Capítulo 22 #2
Yo también te quiero , pensó ella. Te quiero tanto. Tenía las palabras en la punta de la lengua, revoloteando una y otra vez por su cabeza tan fuerte que casi pensó que él sería capaz de escucharlas. Pero al final lo único que consiguió decir fue:
—No lo olvidaré, Dylan. Te lo prometo.
—Dulces sueños, cariño.
—Dulces sueños.
Al colgar, los pensamientos de Grace estaban hechos un lío. Si algo tendría que haber sido «solo sexo» era lo que acababan de hacer. Y sin embargo, había sido tan hermoso. Tan emocional.
Desde el principio, ella había sabido que Dylan Sullivan era especial.
La hacía sentir cosas que ningún otro hombre la había hecho sentir jamás.
Y sin embargo, seguía estando decidida a negarlo, a esconderse de ello.
Pero Dylan había estado igualmente decidido a no dejarla hacer ninguna de esas dos cosas.
Lenta y pacientemente, le había tocado el corazón de una forma tan dulce, tan concienzuda, como había tocado el cuerpo.
Ella había dado ese primer salto aterrador hacia algo real haciéndole saber a su hermano Adam que ya no eran solo entrevistador y entrevistada, sino que estaban saliendo.
Eso ya había dado bastante miedo. Aun así, ella se había dicho a sí misma que solo porque estaban saliendo oficialmente eso no significaba que no se seguirían tomando las cosas con calma.
Pero esta noche ya no podía negar lo que sentía de verdad... Y lo que había sentido casi desde el primer momento en que Dylan había cogido a su hijo en sus brazos para que dejase de llorar. Un amor que ya había crecido a algo grande. Potente. E irrefutable.
Había estado cerca, tan cerca, de decirle esas dos palabritas por teléfono esta noche... Pero algo había hecho que se echase para atrás en el último segundo. El miedo de que en cuanto se permitiese creer, creer de verdad que lo que estaban construyendo podría durar, le sería arrebatado.
¿Permitirse a sí misma amar a Dylan Sullivan con toda el alma y perderlo?
Oh Dios. Le dolía solo de pensarlo.
Había sido un despojo después de que su ex la dejase, pero eso no había sido por culpa del mal de amores.
Había sido porque estaba asqueada consigo misma por ser lo bastante estúpida para haberse tragado su numerito.
Y después de eso había jurado proteger tanto el corazón de Mason como el suyo, se había dicho a sí misma que ellos dos no necesitaban a nadie más, que ya eran una perfecta pequeña unidad.
Esa independencia tan decidida les había llevado al otro lado del país, a acostumbrarse a una nueva vida en Seattle.
Pero ahora... ¿Y si abría de verdad la puerta que había cerrado a cal y canto un año y medio atrás?
¿Y si decidía dejar de ser tan cauta? ¿Confiar en que Dylan decía lo que decía de verdad cuando hablaba de que los tres estuviesen juntos para siempre?
¿Y dejarle por fin entrar para que su pequeña y cerrada unidad de dos se convirtiese en una de tres?
Por supuesto, ella ya sabía que abrirle una puerta a Dylan Sullivan significaba en realidad echar todo un muro abajo para incluir a su familia al completo. Una familia grande y maravillosa que les había aceptado desde el primer momento.
Grace se había criado con unos padres estupendos que siempre le habían enseñado a ver el lado bueno de las personas. Sí, se había quemado. Se había quemado a causa de su ex y de los demás Bentley. Pero no los habían destruido ni a ella ni a Mason. Ni siquiera se habían acercado.
Ella había confiado antes y con la ayuda de Dylan y su amor, estaba aprendiendo a confiar de nuevo.
Casi vuelve a llamarle, pero quería ver su cara cuando por fin le dijera las dos palabras que sabía que él había estado esperando escuchar, quería sus brazos rodeándola cuando ella lo arriesgase todo al decir te quiero .
El cuerpo de Dylan estaba relajado después del sexo telefónico más tórrido de su vida, pero su mente iba a mil, así que cogió una cerveza y salió a su terraza del piso con vistas al mar en el que le alojaba su amigo antes de salir a hacer la regata de yates.
Se había pasado el día pensando en Grace. ¿Cuándo aceptaría ella lo que sentía? ¿Cuándo confiaría en que él jamás le haría daño en forma alguna? ¿Y cuándo podría por fin declarar al mundo que Grace y Mason eran suyos?
La había llamado sin usar el vídeo porque había querido que la intimidad de la fantasía, la emoción de imaginar, fuese lo que los llevase a los dos al límite.
Pero mucho más aún de lo que había deseado estar con ella allí esta noche viendo cómo se le sonrojaba la piel y se le oscurecían los ojos de deseo mientras le hacía el amor, había deseado ver su anillo en el dedo de ella.
Quería que Mason fuese oficialmente un Sullivan.
Y quería saber que los dos estarían protegidos para siempre de cualquier persona de su pasado que pudiese intentar reaparecer para causarles daño.
Les había escrito a sus hermanos para organizar otra reunión en cuanto volviese de su regata.
Esta vez, todos podían presentarse con lo que habían averiguado sobre los Bentley para trazar su plan de acción.
Porque igual que Dylan había tenido un sexto sentido sobre que su vida iba a cambiar justo antes de que Grace y Mason apareciesen en su taller de los barcos, su instinto le decía ahora que el viento volvía a cambiar, posiblemente para traer un tornado esta vez.
Dylan contempló el puerto de Sídney, uno en el que había navegado muchas veces en los últimos años.
Estaba deseando echarse al mar y romper otro record más este año.
Pero todavía más, muchísimo más, estaba deseando volver con Grace y Mason, la mujer y el niño que ya eran y seguirían siendo por siempre suyos .