Capítulo 8 #2
—Mayor motivo para que lo vayamos a disfrutar atando el lazo cuando por fin suceda. ¿Tienes a alguien en mente que pudiese ser capaz de retorcerle como a un pretzel ?
Su madre hizo un sonido de estarlo considerando.
—En realidad, ahora que lo mencionas, puede que sí. Necesito hacer una llamadita rápida a Rafe y a Brooke.
—Tienes un as en la manga, ¿verdad?
—Como siempre —dijo ella, riendo—. Pásatelo muy bien con Grace y Mason esta noche, cielo.
—Lo haré. —No tenía absolutamente ninguna duda de eso. Igual que sabía que a pesar de lo que Grace intentaba contarse a sí misma sobre que el beso de anoche era el único que se darían, había decididamente más besos incluidos en el menú de esta noche.
A Grace siempre le había resultado fácil escribir.
Le habían encantado sus clases de lengua en el instituto y la universidad.
Mientras otros estudiantes habían estado lloriqueando por tener que escribir sus ensayos, ella se había centrado en afinar los suyos hasta que tuviesen una melodía que cantase.
Escribir para un periódico había sido intenso, con plazos de entrega ajustados que no dejaban espacio para el error, pero también había disfrutado al enfrentarse, y superar, esos retos.
Una vez que se había vuelto freelance y que esa vía laboral también le había ido bien, había asumido que todo sería siempre un camino que disfrutar entre la idea y el artículo terminado.
El bloqueo del escritor era algo que nunca había sido capaz de entender, sobre todo cuando las palabras siempre fluían y el proceso de llevarlas al papel era uno del que disfrutaba tanto.
Hasta que se quedó embarazada.
De entre todas las publicaciones para las que había escrito, y de todos los temas que había cubierto, asombrosamente, el embarazo nunca había estado en la lista.
Lo que significaba que la niebla mental causada por las hormonas rápidamente cambiantes del primer trimestre la golpeó sin absolutamente ningún aviso previo.
Tampoco fue de ayuda, por supuesto, que la hubiesen dejado y que la familia de su ex hubiese intentado pagarle para que callase al mismo tiempo.
Las palabras que siempre habían estado ahí dispuestas a que las cosechara de repente se hicieron mucho más difíciles de encontrar.
Pero ella tenía entregas continuas para todas las revistas y periódicos que seguían aceptando sus propuestas de artículos, así que continuó arrastrándose lentamente y escribiendo, día tras día.
Mason no había sido un bebé difícil, gracias a Dios, pero sin el dinero extra necesario para pagar a alguien que le ayudara con él, ella había estado ajustando su tiempo de escritura al de las siestas de él durante los últimos diez meses.
Unas siestas que estaban, notó mientras oía a su peque llevando una alegre conversación en el idioma de los bebés con su jirafa de peluche en su cuna, haciéndose cada vez más breves.
Mason no quería desperdiciar su tiempo durmiendo.
Quería estar por ahí, explorando y jugando.
Ella calculó que probablemente le quedasen otros quince minutos para darle una pasada final a su artículo sobre liquidar tu hipoteca con antelación antes de que Mason insistiera en que fuese a sacarlo de su cuna.
Así que estaba encantadísima porque para cuando acabó su última revisión, las palabras habían empezado a salirle un poco más deprisa.
Esa misma semana, había estado sufriendo para componer este texto y que se leyese como el artículo divertido y enérgico que le había prometido al editor de la revista.
Sin embargo, hoy, por primera vez en año y medio, en vez de sentir como si estuviese tirando y empujando de las palabras, sencillamente había estado intentando escribirlas tan rápido como aparecían en su mente.
Esperaba que hoy fuese el principio de una larga racha de días buenos de escritura fluida.
Pero, ¿su escritura por fin había empezado a funcionar debido solo a que el simple paso del tiempo le había devuelto su don innato?
¿O sus jugos volvían a fluir de nuevo por la gran velada y el beso alucinante que había compartido ayer con Dylan Sullivan?
Un rato atrás, antes de que Mason se hubiese acostado para su siesta de la tarde, había estado haciendo multitarea, jugando con su hijo y transcribiendo la entrevista mientras él estaba felizmente absorto con uno de sus juguetes.
Al escuchar la voz de Dylan, Mason había levantado la vista con una amplia sonrisa antes de gatear por todo su pequeño apartamento para buscar al hombre que claramente se había convertido en una de sus personas favoritas.
Cuando no pudo encontrarlo y se había empezado a disgustar, ella le había distraído con unos Cheerios y luego decidió esperar a que se fuese a echar la siesta para terminar de transcribir para que no estuviese tan confundido sobre por qué su nuevo amigo se estaba escondiendo de él.
Algunos escritores odiaban tanto el proceso de transcribir que contrataban a empresas para que hiciesen el trabajo por ellos.
Pero a Grace le encantaba tener la ocasión de fijarse en cosas que no había notado durante la entrevista en sí, desde un ligero matiz en la voz de su entrevistado a algún detalle importante.
En este caso en particular, porque había estado ligeramente distraída en casa de los padres de Dylan esperando que Mason se estuviese portando bien con Claudia...
Y también por lo difícil que le había resultado ignorar sus hormonas estando cerca de Dylan. Más que difícil, en realidad.
Casi imposible.
Grace intentó no fustigarse demasiado por eso, tampoco.
No cuando estaba segura de que hasta la más curtida de las periodistas se ablandaría con él.
No solo por su atractivo y su encanto despreocupado, sino porque sus respuestas eran inteligentes y profundas.
Por mucho que amase el mar y sus barcos, él no dijo que navegar a vela fuese algo perfecto.
Por el contrario, fue honesto sobre los peligros y sobre el hecho de que podía resultar tanto aterrador como solitario.
Sería mucho más fácil proteger su corazón contra Dylan si solo fuese un hombre guapo que resultaba además besar genial.
Sin embargo, él era sorprendentemente equilibrado a pesar del hecho de que podría haber tenido al mundo en sus manos si hubiese querido.
Medallas olímpicas. Campeonatos de la Copa del Mundo. Y las mujeres más hermosas del planeta.
De algún modo, ella necesitaba evitar hacer nada estúpido esta noche.
Su único y sensual beso de anoche había ya había hecho que fuese bastante duro mantener la paz mental.
Especialmente ahora que sabía seguro lo peligrosa que era la energía sensual que bullía por debajo de la superficie de las sonrisas relajadas de Dylan y...
Lo que era peor, cómo cada parte de ella quería averiguar lo excitante y explosivo que sería cuando perdiese el control.
La conversación de Mason con su jirafa estaba subiendo de volumen cuando ella se obligó a poner en vereda sus pensamientos clasificados X.
Estaba a punto de cerrar la pantalla del ordenador cuando una foto de la página de noticias que había aparecido cuando abrió el correo para mandar el artículo de las hipotecas al editor le llamó la atención.
Se le hizo un nudo en el estómago al ver la foto de su ex, la mujer con la que se había casado hacía un año y los Bentley más mayores en una cena en la Casa Blanca.
Estaban igual que un año y medio antes, sin sombra alguna de culpabilidad manchando sus sonrisas perfectas.
Nadie que mirase esta foto sería capaz de creer que le habían dado dinero para que se librase de su bebé.
Por otra parte, el pie de la foto mencionaba los problemas de su ex con la infertilidad, algo que se había filtrado a la prensa por una fuente no nombrada y «cercana a la familia».
Volvió a hacérsele un nudo en el estómago por el miedo...
Puede que Mason hubiese nacido fuera del matrimonio pero a falta de algún hijo legítimo, ¡era el único aspirante a heredar el trono de los Bentley y su espacio en la lista Fortune 500 !
Gracias a Dios que Dylan había aceptado a que ella escribiese ese artículo sobre él para poder ahorrar más dinero para su fondo de defensa legal de por si acaso.
Nunca dejaría que esa familia le arrebatase a su hijo. Ni en un millón de años.
Unos instantes después, una nueva foto apareció en pantalla y Grace se quedó asombrada de nuevo, no por otra imagen de su ex, sino por una de Smith Sullivan y su hermosa prometida, Valentina. Según el texto de debajo de la foto, ellos también asistieron a la cena en Washington D.C.
¿Serían muy cercanos su ex y el primo de Dylan? ¿Cuánto? ¿Se habrían sentado a la misma mesa? ¿Serían amigos? ¿Harían negocios juntos?
No podría haberse encontrado con ningún recordatorio más perfecto ni potente de lo loca que estaría si permitiese que un solo beso de Dylan la hiciese flotar. Había jurado no olvidar nunca mantener las murallas levantadas y mira lo rápido que las estaba dejando caer.
Pero había más que eso. ¿Qué querría un Sullivan de una madre soltera prácticamente arruinada?
Un año y medio atrás, no había querido sentarse y examinar lo que Richard quería de ella, cuál era su motivación.
Solo había deseado que la alejaran de todo, especialmente del dolor de perder a su padre.
Ahora, sabía que no solo necesitaba ser más cuidadosa, sino también más lista, en vez de dejarse llevar de nuevo por la fantasía.
Especialmente cuando era probable que la fantasía se largase navegando a tierras lejanas en cualquier momento.
Después de cerrar el portátil, se esforzó por quitarse de encima su mal humor mientras se acercaba al dormitorio. Al oír sus pasos, Mason sonrió y estiró los brazos para que le cogiera.
Su niño era lo más importante del mundo para ella, y nada, ni siquiera el beso más sexy de Dylan Sullivan, iba a cambiar eso.