Capítulo 14 #2
No podía hablar, no podía moverse, no podía hacer nada salvo mirar fijamente hacia Grace, asombrado. Pero ella le leyó la mente, gracias a Dios, comprendió que no iba a durar mucho esta vez. ¿Y cuándo se acercó un par de centímetros más y le acogió dentro de su boca?
Jesús.
No había tenido nunca una sensación tan buena. Ni una sola cosa de los últimos treinta y un años podría haber competido con sus suaves labios, su húmeda lengua, el calor y la presión de su boca cuando ella le amaba de la misma forma en que él acababa de amarla a ella.
Apretó las manos que tenía enredadas en su pelo, y ella apretó las suyas sobre sus caderas. El tiempo dejó de moverse hacia adelante. Él ni siquiera estaba seguro de estar respirando, porque todo estaba concentrado en este momento. Este placer. Esta mujer.
Grace. Grace. Grace.
En su interior, todo estalló, con una luz multicolor y cegadora. Nunca había experimentado una tormenta tan salvaje, ni tan preciosa.
Unos instantes después estaba de rodillas junto a ella y los dos se besaban incluso más apasionadamente por lo que se habían dado, o cogido, del uno a la otra. Solo cuando oyó un sonido de pasos y a alguien diciendo su nombre fue capaz de apartar su boca de la de ella.
La miró a los ojos, todavía bellamente nublados por el placer.
—Hay alguien. —Sabía que tenían que volver a ponerse la ropa, pero no pude contenerse de darle otro beso antes, y después de cada palabra.
La segunda vez que el visitante dijo su nombre, los ojos de ella se abrieron de golpe, por fin consciente de lo que acababa de decirle.
—Hay alguien —repitió.
Grace se apresuró a coger su vestido, pero Dylan ya se lo estaba poniendo por la cabeza. Ambos estaban de pie, con la ropa interior de ella metida a toda prisa en el bolsillo de los vaqueros de él cuando la visita asomó la cabeza por detrás del casco del barco y les vio en la esquina del fondo.
—Ah, ahí estás, Dylan. Grace, me alegro de verte de nuevo.
Su hermano Adam parecía demasiado contento por lo que había visto. Dylan había pillado a su hermano in fraganti una vez, cuando eran adolescentes, y no le cabía duda de que este veía ahora la situación actual como su revancha.
Grace estaba toda sonrojada, tanto por los besos como por la obvia vergüenza por casi ser pillada sin ropa, pero a Dylan le impresionó su gesto digno con la cabeza alta. Su fuerza le había atraído desde el principio y a él le encantó la forma en que ella miró con calma a su hermano a los ojos.
—Es genial verte a ti también, Adam —dijo con aire despreocupado, a pesar del hecho de que su ropa interior estaba embutida en el bolsillo de los vaqueros de Dylan.
—Espero no interrumpir nada —dijo su hermano, aunque maldita sea, sabía perfectamente que sí lo hacía.
Grace arqueó una ceja en dirección a Adam, la misma mirada que él le había visto lanzarle a Mason una vez que se estaba portando mal en el acuario. Una advertencia de que no jugaran con ella.
—En realidad —dijo con una sonrisita—, has llegado en el momento perfecto. —Se volvió hacia Dylan y explicó—: Ahora tengo que volver, por la canguro.
Él quería alargar la mano hacia ella, quería que su hermano, y el resto del mundo, supieran con certeza que no era solo una periodista que escribía un artículo sobre él ni solo un rollete.
Ella era suya. Y sin embargo, sabía que no podía forzar nada, sabía que daba igual las barreras físicas que hubiesen empezado a derribar entre ellos, si él intentaba presionarla más deprisa de lo que ella estaba preparada para ir, solo conseguiría molestarla.
Por fortuna, sin embargo, en vez de sencillamente alejarse, ella le puso la mano en la cara y luego se puso de puntillas sobre sus tacones para darle un suave beso en los labios. Sonreía cuando se apartó y dijo:
—Adiós.
—Cuando nos convocasteis a todos anoche supe que las cosas iban en serio —dijo Adam—: pero, ¿después de veros a los dos juntos hoy? Parece que el amor a primera vista ha vuelto a golpear. Es como una epidemia en esta familia.
Dylan solo le sonrió.
—Ya sabes lo que se dice... Cuanto más te resistas, más profundo caerás. Lo que significa que cuando te pase a ti, vas a morder el polvo.
—No, no —insistió Adam—. Al menos uno de nosotros tiene que seguir pasándolo bien. ¿Ya sabes lo que haces apuntando a una familia que ya viene hecha con Grace y Mason?
Adam podía creerse que era feliz con su desfile de rollos de una noche sin pizca de algo sustancial de lo que hablar fuera del dormitorio, pero su hermano no tenía ni puta idea de lo que se estaba perdiendo. Lo de estar sin ataduras se volvía rancio demasiado rápido.
La belleza de Grace, su sensualidad innata, habían sido lo que habían atraído a Dylan al principio.
Y cada vez que se tocaban, él sabía lo perfectamente que combinaban como hombre y mujer.
Pero eran su resiliencia y su fuerza lo que habían solidificado su conocimiento de que ella era la mujer adecuada por la que ir hasta el final.
Él se había criado con una mujer fuerte dirigiendo su familia, y no podía imaginarse conformándose con nada que no estuviese al nivel del ejemplo que le había proporcionado su madre.
Grace era todo lo que él podía haber pedido. Todo lo que jamás podría haber deseado.
—Si existiese alguna posibilidad de que ella aceptase casarse conmigo hoy mismo, me lanzaría de cabeza.
Adam estudió su cara un momento antes de asentir.
—Te hace feliz. Con una felicidad distinta a la que has sentido hasta ahora.
—Confía en mí, lo entenderás cuando te pase a ti.
Ignorando adrede esa última afirmación, Adam dijo:
—Aunque casi pillaros en medio del acto haya sido divertido estoy aquí porque tengo que pedirte un favor. Resulta que el ayuntamiento está planeando derribar el antiguo Museo Marítimo para construir algo más extravagante y moderno.
Dylan frunció el ceño.
—Pensaba que eso se había aplazado de momento para que pudiese ser sopesado por más gente.
—No según lo que acabo de oír esta mañana por un amigo de la junta.
—A ese lugar le hace falta la hostia de trabajo pero también es un edificio que tiene una historia muy importante.
—Lo sé. Por eso voy a convencerles de que me dejen restaurarlo. Que es donde entras tú. No solo hablas su idioma sino que has construido barcos para la mitad de los de la junta. Van a celebrar un cóctel en un par de días. Sería genial si Grace y tú pudierais venir.
—Yo me apunto, y veré si puede Grace —dijo Dylan—. A cambio, me vendrían bien un par extra de manos para poner el revestimiento final de uretano en el barco.
—Tío, este balandro es una belleza —dijo Adam, subiéndose las mangas ya para ayudar—. Has construido algunos barcos estupendos, pero creo que este podría ser tu mejor trabajo hasta la fecha. Tu cliente es un hi de pu afortunado.
Dylan sonrió y dijo:
—Estoy de acuerdo —y durante las siguientes horas disfrutó trabajando al lado de su hermano en un barco que él no tenía ni idea aún de que ya era suyo.