Los Sullivan de Seattle (Libros 4-6) Capítulo 27 #2
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Capítulo 27 #2

Pero cuando le abrió la puerta unos segundos después, aunque él sabía que no le quedaba otra que marcharse, había algo que necesitaba que ella supiese.

—Te he contado que nunca me habían roto el corazón, nunca había lamentado nada de verdad. Pero ahora sé que si no me dejas que te ame, por fin acabaré roto. Y jamás dejaré de lamentar perderos a ti y a Mason.

El teléfono de Dylan estaba sonando en el asiento delantero del Jeep, donde él lo había dejado. Cuando vio el nombre de su hermano Rafe en la pantalla, lo cogió al instante.

—Richard Bentley está en Seattle —le soltó Rafe sin preámbulo alguno—. Te he llamado una docena de veces esta última hora para intentar decírtelo. ¿Dónde diablos estabas?

—Con Grace. Lidiando con los resultados de su visita. Él la ha amenazado y ha intentado reclamar a Mason.

Rafe soltó un juramento.

—¿Ella está...?

—Se ha defendido sola. Le ha dicho que les deje en paz a ella y a Mason, y tiene un as en la manga para asegurarse de que lo hace.

—Le contó rápidamente a su hermano lo de la grabación y que necesitaba que Rafe le consiguiera la colaboración del mejor maldito abogado de custodias YA—. ¿Dónde se hospeda ese cabrón?

—Estás planeando hacerle daño, ¿no?

—Si, demonios.

Rafe podría haberle dicho que tenía que andarse con cuidado con un tipo tan importante para asegurarse de no salir en la prensa, ni acabar en la cárcel. Pero Dylan sabía que si Brooke hubiese recibido alguna amenaza, su hermano habría hecho lo que fuera por vengarla... Y por protegerla.

Rafe le dio el nombre del hotel de Richard Bentley y el número de su suite.

Dylan llamó a la puerta de Bentley, lo bastante fuerte como para haber hecho un agujero en la pesada madera si el ex de ella no hubiese abierto. Una pequeña rendija era lo único que le hizo falta una vez el pomo giró. Dylan empujó la puerta y la cerró de un portazo tras de sí.

El miedo asomó de golpe en los ojos de Bentley. Por supuesto, Dylan ya había visto bastantes fotos del tipo, tanto en el informe de Rafe como online. Pero Richard Bentley había estado petulante y totalmente en control de sí mismo en esas instantáneas. Ahora, su rostro solo exhibía puro terror.

—¿Quién demonios eres tú? ¿Qué estás haciendo?

Dylan le descargó el puño en la mandíbula, disfrutando del crujido del hueso contra el hueso.

Ese único puñetazo bastó para tener al tío suplicándole:

—Llévate mi dinero. Tengo la cartera al lado de la tele. Coge lo que quieras, cualquier cosa, de mi equipaje, de la habitación...

Si se hubiera tratado de cualquier otro, sus patéticas súplicas podrían haber frenado a Dylan de infligir más violencia.

Pero lo que este tipo y su familia habían hecho se merecía más de un puñetazo.

Richard tenía que sentir el dolor suficiente, y el miedo suficiente, para no atreverse jamás a volver a acercarse a Grace o Mason otra vez.

Dylan golpeó las tripas del tío con su puño.

—Solo voy a decirte esto una vez, así que préstame atención. Mantente alejado de Grace y de su hijo. Para siempre.

Los ojos del tío se agrandaron.

—Tú eres un Sullivan. Eres al que ella se está foll...

Antes de que pudiese terminar la frase, Dylan ya le había rodeado el cuello con las manos.

—Ella me ha contado lo que ha sucedido. Todo lo que ha sucedido, todo lo que tú y tus padres intentasteis obligarle a hacer.

Sé que lo tiene todo grabado, hasta la última palabra que le dijeron esos enfermos.

Si intentas ponerla entre la espada y la pared de nuevo para intentar conseguir a un niño que no es tuyo de ninguna de las maneras, lo vas a pagar.

El tío boqueaba y resollaba, pero Dylan no quería que se desmayase. Todavía no. No hasta que no hubiese escuchado hasta la última palabra.

—Sé que te crees poderoso. Sé que tú y tu familia probablemente hayáis ganado todas las batallas legales en las que os habéis metido.

De tratarse de la palabra de tus padres contra la suya probablemente crees que podríais ganar por vuestro historial de apoyo a asociaciones benéficas.

Incluso después de escuchar lo que ella tiene en vuestra contra, puede que seas lo bastante arrogante para creer que ganarías.

Pero Grace y su hijo están conmigo ahora.

Con mi familia. Y si yo fuera tú, no cometería el error de meterme con ningún Sullivan.

Te haríamos pedazos tan rápido y en tantas partes que tu familia no se recuperaría jamás.

Dylan tuvo que obligarse a apartar las manos del cuello del tío antes de romperle algún hueso. El cabrón se dejó caer al suelo, agarrándose la garganta con las dos manos mientras intentaba recuperar el oxígeno.

—Jesús, estás loco. —El ex apenas era capaz de pronunciar esas palabras—. Podrías haberme matado.

—Todavía no has visto lo que es estar loco —dijo Dylan con tono siniestro, a la vez que le sonreía sin humor, con una sonrisa cargada de la promesa de más dolor del que el que el otro tío era capaz de imaginarse después de casi haber sido aplastado por sus manos—.

Si alguna vez vuelvo a escuchar que vuelves a acercarte a Grace o a su hijo, si intentas ponerte en contacto a escondidas con ellos, si les amenazas de alguna forma, mi familia caerá sobre la tuya desde todas las direcciones.

Removeremos cielo y tierra. Escarbaremos y sacaremos a la luz cada cosa sucia, dudosa o fea, personal o de negocios, que hayáis hecho tú o tus antepasados, durante los últimos cien años.

Y nos aseguraremos de que todo el maldito mundo se entere de ellas.

El tío se había apartado de él arrastrándose por el suelo hasta quedar con la espalda apoyada contra la pared.

—No quiero tener nada más que ver con ellos. Ha sido un error. Todo ha sido un error. Venir aquí. Hasta estar con ella para empezar.

—Podrías haberlo tenido todo. —Dylan había visto la estupidez antes, pero nunca a una escala como esta.

El dinero y el poder a menudo hacían que todo lo bueno y lo malo de las personas se amplificase...

Pero cualquier cosa buena que podría haber tenido Richard Bentley había quedado enterrada hace tiempo, oculta por la vanidosa creencia de que nadie sería capaz de tocarle—.

Un paso en falso y me aseguraré de que lo pierdas absolutamente todo. ¿Lo has entendido?

—No hablaré más con ella —dijo Richard, con una voz igual a un gemido de dolor—. No les haré nada ni a ella ni al crío. Me aseguraré de que tampoco lo hagan mis padres. No volveremos a molestarla. Nunca jamás.

Dylan no se fiaba de las palabras de ese reptil, pero sí del miedo que veía en sus ojos, que hablaba más fuerte de lo que podrían haberlo hecho ninguna de sus promesas.

Se obligó a contener la furia que todavía le hervía por dentro.

Cualquier violencia más en ese punto, por satisfactoria que fuese, solo le habría puesto al nivel del ex.

Sin dedicarle ni una mirada más a ese miserable despojo, Dylan se marchó y se encaminó hacia el puerto.

Necesitaba salir y navegar rápido y en plan salvaje para aclararse las ideas y quemar su frustración y lo más importante de todo, para averiguar una manera de ganarse a Grace y a Mason para siempre.