Los Sullivan de Seattle, Libros 1-3 (Colección Los Sullivan nº 4) Capítulo 7
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Capítulo 7

CAPÍTULO SIETE

Colbie Michaels y Brooke Jansen entraron en bar con solo unos segundos de diferencia y cuando encontraron a Mia sentada en el reservado del fondo, las dos preguntaron de inmediato:

—¿Que sucede?

Mia apenas pudo contenerse de dejar caer la cabeza entre las manos cuando ambas se deslizaron a cada lado de ella.

—Ayer me llamó un abogado representando a un cliente anónimo que quería comprarse una casa de diez millones de dólares a orillas del lago.

—Pudo leer en las expresiones de sus amigas que ellas lo encontraban tan extraño como lo había hecho ella, pero no la interrumpieron—.

Enseguida supe que tenía que haber algo raro.

O sea, ¿qué razones podría tener un tío súper rico para necesitar mantenerse en el anonimato con su agente inmobiliaria?

Pero en contra de mi buen juicio, decidí organizar unas cuantas visitas para hoy.

Cogió la nueva copa que se había pedido después de que se marchara James y se la bebió de un trago, aunque ya sabía que no serviría ni una maldita pizca para ayudarla a olvidar a Ford… Ni el hecho de que todavía podía sentir los labios de él sobre los suyos.

—Cuando esta mañana llegué a la primera casa, Ford Vincent me estaba esperando.

—Oh. Dios. Mío. —Los ojos de Brooke eran como platos—. ¿Estás trabajando para Ford Vincent?

—¡Es tan sexi! —exclamó Colbie, abanicándose con la mano—. Antes de conocer a Noah, solía fantasear con que…

—Nos acostamos hace cinco años.

La forma en que las bocas de Brooke y Colbie se abrieron de golpe habría sido graciosa si Mia hubiese estado de alguna manera inclinada a reírse.

—¿Tú te acostaste con Ford Vincent? —preguntó Colbie con un susurro de estupefacción.

—Oh. Dios. Mío —fue de nuevo lo único que Brooke consiguió decir. Hasta que logró preguntar—: ¿Qué tal estuvo?

Mia se acercó la copa a los labios antes de caer en la cuenta consternada de que ya la había vaciado. La dejó de golpe en la mesa, tan fuerte que seguramente le hizo alguna grieta al pie y admitió:

—Alucinante.

Bueno, diablos, ya que había empezado, sería mejor que se lo contase todo.

—Acostarme con Ford fue el mejor sexo que podría haberme imaginado jamás.

Estar con él estuvo tan bien que tendría que haber tardado horas en recuperarme después de cada sesión, pero antes de que pudiera hacerlo, él volvía a empezar y cuando quise darme cuenta, había pasado una semana y yo apenas había hecho nada salvo tirarme a Ford sin parar.

—Sabía que sería así con él —dijo Colbie, pero su alborozo al haber predicho tan exactamente la pericia sexual de Ford en la distancia duró poco al darse cuenta de algo—. ¿Por qué diablos no me lo habías contado?

Mia se sintió fatal. Claramente, acostarse con una de las estrellas de rock más grandes del mundo y no contarlo era una omisión de la leche entre dos mejores amigas.

Colbie y Mia habían sido inseparables desde que iban a la guardería.

Colbie le había hablado a Mia sobre cada tío con el que había estado antes de enamorarse de Noah Bryant un poco antes ese mismo año, y Mia le había hablado a Colbie sobre cada tío con el que había estado también… Salvo por el que había importado más.

Pero antes de que Mia pudiese empezar a explicar por qué lo había mantenido en secreto, Brooke le preguntó:

—¿Y por qué dejaste de acostarte con él?

Gracias a Dios, justo entonces, la camarera les trajo automáticamente sus bebidas habituales. Como necesitaba meterse otro trago en el cuerpo para armarse de valor, lo hizo y dejó su nueva copa en la mesa con más cuidado.

—Al principio, no os lo conté porque todo ocurrió muy deprisa.

Nos conocimos en una de sus actuaciones, y parecía como si él fuese el hombre al que llevaba toda la vida esperando.

Tendríais que haber escuchado la poesía que me soltaba entre sesión y sesión de sexo, cómo me juraba que yo también era todo lo que él deseaba.

Él tenía una semana libre entre bolos y yo llamé a la oficina para pedirme unas vacaciones que tenía acumuladas para poder pasar cada segundo a su lado.

Tendría que haberte llamado entonces, Colbie, porque habrías tenido ocasión de hacerme volver a la tierra.

—Mia meneó la cabeza—. Que es exactamente por lo cual creo que no te dije nada a ti, ni a nadie de mi familia…

Porque no quería que alguien hiciese estallar la burbuja de fantasía en la que estaba viviendo. ¡Dios, fui tan estúpida!

Colbie puso una mano sobre la suya y la apretó suavemente.

—¿Qué pasó al final de esa semana?

—Me había pedido que me fuese con él, que me echase a la carretera.

Solo lo conocía desde hacía una semana y él quería que lo dejase todo, mi vida entera, y le siguiera viajando en autobuses y aviones por todo el mundo.

Y la cosa es que aunque me encantaba mi trabajo, y os amaba a mi familia y a vosotras, chicas, y a la vida que tenía en Seattle, me sentí tan tentada…

Más tentada de lo que debería haber estado.

Pero supongo que me paré a pensarlo un poco demasiado y cuando no me puse inmediatamente a dar botes gritando SÍ como si fuese la chica más afortunada del mundo porque él me desease, Ford se cerró.

En banda. Me dijo que si de verdad le quería, no tendría que pararme a pensármelo.

Dijo que no se podía creer cómo había permitido que le engañara, haciéndole pensar que le quería de verdad.

Y así, en un visto y no visto, se esfumó.

—¿Es que no podía ver que te estaba pidiendo que cambiaras tu vida entera por él, mientras que él conseguía exactamente lo que quería? Protestó Brooke.

—No, obviamente él no lo veía. Y cuando repasé lo de esa semana, me di cuenta de que mientras que yo lo compartía todo con él, él realmente no había compartido más que su cuerpo conmigo.

Yo no sabía nada sobre su familia, ni su pasado ni sus miedos o esperanzas aparte de cómo se sentía con respecto a su música.

Pero ¿queréis saber lo peor? Aunque hubiese debido sentirme como si hubiese esquivado una bala, ni siquiera puedo empezar a explicar lo mucho que le eché de menos.

Tanto, que decidí que había cometido un tremendo error al no dejarlo todo inmediatamente por él.

Decidí que podría organizarme de alguna forma para seguir teniendo una carrera mientras estaba de gira, no en el mundo inmobiliario, pero sí que encontraría alguna otra cosa que pudiese hacer mientras estaba siempre viajando, y que os llamaría a vosotras, chicas, y a mi familia todo el tiempo para asegurarme de que no perdíamos el contacto.

Decidí sorprenderle en una actuación en Miami.

Cerró los ojos al recordar la ola de dolor que la golpeó aquella horrible noche.

—Los tíos de su personal que me habían llevado hasta el backstage la primera noche en Seattle no querían dejarme pasar en Miami.

Intenté decirme a mí misma que era porque le había herido por necesitar algo de tiempo de más para tomar mi decisión pero…

—Su voz empezó a quebrarse, pero, maldita sea, no pensaba volver a llorar por él otra vez.

—No tienes que revivir nada más de todo eso —dijo Brooke, apretándole la mano.

Pero Mia sabía que sería mejor que lo hiciera. Si recordaba no solo para sí misma sino también para la gente que más le quería, exactamente el por qué necesitaba mantenerse alejada de Ford.

—No creo que pueda borrar jamás de mi mente la imagen de esa chica sentada en su regazo.

Estaba medio desnuda y él tenía las manos en…

—Oh Dios, tal vez volver a revivirlo del todo no hubiese sido tan buena idea, después de todo—.

Durante unos segundos me quedé helada en el umbral de la puerta, y la chica estaba ocupada soltando todos esos gemidos de estrella del porno, pero él me miró directamente a los ojos.

—El aire que intentó coger hizo que le temblaran los pulmones—.

Agarré unas baquetas que alguien había dejado en la mesa junto a la entrada y se las tiré a la cabeza.

Y luego salí de allí como alma que lleva el diablo.

—¿El cabrón no intentó salir corriendo tras de ti? —preguntó Brooke.

—No. —Y así fue como ella supo con seguridad que todo lo que él le había dicho durante la semana que habían pasado juntos era mentira. Cada palabra dulce y sexi que ella había sido lo bastante estúpida como para creerse.

—¡Vaya huevos, lo odio! —gruñó Colbie—. Lo siento más de lo que podrías imaginarte por haber tenido jamás una sola fantasía con ese pedazo de basura, y te juro desde ya que jamás volveré a escuchar ninguna de sus canciones.

—Teniendo en cuenta que están constantemente en la radio y en la tele y sonando en todos los bares…

—Mia señaló con el dedo hacia el altavoz del techo, desde donde se podía escuchar a Ford cantando otro de sus enormes éxitos—.

Eso te va a resultar bastante difícil de hacer. Pero te adoro por ofrecerte.

—Bueno —dijo Brooke—, puede que no podamos impedir tener que escucharlas de vez en cuando, pero no vamos a disfrutar de ninguna.

Disculpadme un momento. Se acercó al camarero de la barra y le dijo algo.

Unos instantes después, la canción de Ford dejó de sonar y la versión acústica de One Moment de Nico ocupó su lugar.

Mia apreciaba la solidaridad de sus amigas, aunque sabía lo difícil que sería para cualquiera de ellas evitar la presencia de Ford, no solo en la radio, sino también en los medios, que siempre habían mantenido una historia de amor con él.

—¿Volvió a ponerse en contacto contigo alguna vez? —preguntó Colbie.

—No. —No solo no había salido corriendo tras ella en Miami, sino que no la había llamado, mandado un email, ni siquiera escrito un simple mensaje de texto rogándole que lo perdonara—. Y por supuesto, yo nunca intenté contactar con él.