Capítulo 9 #2
—El verano.
Ella no podía recordar la última vez que se había reído tanto en una sola noche.
—¿Y después de esa? No —añadió, girándose desde los fogones—, déjame adivinar. La física. Las mates, probablemente, también. Porque esas dos cosas te ayudarían a entender la forma en que un barco se mueve y cómo está construido.
Dylan cogió a Mason y se lo sentó en el regazo.
—Tu mamá sabe cosas, niño. Lo que significa que nunca te librarás de que te pille. —Mason se estaba frotando los ojos y bostezando cuando Dylan se puso en pie con él en brazos—. Eres una escritora tremenda, Grace.
Ella estaba sirviendo los espaguetis en los platos y casi los derrama por la encimera de la sorpresa.
—¿Has leído mi trabajo?
—No me sorprende que ganases un premio por tu cobertura de ese enorme terremoto de Chile de hace unos años. Tu amor por escribir historias bien fundamentadas en investigaciones y llenas de compasión se ve en cada página.
Su sonrojo, decidió, podía explicarse porque estaba de pie junto a una cocina caliente, aunque los dos sabían que tenía mucho más que ver con cuánto significaba este cumplido para ella.
—Gracias. —Le llevó los platos a la mesa—. Puedo tenerle yo encima mientras comemos.
—Estamos bien —dijo Dylan, haciendo que pareciese que la cosa más normal del mundo era cenar con un niño de diez meses en el regazo, igual que lo había hecho la noche anterior en casa de sus padres.
—Normalmente ya estaría acostado a estas horas. Creo que estaba tan emocionado por tenerte aquí que quería exprimir hasta el último segundo de tiempo de juego contigo.
—Sé exactamente cómo se siente —dijo Dylan cuando Mason apoyó la cabeza en la curva de su hombro y cerró los ojos. Él levantó la vista de su hijo, con la mirada rápidamente cambiando del afecto por el bebé al calor distinto que ella le despertaba—. Ha sido una buena noche, ¿verdad?
—Lo ha sido. —Ella se obligó a coger su tenedor y enrollar los espaguetis en él aunque no creyera que sería capaz de comer mucho con Dylan tan cerca... Y tan masculino —. Está bien tener un amigo con quien pasar el rato.
Ella esperaba a medias que él señalara que para ese punto habían traspasado claramente la línea de ser solo amigos.
Pero Dylan, estaba averiguando, raramente hacía lo que la gente esperaba de él.
Así que después de decirle que su cena de espaguetis podría rivalizar perfectamente con la de su tía Mary, le soltó:
—Háblame de tus padres.
Ella no pudo contener la oleada de angustia que la invadió.
—Los perdí a los dos.
Él soltó el tenedor y le puso una mano sobre la suya por encima de la mesa.
—Lo siento.
—Yo también lo siento. —La calidez, la fuerza de su mano sobre la de ella, la ayudó a centrarse—.
Mi madre enfermó de cáncer de pulmón cuando yo estaba en primaria.
Nunca había fumado, pero su padre había sido un fumador empedernido durante toda su infancia.
Tanto mi padre como yo nos quedamos destrozados, pero él nunca perdió comba.
Estuvo ahí para mí cada segundo. Siempre habíamos estado unidos pero nos unimos todavía más después de la muerte de mamá.
—Le dio la vuelta a su mano para poder coger la de Dylan—.
Dos años atrás, volvía de ver un partido de béisbol cuando alguien que había estado bebiendo mucho en el mismo partido se saltó un semáforo en rojo.
Los paramédicos dijeron que había muerto en el acto y que probablemente no sintiese dolor.
—Pero ella sí lo había sentido. Un dolor que podía todavía atravesarla sin avisar—.
Le echo de menos todos los días, igual que todavía echo de menos a mi madre.
Pero nunca con más intensidad que cuando Mason hace algo nuevo, como su primera sonrisa, o incluso cuando empezó a gatear.
Mi padre, mi madre... Nunca llegarán a ver esas cosas.
Y Mason nunca llegará a conocer a sus abuelos.
Ella no se había dado cuenta de cuándo se había acercado Dylan lo suficiente para abrazarla contra él y que el bebé estuviese apoyado en uno de sus hombros y ella en el otro.
—Educaron a una mujer tremenda, Grace. Y estás haciendo un trabajo igual de estupendo con Mason.
—Se parece a mi padre. Los mismos ojos. La misma sonrisita tonta...
Mason parpadeo con una mirada soñolienta y estiró los brazos hacia ella, y ella supo que lo iba a pagar a la mañana siguiente por haberle tenido levantado tanto rato después de su hora de acostarse, pero tampoco quería que la velada con Dylan acabase.
No cuando había sido una noche perfecta de verdad.
Tan perfecta que no creía que pudiese vivir consigo misma si no explicaba precisamente por qué estaba tan empeñada en que ellos fuesen «solo amigos» después de un beso que había demostrado que podrían ser mucho más.
—Sé que acabamos de empezar a comer, pero tengo que meter a Mason en la cuna. Por favor, quédate y termina la cena. Y si no te importa quedarte un ratito más, me gustaría responderte a la pregunta que me hiciste anoche.
—Por supuesto que esperaré, Grace. Tanto como necesites. —Le dio a Mason un beso en la frente—. Buenas noches, pequeñajo. Dulces sueños.
Los ojos de Mason se abrieron titubeantes otra vez y cuando puso los morritos en forma de beso para darle a Dylan uno de buenas noches, algo que solo había hecho con ella antes de esa noche, el corazón de Grace le dio una voltereta en el pecho.
Por la mirada en el rostro de Dylan, vio que el suyo había dado una también.