Los Sullivan de Seattle (Libros 4-6) Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

Se detuvo antes de protestar y decir que ellos acababan de conocerse. ¿Qué importaba desde cuándo hacía que conocía a Dylan cuando él le estaba ofreciéndose a hacer todo lo que él y su familia fuesen capaces de hacer para que su hijo se quedase sano y salvo con ella?

—Sí —dijo ella por fin—. De acuerdo.

—¿Nos dejarás que te ayudemos?

Totalmente sobrepasada por sus emociones atacándola desde todas partes, ella asintió.

—Agradeceré que, por una vez, no todo recaiga sobre mí.

—Gracias por confiar en mí no solo para ayudarte, sino para contarme tu pasado.

—No podía dejar que pensaras que había algo de malo contigo.

—Al darse cuenta de que eso había sonado raro, ella rápidamente añadió—: Quiero decir, es obvio que te has mirado al espejo así que ya sabrás que ese no es el problema.

—Aj, eso solo empeoraba las cosas, aunque él sonriera cuando ella lo dijo—.

Solo que ahora que sabes dónde estoy en mi vida y de dónde vengo, podrás entender por qué me prometí a mi misma que no volvería a cometer el mismo error.

No puedo lanzarme a una relación ahora mismo y honestamente, no sé cuándo ni si seré capaz de hacerlo alguna vez.

No después que todo lo que tengo dentro se ha apagado.

—¿Apagado? —Él meneó la cabeza—. No había nada apagado en el beso que compartimos ayer noche.

Ella sabía que él tenía razón. No tenía sentido intentar negarlo, aunque eso hiciese que una parte de sus argumentos se viniesen abajo.

—Tienes razón —dijo ella—: no lo había. Pero un beso no cambia nada.

Grace había pasado el tiempo suficiente con Dylan en los últimos dos días para saber cómo interpretar la mirada de sus ojos.

El instinto era para él de una importancia vital, pero eso no significaba que él no se tomase su tiempo para pensarse las cosas.

Ahora mismo, estaba procesando todo lo que ella le había dicho.

—Después de todo por lo que has pasado —le dijo por fin—: Puedo entender lo duro que debe de ser confiar en alguien. Especialmente en otro hombre.

Ella estaba sorprendida... Muy sorprendida, de hecho, de lo que había contado parecía ser bastado para que él se retractara de querer salir con ella. Era lo que se había dicho a sí misma que deseaba, y sin embargo...

—Bien —se obligó a decir—. Estoy encantada de que lo entiendas.

—Después de lo que esa escoria y su familia te hicieron, cualquiera sería cauteloso y querría tomarse las cosas con calma la siguiente vez.

Ella estaba con él hasta el final de la frase... Cuando llegó a con calma y la siguiente vez.

—Dylan...

—Si ir despacio es lo que necesitas, puedo ir despacio.

Sabía que no debería permitir que la emoción volviese a inundarla. No debería dejar a un lado toda esa decepción de antes. Especialmente ya que Dylan era un campeón regatista y ella dudaba que existiese siquiera una pizca de ir despacio en su sangre.

Por otra parte, construir veleros de madera a mano era quizás una de las carreras más minuciosas que podría haber elegido. Tal vez pudiese prometer ir despacio y decirlo en serio.

Aun así, ella no podía rendirse así de fácil, ¿verdad? No podía permitir que una simple promesa de que él iría más despacio fuese suficiente para hacerla cambiar de idea sobre todo lo que había tenido tan claro durante tanto tiempo. Necesitaba ser racional. Fuerte.

—En los últimos dos días, he conocido a toda tu familia y he pasado dos veladas consecutivas contigo. Si esa es tu versión de ir lento, ambos sabemos que no es una buena idea.

—Ni te has acercado a conocer a toda mi familia —le corrigió él con una sonrisa antes de ponerse serio de nuevo—.

Sé que te he presionado. Solo que... —Ella sabía por la manera en que la estaba mirando, con unos ojos tan oscuros, tan intensos, que ella no tenía no tenía una santa opción de estar preparada para lo que iba a decir a continuación—. Te vi y lo supe.

—¿Lo supiste ? —Podía notarse respirando cada vez más deprisa mientras observaba el cambio que se daba dentro de Dylan...

De pensar y procesar al puro instinto masculino.

Se sentía como imaginaba que lo haría una leona cuando su compañero la encontraba.

Cazada... Y a la vez igual de hambrienta por él como él lo estaba por ella—. ¿Qué supiste?

Él extendió la mano hacia ella y un ligero roce de sus dedos por su mejilla fue suficiente para que su corazón diese un salto y se acelerase.

—Lo supe. —Ella observó como él la miraba y cuando no se apartó...

Señor, ¿cómo podría?, él desplazó lentamente sus dedos hasta su nuca—.

Sabía que tu piel sería así de suave, así de sensible.

—La emoción hizo que todo su cuerpo se cubriese de carne de gallina desde el cuello, por debajo de su camiseta y luego hasta la piel desnuda de su brazo expuesto bajo la manga corta—.

Sabía que serías así de receptiva. —En algún punto, ella extendió las manos hacia él sin darse cuenta siquiera hasta que las tuvo rodeándole la cintura—.

Sabía que encajaríamos juntos así de perfectamente.

Grace sabía que debería encontrar más palabras, más razones para no poder hacer esto, pero de verdad, de verdad no quería.

No cuando hacía tanto tiempo desde que había sentido algún placer sensual.

Y no cuando parecía haber pasado una eternidad desde que se había sentido ni siquiera un poco femenina ni había pensado en ninguna otra cosa que no fuesen su hijo y su trabajo.

No veía como esto podría durar, como podría convertirse en algo real...

Cómo el hombre guapísimo e increíble de esa asombrosa y famosa familia podría siquiera mirar a una mujer normal con un niño de diez meses y ver un futuro.

Pero, ¿no había esperado tantísimo tiempo para sentirse de esta forma?

¿No solo un año y medio, sino toda su vida?

¿Por un hombre que la hacía sentirse así, que la hacía desearle hasta con la última fibra de su ser?

La noche anterior, se permitió saborearlo un poco. Probar un sorbo perfecto y maravilloso de labios de Dylan. ¿Por qué no debería tomar otro más? Especialmente cuando él tenía razón en que ella solo era humana.

Demasiado humana para saber cómo seguir resistiéndose a él esta noche...