Los Sullivan de Seattle (Libros 4-6) Capítulo 13 #3
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Capítulo 13 #3

Él la cogió por las manos y las acarició con los dedos antes de empezar a hablar,

—El mar está lleno de tantas maravillas y magia que nunca he visto a nadie bajar de uno de mis barcos sin haber caído en su hechizo.

Hasta la gente que le había tenido miedo antes, o que estaban seguros de que jamás le encontrarían el gustillo a ir en barco.

Lo único que quiero hacer de verdad, lo que quiero darle a la gente, es esa audacia, ese respeto, ese amor que siempre he sentido.

—Levantó sus manos hacia su pecho para que ella pudiese sentir el fuerte y regular latido de su corazón—. Justo aquí.

Sonó el teléfono, sacándola de golpe del embrujo que sus palabras estaban tejiendo en torno a ella. Pero él no hizo absolutamente ningún ademan de responder, ni siquiera pareció notarlo.

—Vas a ignorar eso, ¿verdad? ¿Ni siquiera te importa saber de quién se trata?

—Siempre he pensado que la gente de la que quiero saber sabe dónde encontrarme. Tal como hiciste tú.

El teléfono dejó de sonar unos segundos, y luego inmediatamente volvió a hacerlo.

—¿Ni siquiera vas a mirar la identificación de llamada?

—¿Qué es la identificación de llamada?

Sabía que él bromeaba... Debía de estar bromeando, ¿no? Afortunadamente, cuando el teléfono empezó a sonar por tercera vez, él dijo:

—Si quieres cogerlo tú, adelante.

Claro que quería, así que levantó el auricular del antiguo teléfono, con su cordón en espiral y todo, que colgaba de la pared junto al escritorio.

—Hola.

—Hola, soy Shawna. —La mujer al otro lado de la línea consiguió infundir una ridícula cantidad de energía sexy en esos tres vocablos—. Sería estupendo si pudieses decirle a Dylan que quiero hablar con él.

Con menos de una docena de palabras, Grace dedujo que esta mujer había estado en la cama de Dylan. Y saber eso la hizo sentirse tan celosa e irritada que a pesar de saber que Dylan odiaba hablar por teléfono a menos que no tuviese absolutamente ningún remedio, dijo:

—Ningún problema, Shawna. Espera, que le paso el teléfono.

Ella sostuvo el auricular hacia él, intentando leer si estaba o no contento por esta obvia llamada para tener sexo, pero él solo le mostraba una cara de póquer. Y era una muy buena, maldita sea.

—Hola, Shawna. —Él escuchó lo que ella tenía que decir antes de contestar—.

Es genial que hayas pensado en mí para ir esta noche al partido.

—Dylan hizo una pausa y miró directamente a Grace, cambiando su gesto de tranquilo a intenso en un abrir y cerrar de ojos—.

Pero me estoy viendo con alguien. Alguien importante.

Así que voy a tener que pasar. Diviértete en el partido.

¿Me estoy viendo con alguien? , pensó ella mientras él colgaba el teléfono.

—No tenías que rechazar las entradas. —¿Alguien importante?—. Podrías haber ido con ella.

—¿No acabas de escucharme decir que estoy pillado?

A pesar de todas las advertencias que se había dado a sí misma sobre no tomarse las cosas demasiado en serio con Dylan, no pudo evitar que una oleada de calidez la inundase.

—Creía que habíamos acordado tomarnos las cosas con calma.

—Y eso hacemos. —Él extendió la mano para cogerla y la atrajo para sí de la forma en que ella había estado desando secretamente durante toda la entrevista—. Despacio y de forma exclusiva.

Pero por emocionada que estuviese ella de escuchar a Dylan decir que él solo la deseaba a ella, tenía que intentar encontrarle el sentido a algo que no tenía ningún sentido.

—¿Cómo es que no estás con nadie? Hizo un gesto hacia el teléfono—. Está claro que hay mujeres haciendo cola por pasar tiempo contigo. Y con tu aspecto, tu forma de besar... —Se obligó a detenerse antes de seguir divagando más sobre el fantástico partido que era él—. Es que no lo entiendo.

—Yo tengo las mismas preguntas para ti, Grace. Tu aspecto. Tu forma de besar. La manera en que no puedo dejar de sonreír cuando estás cerca. ¿Cómo es que sigues soltera?

¿Estaba chalado? La razón era obvia.

—Soy madre soltera de un niño de diez meses. —Sin mencionar el hecho de que no había dejado a nadie acercarse lo suficiente para intentar siquiera atravesar el muro que ella había construido alrededor de su corazón después de que su ex y su familia se lo destrozaran.

—Un crío de diez meses genial.

El afecto de Dylan por su hijo era otra cosa más que le situaba a galaxias de distancia de otros hombres.

—Esa es otra cosa que no puedo entender.

—¿El qué?

—Cómo estás tan dispuesto a abrirle tu vida a una mujer con equipaje.

—Cualquiera capaz de llamar a Mason equipaje en serio, cualquiera que no pueda ver que él es el regalo más grande del mundo, no te merece. —Le apartó un mechón de pelo de la cara, haciéndola temblar a pesar del calor—. ¿Tienes ya lo que necesitabas para tu entrevista de hoy?

Con la forma en que él la estaba mirando, ella apenas pudo decir:

—Sí. Hemos cubierto mucho terreno hoy.

—No el suficiente. —Él cogió sus manos y se las levantó hasta los labios para besarlas antes de guiarlos a ambos hacia la parte trasera del taller de los barcos—. Ni por asomo.