Capítulo 16 #2
Él apartó el plato y se volvió hacia ella. Ahora mismo, solo tenía hambre de una cosa. De ella .
—Tú dijiste que esa es la clase de casa y de jardín en la que un puñado de críos estaría encantado de jugar, ¿verdad?
—Correcto.
—Entonces no necesito valorar ninguna otra opción. —Aunque estuviesen rodeados de su familia, en ese momento parecía que fuesen las dos únicas personas en la mesa—. Ya me he decidido sobre exactamente lo que quiero.
Él podía notar por la expresión de sus ojos que ella sabía que no estaba hablando solo sobre la casa, pero el momento quedó arruinado cuando una repentina carcajada procedente de la mesa de al lado la devolvió a su modo puramente comercial.
—¿Me estás diciendo que quieres hacer una oferta por la casa de Alana?
—Sí.
Ella ya estaba a punto de coger el móvil cuando el posó una mano encima de la suya.
—Con hacerla el lunes es suficiente. Hoy solo quiero que disfrutes de estar con tu familia. —El pulso estaba galopando en la muñeca de ella para cuando él aparto la mano y se volvió a mirar al resto de la mesa—. ¿De dónde sois?
—Hay aquí Sullivans de San Francisco, Seattle, Nueva York y Maine —respondió Ryan—. Nos juntamos todos periódicamente y celebramos reuniones familiares y, por supuesto, bodas.
—¿Tenéis alguna buena anécdota?
—¿Por dónde quieres que empiece? —dijo Zach con una carcajada. Señaló a Mia con un gesto de su cabeza. —Especialmente con la Señorita Niña Salvaje que tienes ahí.
Mia levantó una ceja mirando a Zach.
—Solo acuérdate de que tengo unas cuantas historias tuyas, Corredor de Fórmula 1.
—Solo digo que sería bastante difícil olvidar aquella noche en el lago cuando tenías seis años y no le dijiste a nadie a dónde ibas.
—A Ford, le explicó—: Se escondió en el bosque durante horas para poder saltar y darnos un buen susto a nosotros, los chicos, al pasar.
Creí que al tío Max y la tía Claudia les iba a dar algo cuando la trajimos de vuelta a casa con una sonrisita en su pequeña cara traviesa.
—Pero estaba claro que Zach estaba totalmente impresionado con ella incluso antes de añadir—: Por mi decidida prima, que no conoce el miedo.
Y cuando todos los de la mesa levantaron sus copas para brindar por Mia, Ford por fin consiguió vislumbrar un atisbo del funcionamiento interno de una familia cuyos miembros se apoyaban los unos a los otros, pasara lo que pasase.
Porque incluso ahora, cuando Ian y Mia estaban claramente enfrentados, Ford podía ver que eso no reducía su conexión en lo más mínimo.
—¿Qué pasó con ese tío con el que estabas en la última boda? —Le preguntó Ryan a Mia—. ¿Bob? ¿O era su nombre Buddy?
Ford la observó muy cuidadosamente al contestar.
—Solo era un amigo.
—Vamos, debes tener a alguien por ahí. Siempre lo tienes.
Ford estaba bastante seguro de que Vicki le había dado a Ryan una patada por debajo de la mesa. Claramente, ella había captado las chispas entre Mia y su cliente aunque su prometido no.
—Sabes que no puede contestarte a eso con su hermano mayor aquí sentado —dijo Tatiana antes de que Mia pudiese responder. —Estaba claro que se había autoasignado el papel de pacificadora de la mesa.
—Cierto —asintió Zach—. Habría bastantes probabilidades de que salieses a la caza del tío antes del atardecer, ¿verdad, Ian?
Es lo que siempre he querido hacer al descubrir a algún tío olfateando detrás de mis hermanas.
Le di unos cuantos sopapos a Jake, en realidad, cuando descubrí que le había hecho un bombo a Sophie.
Sin embargo, nunca tuve ocasión de darle lo suyo a Grayson por salir con Lori.
Los ojos de Ian eran tan afilados como dagas y tan fríos como el hielo mientras miraba a Ford al otro lado de la mesa.
—Si alguna vez conozco a algún tipo y averiguo que le ha hecho daño a mi hermana, voy a hacerle pagar de la forma más dolorosa posible.
Mia carraspeó y cuando todos se volvieron por fin a mirarla, estaba sonriendo por encima del borde de su copa, como si no tuviese ninguna preocupación.
—De hecho, ya que lo preguntas, Ryan, tuve una cita el viernes por la noche con un gran tipo que había conocido haciendo footing.
—¿Saliste con alguien el viernes por la noche? —Racionalmente, Ford sabía que no tenía derecho alguno sobre ella, pero la sola idea de alguien más tocándola o besándola, le volvía loco—. ¿Después de enseñarme la casa?
Mia asintió, con aspecto de estar enormemente satisfecha de sí misma.
—Así es. Luego, durante el vuelo, conocí a alguien más en el avión.
—Maldita sea, Mia…
La voz de Marcus llegó por los altavoces, interrumpiendo a Ford justo antes de que rompiera su promesa a Mia y descubriese que eran más que simples asociados comerciales.
—Gracias por estar hoy aquí con nosotros para celebrar el mejor día de nuestras vidas hasta hoy.
Incapaz aún de pensar con claridad, Ford no era capaz de centrarse en lo que Marcus y Nicola estaban diciéndoles a sus invitados, mientras sacaba el móvil.
¿DEJASTE QUE ALGUNO DE ESOS TIPOS TE TOCARA?
La expresión de ella permaneció imperturbable mientras leía su mensaje. Luego tecleó una respuesta y metió el móvil en el bolso.
NO ES DE TU INCUMBENCIA SI LO HICE.
Él estaba a punto de responder primero y pensar después cuando Billy le dio unos golpecitos en el hombro.
—Tienes la guitarra afinada y lista para ti.
—Gracias, Billy. Ford sabía que debía recuperar la compostura antes de darles a Marcus y Nicola su regalo y tener que irse en su avión privado hacia Los Ángeles para su concierto de allí.
Esperaba que Mia entendiera para quién había escrito realmente esa canción…
Mia había estado segura de que podría encontrar una forma de resistirse a las dulces palabras de Ford, hasta a sus besos.
Pero daba igual lo mucho que intentase prepararse mentalmente, ya sabía que jamás sería capaz de resistirse a él tocando una de sus canciones.
No era solo por lo sexi que estaba cuando se subía al escenario…
Era por el hecho de que él amaba tanto cantar y tocar la guitarra que ella se sentía profundamente conmovida.
—Vamos a dejaros a todos sueltos por la pista de baile enseguida —estaba Nicola diciendo a los invitados—, pero antes de hacerlo, estoy más que emocionada de haceros saber que un amigo mío va a hacernos un regalito francamente especial.
Era innegable que Ford estaba guapísimo mientras zigzagueaba entre las mesas para ir a buscar su guitarra.
—Nicola y Marcus, estoy encantadísimo de haber podido estar hoy aquí y ser testigo de la clase de amor que todos desearíamos tener.
Escribí esta canción ayer, así que pido disculpas si todavía no está del todo perfecta, pero que sepáis que me sale directa del corazón. Se titula Lo único que me hace falta.
¿Ayer? ¿Había escrito la canción temprano por la mañana antes de encontrarse en la casa del torreón…o podría haberla escrito después de verse el uno al otro de nuevo?
Mia sabía de primera mano que Ford no necesitaba esconderse detrás de un escenario ni de un micrófono, y un escalofrío la recorrió cuando empezó a tocar la guitarra eléctrica.
Igual que le pasó la primera vez que le había escuchado cantar, desde las primeras líneas de su nueva canción sobre encontrar la eternidad en un beso, una caricia, una sonrisa, Mia no pudo evitar cerrar los ojos mientras la música la inundaba.
Lo único que me hace falta.