Capítulo 23
CAPÍTULO VEINTITRÉS
G race había planeado trabajar un par de horas más la noche anterior después de colgarle a Dylan. Pero, total y felizmente exhausta, lo único que consiguió hacer fue arrastrarse hasta la cama para revivir y volver a visualizar en su cabeza cada momento de esa llamada tan supersexy.
Cuando Mason la había despertado esta mañana con su alegría habitual, se había sentido igual de feliz. Es porque los dos estamos enamorados de Dylan , pensó cuando lo sacó de la cuna y le dio un besito. Cada momento que había pasado con él estaba lleno de alegría, lleno de risas.
Y lleno de amor.
Estuvo tentada, de nuevo, de llamar a Dylan para que él pudiese por fin saber la verdad de lo que había en su corazón.
Pero su regata empezaba hoy y con las diecisiete horas de diferencia, probablemente no podría contactar con él.
Además, sería muchísimo mejor mirarle a los ojos y abrazarlo fuerte cuando le dijera lo mucho que le quería.
Que nunca había querido a nadie tanto como le amaba a él.
Que hacía que sus días fuese cada vez mejores.
Y que justo cuando ella creía que el amor se había acabado, estaba justo acabando de empezar.
Cambió a Mason, luego lo sacó a la cocina y le sujetó a su trona para darle el desayuno.
Él devoró puré de guisantes, zanahorias y un gran puñado de Cheerios.
Cuando dejó de comer y se puso a lanzar los cereales que quedaban a sus animales de peluche de la caja de los juguetes del salón, ella le limpió rápidamente con una toallita húmeda y entonces le soltó para que jugara.
Unos juegos que rápidamente se convirtieron en más pasos asombrosos.
Le costó más de lo que esperaba poder sentarse por fin al ordenador para mirar su correo, donde se encontró con un mensaje de su editor esperándola.
Le faltaban todavía dos semanas para la fecha de entrega, pero él quería ver algo pronto para que el departamento de diseño pudiese empezar a trabajar tanto en el diseño del artículo como en la portada, para la que haría una sesión de fotos cuando Dylan regresase de Australia.
El corazón de Grace empezó inmediatamente a golpear en su pecho.
Nunca antes había estado tan nerviosa acerca de algo que había escrito, ni siquiera durante el último año y medio, cuando había sido toda una lucha que le salieran las palabras.
Escribir sobre Dylan era tan personal, tan cercano a su corazón, que quería que fuese perfecto.
Necesitaba que fuese lo mejor que había escrito jamás.
Dylan había mejorado su gran investigación con la mejor de las entrevistas personales que cualquier periodista pudiese haber soñado sobre su entrevistado.
Todas las piezas de este artículo tendrían que haber estado allí ya.
Pero cuando ella volvió a abrir el archivo y lo leyó mientras Mason hacía que sus coches chocaran los unos contra los otros en el suelo como un mini Godzilla, no pudo negar que todavía faltaba algo.
Respondió al correo de su editor para hacerle saber que pronto le mandaría algo.
Luego puso a Mason en su saltador de la puerta y se dio una ducha rápida.
Con la fiesta sorpresa para Mia de esa tarde, comprarle un regalo y pensar en qué ponerse, no tendría tiempo de volver a trabajar en su artículo hasta la noche.
Teniendo en cuenta que ya había reescrito el principio una docena de veces, probablemente fuese una buena idea que se alejase del ordenador un rato para no destrozar la historia reeditando y quitándole toda la chispa de tanto reescribir.
Porque si había una cosa que sabía seguro es que su artículo sobre Dylan Sullivan tendría que ser tan divertido y lleno de alegría como el hombre mismo. Cualquier cosa que fuese menos que eso no le haría a él ni a sus logros justicia.
Varias horas más tarde, Grace entró en el set de rodaje de Tatiana Landon con Mason en un brazo y un regalo bellamente envuelto en el otro.
Había entrevistado antes a actores y actrices, pero nunca a nadie del calibre de Tatiana.
El set era muy impresionante y los muebles de los años veinte parecían auténticos hasta el más mínimo detalle.
Cuando Tatiana le había dicho que estaba trabajando en una película de época y que estaba más que un poco nerviosa por conseguir sacarla a flote, Grace se había maravillado por su valentía.
La mayoría de las actrices se habrían contentado quedándose con lo que habían demostrado que se les daba bien.
Tatiana, por otra parte, había prosperado ante el desafío de aprender un nuevo conjunto de actividades e ir más allá de lo que ya sabía cómo hacer bien.
Ian Sullivan, recordó Grace con una sonrisita, había estado tan orgulloso de su prometida...
La manera en que había mirado a Tatiana, con tanto amor que a Grace se le había cortado el aliento, todavía estaba en su mente.
Era la misma manera en que Ford había mirado a Mia. Igual que Rafe había mirado a Brooke.
Y la misma manera, por fin estaba dispuesta a creer, en que Dylan siempre la miraba a ella.
—¡Yupi, aquí estáis! —Tatiana se acercó apresuradamente y les abrazó a los dos—. Guau, mira cuánto has crecido desde la última vez que te vi —le dijo a Mason—. ¡Pero qué chico más grande!
Algún día, pensó Grace mientras vio como Mason sonreía con timidez a la hermosa mujer que le piropeaba, Tatiana iba a ser una madre estupenda. E Ian sería un padre genial, y muy protector. Igual que era un genial y protector hermano mayor.
—Mia no ha llegado todavía. Le dije que viniera dentro de treinta minutos. Cree que necesito su ayuda para encontrar otra localización en Seattle para una nueva escena de la película. —Tatiana sonrió—. Va a estar tan sorprendida cuando vea a todo el mundo...
—¿Cuántas de las primas de Mia han podido venir?
—Todas las de la costa oeste. Me fastidia no haber podido darles tiempo a las chicas de Maine y de Nueva York, pero tener a todas las demás aquí con los niños y todo es bastante alucinante. No pueden esperar a conocerte.
Grace se preguntó, ¿qué le habrían contado Tatiana y Brooke a las otras mujeres sobre ella? Sobre todo porque ella y Dylan acababan de hacer público el hecho de que estaban saliendo. Por otra parte, ¿no habían sabido todos que pasaba algo desde esa primera cena en casa de Claudia y Max?
Mason vio primero a los mellizos, un niño y una niña que parecían solo un poco mayores que él.
—Vosotros debéis de ser Grace y Mason. —La madre de los mellizos tenía una de las sonrisas más francas que Grace había visto nunca—. Yo soy Sophie y estos son Jackie y Smith.
Mason ya se estaba retorciendo para bajar a donde estaban los mellizos.
—Parece que quiere jugar.
—He preparado una zona para los niños por allí con algunos juguetes para que nos resulte más fácil echarles un ojo.
Por supuesto, Mason se fue directo a por un colorido tamborcito. Jackie y Smith cogieron sus propios pequeños instrumentos y pronto los tres estaban encantados, tocando juntos una canción.
—Parece que han decidido formar una banda —bromeó Grace.
—Probablemente tendría que haber dejado algunos de esos juguetes tan ruidosos en casa. Pero a mis hijos les encantan.
—Igual que a Mason. El día que conoció a la madre de Dylan, se fue inmediatamente a tocar la batería en su cocina con sus sartenes y ollas.
—Claudia me ha dicho lo mucho que adora cuidar de él.
—Es verdaderamente estupenda con Mason. Como la abuela que nunca ha tenido.
—Grace no se había dado cuenta de lo que decía hasta que se escuchó decirlo, y se sonrojó ante la insinuación de que pronto Claudia llenaría ese hueco para Mason.
Se acercaba demasiado a todas esas cosas de las que le había acusado su ex cuando le dijo que estaba embarazada.
Pero Grace no estaba con Dylan para poder entrar a formar parte de su importante y rica familia.
Estaba con él porque la hacía feliz—. No pretendía implicar que ella... Ni que yo...
Grace por fin dejó de intentar solucionar su metida de pata cuando se dio cuenta de que Sophie sonreía como una loca.
—¡Después de haber hablado sobre ti y sobre Mason con Claudia, estoy segura de que estaría emocionada si lo implicases!
Pero antes de hacerte sentirte más incómoda todavía básicamente intentando ataros a ti y a tu hijo con Dylan, ¿qué tal si le hago una seña a uno del cáterin para que nos traiga un par de copas de champán?
Apenas era media tarde, pero Grace sabía que un poco de espumoso conseguiría ayudarla muchísimo a calmarle los nervios.
—Eso estaría bien.
—¿He escuchado que eres escritora?
—Si, escribo artículos freelance. Así es cómo conocí a Dylan: estoy escribiendo una pieza sobre el corazón de un marinero para la revista Sailing .
—Soy bibliotecaria en San Francisco, así que me aseguraré de tener copias extras disponibles para nuestros usuarios. —Una bonita morena se acercó con un bebe muy pequeño en brazos, y Sophie las presentó rápidamente—. Megan, esta es Grace. Su hijo, Mason, está tocando el tambor con Jackie y Smith.
—Me alegro muchísimo de conocerte —dijo Megan.
—Y yo también a ti. Tu bebé es precioso. —Grace se acercó más para ver mejor su carita—. ¿Qué edad tiene?
—Logan tiene seis semanas. —Megan lo miró irradiando amor por todos sus poros.
Justo entonces una rubita desgarbada que debía tener unos ocho o nueve años corrió hacia ellas.
—¡Mamá, todas están engulléndose mis muffins como locas! Te dije que tendría que haber hecho más.
—La próxima vez, cargaremos el coche todo lo que dé de sí —prometió Megan—. Cariño, esta es Grace. Grace, esta es mi hija, Summer.
—Tú eres la nueva novia de Dylan, ¿verdad? Nunca le había visto con ninguna chica. ¿Vas a casarte con él?
Las cejas de Megan se elevaron de golpe.
—¡Summer, no puedes decirle eso a alguien que acabas de conocer!