Los Sullivan de Seattle (Libros 4-6) Capítulo 25
63%

Capítulo 25

CAPÍTULO VEINTICINCO

G race había visualizado esas mismas imágenes en su cabeza mil veces durante los últimos diez meses.

Cada vez que había pensado en qué ocurriría si Richard cambiaba de idea sobre no querer a Mason, el miedo había trepado por su columna dorsal.

Pero ahora que él estaba allí de verdad, lo único que sentía era enfado.

Una furia tan inmensa porque él se hubiese atrevido a venir y a reclamar al hijo del que se había apartado sin siquiera pestañear, que casi le da con la puerta en las narices.

Pero ella sabía que tenía que pensar con claridad, tenía que asegurarse de averiguar exactamente por qué había supuestamente cambiado de idea ahora, para poder luchar su batalla y mantener a su hijo apartado de él. También necesitaba tenerlo físicamente alejado de Mason tanto como pudiera.

Salió al rellano de su apartamento y cerró la puerta a sus espaldas

—¿Por qué estás aquí?

—Vi una foto tuya con un bebé en brazos en una fiesta de los Sullivan.

—En su cara ella podía leer el impulso primitivo de reclamar a su hijo ahora que por fin había visto la foto de Mason y sabía seguro que existía—.

¿A cuál de los hombres Sullivan te estás tirando para conseguir una invitación a una fiesta privada?

¿Había una foto de ella y Mason de la fiesta que Tatiana había organizado para Mia?

Grace sabía con total certeza que ninguna de las chicas Sullivan le pasaría sus fotos personales a la prensa.

No cuando Mia, Tatiana y Nicola ya tenía que lidiar con presión de sobras por parte de los paparazzi.

¿Es que alguno de los camareros les había sacado fotos en secreto y las había divulgado?

¿Habían sido esos flashes que notó cuando estaba hablando con Mia con Mason en brazos?

¿Y sabía ya alguno de los Sullivan que eso había ocurrido?

El miedo estaba intentando atenazarle el pecho, pero ella no iba a permitirlo. No permitiría que nada le arrebatase su habilidad de pensar con claridad.

—Apuesto que te lo estás haciendo con el arquitecto, ¿no?

—Continuó Richard con desprecio—. No me sorprendería que cayeses de pie, dado que seducir a hombres ricos es tu especialidad.

Aun así, no creía que consiguieras que un Sullivan cayese en tus redes, especialmente llevando a un bebé a cuestas.

—Le lanzó su mejor mirada amenazadora—. Quiero verle. Quiero ver a mi hijo.

Pendiendo del más fino de los hilos, Grace se contuvo de darle un puñetazo en la cara.

No solo por hablar sobre ella como si fuese una zorra con motivos ocultos, sino por atreverse a meter en eso a Mason.

Pero ella era más lista... Sabía que si le ponía aunque fuese un solo dedo encima, él llamaría a la policía y haría que la arrestasen, y entonces sería incapaz de proteger a su hijo mientras se enfrentaba a sus cargos.

—No es tuyo —dijo primero, sabiendo que eso era verdad en lo más profundo de su alma—. Y está en casa de su niñera —mintió—. Pero eso es irrelevante, dado que antes no querías ni verle, ni siquiera querías que existiese. ¿Qué narices puede haber cambiado?

Él había parecido muy seguro de si mismo al saludarla unos instantes antes, pero ahora ella vio la primera chispa de confusión atravesando la cara que una vez ella había sido lo bastante tonta como para pensar que era atractiva.

¿Cómo no había visto la debilidad por debajo de ese barniz de pulida educación aprendida en el internado y en la universidad de la Ivy League a los que le habían enviado sus padres?

—Has cambiado —replicó él—. Solías ser tan...

—¿Maleable? ¿Inocente? — Ella meneó cabeza—. Todo eso cambió en el minuto en que me di cuenta de verdad de lo que estaba hecha tu familia. ¿Qué te hace pensar que tienes algún derecho de presentarte aquí?

—Nunca creí que siguieses adelante con ello. Que de verdad tendrías al crío por tu cuenta. Pero cuando vi fotos de ti con él, me di cuenta de que ya tenía el hijo que había estado intentando tener con mi mujer.

—¿Y de repente pensaste que podías cambiar de idea? Bueno, pues te equivocas. No puedes. Renunciaste a él y él es todo mío .

—Solo estás amargada porque no te quise a ti, porque no quise casarme contigo y cuidar de ti.

Un par de meses antes, ella podría haberle dejado convencerla de que eso era verdad.

Pero ahora había aprendido. Tanto que no necesitaba discutir ni protestar porque eso no fuese verdad.

Cuando él le había dado la espalda al oír por primera vez que estaba embarazada, ella se había quedado horrorizada al darse cuenta de que él no quería conocer a su hijo.

Peor aún, de que él le hubiese dicho que se librarse de él sin pestañear.

Pero ahora ella se daba cuenta del regalo que suponía su desinterés, porque Mason estaba un millón de veces mejor sin los Bentley en su vida.

—No quisiste cuidar de nadie salvo de ti mismo —contraatacó—. Tu nombre no aparece en el certificado de nacimiento por ninguna parte.

—Puedo hacer un test de ADN, fácil.

—Supongo que podrías —asintió ella—. Aunque no puedo evitar preguntarme qué opina tu esposa de tu plan. —Ella vio que él seguía confuso sobre por qué ella no se estaba echando atrás todavía o cediendo a sus exigencias—. ¿Sabe siquiera que has venido?

—Me da igual lo que ella piense. Hará lo que yo le diga.

—¿Incluso aceptar al hijo de otra mujer después de haberte «fallado» por no poder quedarse embarazada?

—Pero Grace no necesitaba esperar a su respuesta—.

De hecho, estoy segura de que lo hará, porque probablemente así es como ha sido toda vuestra relación hasta el momento.

—Grace sabía que no debía sentir nada por la esposa de Richard, pero ¿cómo podía evitar no sentirlo por alguien que formase parte de esa horrible familia—.

¿Y qué hay de tus padres? ¿Les has consultado sobre tu cambio de opinión?

—Él dio un respingo y a ella no le importó si eso era algo ruin, le encantó verlo, disfrutar con su incomodidad—.

Nos querían al bebé y a mí incluso menos que tú.

Todo este tiempo, ella había estado pensando que no era lo bastante dura, lo bastante buena, pero ahora pensaba diferente. Ella era fuerte. Era lo bastante buena... Y no iba a consentir las mierdas de su ex ni un segundo más.

—Quieren un heredero para perpetuar el apellido —le dijo, pero ella vio en la incertidumbre de su tono y de su expresión que él todavía no había hablado con los Bentley mayores para que aprobasen su plan.

Lo cual, por la parte positiva, significaba que ellos no le habían mandado personalmente aquí para llevarse a Mason—.

Ahora dime donde vive la niñera para que pueda ir a ver a mi hijo.

—El día en que me ofreciste dinero para que me librase de él, dejó de ser tu hijo.

—Sabía que había llegado la hora de jugar los ases que se había guardado cuidadosamente en la manga por si acaso esto llegaba a ocurrir alguna vez.

Y entonces, en cuanto él se fuese al infierno, por fin utilizaría su fondo de defensa para contratar al mejor abogado de familia para mantener a Mason a salvo—.

Tengo pruebas de que tus padres intentaron sobornarme con cincuenta mil dólares para que abortase al bebé y con otros cincuenta mil para que nunca hablase del tiempo que había pasado contigo.

Guardé los cheques que me obligaron a coger.

—Esto no ha terminado —dijo él, pero incluso mientras lo decía, ella pudo ver cómo su confianza estaba destrozada.

Primero al preguntarle si sus padres, que le mantenían atado bien corto, sabían lo que estaba haciendo, y luego recordándole lo del dinero de sangre de los Bentley—.

Mi hijo va a querer saber quién es su padre. ¿Qué es lo que vas a decirle?

—No le mentiré. Ni sobre ti, ni sobre nada.

Un día, cuando sea lo bastante mayor, será cosa suya si quiere verte.

Pero ahora mismo es cosa mía. Y no quiero que ni tú ni tu horrible familia forméis parte de su vida.

—Ella se acercó más a él, con tan fiera determinación que aunque era casi treinta centímetros más baja y él había venido aquí con la intención de intimidarla, era él quien dio un paso atrás—.

Ahora vas a marcharte y a dejarnos en paz.

Y si vuelves en algún momento sin mi permiso expreso, hablaré con mi amplia red de contactos en la prensa y os destaparé a ti y a vuestros padres como la clase de gente que sois en realidad.

Él intentó mantenerse firme, fanfarroneando:

—¿De verdad crees que la gente va a creer a una zorra cualquiera que solo intenta conseguir sus quince minutos de fama? ¿O será mucho más probable que crean a un senador? Será tu palabra contra la suya.

Ella sabía que la palabra zorra era solo para hacerle daño, pero ahora mismo ella se sentía a prueba de balas. La chica asustada que se había quedado destrozada cuando él la dejó había desaparecido y en su lugar había una mujer que lucharía hasta el amargo final para proteger al hijo al que amaba.

—En realidad —dijo ella con una voz sorprendentemente alegre—, será su palabra contra la de ellos mismos .

—Y una mierda. No tienes ninguna prueba de que hicieran nada malo. Darte dinero para ayudarte no es ningún crimen.

—Cuando tus padres vinieron a mi casa, estaba transcribiendo una entrevista.

Tenía la grabadora en la mano. —Le encantó ver como el rostro de Richard perdía todo el color—.

Fueron tan engreídos que ni se les ocurrió que yo fuese a defenderme, ni que grabaría su «oferta».

Y tú sabes lo reconocible que es la voz de tu padre.

—Siempre supe que eras basura —rugió Richard —. Lo único que hizo falta para llevarte a la cama fue lo que valían una comida elegante y un par de copas de champán.

Ella podía haberle contestado con media docena de pullas, pero había terminado con él. Del todo.

Además, sabía que la razón por la cual estaba intentando hacerle daño a ahora era porque por fin había entendido que no podía luchar contra ella por Mason.

No si había una posibilidad de que la grabación del ex senador saliese a la luz.

Puede que Richard no supiese demasiado de ella, pero claramente sabía que no era ninguna mentirosa.

No haría una amenaza como esta si no fuese a cumplirla.

Aun así, Grace iba a asegurarse de que todos los asuntos legales estaban en su sitio ahora mismo, para poder estar armada y lista para la batalla por la custodia, solo por si acaso él intentaba llevarla a juicio por sus derechos parentales.

—Te he dado la única advertencia que pienso darte para que te mantengas alejado de nosotros —le dijo ahora—.

Y yo si fuera tú, no cometería el error de presionarme.

Puede que antes fuese fácil de presionar, pero ya no lo soy.

Si intentas aunque sea ponerte en contacto conmigo o con Mason de nuevo sin mi permiso, voy a hacer que el mundo entero escuche como el estimado ex senador de los Estados Unidos y su esposa intentan asegurarse por completo de que yo no tenga el bebé que ninguno de vosotros queríais.

Tras esas palabras, volvió a entrar en su apartamento y le cerró la puerta en la cara.

El temblor no empezó hasta que ella intentó darle la vuelta a la llave.

Le llevó tres intentos que los pestillos encajasen en su sitio, y todo el tiempo estuvo dándole gracias a Dios porque Mason no se hubiese despertado.

Si él se hubiese puesto a llorar mientras ella se enfrentaba a su ex, Richard se habría dado cuenta de que le había estado mintiendo al decir que Mason estaba con una niñera y podría haberla empujado para entrar a verle.

Se había encargado de Richard por sí misma y sabía que lo había hecho bien.

Pero después de esa confrontación Grace necesitaba desesperadamente apoyarse en alguien, saber que no estaba sola.

Porque aunque se había ocupado de la situación con su ex, necesitaba a Dylan.

No solo para llamarle y contarle lo que había pasado, sino también para escuchar su voz calmada, tranquilizadora y cariñosa antes de ponerse al teléfono y hacer lo que hiciese falta para convencer al mejor abogado especialista en casos de custodia del país para que aceptara su caso.

Grace fue a buscar su móvil y entonces fue cuando vio la bolsa de la farmacia todavía en la mesa de la cocina. Oh Dios, ¿cómo podía haberse olvidado?

Todavía tenía que hacerse el test de embarazo.