Los Sullivan de Seattle (Libros 4-6) Capítulo 7 #2
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Capítulo 7 #2

En menos de sesenta segundos, Dylan se había transformado de alguien despreocupado a alguien totalmente decidido.

Ella tendría que haberlo visto venir, debería haberse dado cuenta de que alguien capaz de pilotar un velero de doce metros de eslora por mares peligrosos e impredecibles tendría más determinación en su dedo meñique de la que la mayoría de la gente sería capaz incluso de entender.

Y en ese momento, se dio cuenta de que eso era precisamente lo que era Dylan. Peligroso. Porque, por dulce que fuese con Mason, con ella, con su familia... También era increíblemente, sorprendentemente peligroso para su paz mental. Para su futuro.

El martes, cuando se conocieron en su taller y luego esta noche, cuando la había venido a buscar, ella creía que había sentido deseo por él. Pero eso no era nada comparado con lo mucho que le deseaba, le necesitaba, ahora. A pesar de un pasado que le había enseñado a ser más lista.

Estaba tan azorada que lo primero que le vino a la mente fue:

—Si pasamos demasiado tiempo juntos, es posible que yo no pueda seguir siendo objetiva sobre mi artículo.

—No estoy seguro de lo objetiva que tienes que ser sobre un tío al que le gustan los barcos y salir a navegar. —Su mirada iba demasiado profundo, veía demasiado. Pero ella todavía no podía apartar los ojos—. Esa no es la razón por la que crees que debes mantener la distancia, ¿verdad?

Durante toda la tarde, ella le había pedido que le contase la verdad sobre su vida, sobre su amor por la navegación. Y después de ser testigo de su amor honesto por su familia de primera mano, ¿cómo podría ella mentirle ahora?

—No, ese no es el motivo real.

—Algún día —le dijo él con voz dulce, después de que el silencio se hubiese instalado entre ellos durante unos largos instantes—, espero que confíes en mí lo suficiente para decirme cuál es.

Ella no había hablado con nadie sobre lo que había ocurrido, no había querido que sus viejos amigos supieran lo idiota que había sido al caer y creerse unas promesas que su ex ni siquiera le había hecho nunca.

Tampoco había querido que nadie supiese quién era el padre de su hijo, por si acaso los Bentley decidían que querían a Mason después de todo.

Había sido más fácil desaparecer sin más al día siguiente de que le diesen los cheques.

Cruzar el país, viendo todos los sitios que ella y sus padres siempre habían hablado de visitar algún día, antes de por fin instalarse en Seattle cuando la costa le había llamado.

Y aun así, aunque no debería sentirse como si conociese a Dylan lo bastante bien, todo lo que había vivido durante el año y medio anterior quería de repente que lo dejase salir.

—¿La hora normal de irse a dormir Mason son las ocho? —Cuando ella asintió, él dijo—: Entonces, ¿qué tal si os recojo a las cinco para que tengamos un buen par de horas para disfrutar en el acuario antes de que tenga demasiado sueño para hacerlo?

—¿Es que no has oído lo que acabo de decir? No puedo salir contigo.

—No será una cita. Solo tres amigos pasando el rato juntos.

Ella sabía que debería decir que no, pero ahora que había sido totalmente clara con Dylan sobre que no iban a iniciar nada romántico, ¿qué daño haría en realidad pasar un par de horas juntos en un acuario?

Sobre todo cuando sabía lo mucho que Mason se divertiría con las criaturas marinas y con Dylan.

Por supuesto, aun cuando lo estaba racionalizando, el deseo resonaba en su interior, llamándola mentirosa. Solo admite que quieres estar con él, que deseas su boca, sus manos, sobre tu cuerpo. Que te has pasado la noche preguntándote cómo sería besarle.

—¿No cierra el acuario a las cinco?

Su sonrisa le indicó lo encantado que estaba de estar a punto de conseguir lo que quería, aunque ella todavía no le había dicho que sí del todo.

—Haré un trato con mi colega: sacarle a navegar si nos lo deja abierto un par de horas para nosotros.

Con eso, cogió las dos tazas, las llevó al fregadero y las lavó. Era un hombre que claramente había sido educado para no esperar que nadie le sirviera. Ella se puso en pie también, esperando que no fuese a ser raro cuando se dieran las buenas noches.

—Gracias por una entrevista realmente estupenda y por presentarme a tu familia. Me lo he pasado bien de verdad esta noche.

—Yo también, amiga —dijo él mientras se dirigía hacia la puerta—. Nos vemos mañana por la noche.

Otro hombre podría haberla presionado para ser algo más, pero Dylan la había hecho reír al usar la palabra amiga .

—Debías de ser un terremoto de pequeño, —dijo ella—, ¿verdad?

Al pie de las escaleras, él también se echó a reír.

—¿Por qué crees que mis padres estaban siempre tan contentos de verme salir a navegar?

Al volverse y cerrar la puerta a sus espaldas, Grace sabía que no tenía derecho a sentirse decepcionada porque él se hubiese marchado sin intentar robarle un beso siquiera.

Sencillamente estaba haciendo lo que ella le había pedido que hiciera: tratarla como a una amiga en vez de como a una novia potencial.

Pero ella apena había deslizado el cerrojo cuando escuchó unos pasos y luego alguien llamando a la puerta.

—Has vuelto. —Le miró a los ojos, de un castaño más profundo y oscuro de lo normal, y todas las mariposas regresaron.

Él llevaba en la mano su bolso con la libreta y la grabadora.

—Te lo olvidaste en mi coche.

—Oh. —Su tono era triste, cargado con una decepción que era incapaz de averiguar cómo contener—. Gracias. Sin esto, mañana habría tenido problemas.

—Para mí esto tampoco está bien —dijo él con voz suave.

¿Qué no está bien?

—¿No quieres trabajar conmigo en este artículo?