Capítulo 16
CAPÍTULO DIECISÉIS
D urante la siguiente media hora, los fotógrafos hicieron docenas de fotos, primero de las chicas y luego de toda la familia junta.
Mia odiaba saber lo disgustado que estaba Ian sobre lo que había presenciado, pero aunque su apodo para ella era pequeñina , tenía que saber que ella ya no era ninguna niña, ¿verdad?
Por supuesto, no ayudó en nada que solo unos minutos después de que Mia llegase hasta el grupo de las fotos, Ford hubiese salido por fin de debajo de su sombrero oscuro.
La emoción de los invitados a la boda empezó como unos murmullos de sorpresa, pero pronto escaló hasta el punto en que Mia estaba empezando a sentirse como si estuviese entre el público de uno de sus conciertos.
Nicola, por suerte, no parecía molesta por esa conmoción en lo más mínimo, y cuando hizo un gesto jocoso de poner los ojos en blanco y dijo:
—Los músicos siempre tienen que ser el centro de atención, ¿verdad? —Todo el mundo se echó a reír. Todos excepto Ian, que parecía estar conteniéndose apenas de atravesar los jardines e ir a darle una paliza a Ford.
Mia le lanzó una mirada cargada de intención entre foto y foto. Lo has prometido.
Solo por hoy , fue la respuesta que él le devolvió con el mismo gesto de determinación en los ojos.
En el transcurso de todo eso, Mia estaba bastante contenta de lo bien que había conseguido mostrar una sonrisa relajada. Solo Ian y Brooke sabían lo mucho que le estaba costando lograrlo.
En el mismísimo instante en que el fotógrafo declaró que había terminado con la sesión de fotos familiares, Brooke se la llevó a un lado.
—¿Cómo lo llevas?
—Bien —dijo Mia con voz tan baja que le aseguraba que no le iba escuchar nadie más, especialmente sus otros hermanos—, estoy contenta de haberle soltado por mi boca a Ford todo lo que pensaba.
Tal como solo una amiga de verdad sería capaz de hacerlo, Brooke levantó las cejas, escaneando el pelo ligeramente revuelto de Mia, sus labios obviamente bien besados, y su piel sonrosada.
—La verdad es que parece que sí que le has soltado algo por la boca.
—¡No he roto mi promesa! —insistió Mia—. Nada de lenguas, en ninguna dirección.
—Bueno, eso está bien, supongo —dijo Brooke, con voz bastante titubeante.
—Ha estado bien —tuvo que admitir Mia. Tan bien que todavía podía sentir la marca de sus labios sobre su piel—. Al menos, hasta que Ian ha entrado y nos ha pillado.
Las cejas de Brooke se elevaron de golpe, el doble de alto de lo que lo habían hecho antes.
—¿Cómo es que Ford sigue vivo?
Mia miró hacia donde estaba él firmando autógrafos, y una oleada de calor la atravesó cuando levantó la vista para mirarla a los ojos.
—Puede que no lo esté por mucho tiempo —murmuró, encontrando imposible apartar la vista.
Justo entonces, Rafe se acercó a ellas y rodeó a su prometida con el brazo.
—Algo le pasa a Ian. Parece estar a punto de que le estalle una vena. ¿Y cuándo ha llegado Ford Vincent?
Mia ni siquiera tuvo que echarle a su amiga una mirada de sálvame, Brooke ya estaba dándole un beso a Rafe en los labios para distraerlo.
—Creo que se supone que deberíamos sentarnos ahora para el banquete y los brindis.
Antes de que Rafe pudiese decir nada más sobre Ian, Brooke empezó una conversación bastante unilateral sobre lo bonita que había sido la ceremonia, lo hermosos que eran los viñedos y como estaba absolutamente muerta de hambre.
De nada, y de todo lo que se le ocurrió para mantener a Rafe alejado del rastro.
Por otra parte, pensó Mia, poniéndose derecha para prepararse para sobrevivir al resto de la boda de hoy de una pieza, le debía un favorazo a Brooke.
Aunque, cuando encontró la tarjeta con su nombre en una de las mesas de la familia, en la parte delantera de la zona del banquete, Mia decidió que igual tenía que cargarse a Nicola y a Marcus, aunque ese fuese su día especial…
Porque, así lo había querido la suerte, la habían sentado al lado de Ford.
Cuando Ford se enteró de donde iba a sentarse para el banquete, deseó que el nuevo marido de Nicola no se lo tomase de forma equivocada cuando les plantase un enorme besazo húmedo a cada uno más tarde.
Desde su asiento, podía observar a Mia, de pie a unos metros, acabándose una copa de champán, e inmediatamente le invadieron unas ganar urgentes de lamer las gotas descarriadas del espumoso alcohol de sus labios.
Pero él siempre había deseado conocer a su familia, y a pesar de saber que al menos uno de sus hermanos ya se la tenía jurada, Ford quería aprovechar la oportunidad de llegar a saber tanto como pudiera sobre Mia y sobre los Sullivan.
Por suerte, tenía una aliada en Tatiana, que también encontró la tarjeta con su nombre en la misma mesa. Por desgracia, un instante después, lo hizo también Ian, que se iba a sentar justo enfrente de Ford.
Las bodas siempre están llenas de sorpresas.
Sin embargo normalmente esas sorpresas suelen adoptar la forma de una vieja tía borracha a la que luego se encuentra tirada de bruces sobre un seto, roncando por culpa de la botella de Whisky que ha mangado del cáterin.
Imagina lo mucho que la gente hablaría sobre ello si uno de los hermanos de Mia le daba su merecido.
—Soy muy fan de tu música —le dijo a Ford el tío que sacaba la silla junto a Ian, ofreciéndole la mano para que se la estrechara—. Soy Ryan Sullivan, y esta es mi prometida, Vicki Bennet.
—Es genial conoceros a ambos —dijo él antes de darse cuenta por fin de por qué el tío le resultaba tan familiar.
Ford había estado tan centrado en Mia durante la ceremonia que se le había pasado por completo reconocer al mejor lanzador de la Liga Nacional de Béisbol en medio de los padrinos de boda—.
Tus lanzamientos de la última temporada me dejaron alucinado.
Y — dijo al darse cuenta de quién era Vicki—, yo también soy fan de tus esculturas.
Ella se mostró obviamente encantada de que conociera su trabajo.
—Gracias.
A Ford le chocó lo cómodos que parecían Ryan y Vicki, cómo parecían ser dos personas claramente destinadas a estar juntas. ¿La habrían jodido alguna vez o en su relación todo habría ido siempre perfectamente, desde el día uno?
—¿Vais a montar vosotros dos la siguiente boda Sullivan?
—Tal vez —respondió Vicki, riendo—. A menos que Zach y Heather o Smith y Valentina o Brooke y Rafe se nos adelanten.
Pero estamos acostumbrados a esperar —dijo Vicki con una sonrisa relajada, echándose atrás para apoyarse en los brazos de Ryan y levantando la vista para mirar a su prometido—. ¿Verdad?
—Me enamoré de ella cuando teníamos quince años —le explicó Ryan a Ford—, y entonces ella fue y se casó con otro tipo. Quince años después, por fin la convencí de que estábamos hechos el uno para el otro.
—Me encanta vuestra historia —dijo Tatiana—. ¡Es tan romántica!
Ford seguía digiriendo el hecho de que Ryan y Vicki hubiesen estado separados tres veces más que él y Mia y que habían logrado que la cosa funcionase, cuando los últimos dos asientos libres fueron ocupados por otra pareja.
—Guau —dijo la mujer al darse cuenta de que Ford estaba sentado ahí—. Hola.
Cuando Ford le devolvió la sonrisa y dijo «hola», el tío que iba con ella le tiró de la larga y brillante trenza y le tapó los labios con su boca rápidamente, como para recordarle a quién pertenecía.
Su beso fue corto, pero sexi, y cuando los dos se separaron por fin, ella estaba tanto sonrojada como riendo.
—Eres un pedazo de Neandertal —dijo con un tono cariñosamente irritado antes de volverse otra vez hacia Ford—. Yo soy Heather y este es Zach.
Él les estrechó las manos.
—Ford. Encantado de conoceros a los dos.
Justo cuando estaban sirviendo el primer plato, Mia por fin ocupó su asiento a su lado, y le lanzó a Ian una clara mirada de advertencia con una nueva copa de champán en la mano.
Ford se preguntó, volviéndose para dedicarle una sonrisa: ¿qué le habría dicho a su hermano para mantenerle apartado de su yugular?
¿Y había alguna oportunidad de que la razón de que ella quisiera conservarlo de una pieza fuese porque había decidido darle otra oportunidad a su relación?
—Parece como si Nicola y Marcus estuviesen jugando a los casamenteros —comentó Zach, mirando primero a Ian y Tatiana y luego a Mia y Ford—. ¿No sería la bomba que funcionase?
Heather le metió un panecillo en la boca.
—Cómete esto, así tendrás la boca demasiado ocupada para decir nada más que haga sentirse incómodo a todo el mundo.
—Vale —dijo Zach después de darle un mordisco y almacenarlo en su mejilla—, pero una vez se termine el banquete, tendrás que pensar en alguna otra cosa que pueda hacer con la boca para que me quede callado.
—Heather puso los ojos en blanco, pero por cómo se le colorearon las mejillas, Ford vio que no era totalmente contraria a esa sugerencia.
—De hecho —le dijo Mia al grupo—, Ford y yo ya nos conocíamos. Es uno de mis clientes.
—¿Desde cuándo es él uno de tus clientes? —El tenedor de Ian haciendo golpeando fuerte contra su plato enfatizó su pregunta.
—Desde el viernes.
Ian volvió su mirada asesina a Ford.
—¿Vas a comprarte una casa en Seattle?
Ford medía 1.88 y hacía ejercicio para mantenerse en forma durante sus actuaciones de tres horas. Aun así, calculó que Ian le sacaba cinco centímetros y probablemente quince kilos.
—Estoy deseando dejar de vivir en hoteles y mudarme a una casa de una vez.
—De todos modos —dijo Mia con otra mirada penetrante a su hermano, mientras pinchaba una hoja de lechuga con su tenedor—, le he enseñado una gran finca en primera línea este viernes, con una casa absolutamente perfecta ya construida. Hasta tiene una habitación en un torreón.
—¿Un torreón de piedra de verdad? —Vicki estaba claramente intrigada.
Mia estaba guapísima al sonreír a la otra mujer sin ninguna de sus habituales reservas.
—Es realmente asombrosa —dijo—, pero tengo unas cuantas propiedades más que enseñarle, para que pueda sopesar todas las opciones.