CAPÍTULO 16Una explicación demasiado cómoda
Una explicación demasiado cómoda
Había unido las imágenes mediante unas líneas trazadas a lápiz sobre una copia del plano.
—Quiero que veas esto antes de que volvamos a hablar con Gomis —dijo—. Llevo revisando los accesos desde que regresamos ayer de las oficinas de Lozano y creo que hemos pasado por alto una forma bastante sencilla de explicar los movimientos.
Dejé mi cartera en una silla.
—Pensaba que querías hablar con Gomis cuanto antes. Tenemos dos transferencias que debe explicar y una autorización bancaria vinculada a su credencial. Si vamos a cambiar el orden de las diligencias, necesito saber qué has encontrado.
Molina desplazó la primera fotografía hacia mí.
—A las veinte treinta y cinco alguien utilizó AUX-04 para abrir S-2. Gabriel todavía no había llegado al coche. La furgoneta tampoco estaba allí. Hemos tratado esa apertura como una incidencia de mantenimiento, pero podría ser el comienzo del recorrido de la persona que lo mató.
—Eso ya lo consideramos cuando recuperamos el registro. Seguimos sin saber quién utilizó la tarjeta ni desde qué lado abrió.
—Precisamente. Y por eso quiero reconstruir lo que ocurriría si aquella primera apertura correspondiera a alguien que entró en el aparcamiento desde mantenimiento.
Esa persona dispondría de seis minutos antes de que llegara Gabriel y de otros seis antes de que la furgoneta empezara a tapar su vehículo.
Podría permanecer en la zona de servicio, esperar el momento adecuado y acercarse al coche cuando dejara de verse desde la cámara principal.
Señaló la segunda fotografía.
La carrocería del todoterreno gris ocultaba buena parte del lateral derecho del coche de Gabriel. Habíamos comprobado aquella limitación desde los primeros días, aunque hasta entonces la habíamos examinado sobre todo para determinar qué movimientos podían haber quedado fuera de las imágenes.
—¿Y la segunda apertura? —pregunté.
—A las veinte cincuenta y cinco, después de la llamada con Ferrer y mientras la furgoneta continuaba estacionada. Si el agresor abandonó el coche y regresó por S-2, el registro encaja con una salida.
Volví a mirar el plano.
La propuesta relacionaba los movimientos conocidos sin alterar ninguno de los horarios.
Una persona habría accedido al aparcamiento antes que Gabriel, se habría mantenido fuera de las zonas vigiladas, esperaría a que el vehículo quedara oculto y utilizaría la puerta de servicio para marcharse después de la agresión.
—Hay una dificultad —dije—. Estamos suponiendo que la primera apertura fue una entrada y la segunda una salida. Nuria demostró que el registro histórico no distingue los lectores. Las dos podrían corresponder a movimientos diferentes.
Molina recuperó las fotografías.
—Lo sé. Pero tampoco necesitamos demostrar todavía que fuera así para comprobar si el recorrido era posible. Si lo descartamos porque el registro admite otra interpretación, estaremos renunciando a examinar una explicación que encaja con las horas conocidas.
Tenía razón en eso.
Le propuse que bajáramos al aparcamiento y contrastáramos el trayecto con las imágenes originales, sin utilizar la posición actual de los vehículos como si reprodujera exactamente la del jueves.
Molina recogió el plano antes de que pudiera añadir nada.
Alberto Roldán nos recibió en el control y pidió a otro vigilante que atendiera la barrera mientras nos acompañaba a la planta menos dos.
Llevaba varios días trabajando con un encargado distinto en algunos turnos, aunque seguía ocupándose de la documentación relacionada con nuestra investigación. Rafael Cifuentes había dispuesto que todas las nuevas solicitudes se tramitaran a través de administración.
—Tenemos las grabaciones conservadas y los planos que utilizaron en sus primeras visitas —nos explicó Alberto mientras bajábamos—.
Lo que necesito saber es si van a realizar otra reconstrucción con vehículos, porque después de lo del reparto nos han pedido que cualquier modificación del tráfico quede autorizada por escrito.
—Hoy solamente comprobaremos el recorrido de una persona y la visibilidad de determinadas zonas —respondió Molina—. El vehículo de Marcos ya quedó documentado. Queremos averiguar si alguien pudo desplazarse desde S-2 hasta la plaza de Gabriel sin aparecer claramente en las cámaras.
Alberto nos condujo hasta la puerta gris.
La planta estaba más tranquila que durante nuestra última visita. Cerca del montacargas habían dejado varios carros vacíos y un empleado de mantenimiento intentaba introducir uno en un pequeño cuarto de instalaciones.
Molina se situó junto al acceso.
—Imaginemos que alguien abre esta puerta a las veinte treinta y cinco. Tiene autorización para utilizar una tarjeta auxiliar, aunque no sabemos quién se la ha entregado. Sale al aparcamiento, comprueba que la zona está despejada y permanece cerca de las plazas.
—¿Dónde exactamente? —pregunté.
Molina señaló el espacio situado entre la columna y la zona de servicio.
—Aquí podría esperar sin quedarse necesariamente junto al coche. Después, cuando llegara la furgoneta, tendría la posibilidad de acercarse por el lateral que la cámara principal no podía mostrar.
Alberto observó la dirección que indicaba.
—Depende de dónde estuvieran estacionados los demás coches. Esa tarde el todoterreno gris ocupaba la plaza contigua y había otro vehículo más cerca de la rampa. Desde algunos puntos se tapaban entre ellos, pero una persona que caminara por el pasillo podía verla algún conductor.
—Vamos a utilizar las imágenes del jueves para determinar esos límites —respondí—. Necesitamos saber qué recorridos quedaban fuera de la grabación, no imaginar que todo el aparcamiento estaba vacío.
Molina aceptó la precisión y abrió el plano sobre el capó de un vehículo de servicio.
Durante varios minutos fuimos identificando las zonas que las cámaras cubrían parcialmente.
Nuria, a quien habíamos pedido que revisara las imágenes desde el control, nos confirmó por teléfono qué sectores aparecían en las grabaciones originales y cuáles quedaban ocultos por los vehículos estacionados aquella noche.
La columna impedía observar directamente la hoja de S-2 desde el objetivo principal. Más allá, el todoterreno gris protegía visualmente una franja junto al asiento del copiloto.
—Hay continuidad entre esas dos zonas —señaló Molina—. Una persona podría moverse de una a otra sin atravesar el centro del pasillo, siempre que eligiera bien el recorrido.
—Podría —respondí—. Pero pasar de una zona sin cobertura a otra no demuestra que todo el trayecto quedara oculto. Habrá que examinar también las cámaras de circulación.
Alberto intervino antes de que Molina respondiera.
—Y hay algo más. Si alguien permaneció aquí desde las veinte treinta y cinco, tuvo que esperar bastante tiempo.
Gabriel llegó a las veinte cuarenta y uno, pero la furgoneta no se colocó delante de su coche hasta las veinte cuarenta y siete.
Cualquier empleado que saliera de mantenimiento podía encontrárselo.
Molina consultó el plano.
—Eso aumenta el riesgo, pero también explica por qué una persona que conociera el aparcamiento elegiría esa zona. Desde aquí podía comprobar si alguien se acercaba antes de moverse. Además, tenía la puerta de servicio a pocos metros por si necesitaba retirarse.
Me aparté hacia la plaza donde había estado el coche de Gabriel.
Pensé en su llegada a las veinte cuarenta y uno. Las imágenes mostraban cómo abría la puerta del conductor y entraba sin que nadie apareciera siguiéndolo. Durante los minutos siguientes permaneció allí, con el motor apagado.
Si alguien se acercó después de las veinte cuarenta y siete, cuando la furgoneta bloqueaba la visión principal, tendría que haber conseguido que Gabriel abriera el vehículo o permitiera su entrada.
Era una dificultad que la reconstrucción espacial no resolvía.
—Tu explicación necesita una reunión —le dije a Molina—. Gabriel tendría que conocer a esa persona o disponer de algún motivo para dejarla entrar. Si esperaba marcharse sin compañía, resulta difícil explicar que aceptara a un desconocido dentro del coche.
—Por eso sigo pensando en alguien de su entorno empresarial.
Había discutido con varias personas, tenía documentación pendiente y había encargado una auditoría.
Podía estar esperando a alguien para hablar antes de marcharse.
Ferrer confirmó que todavía estaba tratando asuntos de trabajo cuando llamó.
—Pero no nos dijo que estuviera acompañado ni que esperara una visita.
—Tampoco pudo verlo. Y Gabriel cortó la conversación después de un ruido que Ferrer no supo identificar. Puede que en ese momento ocurriera algo dentro del vehículo.
Miré la distancia entre la plaza y la puerta de servicio.
Desde allí resultaba tentador relacionar la interrupción de la llamada con la agresión y la apertura de las veinte cincuenta y cinco con la huida. Las horas permitían ordenar los hechos de esa manera.
Lo que faltaba era demostrar que alguien había recorrido el espacio entre ambas.
Rafael nos esperaba en el control cuando regresamos.
Había recibido una comunicación de administración sobre nuestra visita y quería conocer las comprobaciones realizadas antes de permitir que se revisaran de nuevo los registros del sistema.
—Entiendo que estén examinando distintas posibilidades —dijo—, pero necesito que quede claro que el departamento de seguridad está colaborando.
Cada vez que vuelven a comprobar una puerta o una tarjeta, alguien termina preguntándonos si hemos descubierto otra irregularidad.
Estamos trabajando con una empresa que tiene que renovar su contrato y estas situaciones generan problemas.
Molina dejó el plano sobre el mostrador.