Capítulo 7 #3
—No, no pasa nada con el artículo. Marcharme así, como si tú no fueses para mí nada más que una simple periodista, eso es lo que no está bien.
—Le agarró la mano, y ese simple contacto le transmitió un calor que la abrasó por todo el cuerpo—.
He estado intentando con todas mis fuerzas mantenerme frío esta noche, para no asustarte siendo demasiado directo.
Pero lo único que he conseguido es acabar sintiéndome como un mentiroso.
Y no puedo aceptar la idea de mentirte, Grace.
—Le acarició la palma de la mano con el pulgar, haciéndola estremecerse a pesar del calor que la empapaba—.
Así que esta es la verdad: he deseado besarte desde el primer momento en que he puesto los ojos en ti, y cada instante que pasamos juntos me hace desearlo más.
Pero maldita sea, no haré nada que pueda hacerte daño, sabiendo que alguien ya lo ha hecho.
Así que si no quieres que te bese, y si he interpretado mal algo de lo que ha pasado desde el martes, cuando ya pude haber jurado que conectábamos, dímelo ahora...
Y me obligaré a marcharme sin saber si tu boca sabe tan bien como parece.
Sus caricias, su atractivo físico, e incluso su intensa atracción por él habrían sido suficientes para hacerla saltar al abismo.
Pero cuando él le dijo que no le robaría un beso que pudiese hacerle daño...
Entonces fue cuando sus defensas se desplomaron hasta el suelo.
Sobre todo porque seguía flotando por la hermosa boda de casa de sus padres.
Él lo estaba convirtiendo en su elección. No una que surgiera de la culpa. Ni porque ella sintiese que le debía un beso después de la velada que habían compartido. Sino solo porque ella también quería conocer su sabor.
Un beso con Dylan no tenía que significar amor eterno. Ni siquiera tenía por qué ser ninguna promesa de nada más. Y tal vez si se besaban ahora, eso les impidiera sacar las cosas de quicio de forma desproporcionada durante el resto de su entrevista.
Así que en vez de agarrar su bolso, le agarró a él.
Deslizó sus manos por sus oscuros cabellos y acercó su boca a la suya, derramando en ese beso todo su deseo y necesidad contenidos, y su maravilla ante la belleza de la boda en la que había participado esa noche.
Durante unos preciosos instantes se dejó llevar por la locura, cedió al deseo más dulce y salvaje que había conocido, mordisqueándole el labio inferior con los dientes y luego encontrándose con su lengua y contactando con la resbaladiza humedad de la suya.
Él se acercó lo bastante para que ella pudiera sentir su calor y su fuerza por toda la parte frontal de su cuerpo.
Ella se bebió su gemido, respiró su limpio aroma masculino, se regodeó en sus duros músculos apretados contra ella.
Le dio vueltas la cabeza al notar su sabor, su sangre se caldeó por el deseo y su pecho se atenazó por un ansia desesperada.
Quería más, tanto más que se había quedado anonada de cuánto le deseaba y solo por unos instantes más, no fue capaz de evitar llevar su beso a un nivel más profundo mientras su garganta exhalaba un ronroneo grave de placer.
Cuando consiguió recuperar la compostura y apartarse, ambos estaban jadeando.
Ella nunca había visto unos ojos tan oscuros y cargados de deseo.
Unos ojos que la vigilaban tan cuidadosamente, como si tuviesen miedo de que ella fuera a salir corriendo.
Pero después de todo lo que había pasado en los dos últimos años, ella decidió que iba a regalarse a sí misma este único beso perfecto. Y no pensaba lamentarlo.
Aunque nunca pudiese haber un segundo.
Desesperada por no hacer de esto algo trascendente, intentó bromear:
—Si navegas tan bien como besas, no es raro que seas una leyenda de los mares.
Él tenía todavía las manos sobre sus caderas al decir.
—Pronto lo averiguarás.
—¿Quieres llevarme a navegar? La idea la emocionó y la preocupó en igual medida.
Sabía que él tenía razón, que debería experimentar por si misma estar con él en uno de sus barcos.
Por desgracia, algo le decía que iba a ser muy, muy difícil guardar sus secretos, y los de Mason, estando a solas en el océano con Dylan.
—No puedes escribir este artículo sin navegar conmigo al menos una vez.
—Una vez entienda algo más sobre lo que haces y sobre tus barcos, saldré a navegar contigo. Pero probablemente sea mejor que eso suceda como nuestra entrevista final. —Así tendría bastante tiempo para prepararse contra los poderes del confesionario de la cabina del barco.
—¿De verdad eso sería lo mejor? —preguntó él—. ¿Esperar tanto?
Ella sabía que él no estaba hablando ya solo de navegar, aun cuando le dijo:
—De verdad, creo que sí. —Lo más fácil habría sido acercarse y darle otro beso. Fácil y oh, tan bueno... Pero ella había dejado de ser capaz de coger el camino fácil hacía un año y medio—. Buenas noches, Dylan.
Sus manos se tensaron sobre sus caderas durante una fracción de segundo, enviando escalofríos por todo su cuerpo antes de soltarla por fin.
—Buenas noches.
Y lo más loco de todo era que, a pesar de saber que necesitaba mantener su corazón atado corto con firmeza, no era capaz de recordar haber pasado nunca una noche mejor.