Capítulo 7
CAPÍTULO SIETE
U n par de horas después, los dos estaban llevando a Mason y a todas sus cosas escaleras arriba hacia su apartamento.
Antes, Grace había planeado darle un simple gracias y buenas noches a Dylan al final de la velada.
Pero después de lo que acababan de compartir, una velada llena de amor, familia y promesas eternas, nada parecía ya estar tan claro para ella.
Nada salvo el hecho de que no estaba preparada para que la noche acabase.
—Si no te importa esperar a que acueste a Mason, me encantaría prepararte un café.
—Suena bien. —Él pasó ligeramente su mano por la cabeza de su hijo—. Buenas noches, amiguito.
Ella metió a Mason en el dormitorio que ambos compartían, le puso un pañal limpio y le vistió con un pijama azul cielo.
Cuando le susurró: «Dulces sueños, cariño», él finalmente se despertó lo suficiente como para volver su boca hacia la de ella para un beso húmedo.
Su corazón se desbordó de amor al besarle.
Luego lo metió en su cunita con su jirafa de peluche favorita en la mano, y la manta cubriéndole el culete que él inmediatamente destapó cuando se volvió boca abajo.
Sabiendo que no podía volver a salir ahí con Dylan sintiéndose tan sensible, tan vulnerable, se metió en el baño del dormitorio para cepillarse el pelo y echarse agua fría en la cara.
Por desgracia, la mujer que le devolvió la mirada no se parecía en nada a una periodista profesional.
Por el contrario, con esos ojos tan brillantes y esa piel tan sonrosada, se parecía muchísimo más a una mujer que se estaba enamorando hasta las trancas del guapísimo hombre de su salón.
Se dio a sí misma una sacudida mental y física. No podía hacer eso. No lo haría. No cuando había un niñito durmiendo a unos metros que dependía de que ella le protegiera. Ya se había acabado lo de cometer errores con hombres guapos y ricos.
Grace siempre había confiado en su instinto. Al menos, hasta que se enamoró de Richard. Después de que las cosas saliesen tan horriblemente mal con él, había estado manteniendo los escudos en alto, para protegerse tanto a sí misma como para proteger a su hijo.
Nunca había sido capaz de olvidar lo que los padres de Richard le habían dicho cuando la visitaron por sorpresa el día después de que ella le contase a él lo de su embarazo: Nuestro hijo siente debilidad por mujeres poco apropiadas como tú, por desgracia.
Pero este error temporal no puede convertirse en una mancha permanente para nuestra familia.
Ella se había quedado anonadada cuando el estimado ex senador y su esposa le habían entregado dos cheques certificados salidos de una cuenta sin identificar.
Uno para el aborto... Y el otro como pago por su silencio.
Ese mismo día, ella había empezado a planear su mudanza, a la ciudad lo más alejada posible de Washington D.C.
Pero por ricos y poderosos que fuesen los Bentley, Grace estaba bastante segura de que los Sullivan lo eran todavía más. ¿Sería capaz alguno de ellos de lidiar con los «accidentes» de esta forma? ¿Pagando para que desaparecieran y enterrándolos?
No podía imaginárselos haciendo eso, su cabeza no podía imaginarse que ninguno de los hombres y mujeres que había conocido esa noche fuesen capaces de algo tan terrible.
Por otra parte, ¿cómo podía saberlo con seguridad?
Después de todo, acababa de conocerlos. ¿Y no la había engañado Richard también?
Una renovada cautela la invadió lentamente otra vez, y decidió que era bueno que Dylan siguiese allí. De esa forma, podría dejar perfectamente claro antes de que se fuera que ellos dos jamás irían más allá del artículo que estaba escribiendo.
Porque aunque Dylan y su familia fuesen tan buenos, honestos y amables como le habían parecido esa noche, la verdad es que eso solo haría que las cosas fuesen más difíciles.
Tal vez si Dylan hubiese sido como su hermano arquitecto o su hermana agente inmobiliaria, cuyas vidas consistían en plantar raíces permanentes, esa fantasía habría tenido alguna oportunidad de hacerse realidad.
Pero si había algo que ella había averiguado durante su entrevista de dos horas en el porche trasero de sus padres era que el hombre que ahora estaba al otro lado de la puerta de su dormitorio estaba destinado a largarse en su barco a cualquier sitio al que le llevase el viento, en cuanto este empezase a soplar.
En otra época, habría sido capaz de creer en amores eternos de fantasía e irse con él.
Pero ahora no podía hacer eso. Construir un hogar seguro y lleno de amor para Mason era su máxima prioridad.
Se miró al espejo y vio que el brillo de su cara se había desvanecido. En su lugar había ahora aceptación... Y la determinación de no dejarse arrastrar por la atracción o el romance.
—Disculpa que haya tardado tanto —le dijo al volver al salón—. Necesitaba cambiar a Mason antes de meterlo en la cama. —Sin mencionar el rato que le había llevado recobrar su buen juicio.
—Me ha dado tiempo para admirar tus fotos.
Dylan estaba de pie delante de una del día en el que nació Mason.
Tres kilos doscientos, envuelto en las tirantes mantas del hospital, con la carita roja y sin pelo.
Grace todavía recordaba lo sobrecogida que se había sentido ante esa vida que había creado...
Y lo aterrorizada que estaba por la idea de llevárselo a casa sola.
—Fue el mejor día de mi vida.
—Apuesto que sí. —Ahora podía sentir los ojos de Dylan clavados en ella en vez de en la foto—. Los dos le habéis encantado a toda mi familia. Como yo sabía que sería el caso.
—Tu familia es fabulosa —dijo ella, acercándose a su pequeña cocina para poner la cafetera—. Mason ha estado en el cielo jugando con todos. Y han sido todos tan amables... Hasta cuando casi arruina la boda de tu hermana.
—Ni se ha acercado a arruinar nada de nada. Confía en mí, Mia hablaba en serio cuando ha dicho que era su boda perfecta.
Grace sabía que tenía que ponerse seria con Dylan, pero había algo que tenía que decirle primero.
—Esta noche ha sido asombrosa. La boda de Mia y Ford ha sido la más bonita a la que he asistido nunca. Son tan perfectos el uno para el otro... Y el hecho de que tu hermano Ian la haya oficiado ha hecho que todo fuese incluso mejor.
—Mia siempre ha tenido tendencia a hacer las cosas a su manera. —Ella percibió lo mucho que quería a su hermana en su tono de voz, ver el afecto obvio en sus ojos—. Yo diría que la boda de esta noche era exactamente la adecuada para ella y para Ford.
—Ha sido preciosa . ¿De verdad tú no sabías nada de ello?
—Pues no, nada. Ian y Mia siempre han estado especialmente unidos, así que no es ninguna sorpresa que hayan organizado esto. Ya sabían lo mucho que les gustaría a mis padres, también. Mucho más que tener que pelearse con cientos de desconocidos y paparazis por todas partes.
Hasta esa noche, Mia nunca había comprendido de verdad la presión a la que alguien como Ford podría tener que enfrentarse.
Obviamente, ninguno de los Sullivan se quejaba por su buena fortuna, pero en definitiva eso añadía otro motivo más de por qué Dylan querría mantenerse apartado de la prensa.
Esperaba sinceramente que el artículo que ella estaba escribiendo no acabase abriendo la caja de los truenos para él.
—A tus padres les encantó de verdad —dio Grace con una sonrisa al tiempo que le pasaba a Dylan una taza—.
Todos estaban tan felices que al final Mason no pudo resistirse a vitorear.
—Y ella no se había podido resistir a acercarse a los brazos de Dylan para abrazarle y formar parte de la alegría que la rodeaba.
Al recordar lo cálida y lo bien que se había sentido al estar entre sus brazos le impactó darse cuenta de que toda esta charla sobre la boda la había hecho meterse todavía más en el terreno de lo personal.
Sabiendo que debía reforzar una vez más sus barreras profesionales, se hizo regresar de vuelta al motivo real por el cual Dylan y ella estaban pasando tiempo juntos.
—Espero que no te preocupases cuando le dije a tu familia que un artículo como este a menudo precisa de más de una entrevista en profundidad para que yo pueda reunir toda la información que necesito. No te robaré demasiado tiempo, sin embargo.
—Lo que necesites, tú dímelo y ya está —dijo él con una de sus sonrisas fáciles, la personificación del marinero despreocupado—. ¿Estás libre mañana?
Sorprendida porque él estuviese emocionado por avanzar por el artículo, ella dijo:
—Tengo que transcribir la grabación de nuestra entrevista antes de poder hacerte alguna pregunta inteligente durante la segunda ronda. Probablemente el lunes sería mejor.
—El lunes está bien para la entrevista, pero mañana por la noche me gustaría llevaros a Mason y a ti a un acuario para niños, el dueño es amigo mío.
Por lo que sé de tu peque y de la curiosidad que siente por todo, estoy bastante seguro de que le dará un gran subidón meter las manos en los tanques de agua para tocar a las criaturas marinas.
—No podemos —Esas dos palabras fueron de las más duras que ella había dicho jamás, cuando sabía que no solo le encantaría a Mason jugar en el acuario, sino que ir con Dylan sería incluso más especial para él.
—¿Y qué tal el domingo, entonces?
—No, no es eso lo que quiero decir. —Su apartamento se quedaba pequeño para contener las chispas que estaban saltando entre ambos, a pesar de sus determinados esfuerzos por extinguirlas—.
Ambos lo hemos pasado genial contigo esta noche, pero de ahora en adelante creo que solo deberíamos vernos cuando estemos trabajando en el artículo.
—Me dijiste que no estabas casada y que tampoco hay ningún novio.
—No lo hay.
—Tú, yo, Mason... Nos estamos llevando bastante bien, ¿no crees?
—Sí, pero ese no es el tema.
—Entonces dime cuál es el tema, Grace. Dime por qué no me dejarías llevaros a Mason y a ti a pasar un buen rato mañana por la noche después de que ambos hayamos terminado con el trabajo del día.