Los Sullivan de Seattle (Libros 1-3) Capítulo 14
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Capítulo 14

CAPÍTULO CATORCE

— H ola, soy Tatiana. Nos conocimos brevemente anoche en la fiesta. —saludó Tatiana Landon al parecer un poco nerviosa—: Tú eres Ian ¿verdad?

Ian Sullivan bajó la vista para encontrarse con un rostro tan bello que hizo que su pecho se encogiera solo con mirarlo.

Ian había conocido a Valentina, la hermana mayor de Tatiana, en la boda de su primo Gabe en el lago Tahoe.

Valentina y su otro primo, Smith, se acababan de prometer durante las vacaciones e Ian se había quedado sorprendido de que su primo, la estrella de cine, hubiese conseguido encontrar el amor verdadero estando envuelto en su mundo de Hollywood lleno de paparazis y de páginas online de cotilleos.

La noche anterior, Ian había conocido por fin a Tatiana cuando ella había llegado tarde a la fiesta de despedida de soltera de Nicola.

Les habían presentado rápidamente antes de que las chicas se la hubiesen llevado a su lado de la barbacoa.

Él había estrechado muchas manos anoche, pero la sensación de la de ella se había quedado con él por alguna razón que no había querido desentrañar.

¿De verdad creía ella que había alguna maldita posibilidad de que no supiese quién era cuando los rumores de que le iban a dar un Oscar por su papel en Gravedad con Smith Sullivan eran tan potentes que hasta un tío como él, que muy raramente salía de una sala de juntas para ir al cine, no podía evitar haberlos oído?

¿O era esta alguna adorable actuación que la joven estrella representaba con los desconocidos?

No por primera vez, Ian pensó en lo diferente que eran Tatiana y su hermana Valentina.

La prometida de Smith era alta y esbelta, con un aire exótico.

La hermana menor de Valentina, por otra parte, era pequeña y con curvas, con un aire de inocencia que hacía que los tíos no desearan otra cosa que querer averiguar lo que haría falta para hacer que ella se sumergiera en el pecado.

Hasta el vestido que Tatiana llevaba era uno sin pretensiones, como si estuviese intentando asegurarse de no desviar ni un ápice de atención de la novia.

Por supuesto, como estrella de cine que era, obviamente se moría por ser el centro de atención, así que él supuso que debía tener otra razón para vestirse de una forma tan conservadora.

No cabía duda de que se trataba de otro de sus trucos de actriz o que intentaba convencer a la gente de que no tenía un gran ego para que fuese todavía más probable que le dieran todo lo que ella deseara.

Había aprendido muchos de esos truquitos por las malas, conviviendo con su ex-mujer.

Ian se aseguró de que ninguna de sus especulaciones fuese evidente, diciendo:

—Es estupendo volver a verte hoy, Tatiana.

—Qué boda tan bonita que ha sido, ¿verdad?

El aire soñador de sus ojos le dijo que ella creía en el amor y en el «para siempre» sin reservas.

Ian también había creído en eso tiempo atrás, hasta que su propio matrimonio se había ido directamente por el desagüe.

Era feliz por sus primos y por su hermano Rafe, y esperaba que todos sus otros hermanos también encontrasen gente estupenda de la que enamorarse.

Pero en lo referente a sí mismo, Ian no podía imaginarse un mundo en el que quisiera volver a desear casarse.

—Marcus y Nicola son los dos buena gente.

Las cejas de Tatiana se elevaron de golpe.

—Entiendo que no eres un gran fan del amor, ¿verdad?

Bueno, eso no era lo que él se habría esperado de la hermosa estrella. Ni siquiera se le acercaba. Se imaginó que estaría tan ocupada en quedar de la mejor manera posible que no iba a percatarse de nada sobre ninguna otra persona.

Intrigado a su pesar, le dijo:

—No tengo ninguna duda de que los dos están enamorados.

—Entonces, si lo que te preocupa no es el amor, ¿será entonces el matrimonio?

Ian no podía pensar en la última vez en que alguien le había hablado tan directamente sobre amor y matrimonio. Sus socios de negocios y sus colegas masculinos nunca hablaban de relaciones. Y con las mujeres a las que veía de vez en cuanto, se atenía deliberadamente al placer sin ataduras.

Más que responder directamente a su intrusiva pregunta, le hizo otra de la que podía adivinar ya la respuesta.

—¿Cuántos años tenías la primera vez que te pusiste un vestido de novia?

La sonrisa con la que ella le respondió era tan luminosa, y bonita, que él podría haber jurado que el sol llevaba hasta ahora escondido tras una nube… Aunque racionalmente sabía que el cielo del Norte de California estaba tan azul y despejado como siempre.

—Probablemente tendría cuatro o cinco años.

Mi madre tenía el vestido de novia más alucinante del mundo, con encaje, satén y brillos.

Aunque yo podría habérmelo cargado, siempre me dejaba jugar con él.

—Su sonrisa se hizo más amplia—. Además, tenía zapatos forrados de satén, una tiara y unos guantes largos de color blanco con cintas que llegaban desde el interior de la muñeca hasta el codo.

Bueno, hasta su codo. A mí me llegaban hasta el hombro.

—Tatiana soltó un alegre suspiro, como si el recuerdo fuese precioso para ella—.

Era genial ponerse su vestido, como estar dentro de un cuento de hadas, salvo por el hecho de que mi perro nunca se convertía en príncipe cuando le besaba.

Al escucharla hablando de su infancia, resultaba casi imposible acordarse de que ella era una estrella de cine con el mundo entero a sus pies. Aun así, le había preguntado directamente qué pensaba sobre el amor y el matrimonio, y él no había terminado todavía de decirlo.

—¿Con qué frecuencia crees que esos cuentos de hadas se hacen realidad?

Ella inclinó la cabeza a un lado y lo pensó unos instantes.

—Espero —dijo con una voz suave—, que todos se hagan realidad todo el tiempo.

Pocas personas habían logrado dejar a Ian sin habla, pero Tatiana Landon lo había conseguido en menos de cinco minutos.

Ian podía dividir su vida en un puñado de momentos en los que todo había dado un giro repentino.

El día en que su padre le dijo a su familia que se había quedado sin trabajo.

El día en que Ian descubrió que todo lo que su ahora exmujer le había contado era un gran mentira.

Y, extrañamente, ese momento, estando ahí de pie en medio de los viñedos de su primo con una joven y asombrosamente bella estrella de cine.

Por suerte, había tenido ocasión de ver Gravedad y ni era capaza de olvidar cómo la escena de amor entre Tatiana y su primo Smith había resultado tan tórrida que casi había empañado la pantalla.

Es verdad que ambos eran grandes actores, pero a pesar del hecho de que claramente no había nada entre Smith y Tatiana en la vida real, eso también quería decir que Ian no podía creerse que Tatiana fuese tan inocente como parecía.

Ninguna virgen podría rezumar la clase de sensualidad de la que él, y millones de espectadores de todo el mundo, habían sido testigos en esa película.

Ella le dedicó otra sonrisita, una solo ligeramente torcida, una imperfección que solo conseguía hacerla todavía más hermosa.

—En realidad, no he venido aquí para hacerte una encuesta sobre tus ideas acerca del amor y el matrimonio. Me estaba preguntando si habías visto a Mia. El fotógrafo va a necesitar tener a todas las chicas Sullivan juntas pronto, y como yo no soy una Sullivan, me he ofrecido a encontrarla.

Como desde el otro extremo del banco le había parecido que algo no iba bien del todo con su hermana durante la ceremonia y él también la había estado buscando, le dijo:

—Te ayudaré a encontrarla.

Los dos se dirigieron hacia un bosquecillo de robles, donde los camareros estaban trabajando sin descanso con el vino de Marcus.

Una ligera brisa sopló por los viñedos, haciéndole llegar el aroma de Tatiana.

Era fresco, dulce y tan tentador que le hizo la boca agua y tuvo que esforzarse por contener su excitación física por estar simplemente al lado de ella.

—Mia me dijo que has venido en avión desde Londres para la boda. ¿Cuándo tienes que volver?

—Mañana por la mañana, a primera hora.

—Yo solo tengo el día de hoy libre del rodaje de Boston, también.

Pero la próxima vez que vaya a Londres sería agradable saber que allí tengo familia.

Bueno, casi familia, porque en cuanto Valentina y Smith intercambien sus «Sí, quiero» tú y yo seremos…

—Sus bellos rasgos dibujaron unas arruguitas de concentración y se volvió hacia él para preguntarle—: ¿Qué seremos exactamente si yo soy la hermana de Valentina y tú eres el primo de Smith?

Le resultaba difícil pensar en esta bella mujer que tenía lado como en familia. Igual de difícil que recordar que era incluso más joven que su hermana. En realidad, ambas eran buenas razones para que Ian no tuviese absolutamente ninguna excusa para quitarle el vestido mentalmente.

Pero señor, ni esas razones extremadamente racionales podían detenerle de preguntarse lo suave que sería su piel… Y de si sabría tan bien como olía.

—Seremos primos políticos.

Para entonces ya habían llegado al pequeño robledal pero ninguno de los dos veía a Mia. Ian miró hacia las interminables colinas cubiertas de viñedos.

—Ha ido a suficientes bodas como esta para saber que están a punto de sacar esas fotos —reflexionó en voz alta—. ¿Dónde puede haberse metido?

Tatiana le tocó el brazo para llamar su atención.

Sus ojos se encontraron mientras una innegable electricidad saltaba del uno al otro.

Con el sol brillando de pleno sobre ella, él podía distinguir su pulso por debajo de la piel de su cuello.

No era capaz de recordar la última vez que había deseado tanto a una mujer.

Ni siquiera a la mujer con la que había cometido la locura de casarse.

Cuando ella le quitó la mano del brazo, el calor de su contacto se le quedó marcado, mientras preguntaba:

—¿Crees que podría estar con Ford Vincent?

—¿Ford Vincent está aquí?

—Se coló por la puerta lateral justo antes de que empezase la ceremonia y se sentó al lado de Mia.

¿No mencionó Marcus que iba a venir? —Cuando Ian meneó la cabeza, Tatiana dijo—: Nicola parecía bastante emocionada porque Ford hubiese sido capaz de reorganizar su agenda y venir.

Me imaginé que vendría así, de incógnito, con un sombrero, porque la gente se puede poner rara con los músicos.

—¿No se pone la gente rara con los actores también?

—Sí, pero incluso las otras chicas comprometidas y casadas se volvieron locas anoche al escuchar que Ford iba a estar hoy aquí. Es muy popular. Hasta más que Smith, creo.

Preocuparse por su hermana era lo único que podría haber hecho que Ian se olvidase de su atracción por Tatiana.

Porque, maldita sea, Ian apenas podía imaginarse qué jugadas podría emplear esa muy popular estrella del rock para pillar a Mia.

Él sabía que su hermana no era exactamente inocente, pero aunque Ian le había enseñado las suficientes artes marciales de adolescente para poder defenderse por su cuenta, no podía arriesgarse a dejarla sola con un tipo que se creía que era el mayor regalo que Dios les había dado a las mujeres… Y que posiblemente actuase como tal.

¿Dónde, se preguntó Ian, iría él si fuese una estrella del rock intentando tirarse a una bonita muchacha que acabase de conocer en una boda? ¿Especialmente si quisiera tenerla a solas antes de que el resto de los invitados descubriesen que había llegado y empezasen a hacer aspavientos y a rodearle?

Ian entornó los ojos y estudió en detalle el terreno. No le costó mucho darse cuenta de que el edificio auxiliar junto al granero sería el sitio perfecto para un aquí-te-pillo-aquí-te-mato post-boda.

—Por aquí.

Sus largas piernas devoraron la distancia entre la arboleda y el granero, pero aunque Tatiana era al menos un palmo más bajita que él y llevaba tacones, le siguió el paso.

—¿Por qué crees que están en ese pequeño edificio?

—Soy un tío. Sé pensar igual que la escoria.

Ella le volvió a poner la mano en el brazo como si estuviese intentando ir más despacio.

—Un momento. ¿Y si ella está allí con Ford? Tal vez no debamos irrumpir así sin más. Quiero decir, si yo estuviese intentando conseguir tener un pequeño momento robado con alguien, sé que me disgustaría si mi hermana nos interrumpiera.

A Ian ni se le ocurrió pensar que Tatiana pudiese llevar algo de razón, ni que Mia podría haber hecho la elección de hacer alguna cosa con la estrella de rock. Abrió tan de golpe la puerta del almacén que esta chocó con la pared… Y se encontró precisamente con lo que se había estado temiendo.

El cabrón no solo tenía las manos encima de ella, sino también la boca. Ian lo vio todo rojo de inmediato, y cualquier apreciación que hubiese podido sentir por la música de ese tío desapareció.

—Aparta tu asquerosa boca de mi hermana.