Los Sullivan de Seattle (Libros 4-6) Capítulo 18 #3
56%

Capítulo 18 #3

Ella habría pronunciado un sí rápido y fácil de no ser por el hecho de que él la estaba mirando de una forma en que ningún otro hombre lo había hecho jamás. Creía estar nerviosa por acostarse con él, pero ahora estaba mil veces más nerviosa sobre su respuesta.

Y aun así, igual que no podría haberlo apartado de sus brazos de un empujón y haberle pedido que se fuera, no había forma alguna de fingir que no quería saber su por qué .

—Cuéntame —susurró ella.

La boca de él se curvó hacia arriba lo justo para que sus ojos se arrugaran en las comisuras.

—Estoy enamorado de ti, Grace.

¿No había sabido ella que eso era lo que iba a decir él? ¿No había leído la verdad en eso en la forma en la que él la miraba? ¿En la forma en que la tocaba y la besaba? ¿En la forma en que trataba a su hijo como si fuese el más preciado de los niños del mundo entero?

Pero eso no hacía que el impacto de sus palabras de amor fuese menos potente.

La única forma en que fue capaz de impedir que le fallaran las piernas y caerse al suelo es agarrarse con fuerza a su mano sobre su corazón mientras que con la otra en su cadera consiguió equilibrarse.

Sabía que él podía ver cuánto había sacudido su mundo, más todavía de lo que había hecho simplemente por existir.

Y sin embargo, igual que siempre la había empujado suavemente para que le dejase entrar en su vida desde el día en que se conocieron, él tampoco la dejó distanciarse de lo que le había dicho.

—Estoy tan enamorado de ti que en una semana Mason y tú os habéis convertido en todo para mí. —Se inclinó para que su mejilla se apoyara en la de ella y sus labios se acercaran a su oreja—. Por eso estoy nervioso... Porque quiero que esta noche sea perfecta. Completamente perfecta.

Notaba su aliento cálido sobre su piel sensible, pero se estremeció por las cosas bonitas que le estaba diciendo.

Bonitas, pero tan increíblemente abrumadoras.

¿Podía fiarse de verdad de que lo que sentía ella era amor esta vez? ¿O era un ansia física más grande de lo que jamás había pensado que podría sentir? ¿Y cuándo dejaría de estar tan asustada de cometer otro error?

Grace nunca había estado más agradecida por nada en su vida de lo que lo estaba por su hijo, pero al mismo tiempo, jamás volvería a aguantar la clase de sufrimiento por el que había pasado con su padre.

—No te he dicho que estoy enamorado de ti para que sientas que tienes que decírmelo tú a mí.

Sé que te he presionado para que salieses conmigo desde el momento en que nos conocimos y no puedo lamentar haberlo hecho cuando de verdad creo que tú, Mason y yo deberíamos estar juntos.

Pero nunca te presionaría para que me entregases tu corazón antes de que estés lista, igual que nunca te empujaría a que hicieses el amor conmigo si no estás preparada.

Quería contarle que él era dueño de su corazón, solo deseaba poder saltar sin tener miedo de caer y romperse en tantos pedazos esta vez que nunca sería capaz de volver a estar entera. Pero, por esa noche, solo había una cosa de la que estuviese segura al cien por cien.

—Quiero hacer el amor contigo, Dylan. Más de lo que puedo recordar haber deseado nada en mi vida.

Apenas la última palabra había abandonado sus labios cuando la boca de él se posó en ellos, caliente y al límite de la desesperación.

—No puedes desearlo más que yo —Sus labios dibujaron un camino chisporroteante y caliente desde su boca hasta su mandíbula—. ¿A qué hora se despierta Mason por las mañanas?

Ella no fue capaz de hacer que su cabeza se centrara en esa pregunta durante unos segundos, no tras el sensual placer de tener su boca y sus manos paseándose hambrientas sobre su cuerpo. Por fin, acertó a decir:

—A las seis.

—¿Cómo voy a conseguir hacerte todo lo que quiero hacerte en solo nueve horas?

Una oleada de deseo la golpeó, tan potente que se volvió un poco loca.

Más loca incluso de lo que había estado ya por Dylan.

Ahora que había decidido hacer el amor con él, ceder por fin a las ganas que le llegaban hasta el alma que llevaba esas últimas semanas intentando combatir, el deseo la atacó con uñas y dientes. Y no podía esperar un segundo más.

Grace le agarró la camisa y sus dedos se movieron desesperados mientras intentaba quitárselo de encima.

—Necesito que me hagas tuya. Ahora. Ahora mismo.

Ella casi le había quitado la camisa cuando el posó una mano encima de la suya.

—Puede que solo tengamos nueve horas pero un poquito de juegos previos y un puñado de orgasmos no van a matarte.

¿Un puñado de orgasmos antes de que él la penetrara por fin? No sería capaz de sobrevivir a eso.

—Sabes que hace una eternidad que no tengo sexo, que ni siquiera lo he tenido nunca con un hombre que me hace sentir como lo haces tú. No me hagas esperar. Podemos hacerlo una vez para quitarnos la espinita y entonces...

Su boca le cortó besándola, y aunque él le agarró el pelo y lo apretó en su puño, la forma lenta y dulce en que su boca le acariciaba la suya hasta que no tuvo más remedio que ajustarse a su ritmo le dijo más claramente que ninguna palabra que decididamente, él iba a hacerla esperar.

Y que ella iba a disfrutar de cada segundo de esa espera.