CAPÍTULO 7El último acuerdo #2
—Recuerdo vehículos circulando, puertas que se cerraban y el ruido habitual de un garaje. Estaba intentando convencer a una persona de que no modificara nuestras condiciones financieras. Les aseguro que presté muy poca atención a lo que ocurría a mi alrededor.
Molina le mostró una fotografía del acceso al aparcamiento.
—Nos interesa saber si utilizó algún recorrido distinto del habitual. Hay entradas peatonales, escaleras y puertas reservadas al personal de mantenimiento. ¿Accedió usted a alguna de esas zonas?
Gomis observó la imagen.
—Utilicé el ascensor y fui a mi coche. Tengo plaza desde hace años y conozco los recorridos principales, pero no necesito pasar por mantenimiento para salir del edificio. Si quieren comprobarlo, supongo que las cámaras mostrarán por dónde fui.
—Lo comprobaremos —respondí—. También queremos que nos facilite el contacto de la persona con la que habló y los datos de la conversación, para poder contrastar su duración.
Gomis miró a su abogada, que tomó nota de la petición.
—Prepararemos esa información —contestó ella—. Entiendo que por ahora no necesitan nada más relacionado con los movimientos de mi cliente.
Todavía quedaba una cuestión.
—Gabriel había convocado una revisión de cuentas que debía comenzar el viernes. ¿Sabe si esperaba reunirse con alguien después de terminar su jornada del jueves?
Gomis volvió a consultar el reloj.
—Desconozco sus compromisos privados de aquella noche.
Cuando salí de su despacho me dijo que todavía tenía trabajo y que necesitaba revisar varios documentos.
Si había quedado con alguien, no me lo comunicó.
También es posible que quisiera terminar algunas cuestiones antes de que llegaran los auditores.
Le expliqué que tendríamos que volver a contactar con él después de comprobar sus comunicaciones y las imágenes del edificio. Su abogada tomó los datos y ambos abandonaron la sala.
Molina esperó a que se cerrara la puerta antes de recoger las fotografías.
—Tenemos un socio enfrentado con Gabriel, dinero personal comprometido y una salida del aparcamiento a las ocho y cincuenta y seis. Además, primero nos dice que se marchó antes de las ocho y después recuerda que se quedó en el coche hablando con el banco. Quiero comprobar esa llamada cuanto antes.
—De acuerdo. Pero también quiero entender por qué necesitaba mantenerla en secreto. Si las cantidades que ha declarado son correctas, estaba expuesto a un perjuicio importante. Su preocupación puede ser legítima, aunque eso no explica las diferencias de horario.
—Precisamente por eso hay que separar las dos cosas.
La llamada puede demostrar dónde estaba durante parte de la noche y también decirnos algo sobre su situación económica.
Si habló realmente con el banco mientras permanecía dentro del coche, tendremos que comprobar cuándo empezó y terminó esa conversación.
Regresamos a nuestros despachos.
Nuria ya había incorporado al expediente la documentación de la salida del aparcamiento.
El registro original identificaba la tarjeta de abonado vinculada al vehículo de Gomis, y la imagen de la barrera permitía reconocer su matrícula.
La hora, las 20:56, estaba contrastada con el sistema de control de accesos.
—He comprobado también que durante esa franja hubo varias salidas normales de vehículos —explicó—.
La barrera funcionaba y no consta ninguna incidencia asociada al coche de Gomis.
Si queréis relacionar ese movimiento con lo ocurrido en la plaza de Gabriel, tendremos que reconstruir por separado su recorrido peatonal desde los ascensores.
Molina le entregó los datos facilitados por la abogada.
—Vamos a contrastar la llamada que dice haber mantenido con el banco. También quiero identificar a la persona que lo atendió. Si podemos establecer dónde estaba y durante cuánto tiempo habló, tendremos una base mejor que su memoria.
Nuria revisó la documentación.
—Puedo organizar las comprobaciones y preparar las solicitudes necesarias. Además, tenemos pendientes las imágenes de los ascensores que corresponden a esa zona. Las revisaré con los horarios ya corregidos para evitar que vuelva a producirse una confusión entre grabadores.
A media tarde recibimos otra información relacionada con la operación suspendida.
Los documentos facilitados por la empresa permitían comprobar que Gabriel había distribuido su instrucción de las 17:36 antes de morir y que la adquisición requería autorizaciones adicionales para seguir adelante. Su fallecimiento no había eliminado automáticamente aquellas restricciones.
Molina dejó el informe sobre mi mesa.
—Si alguien pensaba que bastaba con quitar a Gabriel de en medio para continuar la compraventa, se equivocaba. Por lo que estamos viendo, la operación sigue bloqueada y los socios tendrán que resolverlo conforme a las facultades que realmente tengan.
—Eso afecta a Gomis, pero también al resto de responsables de la empresa. Habrá que comprobar quién podía intervenir en esas autorizaciones y si alguien intentó modificarlas después del jueves.
Molina recogió sus papeles y se marchó a revisar las imágenes de los accesos.
Yo añadí a la cronología la salida del vehículo de Gomis a las 20:56 y dejé pendiente la comprobación de sus comunicaciones.
Su coche había abandonado el aparcamiento cuatro minutos antes de que la furgoneta dejara de ocultar el de Gabriel.
Hasta entonces habíamos tratado a Pablo Gomis como un socio que tenía motivos para discutir con la víctima. Ahora sabíamos que había permanecido en el mismo aparcamiento durante los minutos en los que pudo producirse la agresión.
Pedí que se conservaran las grabaciones correspondientes a sus desplazamientos y que se contrastara la identidad de la persona con la que decía haber hablado desde el coche.