CAPÍTULO 4Trece minutos #2
Abrió una imagen del pasillo que comunicaba los ascensores con las instalaciones.
Un hombre vestido con ropa de trabajo apareció empujando un carro de material. Caminaba desde el fondo hacia la zona próxima a la puerta de mantenimiento.
La imagen tenía poca definición, pero permitía distinguir su desplazamiento.
—El archivo marcaba las nueve y un minuto —continuó Navas—. Con la corrección corresponde aproximadamente a las ocho y cincuenta y nueve.
Molina se acercó a la pantalla.
—Entonces estaba aquí mientras la furgoneta seguía tapando el coche de Gabriel. ¿Puedes seguirlo con otra cámara para saber adónde fue?
Navas abrió un segundo archivo.
El hombre desaparecía en dirección a un pasillo lateral. La siguiente cámara mostraba una zona de circulación próxima a los ascensores, pero no llegaba a recoger el punto exacto por donde había pasado.
—Hasta aquí podemos seguirlo —explicó—. El resto depende de los accesos y de lo que recuerde el personal. Puedo facilitarles el recorrido completo registrado, aunque todavía hay imágenes que estamos terminando de revisar.
Me quedé mirando al hombre del carro.
Habíamos dedicado horas a estudiar los movimientos alrededor de la plaza de Gabriel. Ahora aparecía una persona circulando por una zona de instalaciones durante el mismo intervalo.
Eso tampoco demostraba que hubiera llegado hasta el coche.
Pero teníamos a alguien a quien identificar.
—¿Puedes congelar el mejor fotograma y preparar la secuencia original? —pregunté—. También quiero saber qué personal tenía asignadas tareas de mantenimiento a esa hora y si el carro pertenece a alguna empresa externa.
Navas comenzó a revisar los archivos mientras Molina llamó a Alberto para solicitar los turnos de trabajo.
El vigilante apareció unos minutos después con una hoja de personal.
—Hay dos empleados de instalaciones que terminaron tarde ayer y una empresa de mantenimiento que tenía autorización para realizar unas comprobaciones.
Tendré que mirar quién utilizó exactamente esa zona, porque también pasan por allí trabajadores de limpieza cuando necesitan acceder a los cuartos de material.
—Necesitamos los nombres y sus horarios —le expliqué—. Y los registros de la puerta restringida que comunica con este pasillo. Queremos determinar quién podía utilizarla y si se produjo alguna apertura durante el intervalo.
Alberto examinó la imagen congelada.
—Por la ropa podría ser uno de mantenimiento, pero prefiero comprobarlo antes de señalar a nadie. Aquí hay trabajadores de varias empresas y algunos utilizan uniformes muy parecidos.
—Haz esa comprobación —respondí—. Después hablaremos con quien corresponda.
Cuando salió, Molina volvió a señalar la pantalla.
—Anoche habríamos colocado a este hombre fuera del intervalo porque el archivo decía que pasaba después de las nueve. Hoy sabemos que estaba allí cuando el coche de Gabriel seguía oculto. El desfase ha cambiado la secuencia.
—Y tenemos una llamada que sitúa a Gabriel con vida unos minutos antes de ese movimiento.
Molina cogió el plano del aparcamiento y marcó con el bolígrafo el tramo donde aparecía el trabajador.
—Entonces hay que establecer si podía desplazarse desde aquí hasta la plaza, cuánto tardaría y qué otras cámaras habrían registrado su paso. Prefiero hacerlo con medidas y una reconstrucción física antes de decidir que su presencia tiene relación con el asesinato.
—Eso haremos. Además, tendremos que identificarlo y escuchar su explicación. Puede que simplemente estuviera trabajando.
Navas imprimió la imagen y nos entregó una copia de la nueva secuencia horaria.
Antes de marcharnos, pedí que incorporaran la corrección de los grabadores a las actuaciones y que conservaran los archivos originales sin modificar.
En el coche, Molina abrió de nuevo su cuaderno.
—Voy a organizar las entrevistas del personal de mantenimiento. Si conseguimos localizar a ese hombre esta noche, podremos avanzar bastante. Y mañana quiero que revisemos físicamente el recorrido, porque desde las cámaras resulta difícil calcular cuánto se tarda en llegar de un punto a otro.
—Encárgate tú de eso. Yo revisaré la documentación de Ferrer y hablaré con quienes debían preparar las cuentas de Gabriel. Necesitamos saber qué había descubierto para llegar al punto de contratar una auditoría externa.
Molina guardó el cuaderno.
—Ya tenemos dos trabajos distintos para mañana. Me parece un avance considerable respecto a pasarnos otra noche mirando la misma grabación.
Arrancó mientras yo ordenaba las fotografías y los informes sobre mis rodillas.
La llamada de Gabriel había terminado a las veinte cincuenta y dos. Seis minutos después, un trabajador recorría un pasillo que hasta entonces habíamos situado fuera del intervalo que investigábamos.
Aquellas dos comprobaciones nos daban puntos concretos sobre los que trabajar.
Antes de llegar a comisaría, corregí la cronología provisional y añadí los datos de ambas diligencias. Dejé señaladas las horas que ya podíamos sostener y aquellas que todavía dependían de testimonios o comprobaciones pendientes.
La siguiente fase sería identificar al trabajador, reconstruir sus movimientos y averiguar qué contenían los documentos que Gabriel había querido revisar.
Por fin teníamos algo más que imágenes incompletas del aparcamiento.