Los Sullivan de Seattle (Libros 4-6) Capítulo 10
47%

Capítulo 10

CAPÍTULO DIEZ

D aba igual lo difícil o lo loco que hubiese sido su día.

El ritual de acostar a Mason siempre calmaba a Grace.

Sin embargo, esta noche tenía la sensación de que nada iba a detener las mariposas en su estómago.

Porque aunque estaba a punto de contarle a Dylan su pasado para que entendiese por qué no podía salir con él, eso no cambiaba el hecho de que iba a estar sola en su salón con el hombre más sexy que existía.

Se resistió al impulso de arreglarse el pelo o el maquillaje antes de salir a verle, igual que no se había permitido antes estresarse sobre qué ponerse. Unos vaqueros y una camiseta habían sido perfectos para una visita al acuario, y seguirían siendo perfectos para una charla sincera entre amigos.

Le sorprendió encontrarse con que Dylan ya había limpiado la cocina y el salón.

—No hacía falta que hicieras eso.

—Ya has conocido a mi madre, así que deberías saber que ningún Sullivan se escaquea jamás de la limpieza. ¿Estás segura de que no quieres que vuelva a calentarte lo tuyo?

Ella meneó la cabeza, pero cogió su copa de vino antes de ir a sentarse al sofá. En cuanto él se sentó a su lado, ella le dijo:

—Anoche me preguntaste por qué no quería salir contigo.

Sé que suena a cliché, pero no eres tú, soy yo.

Conocí al.... —Sacudió la cabeza, incapaz de usar las palabras padre de Mason .

No cuando Richard no lo había sido nunca, ni por un segundo—.

A mi ex cuando estaba investigando para un artículo sobre fundaciones benéficas.

Es uno de los mayores expertos en ONGs dirigidas por familias porque proviene de una de ellas, una de Washington, muy influyente y con dinero antiguo.

—Todavía la dejaba muerta la ironía de que esa familia que todo el mundo pensaba que era tan buena, tan caritativa, había sido de todo menos eso cuando se enteraron de que estaba embarazada—.

Creía que solo porque él se pasaba los días donando dinero, eso quería decir que también era buena persona.

Así que aunque sé cómo hacer buenas investigaciones sobre los antecedentes de la gente, permití que el hecho de que el trabajase para una organización que ayuda a los necesitados fuese suficiente en vez de mirar más profundamente.

—No estaba orgullosa de ello, pero necesitaba que Dylan supiese algo más—.

Fue tan bueno enamorándome, llevándome en su avión privado a cenas en azoteas para los dos solos que, después de acabar con él, juré que no volvería a dejar que me pasase lo mismo....

Enamorarme de una cara bonita y de unas palabras halagadoras y manipuladoras solo porque tal vez me sintiese sola.

—Me alegra que piensas que mi cara es bonita —dijo Dylan con un pequeño atisbo de sonrisa en los labios—. Pero nada de lo que te he dicho pretendía manipularte.

Ella quería creerle, deseaba que le resultase fácil tomarse en serio todas las cosas bonitas que él le había dicho.

—Nunca fui una de esas hijas que tuvo que rebelarse. Pero una vez me quedé sin mis padres, sin los dos, me sentí tan perdida... —Se interrumpió—. Suena como si estuviese intentando poner una excusa para lo que hice, para mis elecciones.

—No, suena como si fueses humana. Como si te encontrases sufriendo y necesitases a alguien que te consolara. Pero en vez de eso, él te hizo daño. —La furia cruzó como un relámpago los ojos de Dylan—. ¿Qué hizo cuando le contaste que estabas embarazada?

Ella no había previsto meterse en los detalles más escabrosos esta noche.

Aunque no había dado ningún nombre, probablemente ya había hablado demasiado.

Pero después de tomarse una copa de vino con el estómago vacío, al parecer, ya no era capaz de parar.

Especialmente no cuando Dylan era tan buen oyente...

Y la única persona a la que le había contado nunca nada de todo esto.

—Actuó como si le hubiese tendido una trampa. Como si lo hubiese hecho a propósito para conseguir su dinero, para obligarle a casarse conmigo para que yo pudiese vivir a costa de la fortuna de su familia.

—¿Cómo es posible que no supiera lo mucho que te gusta tu trabajo y que nunca harías algo así? ¿Que ni siquiera se te pasaría por la cabeza hacerlo?

—Probablemente porque le daba igual lo que yo hiciera.

No respetaba mi carrera, ni tampoco a mí.

Nunca, ni en un millón de años, desearía ser una mantenida.

Jamás. Pero como él no se creyó eso, me dijo que mi truco de quedarme embarazada no me iba a funcionar.

Cuando le juré que había sido un accidente, que él sabía que habíamos usado protección, no quiso escucharme.

Y me dijo... —Se le retorció el estómago—. Me dijo que me librara de ello.

El juramento que soltó Dylan fue en voz baja, pero igualmente poderoso.

—Ese cabrón no te merecía.

—Sé que no. Creo que lo sabía desde mucho antes de aquella noche.

Siempre estábamos solos los dos, en un yate o en una lujosa suite de hotel, o en mi apartamento.

Yo creía que eso era porque quería conocerme mejor antes de presentarme a sus amigos y a su familia.

Pero lo que estaba haciendo en realidad era esconderme de ellos y de la otra mujer con la que iba a casarse...

Una que era infinitamente más apropiada en su mundo.

Pero yo no quería estar sola, así que no dejé de verle aunque sabía que tendría que haberle dejado.

Ella hizo una pausa y tomó otro sorbo de vino para intentar serenarse. Pero no le sirvió de nada. Todavía le quedaba lo peor de la historia por contar.

—Seguía sorprendida por su reacción e intentando asimilar la idea de tener un bebé yo sola cuando recibí a dos visitantes inesperados.

Sus padres no querían arriesgarse a dejar nada al azar.

Y creo que llevaban años acostumbrados a limpiar los desastres de su hijo echando dinero encima para taparlos.

Me dieron dinero e intentaron fingir que era un regalo.

Pero hice que me lo contaran, les obligué a decir en voz alta para qué era.

Esperaban que me librase de Mason y que me olvidase de haber tenido jamás nada que ver con su hijo.

—Dime su nombre, Grace.

Ella sabía que no debería hacerlo, pero como ya había estado lo bastante loca para contarle hasta a Dylan hasta aquí, más de lo que jamás había pensado que le contaría a nadie, no le resultaría difícil a él sumar dos más dos igualmente.

—Richard. Richard Bentley.

Sus cejas se alzaron por la sorpresa al tiempo que su mirada ardía de evidente furia.

—¿El ex senador y su esposa te dieron dinero y te ordenaron que tú y tu bebé desaparecierais?

—Por eso me marché de Washington. No porque me pagaran para hacerlo... Ni siquiera cobré sus cheques. Sino porque no podía arriesgarme a dejarles a ellos o a Richard enterarse de que había decidido tener al bebé.

—¿Saben dónde estás?

—No. Al menos, creo que no. —Intentó contener el resto de desbordarse y salir, pero no pudo—.

Richard está teniendo problemas para concebir con su nueva esposa.

He visto un par de noticias online al respecto esta semana.

Antes de eso, estaba bastante segura de que Richard y su familia creían que yo era tan insignificante y débil que ni se molestarían en buscarme una vez me hubiese marchado de Washington.

Sobre todo porque me dijeron que si intentaba decir algo negativo contra ellos, su fundación, la cual, irónicamente, ayuda a mujeres desfavorecidas, sería con lo que la gente se quedaría.

No con una mujer que claramente se había quedado preñada a propósito para intentar amarrar a su hijo a casarse con ella y arreglarle la vida.

—Cogió aire, temblorosa—. Pero ahora que sé que Richard podría no ser capaz de engendrar con su esposa el heredero para los Bentley que todos esperaban que tuviera...

—Puedo ayudarte, Grace. Puedo manteneros a Mason y a ti a salvo de ellos.

Ella le miró con una leve sonrisa que quería indicar que apreciaba su ofrecimiento aunque le resultase imposible aceptarlo.

Dios, solo podía empezar a imaginarse el jaleo que sería eso, especialmente porque había visto por sí misma esa tarde que al menos uno de los primos de Dylan se movía en los mismos círculos que los Bentley.

La familia de Dylan había sido más que amable con ella y con Mason. No pensaba arrastrarles a su locura.

—Cuando hablaste de navegar en medio de una tormenta durante nuestra entrevista, me di cuenta de que yo ya había estado allí.

Enterarme de que estaba embarazada y darme cuenta de que tendría que ser madre soltera ha sido una de las cosas más aterradoras que he hecho jamás, pero también una de las más bonitas.

Mis padres me educaron para ser fuerte, pero nunca antes había comprobado si lo era y no sabía de lo que era capaz.

Ni lo dura que podría ser en realidad. Ahora sí lo sé, y tengo un plan para combatirles en caso de que alguna vez me haga falta.

Pero gracias por ofrecerte a ayudarnos. Honestamente, es suficiente con que accedieras a hacer este artículo conmigo. Eso ya ayuda muchísimo.

—Eres tan fuerte, Grace, joder, que cualquiera que no lo vea es un idiota rematado.

—¿Alguna vez la habían mirado antes con tal respeto y admiración—.

Pero mi hermano Rafe es detective privado.

E Ian es uno de los hombres más ricos del planeta, con lazos comerciales con prácticamente todo el mundo.

Mis hermanos pueden asegurarse de que jamás os pase nada a ti ni a Mason.

Déjame que hable con ellos. Asegurémonos del todo de que tu ex y su familia no están tramando nada.

—Él le cogió una mano—. Te prometo que se quedarán totalmente fuera del alcance de los radares. No removerán nada.

Era tan apabullante la forma en que él le estaba ofreciendo toda la ayuda que tenía a su alcance para mantenerlos a su hijo y a ella a salvo...

—Pero nosotros...