Capítulo 18 #2
En cuanto Mason notó el colchón debajo de su cuerpo, se dio la vuelta boca abajo y se hizo una bolita con el culete en pompa.
—Es su postura favorita para dormir —susurró ella a Dylan, y después se inclinó sobre la cuna para darle un beso de buenas noches a Mason—. Te quiero, solete.
Dylan le cogió la mano y enredó sus dedos con los de ella antes de susurrar:
—Tú eres afortunada también. Maldita sea, muy afortunada de tenerle.
Cualquier otro tío con el que ella saliera probablemente habría estado más que irritado porque compartiese el dormitorio con su hijo, pero Dylan no era como los demás, ¿verdad?
—Lo sé —asintió ella.
Los ojos de Mason se entreabrieron y les miró como intentando averiguar si era de verdad hora de dormir o si tendría que levantarse otra vez para jugar con nuevo compañero de juegos favorito, así que ella condujo rápidamente a Dylan fuera de la habitación.
En cuanto la puerta se cerró tras ellos con un suave clic y ella hubo comprobado el monitor del salón para asegurarse de que estaba encendido, él la cogió entre sus brazos.
—Esta noche me lo he pasado genial contigo. Con los dos. —Su mirada oscura era mucho más intensa de lo que hubiesen indicado sus palabras—. Y estoy realmente contento de que me hayas dejado leerle su cuento esta noche y meterle en la cama.
—Yo me lo he pasado bien de verdad, de verdad, también. Igual que siempre. Estoy encantada de que estuvieses aquí con nosotros esta noche.
—Yo también.
—Ver a Mason dando sus primeros pasos borró por completo lo enferma que me puso lo que me contaste en el museo.
—También me ayudó a mí —le dijo él—. Más de lo que crees.
—Ha sido una noche tan alucinante… No quiero que termine todavía.
Dylan le respondió nada, solo la miró a los ojos como si no estuviese solo intentando asegurarse de que ella solo decía lo que él quería oír sino que lo decía de verdad.
— Quédate.
La palabra brotó con apenas más fuerza que un susurro, lo que no estaba bien.
No cuando ella quería que él se quedase con él esta noche más de lo que jamás había deseado nada en su vida.
Daba igual lo mucho que sus nervios se hubiesen excitado o que estuviese temblando contra él.
Necesitaba que él supiera lo mucho que esta noche había significado, y significaría, para ella.
—Por favor, quédate y haz el amor conmigo Dylan. Sé que solo tengo el sofá, pero...
—El sofá es perfecto —le dijo él, bajando las manos por su espalda y hasta la curva de sus caderas—. Y no te olvides de la mesa de la cocina. —Le echó una rápida mirada a la alfombra de delante de la chimenea de gas—. La alfombra tampoco tiene mala pinta. Y eso es solo para las primeras tres veces.
Ella se rio tal cómo él quería que hiciera, y también se calentó de la forma en que claramente pretendía con todas sus traviesas sugerencias de todos los sitios en los que quería poseerla.
Ella también deseaba estar con él en todos esos sitios.
—Estás nerviosa —dijo él con una voz suave a pesar del calor que seguía patente—. Dime por qué.
Ella se sorprendía continuamente por lo mucho que Dylan veía dentro de ella y lo profundamente. Después de conocer a su madre, su padre y sus hermanos, sabía que no tendría por qué estar tan sorprendida. Pero él era tan diferente de cualquier otro hombre con el que había estado…
Y aun así... En vez de ser de verdad capaz de apreciarlo siempre se encontraba conteniendo el aliento, esperando al chasco.
Que es por lo cual no solo el aspecto físico de hacer el amor entre ellos era lo que la tenía mareada por dentro.
Esta noche tenía que existir total honestidad entre Dylan y ella.
La honestidad puede que fuera solo una de las muchas cosas que había estado ausente entre ella y su ex, pero había sido la más importante.
— Esto es lo que me juré a mí misma que no dejaría que ocurriera otra vez.
Esto es contra lo que llevo luchando con todas mis fuerzas durante el último año y medio.
—Tragó saliva lentamente—. Pero en vez de mantenerme fuerte, acabo de pedirte que pases la noche conmigo.
Acabo de rogarte que me hagas el amor. Y lo peor de todo es que si se te ocurriera marcharte ahora mismo, me sentiría más vacía y sola que en toda mi vida.
—No pienso irme a ninguna parte —le prometió él, y el alivio con que su cuerpo le respondió hizo que sus rodillas casi se le aflojaran tanto como lo habían hecho con sus besos—.
Eres la persona más fuerte que he conocido jamás, Grace.
Sé cuánto te estás arriesgando conmigo esta noche después de la forma en que te hicieron daño.
Sé que nunca te entregarías a un hombre si no confiases en él.
Saber que me he ganado aunque solo sea un poquito de tu confianza, aunque ni me acerque a tenerla por completo...
—Él bajó la cabeza y le sonrió, acariciando su mejilla con los nudillos—. También estoy nervioso.
Su confesión le arrebató lo que le quedaba de su aliento, especialmente porque ella sabía que él no lo estaba diciendo solo para intentar que ella se sintiera más cómoda al ponerse los dos en el mismo barco.
—¿Por qué? —Ella puso su mano sobre la de él y la bajó para que su palma se quedase abierta descansando sobre su corazón—. ¿Por qué ibas tú a estar nervioso?
—¿De verdad quieres saberlo?