Los trece minutos (Los casos de Rivas 3) CAPÍTULO 11La carpeta azul
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CAPÍTULO 11La carpeta azul

La carpeta azul

Pilar había colocado la carpeta azul sobre una mesa de Policía Científica, protegida por una lámina transparente. A su lado descansaban varias fotografías del interior del coche y una relación de los documentos recogidos durante la inspección.

—La encontramos junto a los pedales, como recordáis. Fotografiamos su posición, examinamos el exterior y después inventariamos el contenido. Ahora que tenéis documentación de la empresa con la que compararlo, podéis empezar a darle sentido a lo que llevaba Gabriel.

Molina dejó la chaqueta en el respaldo de una silla.

—Espero que haya algo más interesante que los justificantes de gastos que llevamos viendo toda la semana. Me estoy familiarizando tanto con las cuentas de ese hombre que dentro de poco podré presentar su declaración de Hacienda.

—Pues procura empezar por identificar correctamente los documentos —respondió Pilar—. Algunos tienen anotaciones manuscritas y estamos conservando los originales para las comprobaciones que correspondan. Trabajaréis con estas reproducciones.

Nos entregó una copia del inventario y extendió las fotografías.

Había siete hojas dentro de la carpeta: un resumen de operaciones pendientes de conciliación, dos justificantes, varias páginas de una relación de pagos y una comunicación interna impresa.

La última llevaba una marca de rotulador en el margen.

—¿Podemos saber si Gabriel hizo las anotaciones? —pregunté.

—Todavía no. Hemos fotografiado los trazos y conservado muestras para una comparación si resulta necesaria. Que llevara los papeles en su coche tampoco significa que escribiera sobre ellos. De momento, lo que tenéis son documentos que estaban bajo su custodia cuando murió.

Me detuve en una de las páginas.

La cabecera correspondía a Lozano Inversiones y llevaba fecha del miércoles anterior al asesinato. Entre diversas operaciones aparecía una transferencia de 126.480 euros a una sociedad denominada Cauce Proyectos.

El concepto era «anticipo para estudios de viabilidad». Junto a la referencia OP-417 figuraba una anotación: Orden cursada.

En el margen, alguien había escrito a mano dos palabras: Comprobar banco.

—¿Esto estaba junto a los justificantes? —pregunté.

Pilar señaló otra fotografía.

—En la misma carpeta. Hay una copia de una orden de transferencia con esa referencia y el mismo importe. La disposición de los papeles se documentó antes de separarlos. Si queréis determinar qué significa la operación, tendréis que hacerlo con los registros contables y bancarios.

Molina acercó la segunda imagen.

—La orden está fechada el miércoles, a las cuatro y catorce. Eso es anterior a la instrucción que Gabriel distribuyó el jueves para suspender nuevas disposiciones. Podría tratarse de un pago perfectamente autorizado.

—Podría —respondí—. Quiero comprobar si la empresa nos entregó esta misma relación de operaciones.

Pilar pasó a la siguiente hoja mientras yo examinaba la copia.

El documento de pago incluía el beneficiario, una cuenta bancaria parcialmente enmascarada y una referencia de remesa. Permitía identificar la instrucción, pero no acreditaba por sí solo que el dinero hubiera llegado a su destino.

Guardé las fotografías en una funda y anoté el número de inventario.

—Necesitamos contrastar estas páginas con la documentación electrónica que conservó la empresa. Gabriel llevaba aquí algo que había considerado suficientemente importante como para sacarlo de su despacho. Quiero saber si sigue figurando igual en sus cuentas.

Pilar recogió el original.

—Cuando tengáis una respuesta, acordaos de explicarme cuál era la pregunta. Yo llevo varios días mirando esa anotación sin saber qué debía comprobar Gabriel.

Nuria había recibido aquella mañana una nueva copia de trabajo de la documentación empresarial, entregada por la asesoría jurídica junto con el historial disponible de varios archivos contables.

La encontramos en una sala pequeña de análisis, donde había conectado dos monitores y tenía abiertas varias hojas de cálculo. Molina colocó las fotografías sobre la mesa sin taparle el teclado.

—Buscamos la operación OP-417. Pago de 126.480 euros a Cauce Proyectos. Aparece en un resumen impreso que Gabriel llevaba consigo cuando murió.

Nuria escribió la referencia en el buscador y abrió una relación de movimientos correspondiente a la misma sociedad.

La operación apareció en pantalla.

Tenía la misma referencia, el mismo beneficiario y la misma cantidad. Pero el estado era diferente.

Orden retenida. Pendiente de documentación.

—Aquí la presentan como una disposición que no llegó a ejecutarse —observó Molina—. En la copia que llevaba Gabriel figuraba como cursada.

Nuria abrió los datos del archivo.

—Este documento se guardó el jueves a las siete y once de la tarde. Hay una versión anterior, conservada en el historial que nos han entregado, y también tengo una copia adjunta a un correo interno del miércoles. Voy a compararlas sin modificar los originales recibidos.

En la versión del miércoles aparecía la expresión Orden cursada.

En la del jueves, Orden retenida. La cantidad se había descontado, además, del total de disposiciones reflejado al pie de la relación.

Molina cogió una calculadora que había junto al ordenador.

—La diferencia entre ambos totales es exactamente de 126.480 euros. Han cambiado el estado de una operación y el dinero deja de figurar entre las cantidades que la sociedad considera dispuestas.

—Eso es lo que muestran estas dos versiones —respondió Nuria—. Ahora necesitamos determinar si el cambio corresponde a una regularización legítima y qué documento lo justifica.

Pasó a la hoja siguiente.

Había otras operaciones modificadas entre ambas versiones, aunque la mayoría consistía en ajustes de fechas, correcciones de referencias y cambios de clasificación.

Una segunda sociedad del grupo aparecía como intermediaria en varios movimientos, pero ninguna de esas anotaciones permitía establecer todavía que el dinero hubiera sido desviado.

—¿Quién guardó la versión nueva? —pregunté.

Nuria abrió las propiedades y el historial de modificaciones.

—La cuenta de usuario es FINANZAS-CENTRAL.

Es un perfil compartido para determinados procesos del departamento.

Con estos datos puedo fijar cuándo se guardó la versión y qué campos cambiaron, pero no atribuir la modificación a una persona concreta.

Para eso necesitaremos otros registros y comprobar cómo se utilizaba esa cuenta.

Molina volvió a mirar las fotografías.

—Si Gabriel llevaba la versión antigua y alguien modificó la relación después de que ordenara suspender las autorizaciones, merece la pena averiguar qué estaba intentando corregir. Especialmente cuando hay más de cien mil euros de diferencia.

—Y quién tenía motivos para hacerlo —añadí.

Nuria seleccionó el historial y señaló una anotación.

—Hay otra cosa. La referencia de la transferencia sigue siendo OP-417, pero en la versión nueva aparece un campo adicional que indica «anulación pendiente de conciliación bancaria».

Si el banco llegó a procesar la orden, tendría que existir una devolución, una rectificación posterior o algún documento que explique dónde quedó el importe.

—¿Figura alguno en lo que nos han entregado?

—Estoy buscando una referencia que lo relacione. De momento encuentro la orden original y el cambio de estado, pero ningún justificante de devolución asociado a ese número.

Molina apartó la calculadora.

—Gabriel escribió «Comprobar banco», o al menos alguien lo escribió en el papel que llevaba. Quizá sabía que las cifras no coincidían.

—Lo que sabemos es que había señalado esa comprobación —respondí—. Quiero el movimiento bancario completo y las instrucciones de pago. Después podremos preguntar por qué cambió su clasificación.

Nuria nos mostró las rutas de los archivos que había examinado y preparó una copia de los datos comparativos para incorporarla al expediente.

La hora de modificación, las versiones conservadas y la identidad de la cuenta utilizada quedarían documentadas por separado.

Julián Ferrer nos recibió aquella tarde en su despacho de la calle Velázquez. Habíamos acordado mostrarle las reproducciones porque conocía el encargo de Gabriel y podía orientarnos sobre la documentación que habría necesitado para comenzar la revisión.

Extendí las dos versiones de la relación de pagos sobre su mesa.

—Queremos saber qué comprobación habría realizado usted si hubiera encontrado esta diferencia durante la auditoría.

Ferrer examinó primero el justificante y después los resúmenes.

—Habría empezado por el extracto bancario.

Aquí tenemos una orden remitida, pero eso no basta para asegurar que el beneficiario recibió el dinero.

También tendría que comprobar si existió una anulación posterior y si esa anulación fue aceptada por la entidad.

Los estados internos de una empresa pueden contener operaciones en distintas fases de ejecución.

—¿Es normal cambiar una disposición cursada por otra retenida al día siguiente? —preguntó Molina.

—Depende de lo ocurrido. Si detectaron un error y consiguieron detener la transferencia, podría ser una corrección completamente ordinaria.

Lo que me interesaría saber es por qué se modificó la clasificación antes de adjuntar una justificación suficiente.

En una revisión externa, una diferencia de esa cuantía exige documentación.

Ferrer señaló el nombre de Cauce Proyectos.

—También solicitaría el contrato que explica el anticipo.

Aquí consta que corresponde a estudios de viabilidad, pero necesitaríamos saber qué trabajo se encargó, quién lo autorizó y en qué momento debía prestarse.

Una transferencia puede estar perfectamente contabilizada y responder a un servicio inexistente; también puede parecer extraña sobre el papel y tener una explicación legítima.

—Gabriel le habló de diferencias contables —recordé—. ¿Llegó a mencionar esta operación?

—Me habló de varias sociedades y de problemas para relacionar determinadas autorizaciones con sus justificantes.

Evitó entrar en cantidades concretas porque quería que mi equipo revisara los documentos sin partir de sus conclusiones.

Insistió en que debíamos conservar las versiones originales y trabajar directamente con él cuando encontráramos alguna discrepancia importante.

Molina le mostró la anotación manuscrita.

Ferrer se acercó para leerla.

—Eso encaja con la clase de comprobación que quería hacer, pero no puedo asegurar que se refiriera a esta operación. Me gustaría examinarla junto con el resto de los movimientos antes de formular una opinión profesional.

—Tendrá oportunidad de hacerlo si se acuerda la revisión correspondiente —respondí—. Por ahora necesitábamos saber qué documentos resultan indispensables.

Ferrer escribió tres referencias en una hoja: el movimiento de la cuenta de origen, la documentación del beneficiario y la autorización interna de pago.

Nos la entregó sin añadir conclusiones.

Al salir de su despacho, encontré a Molina mirando la copia de la transferencia.

—Gomis llevaba días hablando de la operación inmobiliaria que Gabriel paralizó. Ahora tenemos otra cantidad considerable relacionada con sociedades de su grupo. Puede que su enfrentamiento fuera más amplio de lo que reconoció.

—También tenemos a varias personas que podían intervenir en las autorizaciones y en la contabilidad. Habrá que examinar quién ordenó el pago y quién decidió modificar su estado. Son responsabilidades distintas.

Molina guardó la hoja que Ferrer nos había entregado.

—Entonces tenemos dos versiones y una transferencia pendiente de confirmar.

—Y una razón concreta para consultar el banco.

Cuando regresé a comisaría, Nuria había terminado de cotejar las referencias documentales.

La relación que Gabriel llevaba en el coche procedía de una versión generada el miércoles por la tarde.

La modificación del jueves había cambiado el estado de OP-417 y el importe total de las disposiciones registradas.

Los datos conservados permitían sostener esa diferencia documental, aunque todavía faltaba comprobar el movimiento real del dinero.

Preparé la solicitud de información bancaria y pedí que se identificara a las personas con facultades para ordenar aquella transferencia y modificar su contabilización.

Antes de cerrar el expediente de trabajo, coloqué juntas las fotografías de las dos versiones.

En una, los 126.480 euros figuraban como una orden cursada.

En la otra, habían pasado a considerarse una operación retenida.

Adjunté ambas al informe, indicando sus fechas y procedencia, y dejé fuera cualquier atribución personal que todavía no pudiéramos demostrar.

La solicitud al banco salió aquella misma tarde.