Los Sullivan de Seattle (Libros 1-3) Capítulo 17 #2
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Capítulo 17 #2

—Este fin de semana te dije que te perdonaba, Ford, y lo dije en serio, pero…

Antes de que ella pudiese decir nada más, ambos oyeron dos voces fuera de su despacho.

Aun así, en vez de soltarle las manos de inmediato, él sintió como ella le rozaba levemente con los pulgares en los nudillos antes de soltarle y caminar hacia su mesa para sentarse detrás de su ordenador.

Le dio esperanzas el que ella no pareciese ser inmune a lo que acababa de decirle sobre querer ser su amigo. El mejor que tendría jamás.

—Durante el fin de semana —le dijo, poniéndose unas gafas de gruesa montura negra que solo acentuaban su belleza—, ha habido bastante interés por la casa del torreón.

Como eso no me sorprende en absoluto, y sé que Alana y su exmarido querrían cerrar el tema tan rápido como sea posible, deberíamos cerrar los detalles de tu oferta para podérsela enviar a lo largo de esta mañana.

—Pulsó un botón en su teléfono—. Buenos días, Orlando.

Me gustaría presentarte a mi nuevo cliente.

Y por favor, tráete el expediente de la casa del torreón.

Aunque sus modales eran totalmente profesionales, él todavía podía ver el calor y el deseo, junto con la persistente sorpresa ante la idea de que ambos trabajasen en su amistad antes de volver a saltar a la cama juntos, bullendo justo por debajo de la superficie.

—Mis empleados están acostumbrados a tratar con clientes ricos y famosos. Pero igual que los invitados de la boda de Marcus y Nicola, sospecho que aun así podrían estar un poco impresionados por ti.

—Siempre me alegra conocer a mis fans. Ellos son el motivo de que yo esté donde estoy.

—No —él se sorprendió al oírle decir con tono vehemente—: tu talento es el motivo de que estés donde estás. Como ya dije —añadió con una sonrisita—, incluso a aquellas de nosotras que no podíamos soportarte nos seguían gustando tus canciones.

Orlando entró por la puerta de cristal con un gran archivador.

—Aquí están los archivos que necesitas, Mia.

He señalado los distintos… —Cuando se dio cuenta de que Ford estaba allí de pie a su lado, la carpeta se le cayó de las manos, esparciendo papeles alrededor de sus zapatos—.

¡Oh, Dios mío. Eres Ford Vincent! Soy tu mayor fan.

Eres un genio. No me creo que estés aquí de verdad, delante de mí.

Ford cogió la mano del joven para estrechársela.

—Es genial conocerte, Orlando.

Mia puso una mano suavemente sobre el hombro de su ayudante.

—Gracias por traerme los papeles.

Orlando se volvió hacia ella, aturdido.

—¿Papeles? —Unos segundos después, su pálido rostro se mudó a un rojo profundo—. Los papeles. Cuánto lo siento. Ya estaba de rodillas, intentando recogerlos, pero las manos le temblaban demasiado para conseguir hacer nada salvo montar más lío.

—En realidad, Orlando, creo que a partir de aquí podremos encargarnos nosotros —le interrumpió Mia—. Pero estoy segura de que al Sr. Vincent le encantaría tomarse una taza de café, solo y con extra de azúcar, gracias.

Encantado al ver que Mia todavía recordaba cómo le gustaba el café, Ford se arrodilló con ella para ayudarla a recoger los papeles.

—En el año que lleva trabajando conmigo nunca le había visto así. —Mia parecía no estar demasiado divertida por la reacción de su ayudante—. ¿No te cansas alguna vez de esto?

Él apenas pudo contenerse de estirar la mano y colocarle un mechón de pelo suelto detrás de la oreja, sabiendo que era seguro que todos sus empleados les estaban observando ahora mismo a través del cristal.

—Cuando eres un crío cargado de sueños, no sabes lo suficiente para pensar en nada más que en la gloria. Si hubiese entendido eso hace más de cinco años, Mia, no lo habría jodido todo tantísimo.

Sus ojos se encontraron por un minuto y luego ella meneó de golpe la cabeza.

—Sé que nuestra conversación anterior se ha quedado a medias, pero vamos a centrarnos en lo de la casa por ahora, ¿vale? —Recogió rápidamente el resto de la documentación y luego volvió hasta su escritorio para reorganizarla. —Desearía poder decirte que le han puesto un precio demasiado alto pero…

—¿Tú podrías vivir en ella?

—Ya me preguntaste lo que opinaba de la casa y si lo recuerdas, te dije que es una de mis favoritas de todo Seattle.

—Sé que sería genial para tener niños y formar una familia. Pero ¿y para ti?

—Tú eres el que la está comprando, Ford, no yo.

Ella era testaruda, pero él también. Y no compraría una casa que a ella no le gustara tanto como a él. Algunos le llamarían loco por jugárselo todo así por una mujer.

Pero Ford sabía que no hacerlo sería una locura todavía mayor.

—Si tú fueses la que estuviese buscando una casa en Seattle, ¿te la comprarías?

—Creía que nos íbamos a centrar en los negocios hasta que terminásemos de hacer tu oferta.

—Necesito tener tu respuesta, Mia.

Ella soltó un suspiro.

—Sí. Lo haría.

Él sonrió.

—Bien. Entonces vamos a decirles a Alana y a su ex que les pagaré el precio que piden, hoy.

Ella levantó las manos en el aire, para intentar que fuese más despacio.

—Aunque les hagas una oferta al contado, no tienes que pagar en este preciso segundo.

—Quiero instalarme enseguida. Hazles saber que el dinero se habrá transferido a su cuenta para la hora de comer. Y que compraré todo lo que hay dentro, también.

Mia estaba meneando la cabeza ante lo que ella creía que obviamente era una decisión impulsiva, pero cogió el teléfono e hizo una videollamada a los propietarios.

—Tengo una oferta para vosotros —les dijo—, y creo que os va a gustar de verdad.

Noventa minutos después, el papeleo ya estaba firmado por ambas partes y Ford había llamado a su asistente personal de banca para transferir el dinero.

Mia había hecho algunas transacciones inmobiliarias bastante grandes y rápidas en los últimos seis años, pero esta las superaba, de calle.

Hasta para una mujer a quien siempre le habían encantado la velocidad y la emoción, casi tanto como a su primo corredor de coches, Zach, sentía como si se la hubiese llevado volando un huracán.

Así era de fuerte la determinación de Ford cuando se centraba en alguna meta.

Y mientras Orlando acompañaba a Ford a la oficina para presentárselo al resto de sus empleados, y ella presenciaba como les embrujaba a todos con sus encantos a través de las paredes de cristal de su despacho, fue consciente, de nuevo, de lo difícil que le resultaría a nadie resistirse a él.

Especialmente cuando estaba decidido y centrado en conseguir algo.

O a alguien.

Con su voz profunda y su risa resonando por la oficina, saber que el hombre más sexi del planeta estaba así de cerca hizo que le hiciera falta una gran dosis de su propia determinación y concentración para ser capaz de responder a algunos emails y mensajes telefónicos de alta prioridad.

Un ratito después, cuando vio por el rabillo del ojo que él estaba volviendo en su dirección, el ritmo cardíaco de Mia volvió a dispararse y las palabras del correo que estaba escribiendo sobre una propiedad en fideicomiso se volvieron borrosas en la pantalla de su ordenador.

—Tus empleados son geniales —dijo él con una gran sonrisa, entrando de nuevo en su oficina—. Y te adoran.

Ella hizo clic en Enviar y cerró el portátil.

—Yo también les adoro a ellos. —Se levantó de su mesa y cogió el bolso—. Felicidades otra vez por tu alucinante casa nueva. ¿Qué tal si brindamos con un poco de champán para celebrarlo?

Él pareció sorprendido, y claramente emocionado, por su sugerencia, y ella le dijo a Orlando que se iba a coger unas horas libres.

Aunque Mia sabía que pasar más tiempo a solas con Ford era una mala, bueno una terrible , idea, trató de justificarse diciéndose a sí misma que no podía tratarle distinto de lo que trataría a cualquier otro cliente que se acabase de gastar millones de dólares en una casa.

Pero cuando Ford le abrió la puerta del pasajero de su Tesla y ella se deslizó sobre el suave cuero del asiento, Mia no pudo negar que las mentiras que se estaba contando sobre él solo se iban haciendo más y más patéticas por momentos.

Él no me gusta.

Había sido encantador con sus empleados, había estado genial con su familia en la boda… Y si no estuviese tan ocupada en no dejar que él volviese a hacerle daño, ya estaría enamorada de él hasta las trancas.

Esta celebración solo va a ser un asunto de negocios.

Teniendo en cuenta que sus reuniones de negocios nunca antes habían incluido unos besos superardientes antes, y que ella estaba convencida al cien por cien de que esta celebración sí lo haría, tendría que o bien cambiar la definición de negocios …

O tendría que aceptar que pasar el día con Ford era mucho más importante que simplemente celebrar un buen trato inmobiliario.

Nuestra conexión solo es sexual, da igual cuanto lo niegue Ford.

Oh, cuánto deseaba que eso fuese verdad… Pero no había habido ni un solo momento con Ford, ni en el pasado ni ahora, en el cual su corazón no estuviese balanceándose en la cuerda floja.