CAPÍTULO 22Una persona que ya estaba allí
Una persona que ya estaba allí
El técnico había preparado una berlina del mismo modelo que la de Gabriel para comprobar el funcionamiento del cierre centralizado.
El coche original permanecía bajo custodia de Policía Científica, y las características de su sistema de apertura se habían contrastado previamente con la documentación técnica.
El vehículo de reproducción tenía las puertas cerradas, pero desbloqueadas. El técnico introdujo el mando en una funda de aislamiento y se alejó unos metros para evitar que el sistema detectara su proximidad. Después me indicó que probara la manilla del copiloto.
Tiré de ella y la puerta se abrió sin resistencia.
—Ahora vamos a bloquear las puertas con el mando —explicó mientras lo sacaba de la funda—.
Así podremos distinguir entre dejar el vehículo sin cerrar y activar expresamente el cierre centralizado.
En el primer caso, lo importante es saber si el sistema termina bloqueando las puertas por sí mismo cuando el propietario se aleja.
Accionó el mando, comprobó que las puertas quedaban bloqueadas y volvió a guardar la llave en la funda. Cuando regresé al lado derecho, la manilla permaneció cerrada.
Molina observaba desde el otro lado de la berlina, junto a Pilar, que había comprobado la equivalencia técnica del sistema utilizado para aquella reproducción.
—Lo que necesitamos saber es si Gabriel pudo dejar el coche abierto por la mañana sin que el sistema lo cerrara automáticamente —expliqué—.
Hemos supuesto durante toda la investigación que cualquier persona que quisiera entrar antes de su llegada necesitaría una llave o tendría que forzar alguna puerta.
El técnico, que trabajaba habitualmente con sistemas electrónicos de automoción, consultó los datos del modelo.
—Este vehículo dispone de apertura sin introducir la llave, pero el cierre por alejamiento no forma parte de su configuración.
Cuando el conductor sale y cierra las puertas, debe activar el cierre mediante el mando o el pulsador correspondiente.
Si no lo hace, las puertas permanecen desbloqueadas.
Podemos repetir la prueba después de un intervalo mayor, aunque el funcionamiento ya está comprobado.
Molina se acercó hasta la puerta derecha.
—Gabriel era un hombre acostumbrado a controlar sus cosas. Me cuesta imaginar que dejara una berlina de este precio abierta durante toda la jornada. Además, tendría que hacerlo precisamente el jueves del asesinato. Que el mecanismo permita una situación no significa que se produjera.
—De acuerdo, pero hasta ahora ni siquiera habíamos comprobado esa posibilidad. Si alguien entró por el lado del copiloto antes de las veinte cuarenta y uno, necesitamos saber cómo pudo hacerlo. Acabamos de establecer que, en determinadas condiciones, bastaba con abrir la puerta.
Pilar intervino antes de que volviéramos a discutir.
—También tenemos que considerar la llave de repuesto.
El sistema reconoce más de una credencial de acceso, pero eso no identifica cuál pudo utilizarse en una fecha concreta.
El vehículo no conserva un historial completo de cada apertura que permita reconstruir aquella tarde.
Podemos determinar su funcionamiento, comprobar las llaves disponibles y examinar el estado de los mecanismos, pero sería incorrecto afirmar ahora que alguien encontró el coche abierto.
El técnico volvió a cerrar las puertas y dejó el mando sobre una bandeja.
—Hay algo más. Si el propietario sabía que otra persona iba a acceder al vehículo, podía dejarlo deliberadamente sin cerrar. El funcionamiento sería idéntico al de un olvido. El sistema tampoco nos permitiría distinguir entre ambas situaciones.
Me quedé mirando el asiento del copiloto.
Durante los últimos días habíamos intentado reconstruir cómo podía acercarse alguien al coche después de que Gabriel entrara.
La posibilidad de una entrada anterior modificaba bastante más que el horario.
Si una persona ya estaba dentro cuando Gabriel bajó, su llegada solitaria a las veinte cuarenta y uno dejaba de resultar tan concluyente como nos había parecido al principio.
—Quiero comprobar el espacio disponible junto a esa puerta —dije—. El todoterreno gris ocupaba la plaza contigua y tenemos fotografías tomadas antes de retirar ninguno de los vehículos. Si alguien entró por aquí, tuvo que hacerlo con esa limitación.
Pilar pidió al técnico que esperara antes de retirar el equipo.
La reproducción de la posición de los vehículos exigió más trabajo del que había previsto.
Utilizamos las medidas obtenidas durante la inspección del aparcamiento y las fotografías en las que aparecían ambos coches.
Dos paneles móviles permitieron señalar aproximadamente el lateral del todoterreno gris, mientras el técnico comprobaba cuánto podía abrirse la puerta derecha de la berlina sin alcanzar el obstáculo.
Molina se situó junto al espacio disponible.
—Por aquí tendría que entrar alguien sin golpear el otro coche. Si abre demasiado la puerta, puede dejar una marca; si apenas la abre, tiene que introducirse de lado. ¿Habéis encontrado algún daño en el borde exterior?
Pilar consultó las fotografías originales.
—La puerta presentaba señales normales de uso, pero ninguna marca reciente que podamos relacionar con un golpe contra el todoterreno.
Eso no descarta que alguien la abriera parcialmente.
La separación entre ambos vehículos ofrecía un margen reducido, aunque suficiente para que una persona pudiera intentar acceder al asiento.
El técnico abrió la puerta hasta el límite que permitía la reproducción.
Me coloqué de perfil y probé a introducir una pierna. Tuve que girar el cuerpo para salvar el marco, pero conseguí sentarme sin desplazar el asiento de su posición retrasada.
Al salir, la rodilla rozó ligeramente el revestimiento interior.
—Es incómodo, pero se puede hacer —comenté mientras me incorporaba—. Una persona que conociera el espacio disponible podría entrar sin necesidad de abrir la puerta por completo.
—También podría salir —añadió Molina—. Y si hubiera abandonado el coche mientras la furgoneta ocultaba la plaza, el todoterreno seguiría tapando parte de ese movimiento. Tendríamos una explicación posible para el acceso y la retirada por el mismo lado.
Pilar retiró uno de los paneles.
—Recordad que esta reproducción establece posibilidades físicas, no movimientos demostrados.
La posición de los vehículos está reconstruida con un margen de error y tampoco sabemos las características de quien pudo ocupar el asiento.
Lo importante es que podemos dejar de tratar ese espacio como si fuera inaccesible.
Molina se quedó junto a la puerta mientras yo examinaba la zona que habíamos utilizado.
—Hay algo que me preocupa más que la anchura —dijo—.
Si alguien llegó aquí a las veinte treinta y cinco, tenía seis minutos hasta que apareciera Gabriel.
Podría abrir una puerta que estuviera desbloqueada y sentarse dentro, pero necesitaría saber que el propietario iba a regresar.
De lo contrario, estaría esperando sin conocer cuánto tiempo permanecería allí.
—Eso supone que la primera apertura de S-2 corresponde a la persona que buscaba el coche. Seguimos sin poder asegurarlo.
—Lo sé. Estoy intentando averiguar qué explicación merece investigarse después de descartar la idea de una entrada preparada alrededor de la furgoneta.
Y esta tiene una diferencia importante: quien estuviera dentro no tendría que aprovechar ningún obstáculo visual para acercarse a Gabriel cuando bajara.
Me apoyé en el borde de la mesa donde Pilar había colocado las fotografías.
—Entonces la pregunta cambia. Tendríamos que averiguar si Gabriel esperaba encontrarse con alguien antes de marcharse, y si esa persona tenía alguna razón para pensar que podía acceder al coche.
Molina observó la puerta derecha.
—Puede que la tuviera. Aunque todavía debemos explicar por qué Gabriel se sentaría tranquilamente al volante si encontrara a alguien esperándolo. Una sorpresa así podría provocar una reacción, y las imágenes no muestran nada que nos permita reconocerla.
—Dependería de quién fuera y de lo que Gabriel esperara encontrar. Si conocía a esa persona o había acordado hablar con ella, su reacción podía ser completamente distinta.
Pilar nos escuchó mientras guardaba las fotografías.
—Tenéis dos cuestiones separadas. Una persona pudo entrar físicamente por esa puerta antes de que Gabriel llegara y el coche pudo encontrarse desbloqueado.
Para relacionar ambas cosas con el asesinato necesitáis una prueba independiente de la presencia de ese ocupante.
Lo que sabemos sobre el asiento todavía no permite fecharla.
Volví a mirar el vehículo.
La sangre recuperada del carril seguía pendiente de completar algunas comprobaciones. Las fibras y las marcas de la alfombrilla tampoco identificaban a nadie. Pero la reconstrucción física había eliminado un obstáculo que nosotros mismos habíamos incorporado a nuestra primera teoría.
Ya no necesitábamos suponer que alguien había conseguido abrir el coche después de las veinte cuarenta y siete.
Podía haber estado dentro cuando Gabriel llegó.
De regreso a comisaría encontré a Nuria trabajando con las relaciones de acceso que Molina le había encargado.
Había separado los movimientos de los ascensores, las puertas peatonales y las tarjetas auxiliares en registros distintos para evitar que las diferencias entre sistemas produjeran falsas coincidencias.
—He mantenido abierta la franja anterior a las veinte cuarenta y uno —me explicó—.
La primera utilización de AUX-04 sigue siendo relevante, pero todavía carecemos de una identificación personal.
He comprobado también los registros de mantenimiento que nos facilitaron y existen movimientos de trabajadores durante la tarde que tendremos que contrastar con sus horarios.