Los Sullivan de Seattle (Libros 4-6) Capítulo 26
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Capítulo 26

CAPÍTULO VEINTISÉIS

D ylan había estado contando los minutos que faltaban para poder volver a estar con Grace.

Si Mason seguía durmiendo la siesta, se imaginaba que apenas podrían cerrar la puerta delantera antes de que él le quitase la ropa y estuviese dentro de ella.

Más tarde, después de pasarse el resto del día jugando con Mason y de meterlo luego en la cama, pasarían a regalarse una lenta seducción.

Una en el que el placer aumentaría in crescendo durante horas y horas.

Pero en cuanto Grace abrió la puerta, a pesar de lo increíblemente hermosa que estaba con su vestido, todas esas fantasías se esfumaron. Ella no le dijo nada, solo se hizo a un lado para dejarle entrar. Cuando cerró la puerta y echó la llave, le temblaban las manos.

—¿Que sucede? ¿Se trata de Mason? ¿Se ha puesto enfermo?

—No. Mason está bien. —Ella puso la mano sobre el brazo de Dylan antes de que pudiese echarse a correr hacia el dormitorio para comprobarlo por sí mismo—. Está perfectamente.

El alivio le inundó un segundo antes de darse cuenta de que ella no le estaba hablando como si fuesen amantes.

Ni siquiera amigos. Por contra, esa pared que ella había levantado durante su primera entrevista estaba allí de nuevo.

Y ella le había quitado la mano del brazo demasiado rápido cuando tendría que haberle estado acercando más.

—Habla conmigo, Grace. Puedo ver que estás disgustada. ¿Qué ha pasado?

Su cara se descompuso un instante antes de que él observara como recuperaba visiblemente la compostura.

—Estaba mirando mi agenda, revisando mis plazos de entrega cuando me di cuenta de que...

—Levantó la mirada y la emoción que había en sus ojos le atravesó por completo—. He creído que estaba embarazada.

—¿Embarazada? —La idea de Grace llevando a su hijo en su vientre sacudió tanto su mundo que le costó unos segundos digerirla—. ¿Vamos a tener un bebé? No había previsto que eso ocurriera, pero estaba feliz. No podía recordar haber estado nunca tan feliz.

—No.

Él ya estaba a medio camino de atraerla a sus brazos.

—Un momento. Creí que habías dicho...

—Me he hecho un test. Dos, en realidad. Los dos han dado negativo. Normalmente no suelo tener retrasos, pero tal vez el estrés de todas las cosas que han pasado últimamente haya hecho que mi metabolismo se haya confundido de fecha.

Dylan sabía que tenía que controlar su decepción, pero nunca antes le había mentido a Grace y no iba a hacerlo ahora.

—Desde que os conozco a Mason y a ti, he querido que formaseis parte de mi vida.

He pensado en ser su padre cien veces, pero nunca he ido más allá.

Nunca había pensado en que tú y yo fabricásemos nuestro propio bebé juntos.

Pero cuando has dicho que creías estar embarazada, cuando he pensado que eso significaba que lo estabas...

—La apretó contra él tal como había estado a punto de hacer unos momentos antes—.

Han sido las mejores noticias que había escuchado jamás.

—¿Cómo? —Ella pareció totalmente confusa—. ¿Cómo es posible?

—Produces unos críos geniales, por si no lo habías notado.

—Pero no hace tanto que nos conocemos. Quiero decir, sé que lo hemos pasado bien...

—Sí, lo hemos pasado bien. Y espero que siempre lo hagamos. Pero lo que somos, lo que tenemos, es mucho más profundo, mucho más grande y más fuerte que solo pasarlo bien.

Ella no se apartó pero tampoco le estaba rodeando con sus brazos.

—Cuando me di cuenta de que tenía una falta, cuando pensé que estaba embarazada de nuevo de nuevas a primeras, creí que lo había estropeado todo.

Que tú creerías que esto es lo que hago...

Que finjo y protesto que no soy fácil, y luego voy por ahí acostándome con cada tío de éxito al que entrevisto para liarle.

Él le cogió la cara entre las manos.

—Jamás pensaría eso. Da igual cuánto haga que nos conocemos, ni cuánto llevemos saliendo.

Sabía que tú eras la definitiva en el mismísimo segundo en que te vi.

A los dos. Eres eso para mí, Grace. Y —añadió con una sonrisa—, si quisieras cambiar los resultados de ese test de embarazo para la próxima vez, yo me apunto.

Pero en lugar de la sonrisa que esperaba que ella le mostrara, todavía tenía una expresión más seria que nunca.

—¿Qué otro problema hay? No es solo que hayas pensado que estabas embarazada, ¿verdad?

Ella respiró hondo y el pecho le tembló al hacerlo.

—La fiesta para Mia a la que fui la semana pasada en el set de rodaje de Tatiana... Se han filtrado algunas fotos de eso. No sé quién pudo haberlas sacado. ¿Quizás alguno de los camareros? Lo único que sé es que había una de mí con Mason.

—Tu ex —adivinó Dylan al instante. Tuvo que esforzarse por evitar que sus puños se cerraran al pensar en la idea de ese cabrón viniendo tras ella y el bebé.

Pero no le funcionó. No podía, cuando el temor de que algo malo les ocurriera era la peor sensación que jamás había tenido—. Él vio la foto, ¿verdad?

—Estaba volviéndome loca de pensar que podría estar embarazada cuando sonó el timbre y pensé que habías vuelto más pronto.

No me lo podía creer cuando le he visto ahí de pie.

No solo porque hubiese conseguido seguirnos el rastro tan fácilmente, sino porque no me podía creer que al final hubiese decidido que sí quería a Mason.

La furia continuó elevándose rápida y ardiente dentro de Dylan mientras él decía:

—No se merece un maldito minuto con Mason.

—Eso es lo que yo le dije... Que en el preciso instante en que me dijo que me librase del bebé, había dejado de ser su padre.

Richard creyó que me iba a meter miedo. Pensó que yo cedería sin más.

Que todavía era esa chica ingenua que se había enamorado de él sin más que unas citas elegantes y unas palabras bonitas. Pero estaba equivocado.

Al mirar a Grace, al escucharle dibujándole una imagen de la confrontación, Dylan fue capaz de ver exactamente a lo que se había enfrentado su ex: el fuego valiente en sus ojos, la determinación de mantenerse firme en cada contorno de su rostro y su cuerpo.

—Él jamás te conoció en absoluto. No sabía una maldita cosa de ti.

Eres una de las personas más valientes que jamás he conocido.

Y en lo referente a tu hijo, harías lo que fuera por protegerlo.

Solo un idiota integral no entendería eso...

O alguien demasiado egocéntrico como para prestarle atención a nadie más.

—Todavía no sé cómo me di cuenta de que era así, de que lo único que le importaba era él mismo.

Lo que él quería. Su propia imagen. Arrebatándole lo que deseaba a cualquiera sin dar nunca nada a cambio y convenciéndose a sí mismo a la vez de que era un gran hombre porque donaba un dinero de su familia que nunca había contribuido a ganar.

Dylan estaba encantado, francamente, al notar la ira en su voz después de a lo que ella había tenido que enfrentarse hoy. La ira la ayudaría a mantenerse fuerte por el momento. Y era infinitamente mejor que el miedo.

—Él sabía que sus padres habían intentado darme dinero, por supuesto.

Sabía lo de sus cheques no rastreables, porque los míos no fueron los primeros que habían tenido que darle a alguien, como descubrió Rafe al investigarle.

Pero Richard no lo sabía todo, no podía saber que yo había grabado toda mi conversación con ellos.

A pesar de todo, Dylan no pudo contener su sonrisa por lo lista que era.

—¿Los grabaste ?

—Estaba haciendo una transcripción de una entrevista aquel día en que vinieron a verme. No vieron la grabadora en mi mano izquierda. La voz del ex senador es extremadamente reconocible. Así que sabía que si alguna vez tenía que protegerme de ellos, la grabación serviría.

—Te quiero, Grace. Tanto que casi me hace estallar la cabeza. —Entonces la besó, en parte porque nunca podía resistirse a su hermosa boca y en parte porque necesitaba asegurarse de que no iba a pasarle nada—. Le hiciste cagarse de miedo, ¿no?

—Estoy bastante segura de que sí. Y voy a contratar al mejor abogado especialista en custodia para asegurarme de qué él también le asuste. He estado ahorrando para esto. Tengo un fondo de defensa legal preparado.

—Siento no haberme adelantado a su jugada, Grace —le dijo Dylan—.

Señor, ojalá lo hubiese hecho. Mis hermanos y yo íbamos a reunirnos mañana para pensar en qué hacer para evitar que algo así ocurriese.

Pero hemos llegado tarde y has acabado teniendo que enfrentarte a él tú sola.

—Y él se iba a pasar el resto de su vida compensándola por esto—.

Rafe lidia con familias rotas todo el tiempo, así que él sabrá quién es el mejor abogado especialista en casos de custodia, para asegurarnos de que Mason y tú nunca tengáis más problemas con los Bentley, da igual lo que puedan intentar en el futuro.

Voy a llamarle ahora mismo y hacer que te coloque la primera de la lista de casos prioritarios.

Ella había cerrado los ojos un instante y él vio lo pálida y alterada que estaba. Él se puso a frotarle los brazos arriba y abajo y entonces ella abrió los ojos y le miró.

—Gracias, pero esta vez necesito hacerlo yo sola. Por mi cuenta.

—Ahora eres una de nosotros...

—No, no lo soy —dijo ella con una voz que se estaba haciendo más temblorosa con cada palabra—. No puedo hacer esto. —Sus ojos se llenaron de lágrimas—. Creía que podría, pero no puedo —Las lágrimas empezaron a brotar—. Lo siento, pero es que no puedo.