Capítulo 17
CAPÍTULO DIECISIETE
A Dylan, Grace le había vuelto loco desde el principio, pero cuando ella le abrió la puerta a la noche siguiente, él podría haber jurado que las neuronas que le quedaban se le fundían de verdad dentro del cráneo.
Si hubiese sido capaz de pensar con claridad, podría haber frenado sus manos de agarrar y su boca de devorarla.
Pero no tuvo ni una oportunidad de poder hacer otra cosa salvo besarla hasta que hubo conseguido al menos una diminuta parte de satisfacción.
—Estoy dividido, Grace. Joder, no sé si quedarme aquí mismo y arrancarte ese precioso vestido o sacarte por ahí para presumir de ti.
La forma en que ella le sonrió solo consiguió que le resultase más difícil pensar con claridad.
—Tú también estás muy guapo con tu traje.
Mason se les echó encima, agarrándose de los pantalones oscuros de Dylan con los puños para ponerse en pie.
—No me había olvidado de ti, amiguito —dijo Dylan, cogiendo a Mason en brazos—.
Solo me está costando mucho recobrarme de lo asombrosa que está tu mami.
—Cuando Mason balbuceó algo ininteligible, Dylan asintió—.
Tienes razón, no tengo ninguna oportunidad de acostumbrarme jamás a lo hermosa que es, así que debería dejar de intentarlo.
—Él besó a Mason en la frente—. Y ya que mi madre jamás me perdonaría si no te llevamos con ella, especialmente porque ha comprado todo lo que había en la tienda de juguetes del barrio para mimarte a lo bestia esta noche, supongo que eso significa que deberíamos salir.
Agarró la bolsa de cosas de Mason con su mano libre y se esforzó por recuperar el control mientras Grace cogía su pequeño bolsito dorado de la mesa del recibidor. Estaban a medio camino del Jeep cuando ella giró la cabeza y le dijo:
—Deberías saber que yo estaba igual que dividida que tú cuando te vi allí de pie en mi puerta.
Y en ese punto, todo el control que él había conseguido reunir se hizo añicos.
La cita de Adam de esa noche, una morena a la que Dylan no había visto nunca, parecía de todo menos encantada por la forma en que su hermano se quedó boquiabierto cuando los dos entraron.
La belleza de Grace era todavía más arrolladora porque ella no parecía ser consciente de que a donde quiera que fuese, la gente volvía la cabeza para mirarla.
Normal que ese capullo que la había dejado preñada la deseara.
A Dylan no le pegaba sentir furia en general, pero desde que ella le había contado lo que habían hecho su ex y su familia, la furia no dejaba de brotar en él, una y otra vez.
Grace se volvió a mirarle con su bello rostro cargado de preocupación.
—¿Va todo bien?
—No solo bien —dijo él, cogiéndole por la nuca y acercándose su boca—. Perfecto.
Besarla ahí, con los ojos de todos puestos en ellos, era una señal clamorosa hacia todos los demás hombre de la sala. Ella es mía, es lo que les estaba diciendo a todos. Toda mía.
Le encantaba cómo solo le hacía falta un beso para que sus ojos se nublaran por el deseo. Tanto deseo que ella susurró:
—¿Cuánto rato tenemos que quedarnos?
Él volvió a acercarse a su boca antes de decir:
—Treinta minutos. Cuarenta y cinco como mucho. Damos unas vueltas, soltamos el discurso de la restauración para Adam, y entonces podremos...
Su hermano y su cita les interrumpieron justo entonces. Después de que Adam hiciese las presentaciones, le dijo a Grace:
—Espero que estés planeando quedarte porque si no, no sé si podré rascar los restos de mi hermano del suelo. —No le dio tiempo a Grace para ajustarse al peso de su comentario, solo le preguntó qué podía traerle de beber del bar.
—Una copa de vino blanco sería estupendo.
—Tu vestido es precioso. —La pareja de Adam tampoco había sido capaz de apartar los ojos de Grace—. Igual que tus zapatos. Tengo que saberlo ¿dónde los has comprado?
Grace sonrió a la otra mujer. A Dylan no le pareció que ella notase la envidia de la otra mujer en absoluto... Probablemente porque no se veía a sí misma como alguien de quien otra mujer pudiera sentirse celosa.
—De una tienda fabulosa en el centro llamada Deleite.
Ese nombre resonó en el cerebro de Dylan.
—La mejor amiga de Mia es la dueña de esa tienda. Colbie Michaels. En realidad, Colbie Bryant ahora que está casada con nuestro amigo Noah.
—Guau, eso es asombroso —dijo Grace, sonriendo todavía más ahora—. Era tan agradable... Y podría haberme arruinado fácilmente en su tienda.
—Mia dijo que su género era estupendo, y ahora veo que no estaba bromeando. —También había oído tanto de Mia como de su hermano Rafe que Deleite vendía algunas cosas seriamente sexis más allá de los vestidos y los zapatos. ¿Habría comprado Grace alguna cosa más?
Dylan no podía esperar a averiguarlo, después de tener por fin ocasión de quitarle su bonito vestido nuevo.
Para entonces, la pareja de Adam había sacado su móvil para buscar la página web de la tienda.
—Oh, Dios mío. Deleite está organizando justo ahora unas ofertas nocturnas de sus productos en la calle. ¡Solo por esta noche!
Dylan apenas pudo contener su sonrisa, mientras su hermano volvía con sus bebidas: una copa de vino para Grace y cervezas para ellos dos.
Había estado pensando que hacía falta una pequeña revancha kármica porque su hermano hubiese estado tan encantado de interrumpirles en el taller de los barcos un par de días antes.
Adam se volvió hacia su cita con su sonrisa más encantadora para darle una copa de champán, pero ella ya estaba diciendo:
—Me temo que no voy a poder quedarme.
Él frunció el ceño, todavía con la copa de champán para ella en la mano.
—¿Por qué no?
Ella pareció sentirse un poco culpable un momento y luego se encogió de hombros.
—Eres un tío genial, pero creo que ya podemos afirmar los dos que no tenemos la clase de chispa que duraría más allá de una o dos noches.
No como Dylan y Grace —dijo con un gesto de cabeza hacia ellos—.
Cualquiera podría ver que son de verdad.
Tú y yo, solo tendríamos un lío. Estoy segura de que serías un fantástico rollo de una noche, pero estoy pensando que ha llegado el momento de que me reserve para el hombre perfecto.
No es necesario que me acompañes a la puerta.
Se marchó tan deprisa que a su hermano casi le da un latigazo cervical al intentar seguirla con la mirada.
—¿Qué diablos ha pasado mientras iba a por nuestras bebidas? —les preguntó Adam.
Dylan por fin perdió la batalla que libraba contra sus ganas de reírse.
—Confía en mí, no quieres saberlo. Solo te hará sentirte menos hombre de lo que ya te sientes. Pero bueno, ¿con quién necesitas que hablemos Grace y yo?
Tenía que admirar la forma en que su hermano se recompuso tan rápido.
Adam siempre había sido bueno en compartimentalizar.
El trabajo rara vez se desbordaba y afectaba al resto de su vida.
Y las emociones jamás se mezclaban con el sexo.
Aunque Dylan se imaginó que eso formaba parte en gran medida de por qué su cita había decidido que ir a una venta de ropa de oferta sería una forma mejor de pasar la velada.
Dar las vueltas para hablar con la gente necesaria les llevó por fin más de cuarenta y cinco minutos, pero Dylan disfrutó enormemente de escuchar a Grace hablando sobre la historia del Museo Marítimo y el importante papel que el edificio había jugado en darle forma a la costa de Seattle.
Podía ver cómo unas bombillas se encendían sobre las cabezas de los miembros del consejo cuando ella les hablaba con tanta elocuencia sobre la historia que les rodeaba.
Ninguna otra persona habría facilitado tanto la tarea de Adam de abogar por una renovación histórica.
—Eres asombrosa —dijo Adam mientras les conducía hasta una pareja de cabellos canos de pie junto a la ventana del rincón.
—Tengo que admitir que en cuanto Dylan me contó lo que estabas intentando hacer, he estudiado un poquito.
—¿Un poquito? —Su hermano estaba lleno de admiración—. Podrías escribir un libro sobre este lugar.
Dylan creyó ver una bombilla encenderse sobre la cabeza de ella entonces.
—Tienes razón, hay tantas historias interesantes sobre este edificio, y los hombres y mujeres que han pasado por aquí a lo largo de los años... Algunas románticas y todo, como cuando el Sr. Y la Sra. Callam se conocieron y enamoraron aquí.
—Cuando consiga el proyecto —dijo Adam—, voy a meterles presión para que tú hagas un libro que lo acompañe.
—Eso suena alucinante —dijo ella, pero él pudo notar que la conexión creada con su hermano la preocupaba también. Porque por mucho que ella quisiera creer en la honradez, el romance y el amor duradero, su roce con la familia Bentley le había enseñado justo lo contrario.
Dependía de Dylan y de su familia devolverle su fe en la verdad y el amor de nuevo. Por suerte, si alguien era capaz de hacerlo, esos eran los Sullivan.
El móvil de Dylan sonó con el tono de llamada de Rafe, una llamada que él había estado esperando.
—¿Es tu madre? —preguntó inmediatamente Grace.
Como sabía lo difícil que era para ella dejar a Mason con nadie, él le acarició con dulzura la mejilla.
—Es Rafe. Y aunque estoy seguro de que Mason está estupendamente con mi madre, ¿por qué no les llamas mientras yo hablo con mi hermano?
—Y aquí estaba yo, creyéndome que no se me notaba tanto.
—No hay nada malo en querer saber si tu hijo está bien. Mamá solía preguntar por nosotros media docena de veces siempre que salían. Bueno, —dijo con una sonrisa—, eso también podía haberse debido a nuestro historial de hazañas como saltar del tejado y encender grandes hogueras en el patio trasero.
Su risa relajada le llenó de calidez y los dos sacaron sus móviles y se acercaron a la terraza con vistas al agua.
Mientras ella llamaba a su madre para ver si todo iba bien, él marcó el número de Rafe.
Por desgracia, todo lo que su hermano le contó en los siguientes minutos hizo que su furia, que apenas había podido hundir antes, saliera a flote de nuevo. Más al rojo vivo que nunca.
La sonrisa de Grace tenía kilómetros de ancho cuando se volvió hacia él después de que ambos colgasen con solo unos segundos de diferencia. Mira la monísima foto que ha sacado tu madre de Mason tocando el piano. ¿No parece un niño mayor? Y tan orgulloso de sí mismo por hacer música él solito…
Mirar el rostro inocente de Mason solo consiguió que a Dylan se le retorcieran más las tripas.
—Rafe acaba de confirmarme que tú no fuiste la única, Grace.
Ella levantó la vista de su teléfono.
—¿Que no fui la única en qué? —Pero antes de que él pudiese explicarse, cayó en la cuenta—. Rafe ha investigado a mi ex y a su familia, ¿verdad? —El dolor atravesó su rostro, claramente iluminado por la luna casi llena por encima de ellos.
—Rafe encontró lo que pensábamos que encontraría.
—Dylan no había sido capaz de quitarle las manos de encima en toda la noche, pero cuando él la apretó contra él, incluso aunque la atracción seguía estando ahí, palpitante, este abrazo claramente solo era para consolar a los dos—. Más mujeres. Muchas mujeres.
—¿Ha...? ¿Tiene otros niños? —Podía ver como un pensamiento de ella le conducía al siguiente—. ¿Tiene Mason algún medio hermano o alguna media hermana?
—No. Al menos por lo que Rafe ha averiguado, parece que ninguna de las otras mujeres fue tan fuerte como tú. Todas cogieron el dinero e hicieron lo que la familia quería que hicieran.
Él pudo ver cómo se le rompía el corazón de pura empatía por todas esas mujeres.
—Probablemente estuviesen demasiado asustadas para no hacerlo.
Era asombroso que ella no viese a las otras mujeres como débiles. También sabía que ella tenía razón... Una presión tan fuerte por parte de una familia así de poderosa podría prácticamente con cualquiera. Pero no con ella. No con su Grace.
—¿Por qué no lo vi? ¿Por qué no le calé? ¿Por qué me dejé engañar con todas esas citas de lujo en las que nunca dejaba que conociese a nadie? Ni a sus amigos, ni, decididamente, a su familia.
—Por mucho que desprecie a ese tipo —dijo Dylan suavemente—, la verdad es que me alegro de que confiases en él. Al menos, durante el tiempo suficiente para crear a Mason.
—Richard y sus padres no tienen ni idea sobre toda la alegría, todo lo maravilloso que habían intentado destruir porque mi pedigrí no era lo bastante puro para ellos.
Y ahora espero, en realidad he estado rezando por ello, que no lo hagan.
Que jamás cambien de idea y decidan venir a por Mason después de todo.
—Rafe dice que no hay ninguna indicación de que hayan estado buscándote ni a ti ni a Mason, ni de que ninguno de ellos haya planeado hacer un viaje a Seattle.
También me ha dicho que él e Ian han hablado con Smith...
Nuestro primo ha rechazado repetidamente las ofertas de los Bentley para invertir en sus películas porque siempre le han parecido unos babosos.
Claramente, ella estaba encantadísima de escuchar ambas noticias, pero también pudo ver, cuando se volvió a mirar a la fiesta, todavía en su apogeo, que ese era el último lugar en el que ahora mismo le apetecía estar.
—Sé que acabo de colgarle a tu madre y que planeábamos quedarnos hasta tarde para nuestra primera cita oficial, pero...
—Yo también quiero estar con Mason ahora. —Necesitaba abrazarlos a los dos esa noche y dar gracias por haberlos encontrado y porque ellos le hubiesen encontrado a él—. Hemos hablado con la gente suficiente a favor de mi hermano esta noche. Vamos a por tu hijo y volvamos a casa.