Capítulo 7 #2
—Así que él espera cinco años y luego se asegura de que aparecerás en la casa poniéndote una enorme venta potencial como cebo y no revelando quien es en realidad. —El gruñido de Colbie hizo que sus labios se curvaran hacia abajo todavía más—. ¡Vaya gilipollas! Ahora le odio el doble.
Por eso Mia había escrito a sus amigas esa noche. Siempre sabían cómo hacerla sonreír, aun cuando se estaba sintiendo en sus horas más bajas. Pero su sonrisa no le duró mucho, porque había una cosa más que necesitaba confesar.
—Le he dejado que me besara. Esta mañana. En la casa que le estaba enseñando.
Sus amigas la miraron como si hubiese perdido la cabeza antes de que Brooke poco menos gritase:
—¿Le has dejado besarte hoy?
Una docena de cabezas se volvieron para ver de qué iba todo ese escándalo, y Mia pudo sentir como su rubor se hacía todavía mayor.
—Se suponía que el beso iba a demostrar lo mucho que pasaba yo de él. Podéis odiarle el doble a él ahora —les dijo a sus amigas—, pero yo soy una idiota por partida doble.
—La forma en que te ha tendido una trampa esta mañana ha hecho que le odie mucho más del doble —exclamó Colbie.
Pero en vez de estar de acuerdo con ella, Brooke le dijo:
—Obviamente sigue colgado de ti.
Mia meneó la cabeza, negándose a aceptar eso.
—Nada es obvio en lo que se refiere a Ford.
A primera vista, es el dios del rock sexi que sería el sueño de cualquier chica, pero más allá de eso…
—Ella frunció el ceño mirando su bebida y luego tomó un largo sorbo antes de terminar la frase—.
Nunca me dejó averiguar quién era más allá de eso.
Cada vez que nos acercábamos, él se echaba para atrás.
Hoy, durante un instante, creí de verdad que tal vez las cosas hubiesen cambiado, pero él ni siquiera me ha querido contar por qué odia tanto que le llamen Rutherford.
Y si no es capaz de contarme algo así de nimio, dudo seriamente que fuese a compartir ninguna otra de las oscuras partes de su alma.
Brooke cogió su móvil.
—Podemos hacer una búsqueda en Google y averiguarlo.
Cada una de las mil veces que Mia había querido buscar el pasado de Ford en internet, lo único que tenía que hacer era recordarse a sí misma lo patético que resultaba ansiar cualquier retazo de su vida que le contaran los periodistas y los hilos de Twitter.
—No. —Le quitó a Brooke el móvil de la mano y lo dejó caer dentro del bolso de la que pronto sería su cuñada—.
Imagina cómo te habrías sentido tú si hubieses tenido que escarbar en Google para conocer el pasado de Rafe.
A mi hermano le importas tanto que fue él mismo quien se metió hasta el fondo y te lo contó todo sobre su pasado, y sobre cómo le había destrozado, aunque fuese realmente difícil para él hacerlo.
Brooke puso su mano sobre el brazo de Mia.
—Tienes razón. Y lo siento si ha sonado como si estuviese defendiendo a Ford cuando te he dicho que seguía estando enganchado a ti. Es solo que… —Brooke meneó la cabeza—. No, da igual.
—Siempre he esperado ser capaz de aceptar la verdad que mis mejores amigas me decían igual de bien de lo que ellas cuando yo se la he dicho —dijo Mia suavemente—. ¿Qué es lo que ibas a decir?
Su amiga suspiró, como si supiera que no iba a poder salirse con otro da igual esta vez.
—Todas sabemos el aspecto que tiene Ford Vincent, y puedo imaginarme como sonarían los poemas brotando de sus labios, especialmente si el sexo era realmente tan genial como nos has contado. Honestamente, no sé lo fácil que le resultaría a nadie olvidar a alguien como él.
El estómago de Mia se retorció con fuerza al escuchar las palabras de Brooke.
Siempre había podido mentirse a sí misma.
Pero ¿a sus amigas? Este era otro de los grandes motivos por el cual nunca les había mencionado lo de su semana con Ford.
Porque no habría sido capaz de mentirles sobre cómo le había hecho sentir.
—Él es el único hombre al que he amado. Y no importan las veces que mire atrás y me recuerde a mí misma que era joven y estúpida y que estaba todavía en un punto en el que creía que las fantasías eran posibles, y que fue perfectamente normal que me perdiera a mí misma completamente con él y en esa vida tan extrema suya…
—Soltó un suspiro—. Lo que sentí por él seguía siendo igual de real, a pesar de todo ese sinsentido.
—¿Sabes? —dijo Colbie, hablando lentamente—, tal vez haya otra razón por la cual él ha sido capaz de atravesar tus defensas esta mañana.
Por todo lo que acabas de contarnos, suena como si nunca hubieses tenido ocasión de soltarle lo que pensabas, ni hace cinco años ni tampoco hoy, porque él se ha asegurado de pillarte por sorpresa.
Si me preguntas a mí, por ejemplo, me encantaría escuchar cómo le hacías pedazos.
Aunque Mia ya le había dicho a Ford lo que se suponía que sería su adiós final, no pudo evitar sentir que Colbie estaba diciendo algo importante.
Brooke dirigió a Mia una mirada cargada de significado.
—El único problema es: ¿crees que podrías soltarle todo el veneno de tu lengua sin que acabase dentro de su boca otra vez?
Era la misma pregunta que Mía ya se estaba haciendo. Como todavía no había averiguado la respuesta más honesta a eso, dijo:
—¿Pero qué te ha hecho mi hermano? Nunca creí que te oiría hablar de lenguas de esa manera.
Su amiga se ruborizó, pero sus labios dibujaron una sonrisita malévola al preguntar:
—¿No querrás decir que qué es lo que yo le he hecho a él?
Hacia la mitad de la frase de su amiga, Mia ya se estaba tapando las orejas con las manos.
—Voy a fingir que no te he oído decir eso.
Aunque es del todo culpa mía porque sigo olvidándome de lo raro que me resulta pensar en la vida sexual de mi hermano.
Especialmente cuando le comparte con una de mis mejores amigas.
—Hizo un poco de teatro, frotándose los ojos y sacudiendo la cabeza y las manos un par de veces como para lanzar fuera esa imagen. Lejos, lejos de su cerebro.
—¿Quiere decir que no es raro para ti pensar en mi vida sexual con Noah, ya que no es pariente tuyo? —bromeó Colbie.
—¿Me tomas el pelo? —contestó Mia, encantada de sentir que volvía al mundo real por unos segundos—. Si supieras la cantidad de veces que me he imaginado desnudo a tu prometido…
Las tres se echaron a reír, pero todo ese rato, la pregunta sin responder de Brooke flotó en el aire entre ellas. Mia nunca había sido una mujer que titubease. Tampoco tenía el tiempo ni la tendencia de marear la perdiz con respecto a las decisiones importantes. No iba a empezar a hacerlo ahora.
—Esta semana tenemos la boda de Marcus y Nicola en Napa —le dijo a Brooke, que iba a asistir con Rafe—, lo que debería darme un poco de distancia racional de la repentina reaparición de Ford de esta mañana.
El lunes por la mañana le llamaré y por fin me desahogaré.
—Tener un plan trazado la hizo sentirse mejor, otra vez en control de su vida, tal como debía ser—.
Hasta le dejaré que me suelte todas las disculpas que necesite soltarme y luego le perdonaré y le olvidaré por completo.
—Miro a sus amigas a sus ojos, la una detrás de la otra, antes de añadir—: Y prometo que no habrá absolutamente ningún momento en que mi lengua se meta en su boca durante ese intercambio.
—¡Un brindis para meter nuestras lenguas solo en las bocas de los hombres que nos merezcan! —dijo Colbie, levantando su copa para brindar.
—Por Mia, por ser una de las mujeres más fuertes y asombrosas que jamás he conocido —añadió Brooke levantando la suya.
Mia imitó su gesto y la chocó con las de Colbie y Brooke.
—Y por vosotras dos, por ser las mejores amigas que cualquier chica pueda tener.