Capítulo 28
CAPÍTULO VEINTIOCHO
—¡ G race, Mason, es maravilloso veros de nuevo! —La sonrisa de Claudia Sullivan cuando abrió la puerta principal para dejarles pasar el domingo por la noche era amplia y sincera.
Dylan estaba tan unido a su madre que Grace se imaginó que Claudia sabría lo que había pasado el día anterior.
Toda la horrible historia, desde creer que estaba embarazada hasta que Richard apareciera y luego Grace apartando a Dylan.
Pero la expresión del rostro de Claudia no mostraba ni el menor atisbo de enfado.
—Muchísimas gracias por cuidar de Mason otra vez —dijo Grace—. Has sido muy amable ayudándome mientras trabajaba en el artículo de Dylan.
Su nombre se le atragantó en la garganta y sabía que su madre debía de haberlo notado.
—Me encanta pasar tiempo con Mason —dijo Claudia con voz dulce—. Pero también sé lo difícil que puede resultar dejarlo. Y confiar en alguien más.
Podía entender fácilmente el mensaje de Claudia: Sé que te han hecho daño.
Y estoy de acuerdo en que tienes todo el derecho de ser cautelosa y precavida antes de volver a confiar en alguien de nuevo.
No había ningún juicio, solo comprensión.
Y eso fue lo que hizo que Grace se sintiera todavía peor.
Porque incluso ahora, incluso después de haber apartado a Dylan, su familia no le estaba haciendo lo mismo a ella.
Se había dicho a sí misma una y otra vez que solo en los cuentos de hadas pasaban esas cosas, donde la madre soltera del bebé conocía al hombre perfecto con la familia perfecta y él se enamoraba perdidamente de ambos.
Se había recordado a sí misma muchas veces que todo había ocurrido demasiado deprisa y se había sentido demasiado bien para que la llamarada de calor no se extinguiera tan rápidamente como había prendido.
Pero ninguna de esas verdades dolorosas significaba que ella quisiera hacerle daño a Dylan ni a nadie de su familia.
No cuando habían sido tan buenos con ella y con su hijo.
—Claudia, necesito que sepas... —Abrazó a Mason instintivamente, aunque sabía que no era posible amurallar su corazón y que jamás debería usar a su hijo para ese propósito aunque él pudiera servirle—. Dylan ha sido maravilloso. Ha sido fantástico con Mason. Y si pudiera...
Claudia interrumpió su improvisado y muy doloroso discurso poniendo una mano cálida sobre las suyas.
—Vete a navegar con mi hijo. Te ayudará a que las cosas se aclaren. Sé que lo hará.
Repetidamente, durante las dos últimas semanas, Dylan había dicho que navegar con él le daría todas las respuestas que necesitaba para escribir por fin un artículo para la revista cautivador sobre el corazón de un marinero.
Pero, ¿podría también darle las respuestas a sus otras preguntas sobre cómo aprender a confiar y a amar de nuevo?
Dylan no se había afeitado y parecía no haber dormido tampoco. Pero nunca le había parecido más guapo a Grace. O más real y más a flor de piel... Tan a flor de piel como ella se sentía a cada segundo desde que había cerrado la puerta tras él el día anterior.
Quería correr hacia él, quería lanzarse a sus brazos y no dejarlo escapar jamás. En vez de hacer eso, se quedó en el umbral de su taller de barcos y trató de no llorar al decir:
—Hola.
—Hola. —Dylan la observó durante un largo momento. Ella vio que él estaba preocupado por ella. Ella tampoco había podido dormir la noche anterior pero él solo dijo—: Me alegro de que estés aquí.
Era demasiado lista como para decir otra cosa más aparte de la palabra de dos sílabas que apenas había conseguido soltar sin acompañarla de unos sollozos, así que sencillamente asintió.
—Habría tenido el barco preparado para nosotros —le dijo él—, pero me imaginé que hoy querrías estar con las manos en la masa lo máximo posible.
Ella supo que tenía que recuperar la compostura, y deprisa, así que respiró hondo.
—Sí, eso sería genial. —Esas cuatro palabras extra no eran demasiado pero al menos suponían algún progreso.
Grace ya conocía la mayoría del vocabulario básico de un velero gracias a su investigación: estribo r en vez a la derecha, proa en vez de la parte de delante del barco...
Pero en menos de sesenta segundos se dio cuenta de que aprender a navegar con libros o usando internet nunca podría sustituir a la experiencia real.
Y mientras Dylan le explicaba cómo realizar una inspección visual detallada de las cuerdas que izaban y controlaban las velas para asegurarse de que no estaban enredadas, mientras él le enseñaba como asegurarse de que todas tenían un nudo en ocho en el extremo libre para asegurarse de que no se saldrían de las poleas o roldanas, cuando la enseñó cómo determinar la dirección de viento mediante el indicador en lo alto del mástil, ella estuvo encantada de meterse en modo aprendizaje...
Mejor que en modo a punto de echarse a llorar en cualquier momento.
Dylan le explicó cómo maniobrar para salir del puerto y llegar al Estrecho. Había una brisa fresca y un ligero oleaje, lo suficiente para poder avanzar a una velocidad bastante buena. Grace no se dio cuenta de que estaba sonriendo hasta que Dylan le devolvió la sonrisa.
—Está bien, ¿verdad?
Se le atenazó el pecho al devolverle la mirada, tanto que casi no pudo respirar durante unos instantes.
—Es genial.
Tú eres genial, es lo que de verdad quería decirle. Siento haberte apartado, pero tenía que hacerlo. Esta vez tengo que ser lista, tengo que estar preparada para todo, en vez de solo dejarme llevar de nuevo.
Pero como estaba ahí para aprender a navegar para su artículo, y no para empeorar las cosas entre ellos, dijo:
—Cuando estás todo el tiempo en tierra firme, incluso en una ciudad con tanta agua alrededor como Seattle, no te das cuenta de lo alucinante que es en realidad estar en el agua.
Le encantaba notar el sabor a sal en los labios. Le encantaba ver las velas henchidas de las otras embarcaciones que estaban a su alrededor por el Estrecho. Había barcos de motor y pesqueros también, pero los veleros era lo que atraía su mirada y su imaginación.
Mientras surcaban las aguas y él le enseñaba cómo manejar la caña del timón, le dijo:
—Eres una marinera nata. Como yo ya sabía que serías. ¿Qué tal si izamos el spinnaker para que veas de lo que es capaz esta monada?
Estar en el Estrecho con Dylan ya era un subidón, pero igual que siempre había querido más cuando estaba en sus brazos, ahora que estaba en su velero, quería también más velocidad, más salpicaduras de las olas volando sobre ellos, más del subidón al que podría hacerse adicta fácilmente.
—Dime que hacer para levantarlo.
Él le sonrió con una sonrisa cálida y apreciativa que hizo que su corazón se detuviera un momento o dos.
—Lo haremos juntos.
El procedimiento para izar el spinnaker no le pareció tan fácil a Grace, pero con Dylan explicándole pacientemente cada paso, pronto tuvieron la tercera vela de colores vivos levantada y entonces de verdad empezaron a volar.
Tan rápido que ella no fue capaz de contener ni la risa ni la alegría que brotaban de ella a pesar de todo eso que llevaba luchando tanto por suprimir desde el día anterior.
No era de extrañar que al spinnaker a menudo se le llamase también vela globo. Durante unos hermosos minutos, sintió que estaba volando con uno, ondeando y sin ataduras, al viento. Ella sintió como apoyaba la mano en la suya un instante antes de que le diese la vuelta para que le mirara.
—Te encanta —le dijo por encima del sonido del agua golpeando debajo del barco—.
Te encanta la velocidad. Te encanta la emoción.
Y estás hecha para que te encante, Grace.
Lo he visto en ti desde el principio... Por eso a Mason le encanta aprender cosas nuevas, le encanta que le empujen así de alto en los columpios y hacer que sus coches corran tan rápido.
Lo lleváis en la sangre. —Con una mano en el timón, él le puso la otra en el hombro para asegurarse de que se quedara y le escuchase, aunque tuviese que levantar la voz para ser escuchado por encima del viento que soplaba cada vez más fuerte—.
Me llevas en la sangre. Igual que yo te llevo en la mía.
Entonces su boca alcanzó la de ella, fuerte, caliente y todavía más excitante que su velocidad mientras volaban sobre las aguas.
Ella no supo cuánto rato se estuvieron besando, pero cuando la cubierta se inclinó bajo sus pies, al principio pensó que debía de ser por la forma en que los besos de Dylan hacían que su cabeza le diese vueltas y por lo desesperadamente que deseaba no tener que dejar nunca que devolverle el beso.
Pero cuando de repente él se apartó y luego miró hacia el agua y soltó una maldición, ella se dio cuenta de que el barco se estaba inclinando porque el tiempo había cambiado.
En algún punto durante su apasionado beso, la ligera brisa había virado al norte y se había convertido en un viento extremadamente potente.
—Vamos a empezar a virar a sotavento —le gritó Dylan mientras guiaba el timón directamente debajo de la costura central del spinnaker. Por un instante parecieron recuperar el equilibrio pero entonces otro golpe de viento les volvió a tumbar.
Él seguía liado con el timón cuando el spinnaker empezó a hundirse en el océano, inclinando y arrastrando el barco más fuerte. Por encima de las olas rompiendo y el viento aullando apenas pudo escucharle decir:
—¡Necesitamos liberar la tela para que la vela pierda el agua y luego bajar la driza, cuando te diga!
Dylan había hablado muchas veces sobre el instinto de un marino en sus entrevistas, y ahora Grace sabía exactamente como era dejar que el instinto tomara las riendas.
Solo había leído sobre esta situación antes y apenas tenía la experiencia suficiente como para navegar en aguas tranquilas, pero de alguna forma sus manos sabían exactamente cómo liberar el spinnaker.
En cuanto la vela perdió el agua y se quedó inmóvil y húmeda, Dylan se acercó a recogerla y a meterla de vuelta en el barco. Le ordenó que soltase la driza, y sacó el spinnaker del mástil.
Durante los siguientes quince minutos, navegaron rápidamente de vuelta hacia el puerto, intentando llegar antes que la peligrosa tormenta que se había materializado de la nada.
De la misma forma, pensó Grace, en que Dylan había llegado a su vida y a la de Mason de improviso: peligrosamente sexy y adictiva...
Y exactamente lo que necesitaban para que los sacara de su seguro rumbo marcado también.