Capítulo 5
CAPÍTULO CINCO
Cuando por fin le dijo adiós y cerró la puerta tras él, se dejó caer contra el cristal. Los pies le estaban matando y se sentía mucho más que exhausta, pero no podía dejar de sonreír. Porque había sido el mejor día de su vida.
Sus amigas habían sido las primeras en entrar en la tienda y le había conmovido lo majas que habían sido por pasarse todas por allí.
Incluso sus antiguos compañeros de trabajo vinieron a ver de qué iba eso de “Deleite”.
Más de uno había comprado un regalo para su novia o su esposa.
Solo eso habría bastado para que este hubiese sido un estupendo primer día.
Pero sus amigos habían ido más allá y les habían hablado a sus propios amigos sobre su tienda.
Y, por supuesto, Mia se había pasado la mitad del día en Twitter y Facebook haciendo que todos los habitantes del planeta Tierra supieran lo de la nueva tienda que sencillamente, tenían que visitar.
Apenas había tenido tiempo de pensar en Noah en todo el día. Ni de preguntarse si Rafe habría hecho algún progreso en su búsqueda. Ni de soñar despierta sobre lo bien que se había sentido cuando sus brazos la rodeaban y ella...
Colbie no pudo evitar reírse de sí misma mientras cogía su bolso y apagaba las luces. Mia la estaba esperando en ese nueva coctelería pija calle abajo para celebrarlo, así que ya volvería por la mañana temprano para reponer las estanterías.
Al salir por la puerta trasera de su tienda al aire frío y húmedo de la noche de Seattle, respiró hondo.
Le encantaba la región del Pacífico Noroeste.
Incluso cuando una larga sucesión de días nublados la tenían rezando por ver algún atisbo de cielo azul, no podía imaginarse viviendo en ningún otro lugar.
Todos los escaparates de las tiendas lucían corazones rojos y rosas en honor al día de San Valentín.
El año anterior, ella lo había celebrado con Rob en un restaurante excesivamente caro, con una comida que había sido demasiado pesada para su gusto.
Por supuesto, a su ex le había encantado porque era el sitio más de moda de la ciudad.
Si ella hubiese tenido entonces la confianza en sí misma que tenía ahora, jamás habría desperdiciado su tiempo con él.
Dejar su trabajo había supuesto un riesgo.
Abrir la tienda había supuesto un riesgo.
Ambos le habían compensado con creces. Pedirle a Rafe que encontrase a Noah también suponía un riesgo, pero viendo que las cosas continuaban yendo así de bien, Colbie empezaba a sentirse bastante optimista acerca de sus posibilidades...
Bryant se aflojó la corbata y se acomodó en una de las sillas del bar para esperar a Rafe.
Sorprendido cuando él le había escrito un mensaje para verse esa misma noche, Noah no había podido contactar con su amigo en todo el día para averiguar de qué iba la cosa, pero esperando que fuesen buenas noticias sobre Colbie, había accedido de inmediato.
Noah había tenido una semana liada en las oficinas de Seattle del Grupo Maverick, cerrando por fin un importante trato en el que había estado meses trabajando.
Aun así, no era capaz de librarse de su descontento.
Porque no podía dejar de pensar en Colbie...
Y de preguntarse si volvería a verla jamás.
Si resultaba que Rafe todavía no la había encontrado, Noah haría finalmente lo que tendría que haber hecho una semana atrás: iba a llamar a cada maldito número del Lago Tahoe, tardara lo que tardase, pera encontrarla.
Y, entonces, iba a hacer un trabajo tremendamente mejor del que había hecho una semana atrás para convencerla de que le diese una oportunidad.
Había tantas cosas en ella que le suscitaron sensaciones en los pocos minutos que habían pasado juntos...
La descarga eléctrica de la pura atracción física.
El hecho de que ella fuese su ideal exacto de cómo debería ser una mujer en cuanto a aspecto, tacto y olor.
Y lo más importante, que Colbie era la clase de persona que intentaba ayudar a una niña pequeña que creyó que estaba en problemas, aun cuando ayudar a alguien significaba que ella iba a meterse en todavía más problemas.
Era la clase de mujer que rodaba montaña abajo en los brazos de un desconocido y estaba mucho más preocupada por saber si le había hecho daño de lo que lo estaba por sus propios moratones.
Los padres de Noah tenían una relación buena y llena de amor. Sus propios problemas con el compromiso y su bagaje emocional eran los motivos por los cuales él no se había casado ni había formado una familia aún. Sencillamente, todavía no había encontrado a la mujer adecuada.
Pero, en solo unos minutos en el Lago Tahoe, ¿no supo que estaba mirando a una mujer de la que podría enamorarse? ¿No reconoció su alma a su compañera ideal, incluso aunque su intelecto intentase hacerle ver las cosas de forma más racional?
Su teléfono vibró con un mensaje entrante. Vio el nombre de Rafe y se imaginó que solo le estaba diciendo que llegaba tarde. Pero eso no es lo que decía el mensaje.
La he encontrado.
¡Aleluya! A Noah le entraron ganas de soltar vítores y levantar el puño al aire.
¿Dónde está?
La respuesta de Rafe le llegó un instante después.
En la barra.
Al leer esas palabras, Noah parpadeó una vez, dos veces, tres veces, antes de poder creérselas.
Y entonces se levantó tan deprisa que derramó su bebida en la mesa.
Pero no se detuvo a recogerla, porque estaba demasiado ocupado escaneando todos los rostros de la sala para preocuparse por si le goteaba un poco de cerveza en los zapatos.
Y entonces la vio. Ella estaba de pie en la barra con una amiga. Una amiga que estaba señalándole directamente a él con el dedo.
Dios mío , pensó, igual que lo había hecho en la cima de la montaña del Lago Tahoe, es de verdad la mujer más hermosa que he visto jamás .
Era tan dulce, desde su interior hasta su exterior, joder, que le dolía el pecho solo de mirarla.
Noah no era la clase de tío que tuviese una lista de casillas que estuviese intentando marcar. Las ideas le llegaban cuando era su hora, los negocios fluían cuando tenían que hacerlo y siempre supo que una esposa y una familia serían algo que le llegarían, también, cuando debieran.
Ahora. Él lo deseaba ahora .
Atravesó rápidamente la multitud hacia ella mientras ella le miraba fijamente como si no pudiera creerse lo que veían sus ojos:
—¿Noah?
Solo ver y escuchar cómo sus maravillosos labios pronunciaban su nombre le hicieron excitarse al instante, más de lo que lo había estado jamás. Pero no se trataba solo de su cuerpo respondiendo a ella. Esta vez estaba poniéndolo todo en el asador, cuerpo y mente.
Había aprendido la lección en el Lago Tahoe. Sabía lo malo que había sido perderla una vez.
No volvería a perderla otra.
—Colbie. —Su nombre era como una caricia en sus labios y él sonrió mirando su rostro bellamente expresivo—.
Llevo toda la semana pensando en ti. Y ahora...
—No pudo contenerse de tocarla, de acariciar con sus nudillos la suave piel de su mejilla ligeramente ruborizada— Aquí estás. Mi deseo hecho realidad.
—Yo también he pensado en ti. —Por un instante, pareció como si se azorase—. Más de lo que debería.
Estaban de pie en medio de un bar abarrotado en una de las noches más animadas del año, pero lo único que él podía ver era a Colbie, y lo único que escuchaba era cómo la respiración de ella se aceleró cuando la muchedumbre los empujó al uno en brazos del otro.
Hasta que su amiga dijo:
—Es estupendo volver a verte, Noah.
Le costó mucho apartar la vista de Colbie, pero cuando lo hizo, reconoció a su amiga por fin.
—¿Mia Sullivan?
—Me alegra que te acuerdes —dijo Mia con una sonrisa—.
Yo ya no tengo quince años, pero tú estás claramente pillado, así que ya os veré después.
Oh, y Rafe me ha dicho que os dijera a los dos que a esta investigación os invita él.
—Sus ojos chispearon traviesos—. Que lo paséis bien.
—Un momento después, había desaparecido engullida por el gentío y él volvía a estar solo con Colbie.
—¿Conoces a Rafe? —preguntó ella.
—Era mi compañero de piso en la universidad —le explicó Noah—. Y tú...
—Prácticamente me crie en la casa de los Sullivan.
—Le pedí que te buscase —le dijo.
—Igual que yo —admitió ella.
Él meneó la cabeza.
—No lo entiendo. ¿Por qué me dejaste tirado en el Lago Tahoe sin forma alguna de localizarte?
Ella pareció insegura durante un largo momento. Por fin, admitió:
—Estaba asustada. —Se mordió el labio—. Por todas las cosas que me estabas haciendo sentir, aunque nos acabásemos de conocer.
Él pudo notar lo difícil que le resultaba a ella admitir eso delante de él, y le encantó saber que estaba intentando confiar en él. Al menos, un poquito.
—Cuéntamelo, Colbie. Cuéntame lo que te hice sentir.
—Las mismas cosas que me estás haciendo sentir ahora mismo —dijo ella con una voz tan suave que le hizo acercarse más para poder escucharla.
Su aroma le envolvió de nuevo y le hizo acercarse aún más.
Quería respirarla entera, quería conocer el sabor de su piel en todos sus recovecos—.
La forma en que mi corazón parece a punto de salírseme del pecho solo con tu presencia.
Él sabía que ella estaba siendo honesta con él, pero al mismo tiempo, podía notar que seguía siendo precavida, todavía nerviosa de estar con él. No solo quería conocer todos sus deseos, todos sus placeres secretos... Quería conocer el camino secreto a su corazón.
—No vuelvas a huir, Colbie. —Le sonrió—. No estoy seguro de si Rafe nos ayudaría una segunda vez.
Cuando sus titubeos dejaron paso a una sonrisa, a él se le cortó la respiración. Hermosa ni siquiera empezaba a describir a la mujer que tenía delante. Despampanante tampoco le hacía justicia.
Ella era perfecta.
—Encontrarte así de nuevo demuestra lo que he sabido desde el primer momento en que te vi.
—Él volvió a acariciarle la mejilla, deteniendo la mano para sostenerle la barbilla, encantado por la expectación de su mirada, la forma en que estaba casi rogándole que la besara con esa expresión hambrienta en sus ojos.
—¿Qué supiste? —preguntó ella, con voz apenas audible.
—Que éramos la combinación perfecta. —Se acercó más, lo bastante como para poder besarla. En vez de hacer eso añadió—: Y que somos el uno para el otro.
Casi podía saborear la dulzura de sus labios, estaba a punto de acercar sus suaves curvas contra él, cuando un destello de duda cruzó rápido por su mirada en el último segundo y ella se apartó de él.
Igual que había hecho en las pistas de esquí antes de dejarle allí.
La vio obligándose a reír, como si él hubiese estado bromeando sobre lo de ser almas gemelas.
—Nunca había oído una frase para ligar como esa. ¿De verdad te funciona?
Ella estaba claramente forzando una reacción, intentando ver si podía hacer que él se marchase esta vez. Pero él no iba a irse a ninguna parte.
—No lo sé — dijo, suavemente—. Nunca antes se la había dicho a nadie.
Él escuchó cómo a ella se le cortaba el aliento y observó cómo se le enrojecían las mejillas, subiendo a un tono todavía más rosado.
—Pero apenas nos conocemos.
Noah quería saber quién había puesto esa cautela en sus ojos. No solo iba a cargarse a ese cabrón rastrero, también iba a pasarse el resto de su vida asegurándose de que nadie volviese a hacerle daño de nuevo.
—¿Y si pudiera demostrarte que es verdad?
Sus palabras provocadoras hicieron brotar una chispa de interés, pero la cautela retornó demasiado deprisa.
—¿Cómo podrías hacer eso?
—Tú me diste un día perfecto en el Lago Tahoe.
Ahora quiero que me des una noche. —Él se volvió a acercar y cogió una de sus manos temblorosas entre las suyas—.
Una noche contigo. —Entrelazó sus dedos con los de ella y ella dejó de temblar, mientras él la abrazaba con fuerza—.
Una noche para amarte de la forma en la que siempre has deseado que te amaran —Él bajó la cabeza para poder susurrarle al oído—: Una noche perfecta para hacer que todos tus deseos y sueños más secretos se hagan realidad.
Cuando se apartó ligeramente para observar su reacción, pudo ver el punto del pulso en la base de su cuello moviéndose salvajemente por debajo de su piel suave y cremosa. Ella negó con la cabeza, con el deseo ahora batallando contra la cautela en sus hermosos ojos azules.
—¿Podrías hacer todo eso en una noche?
Noah siempre se había fiado de su instinto, ya fuese con familia, amigos o negocios. Y, justo ahora, su instinto le decía que dejase de pensar, que dejase de hablar, que dejase de intentar convencer a Colbie de sus intenciones... Y que solo actuase .
Sosteniendo su rostro suavemente con su mano libre, esa piel tan suave contra su palma, y con un calor que le abrasaba, le levantó su cara hacia él y le susurró: “Sí”, justo antes de que su boca se apoderase de la de ella.