Los Sullivan de Seattle (Libros 4-6) Capítulo 20
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Capítulo 20

CAPÍTULO VEINTE

G race no sabía que podía perderse completamente en otra persona y solo desear estar perdida en ella por siempre jamás. ¿Era porque Dylan la quería? ¿Y a pesar de todas las formas en que ella había intentado proteger su corazón se había enamorado de él también?

—Quiero quedarme contigo esta noche —dijo Dylan—. Quiero abrazarte toda la noche.

Su ex nunca se había quedado. Siempre le había dicho que tenía que volver a la ciudad a prepararse para ir temprano a la oficina, y ella no le había presionado, no le había hecho contarle la verdadera razón de que se fuera.

No había querido escuchar la verdad, que él tenía a otra persona o que ella en realidad no le importaba.

—Yo también quiero que te quedes. —Pero esa no era toda la verdad, y después de lo que habían compartido esa noche, no podía convivir con otra cosa.

Ni siquiera con la más pequeña de las mentiras, como si fuese a arrancar la belleza de lo que acababan de hacer juntos—.

Pero me asusta lo rápido que estamos yendo despacio .

Con lo de esta noche me parece más bien velocidad ultrasónica.

—Ni siquiera eso era todo, sin embargo—.

Y no quiero repararme a mí misma, arreglar lo que ocurrió, con sexo.

Porque, ¿y si es eso lo que estoy haciendo?

—Si el sexo ayuda —dijo Dylan—, si hacer el amor conmigo hace que las cosas sean mejores para ti, entonces no veo porque hay ni una maldita cosa de malo en ello.

No hay nada malo en hablar para librarse del dolor, así que, ¿por qué debería ser algo malo librarse de él a besos?

¿Dejar que el placer limpiase todo aquello que no debería haber estado ahí para empezar?

—Nunca lo había visto así.

—En realidad, yo nunca he tenido que luchar contra ningún demonio propio, Grace. Pero los tuyos... Quiero agarrarlos por los cuernos, quiero exterminar todos tus dragones contigo, quiero luchar cada batalla a tu lado.

—¿Por qué? —Todavía no era capaz de verlo. No podía entender por qué él le daría tanto de sí mismo, y su amor , a ella.

—Siempre ha habido dos amores en mi vida: mi familia y el océano. Y ahora mi corazón está contigo y con Mason también. Sé que decirte que te quiero no es ir despacio, pero no puedo cambiar lo que siento. Te quiero, Grace. Y quiero a Mason, también. Más de lo que nunca he querido a nadie.

La sencilla manera en que él lo dijo una y otra vez, como si amarlos a Mason y a ella fuese la cosa más obvia y natural que hubiese hecho jamás, la sacudió más hondo ahora de lo que lo hizo la primera vez que él lo dijo.

—¿Es así de fácil? —Siempre tenía que hacer preguntas, siempre necesitaba respuestas. Pero jamás tanto como ahora mismo—. ¿De verdad puedes enamorarte así de alguien y de repente, convertirlos en tu nueva máxima prioridad?

—¿No es eso exactamente lo que te ocurrió con Mason? Cualquier otro amor que existiese para ti, se colocaron detrás de él.

—Sí. —Tenía razón. Toda la razón. Otra vez.

Grace estaba aturdida por todo eso. Por su primera cita oficial con Dylan. Por averiguar que su ex tenía un reguero de mujeres pagadas a sus espaldas. Por ver a Mason dar su primer paso. Por el sexo más explosivo y tierno de su vida.

Y ahora por escuchar a Dylan decirle lo mucho que la amaba de una forma en que no sabía que ningún hombre fuese capaz de expresar su amor. Incluso su padre, que había amado muchísimo a su madre, no había sido nunca tan elocuente.

Una parte de ella quería apartarle para estar sola e intentar procesarlo todo. La otra no quería dejarlo ir jamás.

—Es un sofá pequeño —dijo ella por fin.

—Bien.

Y cuando él le quitó las sandalias de tacón de los pies y se acurrucó contra ella por detrás, acunando su cabeza en su brazo, ella se sintió más segura y querida de lo que se había sentido jamás.

En algún punto en mitad de la noche se buscaron, besándose en la oscuridad.

Grace sintió como si estuviese soñando cuando enredó los brazos y las piernas alrededor de Dylan y el volvió a entrar en ella, después de haberse encargado de ponerse protección en la oscuridad.

Y sin embargo, no hubo nada de lento ni de seguro en la forma en que esta segunda vez se poseyeron el uno al otro.

¿Cómo podía ser cuando su apetito mutuo no había quedado saciado en lo más mínimo cuando hicieron el amor antes?

Él entrelazó sus dedos con los de ella y ella se apretó contra él cuando él la poseyó rápido y duro haciéndole alcanzar una cima y luego la siguiente sin darle espacio para respirar y recuperarse.

Después de una abstinencia sexual tan larga, Grace se sintió totalmente, maravillosamente sumergida en un placer embriagador.

Quería quedarse ahí mismo, donde estaba, para siempre, abrazada a los fuertes músculos de Dylan en la oscuridad, con su boca contra la de ella mientras los dos caían al abismo juntos.

Y después, fue tan maravilloso enroscar su cuerpo contra el de él, cogerle el brazo para que rodeara su pecho y poder sostener su mano contra su corazón todavía al galope, y quedarse dormida, segura y cálida y por el momento al menos, saciada con un placer tan profundo que le llegaba hasta el alma.

Grace se despertó con el sonido de Mason riendo. Sabía lo afortunada que era de que normalmente él se despertara alegre y con el pie derecho, contento y animado de saludar al nuevo día. Pero hoy se sintió momentáneamente perdida sobre por qué estaba en el sofá en vez de en el dormitorio con él.

Cuando las telarañas de su mente se esfumaron, unas imágenes de la noche anterior las sustituyeron, una tras otra. Besos. Caricias.

Y promesas de amor susurradas por Dylan.

En vez de que la alegría floreciera en su pecho este se le atenazó y maldita sea, estaba cansada de eso. Cansada de ser tan cautelosa todo el tiempo, de esperar que surgieran problemas detrás de cada esquina. Tan increíblemente cansada de no saber cómo relajarse fuera de los brazos de Dylan.

¿Cuándo, se preguntó, estaría bien relajarse solo un poquito? ¿Y creer de nuevo que el amor verdadero podía ser no solo real sino durar para siempre?

Sus padres habían compartido un amor tan dulce... Lo mismo que los de Dylan. Ella veía el mismo tipo de amor en las vidas de sus hermanos Rafe e Ian y de su hermana Mia. Y a su alrededor había por todas partes ejemplos de lo que era posible.

Y sin embargo, aunque quería con todas sus fuerzas creerlo, todavía podía sentir en lo más profundo de ella las cicatrices de una herida que no se había curado por completo.

Afortunadamente, Dylan sabía que ella seguía sanando y parecía entender exactamente por qué era tan precavida, tan cauta. No intentaba fingir que no era el caso, no intentaba engañarse y pensar que podía declararle su amor tan rápido como él lo había hecho.

¿Pero seguiría siendo él así de paciente? ¿O si ella no podía superar su pasado lo bastante rápido, renunciaría él?

Estremeciéndose con la idea de perder a alguien que se había convertido tan deprisa en el sol en torno al que giraba todo su mundo, ella envolvió su cuerpo desnudo con la manta y dejó que las risas le guiaran hasta el dormitorio.

Quizás después de la noche que habían compartido enredados, besándose y tocándose, tendría que haber estado más preparada al ver a Dylan solo con los pantalones de vestir, descalzo y sin camisa, con la cara sin afeitar...

Y más atractivo que nunca. Tuvo que sujetarse al pomo de la puerta para mantener el equilibrio por un instante mientras miraba al hombre más sexy y guapo de la creación riéndose con su hijo.

Y por ahora, al menos, las sombras que habían empezado a invadirla no pudieron resistir la brillante alegría de las dos personas que la hacían la mujer más feliz del mundo, cuando Mason se acercaba a darle un beso al mismo tiempo que Dylan la besaba también.