Capítulo 21
CAPÍTULO VEINTIUNO
A l día siguiente, Grace estaba sentada al ordenador mientras Mason echaba su siesta, mirando al cursor parpadeante y esforzándose mucho, muchísimo por no echar de menos al hombre sobre el que estaba escribiendo, cuando sonó su teléfono y ella vio un número que no conocía en la pantalla.
Dylan se había ido el día anterior a Australia para participar en la gran regata de yates de una semana.
Había sido tan reluctante de irse como ella y Mason lo habían sido de darle un beso de despedida, pero si las cosas iban a tener alguna oportunidad de funcionar entre ellos alguna vez, tendrían que aprender a darse el uno al otro el espacio que necesitaban: Dylan para sus barcos y Grace para su escritura.
El viaje sería bueno para ellos, se recordó a sí misma mirando el número de la pantalla de nuevo e intentando saber si le sonaba de algo.
Nunca había estado nerviosa a la hora de contestar al teléfono antes de irse de D.C.
Pero era en momentos como este cuando pensaba de inmediato en su ex y en su familia y se preguntaba si después de todo no le habrían estado siguiendo la pista...
Si sabían que había tenido el bebé y ahora llamaba para intentar quitarle a su hijo y poder así dar continuidad a la estirpe de los Bentley.
Cuando dejó que saltase el buzón de voz, se dijo a sí misma, como había hecho muchas veces antes, que debía dejar de buscar peligros en cada esquina.
Solo estaba más cansada de la cuenta por no haber dormido lo suficiente la noche anterior.
Por supuesto, no cambiaría el haber hecho el amor con Dylan de forma tan ardiente por ninguna cantidad de sueño.
Por algunas cosas valía mucho la pena perder horas de sueño, pensó, mientras una sonrisita se instalaba en sus labios.
De nuevo, incluso sin estar presente, él la hacía sonreír, olvidar la oscuridad que con tanta frecuencia ella había percibido como si estuviese al acecho, esperando a saltar sobre ella cuando estuviese más vulnerable.
Mucho más tranquila, pulsó el botón de Play del móvil y se sorprendió al oír una voz conocida:
Hola, Grace, soy Tatiana. Espero que no pase nada porque Dylan me haya dado tu número.
Como Mia nos sorprendió a todos con la boda, yo quería sorprenderla con una fiesta para celebrarlo, solo con las chicas.
Sé que no te aviso con mucha antelación, pero ¿habría alguna posibilidad de que pudieses venir al set de mi película mañana a las seis de la tarde? Estoy impaciente por saber de ti.
Aunque Grace ya sabía lo agradable y sensata que era la otra mujer, eso no cambiaba el hecho de que Tatiana seguía siendo una enorme estrella de cine.
No podía creerse que la acabasen de invitar al set de rodaje.
Sobre todo porque no estaba tan segura de si contaba como «una de las chicas», a pesar de haber asistido a la boda de Mia.
Como no quería ser maleducada, sin embargo, Grace le devolvió la llamada de inmediato.
—Muchísimas gracias por la invitación a la fiesta de Mia. Me encantaría ir —dijo con sinceridad—, pero no sé si conseguiré encontrar canguro.
—Perdona—dijo Tatiana—: Estoy un poco atacada por la escena que acabo de rodar hoy.
Creo que el director quiere literalmente arrancarme un pedacito del alma para su peli.
—La otra mujer dejó escapar un largo suspiro con el que Grace podía empatizar fácilmente, porque ella estaba igual de atacada intentando escribir su artículo sobre Dylan—.
También quise decir en mi mensaje que decididamente tendrías que traer a Mason.
Algunas de las otras chicas traerán a sus hijos también, y sé que se lo pasará bomba jugando con ellos.
Grace había dejado atrás a todos y a todo lo que conocía un año y medio antes, lo que significaba que no había salido de copas con ninguna amiga desde hacía muchísimo tiempo.
De repente, una noche con las Sullivan le pareció exactamente lo que necesitaba, aunque no podía librarse del todo de la sensación de que estar fuera de su liga.
Por otra parte, tampoco habría pensado nunca que podría acabar con un hombre como Dylan...
Y mira lo que había pasado cuando por fin se había dejado ir con él: magia .
—Cuenta conmigo. ¿Puedo hacer algo para ayudar con la organización?
—No, lo tengo todo controlado. Solo ven y tráete a ese riquísimo pequeñín tuyo. ¡Y prepárate para divertirte!
La velada de Grace estaba ocupada, igual que lo había estado los diez meses anteriores, con darle de cenar a Mason, luego bañarlo, leerle un cuento y meterle en la cama.
Pero su ritual de irse a dormir parecía un poco apagado hoy.
Y ella sabía por qué: No era solo porque a Mason le acababa de empezar a salir su segundo diente, sino también porque ambos estaban claramente deseando que Dylan estuviese ahí con ellos.
Leyéndole un cuento a Mason. Dándole un beso de buenas noches.
Y luego abrazándola toda la noche después de hacerle el amor de la forma más dulce imaginable.
Por desgracia, aunque era tarde cuando por fin consiguió que Mason se durmiera, como seguía peleándose con su artículo, volvió a su ordenador para echar un par de horas más antes de acostarse.
Se obligó a centrarse en el artículo en vez de estar soñando despierta con los besos del objeto del mismo...
Ni de permitirse pensar que algo malo podría haberle ocurrido porque no le había llamado aún.
Y empezó la ardua tarea de revisar lo que había escrito antes ese día.
Pero antes de que pudiese llegar demasiado lejos, su teléfono vibró y su corazón le dio una voltereta en el pecho al ver su nombre aparecer en la pantalla.
Grace se había prometido a sí misma no quedarse toda la noche mirando el móvil esperando a que Dylan la llamara.
Había vivido demasiadas noches en las que su ex le había prometido que le daría un toque pero no lo hizo.
Ella había creído a Richard cuando él le decía que era porque estuvo trabajando hasta tarde y había perdido la noción del tiempo...
Cuando, descubrió más tarde, había estado cortejando a la mujer con la que planeaba de verdad casarse.
Grace siempre había sido un cómodo, y fácil, segundo plato.
Pero Dylan había mantenido su promesa, igual que había cumplido con todo lo que le había prometido hasta ahora.
Hacía mucho tiempo desde que se permitía a sí misma la alegría de desear a alguien y de ser deseada por él.
Igual que había disfrutado de las gloriosas horas en sus brazos hacía dos noches, decidió ahora que estaba bien disfrutar de la cálida sensación que le brotaba en el pecho.
—Hola.
—¿Te he mencionado cuánto adoro el sonido de tu voz?
Y así sin más, ya la tenía ruborizada y con calor recorriendo su cuerpo. Es estupendo de verdad oírte a ti también. ¿Cómo te ha ido el vuelo?
—Bien. Aunque puede que me haya vuelto un poquito loco pensando en ti todo el tiempo.
Me alegro muchísimo de que todavía estés levantada.
Cuando nos echemos a la mar mañana por la mañana, me resultará difícil hablar contigo otra vez, así que de verdad me hacía falta hablar contigo esta noche. Cuéntame tu día.
—Tatiana me ha llamado y nos ha invitado a Mason y a mí a una fiesta sorpresa que está organizando en su set de rodaje.
—A mi hermana le va a encantar veros a los dos de nuevo.
Y Mason se lo va a pasar bomba jugando con los hijos de mis primos.
Pero no dejes que ninguna de las chicas te corrompa.
Especialmente mi prima Lori. Puede ser un poquito salvaje, sobre todo cuando se junta con Mia.
—Grace estaba asombrada, de nuevo, por lo fáciles que él hacía que sonaran las cosas, como si no estuviese sorprendido en absoluto de que la hubiesen invitado a una gran celebración familiar cuando ellos dos acababan de empezar a salir—. ¿Cómo va esa escritura?
Esta vez, ya sabía que no funcionaría con un simple “bien”.
—Llegaré a donde quiero pronto. Lo sé. Y hasta entonces, solo me quedo pegada al portátil para que cuando me llegue la iluminación de golpe, yo esté preparada.
—La semana que viene, el domingo —le recordó—. Una vez te subamos a mi barco, todo cobrará sentido para ti.
Su corazón se lanzó a un galope todavía más rápido al pensar en navegar con Dylan, como siempre hacía cuando pensaba en estar a solas con él en sus dominios más privados. Allí en el confesionario de la cabina.
—¿Y qué hay de Mason? He estado echando de menos como un loco a ese pequeñajo. ¿Qué tal le ha ido el día?
—Fue genial. Le ha empezado a salir su segundo diente.
—Cada día pasa algo nuevo y emocionante, ¿verdad? —Dylan parecía interesado y emocionado de verdad por este pequeño hito—. Tendremos que celebrar su nuevo diente cuando vuelva.
La reacción de Dylan le recordó a cómo la habían criado sus padres, cuando hasta un acontecimiento como el que a un bebé le saliese otro diente era algo que celebrar.
Pensando en cómo Mason había estado algo raro todo el día dijo:
—Él te echa de menos a ti. —Pero sabía que estaba haciendo trampa. Dylan se lo había dado todo a ella desde que se conocieron, y se merecía más—. Yo también te he echado de menos.
—No tienes ni idea de lo que me tienta coger el siguiente avión de vuelta y volver contigo.
—Tienes que hacer esa regata —le dijo ella—. Y tienes que prometerme que la vas a disfrutar. —Ella nunca se lo perdonaría si Mason y ella le robaran a Dylan lo que era la mayor de sus alegrías.
—Haré un trato contigo por acceder a esa promesa. —El tono de su voz había cambiado al hablar de juguetón a sensual.
—¿Qué es lo que quieres que te prometa yo?
—Que esta noche no colgaremos el teléfono hasta que te hayas corrido para mí.
—Pero... —Apenas pudo hablar, con todo el deseo que se agolpó de pronto dentro de ella—. ¿Cómo voy a poder hacer eso si no estás aquí?
—Prométemelo, Grace.
Asombrada por lo cerca de correrse que la había llevado la mera promesa sexy en su voz, ella susurró:
—Lo prometo.
—Llevo todo el día montándome una fantasía contigo en mi mente. ¿Me ayudarás a hacerla realidad?
—Sí.
Dios, sí .