Los trece minutos (Los casos de Rivas 3) CAPÍTULO 10Inés Calderón #2
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CAPÍTULO 10Inés Calderón #2

Recogió el vaso y lo dejó junto a la carpeta.

—Después descubres que puedes dirigir un departamento de veinte personas y aun así pasar una mañana entera discutiendo con alguien que considera que un contrato firmado vale más que una cuenta bien hecha.

Molina parecía dispuesto a responder, pero preferí regresar a Gabriel.

—Antes ha dicho que últimamente revisaba decisiones que llevaba años delegando. ¿Había retirado a alguien sus facultades de autorización?

—Estaba estudiándolo. Algunas modificaciones afectaban a Pablo y otras a responsables de sociedades participadas. Había solicitado una revisión de los poderes y de determinados procedimientos internos. Todavía quedaban asuntos por resolver cuando murió.

—¿Y su departamento? —pregunté.

Inés cerró la carpeta.

—También podía verse afectado. Yo defendía mantener una separación clara entre quien aprueba una operación y quien ejecuta el pago.

Gabriel quería reforzar las comprobaciones, aunque todavía no había definido cómo hacerlo.

Le dije que cualquier cambio tendría que establecer responsabilidades concretas, porque después de un problema resulta muy sencillo señalar a la persona que aparece en un documento.

—¿Se refiere a alguien en particular?

—A varios empleados. Hay personas que llevan años haciendo exactamente lo que se les indica y ahora reciben preguntas de abogados y asesores como si hubieran tomado decisiones empresariales.

Esta mañana he tenido que intervenir para que dejaran de pedirle explicaciones a una auxiliar sobre órdenes que firmaron otros.

Si encuentran una autorización irregular, quiero que investiguen a quien la dio, no a quien imprimió el justificante.

La firmeza con que lo dijo era distinta de la prudencia mostrada durante nuestra visita a las oficinas. Inés podía discutir sus propios errores, pero parecía poco dispuesta a aceptar que otros utilizaran a su equipo para protegerse.

Quedaba una última cuestión.

—Gabriel salió de las oficinas a las 20:41 y permaneció dentro de su coche. ¿Le comentó que tuviera alguna reunión pendiente antes de marcharse?

—Gabriel acostumbraba a organizar ciertas conversaciones sin pasar por Laura. A veces llamaba directamente a un asesor, a un socio o a algún antiguo colaborador. Si había quedado con alguien aquella noche, no me lo comunicó.

—¿Habían acordado ustedes continuar la discusión al día siguiente?

—Habíamos quedado en seguir trabajando con Ferrer y revisar la documentación que solicitara. Gabriel quería dedicarle buena parte del viernes. Yo estaba enfadada, pero eso no impedía que cumpliéramos con nuestras obligaciones.

Molina consultó la declaración que habían recogido los agentes el viernes posterior al asesinato.

—En aquella primera conversación explicó que había abandonado el edificio antes de las ocho y media. Hoy ha precisado que salió de las oficinas entre las ocho y diez y las ocho y veinte. Vamos a incorporar ambos datos y solicitar la comprobación de la reserva.

—Me parece razonable. También me gustaría recibir una copia de lo que he declarado, porque ya he tenido que explicar varias veces las mismas conversaciones y prefiero que quede constancia exacta de mis palabras.

Cuando terminó la lectura del acta, Inés pidió modificar una frase.

Habíamos escrito que Gabriel le había reprochado irregularidades en la documentación. Ella quería que constara que le había solicitado aclaraciones sobre diferencias pendientes de revisión.

—Puede parecer una cuestión de lenguaje —explicó—, pero todavía no sabemos si esas diferencias responden a errores, retrasos administrativos o algo más serio. Si me atribuyen una acusación que Gabriel nunca formuló directamente, tendrán que demostrar también cuándo la hizo.

Acepté la precisión y dejamos reflejadas sus palabras.

Después firmó.

Inés se marchó con la carpeta bajo el brazo y la copia de su declaración. Antes de salir, preguntó si necesitaríamos hablar con algún empleado más, porque prefería organizar las comparecencias sin dejar el departamento desatendido.

Cuando cerró la puerta, Molina cogió el justificante de transporte.

—Tiene una memoria muy precisa para las responsabilidades de cada uno, pero bastante menos para sus propios desplazamientos del jueves.

—Vamos a comprobarlos. Quiero las imágenes del vestíbulo y de las salidas peatonales entre las ocho y las ocho y media. También la información que pueda aportarnos el servicio de transporte. La reserva nos da una hora y un lugar que podemos contrastar.

—Y la discusión con Gabriel fue bastante más personal de lo que nos pareció el martes.

—Al menos ahora conocemos mejor cómo se llevaban. Ferrer podrá decirnos qué documentación había solicitado y si las diferencias que menciona tenían una explicación concreta.

Molina reunió las copias mientras yo incorporaba la reserva a las diligencias.

Inés había corregido tres expresiones durante la lectura del acta. En las tres había insistido en distinguir una sospecha de una irregularidad demostrada.

Guardé la declaración con aquella corrección incluida.