Los trece minutos (Los casos de Rivas 3) CAPÍTULO 17El golpe que nadie entendió
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CAPÍTULO 17El golpe que nadie entendió

El golpe que nadie entendió

Pilar había colocado una fotografía ampliada de la alfombrilla del copiloto junto a las imágenes que tomamos durante la primera inspección del vehículo. Cuando llegué al laboratorio, el lunes por la mañana, estaba comparando dos zonas de la tapicería con ayuda de una lupa iluminada.

—Antes de que me preguntes si hemos identificado al asesino, te adelanto que las muestras todavía no permiten llegar tan lejos —dijo, sin levantar la vista—. Pero hemos encontrado algo que merece una explicación.

Pilar me señaló una marca sobre la alfombrilla.

—Durante la inspección encontramos partículas adheridas al tejido y una impresión parcial producida por una suela.

La marca está bastante definida en esta zona, cerca de la consola, y hay otra más tenue junto al borde exterior.

Al examinar las fotografías originales comprobamos que ambas estaban presentes antes de retirar el cuerpo de Gabriel.

—¿Pueden pertenecer a alguien que viajara con él otro día? —pregunté.

—Perfectamente. Una alfombrilla conserva marcas de distintos usos y tenemos que ser cuidadosos al interpretarlas.

Lo interesante es que también hemos recuperado fibras textiles en el lateral del asiento y en la zona próxima al cierre del cinturón.

Algunas presentan características diferentes de las muestras que hemos tomado de la ropa de Gabriel.

Molina acercó la fotografía.

—Entonces alguien estuvo sentado en el lado derecho.

—Tenemos indicios compatibles con una ocupación efectiva del asiento.

La posición de las marcas en la alfombrilla y los rastros de contacto de la tapicería apoyan esa posibilidad, aunque todavía debemos completar las comparaciones.

Lo que no puedo decirte es quién estuvo allí ni cuándo.

Si Gabriel llevaba habitualmente acompañantes, parte de esos restos pueden proceder de viajes anteriores.

Cogí la fotografía de la zona lateral.

El asiento del copiloto aparecía bastante retrasado respecto al del conductor, igual que la noche del asesinato. La pequeña doblez de la alfombrilla, que entonces me había llamado la atención, seguía visible junto a una de las marcas examinadas.

—¿Habéis comprobado si el asiento se movió recientemente?

Pilar dejó la lupa.

—Estamos estudiando los carriles y las zonas de contacto, pero prefiero separar ese examen de lo que tenemos ahora. Encontrar señales de uso no significa poder establecer cuándo se modificó una posición. Eso requiere otra comprobación y tendremos que contrastarla con los datos del vehículo.

Molina se sentó.

—Si alguien ocupó el asiento durante los últimos momentos de Gabriel, tendría sentido que hubiera entrado mientras la furgoneta tapaba el coche. Es precisamente lo que estamos intentando reconstruir.

Pilar cogió otra fotografía.

—Es compatible con tu explicación, pero también con otras.

Estas muestras permiten investigar si hubo un acompañante.

Todavía no nos dicen cuándo llegó. Si empiezas a utilizar las marcas de una suela para fijar una entrada a las veinte cincuenta, voy a tener que escribirte un informe bastante menos amable del que había preparado.

—De momento me conformaría con demostrar que Gabriel estuvo acompañado aquella tarde —respondió Molina—. Hasta ahora tenemos varias posibilidades de acceso y ninguna imagen que muestre a otra persona acercándose al vehículo.

—Pues tendremos que buscar una referencia temporal independiente. Las muestras del asiento, por sí solas, no os la proporcionan.

La declaración de Marcos estaba prevista para aquella misma mañana. Habíamos decidido volver a preguntarle por el golpe que mencionó durante la reconstrucción de su reparto, pero esta vez queríamos fijar sus recuerdos antes de relacionarlos con cualquier movimiento de S-2.

Lo encontramos en una sala de entrevistas, acompañado por Carlos Medina. El encargado había acudido para entregarnos documentación laboral y parecía decidido a comprobar que Marcos pudiera regresar a su ruta cuanto antes.

—Le han cambiado dos veces el horario desde que empezó todo esto —explicó Medina—.

Está viniendo cuando ustedes lo citan, como corresponde, pero tengo que organizar las entregas y el resto de los conductores está empezando a protestar.

Si necesitan otra reconstrucción, preferiría que me avisaran con suficiente antelación.

—Hoy queremos precisar algunos aspectos de su declaración —respondí—. No vamos a pedirle que repita el reparto ni a utilizar el vehículo.

Marcos permanecía junto a la mesa, con una chaqueta de trabajo doblada sobre el brazo.

—Lo que quiero saber es por qué siguen preguntándome por aquel ruido. Les dije que escuché un golpe mientras descargaba y que no sabía de dónde venía. Desde entonces parece que cada vez tiene más importancia, aunque yo sigo recordando lo mismo.

Le indiqué que se sentara.

—Precisamente por eso queremos hablar con usted.

Estamos comprobando una posible secuencia de movimientos en el aparcamiento y necesitamos distinguir lo que recuerda de las interpretaciones que hemos hecho después.

Si el golpe no puede relacionarse con un hecho concreto, también debemos dejarlo establecido.

Medina pidió que la entrevista no se prolongara innecesariamente y salió después de que Marcos le asegurara que lo llamaría al terminar.

El conductor esperó a que cerráramos la puerta.

—Mi encargado está haciendo lo que puede, pero en el almacén ya me preguntan si sigo trabajando porque ustedes todavía no han terminado conmigo.

Mi hija ha escuchado comentarios en el colegio sobre la furgoneta y ahora mi mujer quiere saber si debemos buscar un abogado.

A mí me dijeron que colaborara con la Policía y eso he hecho desde el primer día.

—Comprendo que la situación le esté afectando —respondí—. Esta entrevista servirá para fijar con precisión lo que puede aportar. No vamos a pedirle que confirme una explicación que usted no reconoce.

Molina abrió la declaración del capítulo anterior de nuestras diligencias, donde constaban sus dos viajes entre la furgoneta y el montacargas.

—Marcos, la otra vez explicó que oyó un golpe al regresar de uno de los viajes.

También dijo que se parecía al cierre de una puerta metálica, aunque podía proceder de un carro o de otra instalación.

Quiero que intentemos establecer en qué momento de la descarga se encontraba, pero sin utilizar los horarios que nosotros hemos reconstruido.

Cuéntenos cómo recuerda aquella secuencia.

Marcos apoyó los antebrazos en la mesa.

—Entré con retraso, me indicaron dónde dejar la furgoneta y tuve que maniobrar hasta colocarla sin bloquear el paso.

Después saqué el carro y cargué cuatro paquetes.

Eva estaba cerca del montacargas y me ayudó a dejarlos a un lado, porque allí también había mercancía de otras empresas.

Volví a la furgoneta, recogí los dos que faltaban y terminé la entrega.

Hizo una pausa para examinar una fotografía.

—El golpe lo escuché cuando regresaba hacia el vehículo, después de haber dejado paquetes. Lo que no recuerdo es si llevaba ya el carro vacío por segunda vez o si todavía tenía pendiente recoger las últimas cajas. He intentado pensarlo muchas veces y cuanto más lo hago, menos seguro estoy.

—¿Escuchó alguna voz? —pregunté.

—Había ruido de motores y de movimiento de mercancías. Oí hablar a gente cerca del montacargas, pero ninguna voz que me llamara la atención. Tampoco recuerdo un grito. Lo que tengo en la cabeza es ese golpe bastante fuerte y el sonido del carro cuando volvía por el pasillo.

Molina deslizó hacia él una copia de las imágenes tomadas desde la cámara de circulación.

—Tenemos documentados sus movimientos durante la descarga, aunque hay tramos en los que desaparece del encuadre. ¿Puede identificar en cuál de estos dos regresos escuchó el golpe?

Marcos examinó las fotografías durante un buen rato.

—Podría señalarles uno, pero estaría eligiéndolo porque ahora ustedes me lo ponen delante. Cuando ocurrió, yo estaba pendiente de terminar el trabajo y marcharme. Ni siquiera miré el reloj. Si hubiera sabido que había un hombre herido a pocos metros, habría hecho las cosas de otra manera.

—¿Qué habría hecho? —pregunté.

—Acercarme, buscar a alguien, avisar a seguridad. Aunque tampoco sé cómo iba a imaginarlo. En aquel edificio siempre había gente moviendo carros, cerrando puertas y entrando en los cuartos de instalaciones.

Se quedó mirando la fotografía.

—Lo que me preocupa es que ustedes encuentren una hora para ese golpe y después resulte que yo estaba allí cuando ocurrió algo. Si no puedo explicar exactamente de dónde venía, acabaré pareciendo culpable de haberlo escuchado.

Molina dejó las imágenes sobre la mesa.

—No vamos a asignarle una hora que usted no puede recordar. Lo importante es que ha mantenido la misma descripción desde su primera declaración. Si otra prueba permite situar el sonido, la examinaremos. Hasta entonces figurará como un ruido de origen y momento indeterminados dentro de la descarga.

Marcos levantó la vista.

—Eso es lo que llevo diciendo desde que empezó todo esto.

Al salir de la entrevista, encontramos a Pilar examinando una copia de la secuencia de cámaras en una sala de trabajo. Había pedido que recuperáramos las imágenes del montacargas y del pasillo donde se habían desplazado Marcos y Eva.

Molina le explicó que el conductor seguía sin poder identificar cuál de sus dos regresos coincidía con el golpe.

—Entonces tenemos que abandonar la idea de utilizarlo como referencia para situar la agresión —respondió Pilar—.

Además, conviene que distingáis dos cosas que estáis tratando de relacionar: el ruido que Ferrer escuchó durante la llamada y el golpe que recuerda Marcos.

Podrían tener un origen común, pero ninguno de los dos testimonios permite demostrarlo.

Señaló la pantalla.