepto que debí facilitarles también esta documentación. Pero les aseguro que no estaba intentando ocultar una relación con el asesinato. En aquel momento consideré que la petición de una empleada para consultar archivos formaba parte del funcionamiento normal del edificio.

Le pedí que nos indicara quién tenía acceso al cajetín durante aquella franja.

Rafael identificó al personal de su departamento y a los vigilantes autorizados.

La tarjeta estaba disponible al comienzo del jueves y había reaparecido en el control de primera hora del viernes.

Entre ambos momentos seguíamos sin conocer quién la retiró, durante cuánto tiempo estuvo fuera o quién la devolvió.

—¿Alguien vio recoger esa tarjeta a Inés? —pregunté.

—Yo no. Cuando recibí la petición estaba ocupado y dejé la autorización para que pudiera tramitarse. Necesitaré comprobar quién atendió después el departamento.

—Hágalo y entregue también la relación completa de autorizaciones de ese turno —respondí—. Pero esta vez quiero los originales y todas las solicitudes relacionadas, aunque considere que algunas no tienen importancia.

Molina le indicó que las comprobaciones sobre la custodia de AUX-04 seguían abiertas.

Cuando salimos, Rafael permaneció junto a la mesa, examinando la copia de la autorización que acababa de firmar.

Nuria estaba trabajando con los registros de S-2 cuando regresamos a comisaría.

Molina le entregó las comunicaciones de Raquel y la nota de Rafael. Después señaló las dos horas que llevábamos utilizando desde el comienzo de la investigación.

—Quiero que distingamos tres cosas —dijo—. La solicitud de Inés, la posible entrega de una tarjeta y las aperturas que tenemos registradas. Necesitamos saber hasta dónde nos lleva cada una sin convertirlas en una misma actuación.

Nuria examinó los documentos.

—La solicitud está acreditada por el correo corporativo y por la autorización de seguridad.

También sabemos que AUX-04 fue utilizada a las veinte treinta y cinco y a las veinte cincuenta y cinco.

El sistema identifica la credencial, pero no a la persona que la llevaba.

Seguimos sin conocer si hubo un préstamo a Inés ni qué lado de S-2 se utilizó en cada ocasión.

Molina se acercó al plano.