Los Sullivan de Seattle (Libros 4-6) Capítulo 9
45%

Capítulo 9

CAPÍTULO NUEVE

P ara un navegante, el instinto era mucho más importante que el intelecto.

No es que los marineros no fuesen listos: todas esas largas horas en el mar en las que los vientos se negaban a cooperar hacían que resultase crucial a veces que fuesen capaces de leer cualquier cosa en la que pudiesen poner sus manos para evitar perder la cabeza.

Sencillamente era que un gran navegante comprendía que los análisis y cálculos jamás podrían ser rival para un océano hermoso y salvaje que podía fácilmente desbordarse de las más modernas consolas informáticas y los mejores radares.

Después del beso que Dylan y Grace habían compartido la noche anterior, él creía más que nunca que los instintos en los que llevaba confiando más de treinta y un años iban a conducirle en la dirección adecuada otra vez más.

Y pronto, esperaba, Grace aprendería también a volver a confiar en su propio instinto, aunque claramente había vuelto a levantar sus muros del todo después del beso de anoche.

Hacer que las cosas fuesen fáciles y relajadas durante toda la velada en el acuario sería, esperaba, el primer paso para conquistar de verdad el corazón de Grace.

Mientras odiaba que le hubiesen hecho daño y que ella sintiese que necesitaba ser tan cautelosa y precavida con él, él juró en silencio hacer todo lo que pudiera para ayudarla a entender que estaba bien arriesgarse...

Y confiar en él. Aun así, no era fácil mantener a raya el feroz impulso de echar esos muros abajo de golpe dándole otro beso.

Mason se rio cuando un grupo de peces koi nadó, veloz y resbaladizo, por debajo de sus dedos en el tanque. Llevaba media hora negándose a irse de ese sitio.

—Ya le había llevado antes a acuarios, pero nunca había respondido de este modo.

Poder tocar y alimentar a los animales de verdad hace una gran diferencia.

—Los ojos de Grace brillaban de gratitud cuando se volvió hacia él—.

Por favor, agradécele a tu amigo que accediese a dejar esto abierto hasta más tarde para que pudiésemos venir esta noche.

Entre las horas de la siesta de Mason y mis intentos de organizar mi trabajo en torno a ellas, nunca habría podido conseguirlo si no.

—Se volvió a su hijo y le dijo—: Es hora de decirles adiós a todos para que puedan cerrar.

Dylan hizo lo que pudo por no echarse a reír frente a la mirada de tozudez de Mason y su ligera inclinación de cabeza.

No había duda al respecto: el chico iba a ser un terremoto algún día.

Igual que lo fueron Dylan y sus hermanos.

En realidad, él todavía lo era, a pesar de que su madre le hubiese dicho que se lo había puesto fácil.

Ella había sido estricta en lo referente a ser amables y educados, pero en todo lo demás, siempre les había permitido ser simplemente niños.

Aunque ser salvajes y estúpidos a veces, muchas veces, había resultado en huesos magullados y raspaduras en la piel.

Se quedó impresionado por lo bien que Grace lidió con lo que podría haberse convertido en una rabieta, empezando a decirles adiós a los peces con la mano y haciendo que Mason se enfrascara tanto en imitarla que se olvidó de que no quería marcharse.

En cuanto se apartaron del tanque, Mason estiró los brazos hacia Dylan. Pero en vez de pasárselo, Grace le dio a su hijo un beso en la frente y dijo:

—Ya te ha estado llevando casi toda la noche. Puedes quedarte conmigo un ratito.

—Estoy encantado de cogerlo, Grace.

—Sé que lo estás, pero... —Ella arrugó la nariz, con un gesto tan mono como el que siempre tenía su hijo—.

Hemos estado solos los dos durante tanto tiempo que supongo que todavía no estoy segura de cómo me siento al verle tan cómodo en los brazos de otra persona.

Lo cual no es justo, en realidad, cuando veo lo mucho que le gusta estar cerca de otro tío.

—Es obvio que tú eres la persona más importante del mundo para él. Pero si alguna vez quieres apoyarte en alguien durante un rato, aquí estoy.

Él vio que ella quería preguntarle por qué estaba claramente tan implicado...

Especialmente ya que hacer preguntas importantes era un motivo fundamental para haber elegido la carrera de periodismo.

Al mismo tiempo, no era difícil adivinar que la razón para no hacerlo era porque no estaba lista todavía para oír su respuesta.

—He visto lo genial que eres con Mason —le dijo, por contra—, pero también eres todo un artista con otros muchos niños pequeños.

No todos los niños del acuario habían estado tan emocionados por estar allí como Mason. De hecho, a Dylan todavía le pitaba la oreja izquierda por los chillidos agudísimos de una pequeña.

—Me gustan los críos. Aunque esa de antes me haya hecho un agujero en el tímpano.

Grace se rio.

—Doy cada día gracias a Dios de que Mason sea tan fácil de llevar. Tu madre me dijo que tú también lo eras.

Él levantó las cejas.

—¿Qué más te contó?

—No tuvimos ocasión de hablar mucho rato. Aunque ojalá lo hubiésemos tenido, porque me habría gustado saber más sobre tu infancia.

Él disfrutó viendo su piel sonrojarse al admitir desear saber más sobre él, y tuvo que obligarse a contener a la fuerza el impulso de estirar la mano y acariciar esa suavidad. Sobre todo cuando sus ojos se encontraron y vio que ella estaba pensando exactamente lo mismo.

Grace se había recordado a sí misma una docena de veces que el beso de anoche con Dylan había sido una aberración, que solo sucedería una vez.

No podía repetirlo, no podía ceder a la tentación de empezar algo con él que fuese más allá de su artículo para la revista y de, tal vez, hacerse amigos.

Pero eso había sido antes de volver a verle con Mason.

Los dos habían estado absolutamente adorables juntos toda la noche, y más de una mujer la había mirado a ella con envidia al ver a Dylan y Mason jugando juntos.

Habría sido tan fácil permitirse fingir que eran una familia de verdad, que Mason tenía un padre que le quería...

Pero Grace era demasiado lista para eso, sabía que ceder a esa clase de fantasías solo haría que fuese más duro cuando volvieran a ser solo los dos de nuevo.

Aun así, no le resultaba fácil para nada mantener sus muros levantados durante una de las más fantásticas noches fuera de casa en muchísimo tiempo.

—Estaba pensando que podíamos ir a comer algo por aquí cerca —dijo Dylan—, pero probablemente Mason vaya a caer pronto, ¿verdad?

Su hijo no estaba dando ninguna indicación de estar cansado en absoluto...

De hecho, justo lo contrario, porque estar con Dylan le había puesto más animado y con los ojos más brillantes que nunca...

Pero Grace sabía de primera mano lo rápido que las sonrisas podían tornarse lágrimas cuando Mason estaba demasiado cansado.

Estaba claro que Dylan tenía un sexto sentido para los niños.

Y para las mujeres, también, dado lo bien que lo había hecho con ella esa noche.

No había intentado besarla, no había intentado presionarla en modo alguno para hacerla sentir que se trataba de una cita.

Y con nada contra lo que luchar, ella había acabado por relajarse cada vez más según avanzaba la tarde.

En ese momento, sus muros casi habían caído del todo.

Que era precisamente por lo cual ella sabía que debería tomárselo con calma y terminar ahí la velada.

Todos se habían divertido, y si Mason y ella se dirigían ahora a casa después de su perfectamente amistosa excursión al acuario, no habría ocasión para otro beso como el que Dylan y ella se habían dado la noche anterior.

Pero cuando abrió la boca para agradecerle la gran excursión y darle las buenas noches, , lo que salió de ella en vez de eso fue:

—Podría cocinar algo en mi casa.

Tanto Dylan como Mason sonrieron, ya como dos gotas de agua.

—Suena bien —dijo Dylan, chocando los cinco contra la manita de su hijo.

Lo primero que hizo Grace al volver a su apartamento fue abrir una botella de vino y servir una copa para cada uno. Antes de que Dylan pudiese darle un sorbo, Mason se acercó gateando con un coche de juguete en cada mano y tiró de la pernera de su pantalón.

—¿Quieres hacer una carrera? Iba a ayudar a tu mami con la cena, pero si necesitas un compi de juegos...

Ella se echó a reír, adivinando enseguida que a Dylan no se le daba demasiado bien la cocina.

—Voy a hacer la cena más fácil y rápida de la historia así que no necesito ayuda. Vete a jugar. Espero que te gusten los espaguetis y la ensalada.

—Me encantan. —Bajó la vista y le sonrió a su hijo—. Y también me encantan los coches de carreras.

Cuando él fue a sentarse en medio de la alfombra del salón donde Mason hacía que los coches chocaran entre sí alegremente, a ella le impactó lo fácil que era esto.

La única vez en que le había hecho la cena a su ex, desesperada por no decepcionarle, se había pasado días planificando el menú y luego horas en la noche en cuestión preparándolo todo.

E incluso con todo eso, a ella le había parecido que él no estaba particularmente impresionado, sobre todo porque los chefs con estrellas Michelin eran lo habitual para él.

Además, había estado mucho más interesado en acostarse con ella que en que cenaran juntos.

Sin embargo, esta noche era realmente agradable tener compañía mientras trabajaba en la cocina, escuchando a Mason y a Dylan haciendo correr los coches de juguete por el suelo del salón.

Cuando Mason gateó para ir a buscar más coches que compartir con su nuevo mejor amigo, Dylan le preguntó:

—¿Cuándo decidiste ser escritora?

—A decir verdad, no creo que nunca intentase ser ninguna otra cosa. Siempre me había encantado leer cualquier cosa a la que pudiese echarle el guante, y lengua y literatura era mi asignatura favorita en el cole.

—Probablemente entregases tus fichas de resúmenes de libros antes de la fecha límite, ¿verdad?

—Lo sé, era una cría rarita —dijo ella con una carcajada— ¿Y que hay ti? ¿Cuál era tu asignatura favorita?