Los Sullivan de Seattle (Libros 1-3) Capítulo 15
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Capítulo 15

CAPÍTULO QUINCE

C laramente, ni Mia ni el pedazo de escoria que la estaba abrazando habían oído abrirse la puerta ni la exclamación ahogada de sorpresa de Tatiana al encontrarlos así de enredados el uno en el otro.

La horrible imagen de ese tío manoseando a su hermanita y babeando encima de ella se grabó a fuego en el cerebro de Ian.

No creía que jamás fuese a ser capaz de olvidarla.

—¿Ian? ¿Tatiana? La piel de Mia estaba sonrosada, y sus ojos seguían estando ligeramente desenfocados. Hasta que, de repente, pareció darse cuenta de la mala pinta que tenían las cosas.

Él estaba a medio cobertizo de arremeter contra Ford y agarrarle por el cuello para estrangularlo cuando Mia se liberó de su abrazo y sujetó a Ian. Con una fuerza sorprendente, le arrastró tanto lejos del almacén como del tipo al que había querido arreglar la cara a base de puños.

—¡No me creo que acabes de hacer eso!

Ella parecía furiosa y avergonzada, pero Ian estaba tan perdido en su niebla iracunda que no pudo contenerse de gritarle:

—¡Yo no me puedo creer que estuvieses ahí dentro con ese mierda! —Intentó soltarse de ella—. Después, tú y yo vamos a tener una larga charla sobre qué demonios estabas haciendo. Después de que lo haga pedazos,

—¡No! —Ella tiró más fuerte de la chaqueta de su traje, hasta que ambos oyeron como una costura empezaba a romperse—. Puedo manejarle yo sola.

—¿ Eso era manejarle? —Él soltó un taco, una palabra áspera que aterrizó entre ambos igual que una piedra—. ¿ Querías que él te besara?

Ella se detuvo un poco demasiado antes de suspirar y decir:

—¿Sabes? Creo que de hecho sí.

—Maldita sea, Mia, es mi trabajo protegerte. Tienes que dejarme…

—Si vuelves a hacer una sola cosa más para avergonzarme así otra vez, jamás te lo perdonaré.

Su hermana siempre había tenido bastante genio, pero él nunca le había visto así de enfadada.

—Ya sabes que yo jamás haría nada que te hiciese daño —intentó explicarle con un tono tranquilo y razonable—, pero tampoco puedo permitir que nadie te haga daño.

Y he conocido a tíos como él. Son demasiado ricos, demasiado famosos para pensar que necesitan seguir las reglas que nadie les imponga. Tienes que entender eso.

Ahora que estaban allí parados detrás de un gran seto de rosales, ella redujo un poco la fuerza con que le agarraba la chaqueta.

—Lo comprendo. Y tú siempre has sido el mejor hermano mayor del mundo, pero lo que ha ocurrido entre Ford y yo no es algo de lo que quiera que todo el mundo se entere antes de averiguar que es lo que yo siento exactamente por él.

Esta reacción que estás teniendo es exactamente la razón por la que no te hablé de él hace cinco años.

A Ian se le subió la tensión hasta el límite máximo al preguntar:

—¿Es que no lo has conocido hoy aquí? ¿Qué demonios, Mia? ¿Cómo has podido guardar un secreto así y no contármelo?

—Porque si te estás comportando de esta forma ahora que soy una mujer de veintiocho años que dirige su propio negocio de éxito, ¿cómo crees que habrías reaccionado hace cinco años si hubiese ido a decirte «adivina qué, hermano mayor, estoy saliendo con una estrella del rock.

¿Me das tu bendición?» ¿Me la habrías dado?

Él tuvo que admitir que no.

—Lo habría perseguido y le habría dado caza.

—Exacto. Y la cosa es que tú siempre me has dejado cometer mis propios errores en el ámbito laboral pero nunca en el amoroso.

—Le puso la mano en el brazo un poco más dulcemente ahora—.

Sé que no quieres que me hagan daño, pero ¿y si enamorarse a veces significa arriesgarse lo suficiente para cagarla de forma apoteósica unas cuantas veces por el camino?

Intelectualmente, Ian sabía que su hermana era adulta. Pero había una gran diferencia entre respetar su visión comercial… Y aceptar que pudiese entregarle su corazón a algún imbécil sin que él hubiese sido capaz de protegerla.

—¿Entonces lleváis cinco años juntos sin que ninguno de nosotros lo supiera?

—No. Solo fue una semana. No le había vuelto a ver hasta hace un par de días.

—¿Qué quiere ahora que ha vuelto? —Ella nunca había sabido mentirle, y él sabía lo difícil que le habría resultado mantener en secreto su relación con Ford durante tanto tiempo—. Aparte de lo obvio… —añadió, frustrado.

—Empezar de cero.

Ian quería respuestas a una docena de preguntas más pero solo había una que realmente importase.

—¿Estás enamorada de él?

Su hermana volvió a suspirar, y ese sonido y la expresión de su rostro encerraban tanto dolor que Ian la rodeó con sus brazos.

—Hace mucho tiempo creía que sí, y luego estuve segura de que no —Ella se echó a reír contra su pecho, pero no había nada de humor en ello, solo frustración. Se apartó para mirarle a los ojos—. ¿Alguna vez has tenido ganas de pegarle un puñetazo a alguien y de besarle, todo al mismo tiempo?

Él hizo una mueca.

—Por favor, no vuelvas a recordarme ese beso si quieres evitar que mis puños le cambien por completo la cara.

—¿Significa eso que accedes a quedarte en tu rincón del ring por hoy?

Esta vez fue él quien suspiró.

—Por hoy —accedió, yendo en contra de sus instintos más sensatos—. Pero no te prometo nada al llegar a la medianoche.

Ella le apoyó la mejilla contra el pecho y se acurrucó contra él de la misma forma en que lo había hecho siempre, desde que era un bebé.

Cuando su madre no era capaz de hacer que ella dejase de llorar de pequeñita, lo único que Claudia Sullivan tenía que hacer era pasársela a Ian, y ella se calmaba de inmediato.

Siempre habían sido tan íntimos que él odiaba pensar que ella le había ocultado algo creyendo que no sería capaz de gestionarlo.

Por otra parte, él tampoco le había hablado nunca a ella sobre su matrimonio, ¿verdad?

Ambos le habían guardado secretos al otro y aunque ella le estaba contando el suyo ahora, él seguía conservando el suyo.

Obligándose a contener su frustración por no ser capaz de dirigirse a Ford tal como le hubiese gustado, Ian le apartó suavemente a ella el pelo de la frente.

—Parece que están esperándote para sacar fotos contigo.

Mia retrocedió un paso y se alisó el vestido con la mano.

—¿Estoy bien?

—Estás absolutamente preciosa, como siempre, pequeñina.

—Y tú estás demoledoramente guapo, como siempre, hermano mayor. —Mientras los dos se dirigían hacia la zona en la que se estaban sacando las fotos de la boda, ella dijo—: Me pregunto, después de lo que acaba de ver, ¿qué estará pensando Tatiana?

Maldita sea, él la había dejado allí con Ford. Pero cuando se volvió a mirar el almacén, no vio a ninguno de los dos por allí.

—¿Por qué ibais Tatiana y tú juntos, ahora que lo pienso? —Quiso saber Mia.

—Ella te estaba buscando a ti.

Creyó haber tenido el cuidado suficiente de hablar sobre Tatiana sin añadir ninguna clase de inflexión, pero cuando Mia le lanzó una mirada de reojo cargada de curiosidad, supo que la había cagado.

—Es guapa, ¿verdad? Y tan encantadora que no dejo de olvidarme de estar impresionada por lo tremendamente buena actriz que es. Oye… —añadió ella cuando él no respondió de inmediato—: ¿No sería genial que Valentina se casase con Smith y que luego tú y Tatiana…?

—No es mi tipo.

Eso hizo que Mia se echase a reír de verdad.

—¿Me tomas el pelo? Ella es el tipo de todo el mundo.

Diablos, a mí no me van las mujeres ni lo más mínimo, y apenas soy capaz de evitar babearle encima cada vez que estamos juntas.

—Le dio unas palmaditas en la mano como si no debiese culparse a sí mismo por ser ya una causa perdida—. Quiero verte feliz, también, ya sabes.

Tras esas palabras, le dio un beso en la mejilla y le dejó para ir a posar en las fotos.

—¿Hay alguna posibilidad de que me puedas iluminar sobre lo que acaba de pasar aquí dentro? —preguntó Ford.

Tatiana tenía la sensación de que ella mostraba la misma expresión anonadada que Ford.

No porque le hubiese impresionado verle besándose con Mia en particular, sino porque a ella le habían entrado ganas de arrastrar a Ian Sullivan a alguna otra estancia privada de la finca y besarle a él de la misma manera.

Nunca antes había sentido tal atracción electrizante por nadie.

Sus ojos eran de un color castaño tan profundo que se había perdido en ellos, al tiempo que se sentía como si él estuviese mirando en lo más profundo de su alma.

Los hombres siempre habían sido secundarios para ella a la actuación, de lejos.

Tenía citas muy rara vez, y cuando lo hacía, a menudo deseaba haberse quedado a solas con un guion o pasando el rato con su hermana.

Pero por primera vez en su vida, comprendió la clase de deseo que podía hacer que la gente cometiese locuras…

Como querer volver a meterse entre los grupos de invitados para encontrar a Ian de nuevo y poderle darle un beso que haría, esperaba, que a los dos se les pusiera el mundo patas arriba.

—El hermano de Mia la estaba buscando.

—No es de extrañar que me mirase como si quisiera matarme. Me sorprende que no se haya lanzado a arrancarme el corazón y sacármelo por la garganta.

Tatiana sintió que debía ser honesta con él.

—De hecho, en base a cómo se ha comportado al averiguar que vosotros dos podíais estar juntos, yo estoy un poco sorprendida también.

—Sabía que iba a tener que lidiar con sus hermanos pronto, de todas formas. Pero es un pequeño precio que tendré que pagar si ella me acepta.

Guau, ¿él iba a ofrecerse voluntariamente a Ian, Adam, Dylan y Rafe, que eran todos altos y cargados de músculos y habían crecido peleándose los unos con los otros? Tatiana suspiro al ver lo dulce que era por su parte que Mia significase obviamente tanto para él.

—Soy Ford, por cierto —dijo él, ofreciéndole su mano para que se la estrechara—. He visto tus últimas películas. Un gran trabajo.

Ella le sonrió.

—A mí también me gusta tu trabajo.

No había ni siquiera una mínima brizna de atracción entre ellos.

Solo la conexión inmediata que ella sentía a veces con otras personas que también se encontraban bajo el ojo público.

La vida para la gente con carreras como las suyas era genial en muchos sentidos, pero también podía ser difícil, cuando cosas tan sencillas como ir a tomar un café podían resultar un desafío.

A veces Tatiana se sentía como una ermitaña encerrada en su casa, porque era más fácil pedir a domicilio que maquillarse, vestirse y arreglarse el pelo solo para ir a por leche.

—No creo que tenga nada en contra de ti, personalmente —dijo, esperando que Ford lo entendiese—. Es más bien que quiere proteger a su hermana contra todos los hombres.

—Un tipo listo. —Se quitó el sombrero y lo dejó en un estante de madera sin desbastar—. ¿Te apetece unirte a mí en lo que bien podría ser mi último trago si Ian Sullivan consigue ponerme las manos encima?

Riendo, ella le cogió por el brazo que él le ofrecía y ambos salieron bajo el brillante sol.

—Te he visto en el escenario. Eres muy rápido. Creo que podrías correr más deprisa que él si de verdad tuvieses que hacerlo.

—¿Qué tal si tú le distraes mientras yo cojo ventaja? ¿Tal vez arrastrándole a un rincón oscuro y dejándolo tonto a besos antes de que se dé cuenta de que me he escapado?

El sonrojo profundo que le arreboló las dos mejillas reveló al instante lo mucho que le gustaba esa idea.

—Ah —dijo él con voz queda—, así que esa es la dirección en la que sopla el viento.

—No —dijo ella, negando con la cabeza—. Ian y yo nos conocimos anoche. Y hoy no habremos pasado más de quince minutos juntos.

—A veces —dijo él, serio—, quince minutos es todo lo que hace falta para cambiarte la vida por completo.

Pero antes de que pudiese decir nada más, un gran grupo de invitados a la boda por fin se dio cuenta de que había una estrella del rock entre ellos, y él se vio totalmente rodeado de fans.