CAPÍTULO 21La furgoneta no mentía
La furgoneta no mentía
El conductor del camión había conservado una fotografía de la plataforma elevadora averiada porque necesitaba justificar el retraso de aquella noche. En la imagen aparecía el mecanismo desplegado, a medio metro del suelo, con dos paquetes todavía sujetos mediante una correa.
—Mi encargado quería saber por qué seguía ocupando el muelle cuando ya había terminado la entrega —nos explicó—. Le mandé la fotografía y después llamé al servicio de asistencia. Pensaba que sería cosa de cinco minutos, pero al final tuve que esperar a que vinieran a repararla.
Nos encontrábamos en las instalaciones de la empresa propietaria del camión.
Molina había conseguido identificar el vehículo que ocupaba la zona habitual de descarga cuando Marcos Leal llegó al aparcamiento de Gabriel Lozano.
Su conductor, Tomás Aguirre, estaba revisando unas hojas de mantenimiento junto a un escritorio colocado entre estanterías de repuestos.
Habíamos examinado anteriormente las autorizaciones del edificio, pero faltaba comprobar una circunstancia que podía cambiar nuestra interpretación: por qué aquel camión continuaba allí cuando debía haber terminado su servicio.
—¿A qué hora tuvo la avería? —pregunté.
Tomás buscó un mensaje en su teléfono.
—La fotografía se la envié al encargado a las ocho cuarenta y cuatro.
El problema empezó un poco antes, cuando intenté recoger la plataforma para marcharme.
El sistema dejó de responder y se quedó desplegada.
Con aquello sobresaliendo por detrás, el camión no podía circular por el aparcamiento.
Además, habría bloqueado el paso a cualquiera que viniera detrás.
Molina examinó la pantalla.
—Tenemos el registro de su entrada al edificio y sabemos que ocupaba la zona de mercancías cuando llegó el siguiente reparto. Lo que queremos comprobar es si su permanencia allí estaba prevista o si alguien le pidió expresamente que retrasara la salida.
Tomás apartó el teléfono.
—Me gustaría saber quién iba a pedirme que me quedara atrapado en un sótano.
Tenía dos entregas más pendientes y terminé saliendo casi una hora después de lo previsto.
Si quieren comprobarlo, pueden hablar con los clientes a los que llegué tarde.
Uno presentó una reclamación porque tuvo que dejar a un empleado esperándome.
Nos entregó el parte de asistencia.
El técnico que había revisado el vehículo identificó un fallo en el cableado del mecanismo de seguridad de la plataforma. En el documento constaban la hora de aviso, la llegada del servicio de reparación y el trabajo realizado.
—¿Había dado problemas anteriormente? —pregunté.
—Un par de veces se quedó parada durante unos segundos, pero después volvió a funcionar. Se lo había comentado al taller. El jueves falló por completo cuando estaba recogiendo el equipo. Yo tenía la mercancía entregada y solamente quería irme.
Molina repasó el historial.
—Vamos a necesitar una copia del parte original y de las comunicaciones con asistencia. También queremos contrastar el aviso con las imágenes del muelle, porque la hora de un mensaje demuestra cuándo lo envió, pero necesitamos documentar cuándo quedó inmovilizado el vehículo.
Tomás nos indicó dónde estaba el encargado.
Antes de salir de la oficina se detuvo junto a la puerta.
—Una cosa. He visto lo que han publicado sobre la furgoneta que estaba detrás de mí.
Conozco al conductor de haber coincidido alguna vez en otros edificios.
Si aquel día pudo descargar en otra zona fue porque yo seguía ocupando el muelle.
Espero que no estén diciendo que alguno de nosotros organizó aquello.
—Estamos comprobando precisamente cómo se produjo el cambio de estacionamiento —respondí—. Su declaración nos ayuda a reconstruir lo ocurrido, pero todavía tenemos que contrastar las circunstancias.
Tomás nos acompañó hasta el despacho de administración.
Allí conservaban las comunicaciones de la flota y el historial de incidencias técnicas. Molina había solicitado aquella documentación el viernes y la empresa la había preparado durante el fin de semana.
La encargada abrió el registro correspondiente al jueves del asesinato.
El aviso de Tomás figuraba a las 20:44. Después aparecía una llamada al servicio de asistencia y una modificación de las entregas que le quedaban por completar.
—El retraso afectó a otros servicios —nos explicó—. Tuvimos que avisar a dos clientes y reorganizar parte de la ruta. Si alguien necesita demostrar que aquella avería nos perjudicó, tengo bastante documentación para hacerlo.
Molina comparó las horas con sus notas.
—El fallo se comunica tres minutos antes de que la otra furgoneta empiece a ocultar el coche de Gabriel. Nuestra duda era si alguien podía conocer con suficiente antelación que Marcos tendría que estacionar fuera de la zona de mercancías.
—Nosotros mismos no supimos que el camión iba a quedarse allí hasta que Tomás llamó —respondió la encargada—. Teníamos prevista su salida y la siguiente entrega no formaba parte de nuestra organización. Trabajamos con empresas diferentes.
Le pedimos que conservara los registros originales y las comunicaciones relacionadas con la incidencia.
Cuando regresamos al coche, Molina permaneció unos momentos examinando las horas que había apuntado.
—La avería nos explica por qué estaba ocupado el muelle —dijo—. Ahora quiero comprobar la otra mitad de la decisión: que Silvia indicó a Marcos dónde descargar después de encontrarse con esa situación, y no porque alguien lo hubiera dispuesto anteriormente.
Nuria había preparado la documentación cuando llegamos a comisaría.
Sobre su mesa estaban las imágenes del muelle de carga, el registro de autorizaciones del edificio y los datos remitidos por la empresa del camión averiado.
—He comparado las marcas temporales con los sistemas que ya teníamos sincronizados —explicó—.
La cámara del muelle muestra al conductor intentando recoger la plataforma antes del aviso de asistencia.
El vehículo permanece inmovilizado después.
La secuencia coincide con las fotografías y con las comunicaciones de la empresa.
En la pantalla apareció el camión detenido junto a la zona de descarga.
El conductor recogía las últimas correas. Después se situaba junto al mecanismo posterior y accionaba un mando.
La plataforma comenzó a elevarse, se detuvo y quedó suspendida. Tomás repitió la operación varias veces antes de apartarse para utilizar el teléfono.
—La imagen no permite establecer por sí sola la causa de la avería —continuó Nuria—, pero documenta que la plataforma dejó de completar el movimiento.
El parte técnico identifica el fallo del sistema de seguridad.
No hemos encontrado alteraciones relevantes en las comunicaciones anteriores del conductor, aunque tampoco podemos excluir cualquier intervención ajena solamente con estos documentos.
Molina observó la grabación completa.
—La autorización para que Marcos descargara junto a la columna figura después del aviso de avería. Silvia explicó que tomó esa decisión cuando el conductor llegó y comprobó que el muelle seguía ocupado. La secuencia de cámaras y los registros son compatibles con su declaración.
—¿Hay alguna modificación anterior de la ubicación asignada al reparto de Marcos? —pregunté.
Nuria abrió la orden de transporte que habíamos revisado en el almacén.
—La previsión original mantenía el edificio como destino, con entrega por la zona habitual de mercancías. No aparece una instrucción previa que dispusiera el estacionamiento delante de la plaza de Gabriel. El cambio se registra cuando el vehículo llega y seguridad autoriza una alternativa.
Molina apoyó el cuaderno junto al teclado.
—Entonces alguien que pretendiera utilizar la furgoneta como pantalla tenía que contar con dos cosas distintas.
Podía prever que habría una entrega aquella tarde, porque era frecuente.
Lo que no podía garantizar mediante la programación del reparto era que Tomás sufriera esa avería y dejara ocupado el muelle precisamente cuando llegara Marcos.
—Podría haber aprovechado la situación cuando ocurrió —respondí—. La presencia de la furgoneta siguió ofreciendo una oportunidad real para acercarse al coche sin aparecer en la cámara principal.
—Sí, pero eso es diferente de preparar un recorrido que dependa de que la furgoneta tape la plaza a las veinte cuarenta y siete.
Mi reconstrucción del sábado necesitaba que el agresor esperara en mantenimiento desde las veinte treinta y cinco y se acercara cuando comenzara la descarga.
Ahora sabemos que la posición exacta del vehículo se decidió bastante después de aquella primera apertura de AUX-04.
Volvió a consultar la imagen.
Durante los últimos días habíamos empezado a cuestionar nuestra interpretación de la llegada al coche.
La comprobación de Molina añadía una dificultad concreta: el obstáculo sobre el que habíamos construido buena parte de la reconstrucción dependía de una incidencia ajena a los movimientos de Gabriel.
—¿Mantienes que una persona pudo esperar cerca de S-2? —pregunté.
—Como posibilidad física, sí. Pero ya no tengo motivos suficientes para sostener que esperara allí porque sabía que Marcos iba a colocar la furgoneta delante del coche.
Podría haber aprovechado una ocasión inesperada, aunque tendría que demostrar cómo reconoció esa oportunidad y consiguió llegar hasta Gabriel.
Apartó el plano que había preparado para su primera reconstrucción.
—Llevo días intentando que las horas encajen alrededor de ese vehículo.
La entrada, la llamada de Ferrer, el golpe que oyó Marcos y la segunda apertura de S-2.
Cada vez que una pieza ofrecía dudas, buscaba una forma de mantener el mismo recorrido.
Creo que hemos dedicado demasiado esfuerzo a defender una explicación que todavía no hemos conseguido verificar.
—Era una hipótesis que merecía comprobarse —respondí—. La cuestión es qué hacemos con lo que sabemos ahora.