Los Sullivan de Seattle (Libros 1-3) Capítulo 13 #2
70%

Capítulo 13 #2

—Un beso, Mia. —Dejó que sus palabras, y el calor que las acompañaran, le llegaran antes de añadir—: Un beso y seré tu sucio secretito. Aunque, una vez accedas a casarte conmigo, probablemente tengas que contárselo a unas cuantas personas al final.

—¿Lo ves? Sabía que harías esto. Que me dirías que no ibas a presionarme en un segundo y al segundo siguiente empezarías a hablarme de inmediato sobre casarte conmigo.

—Tienes razón. Lo siento.

Eso pareció haberla pillado del todo desprevenida.

—¿Ah, sí?

—Sí —dijo él—. Ahora, sobre ese beso para cerrar el trato…

Su risa fue totalmente inesperada y asombrosamente hermosa. Lo único que él deseaba hacer durante el resto de su vida era encontrar nuevas maneras de hacerla feliz.

—Tú y tu obsesión de sacarme un beso… Estás de verdad tentando a tu suerte, estrella del rock. —Pero aun mientras decía eso, él pudo leer la expectación en sus ojos—. Vale. Puedes darme un beso, pero… —Levantó un dedo para asegurarse de que entendía sus condiciones—, nada de lenguas.

La deseaba tanto que a su cerebro le costó un poco más de lo debido entender lo que ella acababa de decir.

—¿Has dicho que nada de lenguas ?

—Me había prometido a mí misma que mantendríamos esta pequeña charla para dejar las cosas claritas sin que mi lengua acabase en tu boca.

Señor, solo flirtear así con Mia ere una locura de sexi. Especialmente porque su voz se estaba haciendo más ronca con cada palabra que pronunciaba, hasta informándole de que necesitaba que el beso no fuese más que un simple pico en los labios.

—¿Y qué hay de mi lengua acabando en tu boca?

—Pues no —confirmó ella mientras sus labios seguían manteniendo una batalla para no sonreír—. Pero si no te apetece un beso sin lengua…

—Estoy decididamente preparado para el reto —le interrumpió él—. Proponme cualquier reto, Mia, y voy a lanzarme a superarlo.

Los ojos de ella se oscurecieron más cuando empezó a entender claramente que él lo decía de verdad. Y mientras le agarraba por la corbata y tiraba de él hacia ella para poder controlar el beso esta vez, el estribillo de la famosa canción Aleluya de Leonard Cohen empezó a sonar dentro de su cabeza.

Mia llevaba cinco años tratando de mentirse a sí misma sobre lo mucho que Ford había significado para ella.

Pero era bastante imposible mantener la farsa cuando lo tenía a él aquí al lado, con su boca a un suspiro de distancia y sus pupilas dilatadas por el deseo mientras esperaba que ella posase los labios en los suyos.

Seguía sorprendida, no solo por haberle tenido tan cerca durante la preciosa ceremonia nupcial, sino por lo que habían compartido el uno con el otro hoy.

Por fin, se habían ocupado del pasado. Las heridas no estaban completamente curadas, ni por asomo, pero ahora que ella había dicho lo que quería decir, sabía que la curación podía empezar en serio.

Pero igual de importante que tratar el tema de su pasado de forma abierta y honesta, lo que le había supuesto un shock era la manera en que él le había hablado sobre su nombre y sobre sus padres.

E incluso más que lo que él había compartido con ella, eran sus razones para compartirlo lo que la habían dejado descentrada del todo.

Quería volver a empezar de cero.

¿Pero, en realidad, podrían?

¿Sería ella capaz de creer que al final no volverían a acabar en el mismo punto que la primera vez?

Y, lo que es más, a pesar de las respuestas a esas preguntas, ¿cómo podría hacer ella algo justo ahora que no fuese cerrar la distancia entre ellos para darle otro beso más?

Su boca era tan cálida y suave contra sus labios que se le escapó un suspiro de placer antes de que pudiese evitarlo.

No había absolutamente ninguna razón para que los labios de Ford, solo rozándose contra los suyos a un lado y al otro en un patrón hipnótico y caliente, tuviesen que ser tan excitantes.

Pero con cada dulce y lujuriosa caricia de su boca, ella caía más y más profundo en el embrujo sexual que solo él había sido capaz de conjurar a su alrededor.

Y cuando él movió la boca para crear un cálido sendero por su mejilla y luego por su mandíbula, a ella ni se le pasó por la cabeza luchar contra el impulso de echarla para atrás para que él le diese más besos por la garganta y luego en el hueco entre las clavículas.

Una de sus manos seguía agarrada con fuerza a su corbata, sosteniéndole cerca de ella, pero su otra mano se movió deslizándose por su cabello oscuro por voluntad propia.

Arqueándose bajo la dulce presión de su boca en su piel, escuchó el ronco gruñido de placer de Ford como a lo lejos, mientras él la agarraba por las caderas y la arrastraba todavía más cerca de él.

Sus dientes rozándole el hombro desnudo le hicieron sentir escalofríos por todo el cuerpo.

—Ford.

—No estoy rompiendo tu promesa —murmuró él contra su piel antes de poner los labios donde antes estaba sus dientes y luego desplazándose por su clavícula con dientes y labios, pero sin lengua, hasta su otro hombro, donde le dio un nuevo mordisquito.

¡Ella había estado tan segura de que manteniendo su promesa de quitar las lenguas de la ecuación también le impediría que sus sentidos se pusiesen a mil! Pero…ay, ¡qué equivocada había estado!

Porque de todos los besos que habían compartido jamás, este se estaba convirtiendo rápidamente en el más sexi de todos.