Los Sullivan de Seattle (Libros 4-6) Capítulo 6
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Capítulo 6

CAPÍTULO SEIS

— C omo esta noche habéis venido todos —dijo Mia cuando se hubieron terminado por fin su ración—, Ford y yo queríamos hablar con vosotros de algo a lo que llevamos tiempo dándole muchas vueltas.

—Por favor, no me digas que tiene algo que ver con bodas —le rogó Adam, con aire de estar contra la pared—. Juro que es lo único de lo que habláis todos últimamente.

—De hecho —dijo ella con una amplia sonrisa—, de nuestra boda es exactamente de lo que queríamos hablaros. —Ian y Mia intercambiaron una mirada que a Grace le pareció un código secreto y silencioso entre hermano y hermana.

Mientras tanto, Adam informó a Dylan:

—Ya solo quedamos nosotros dos. —Un instante después, sin embargo, cuando su mirada se paseó rápidamente por Grace y Mason, meneó la cabeza. Luego cogió su cerveza y le dio un largo trago.

—Como la mayoría de vosotros ya sabéis, —prosiguió Mia—, llevo planeando mi boda desde que era una cría.

—Cuando Adam volvió a gemir, su hermana le dio un puñetazo en el hombro—.

Siempre me había parecido que cuando más grande mejor, probablemente en algún lugar exótico con una fiesta de una semana en una isla.

Pero ahora... —Mia hizo una pausa cuando Ford entrelazó sus dedos con los de ella y se los llevó a los labios mientras ambos compartían una mirada tan llena de amor que Grace pudo sentirlo en el centro de su propio pecho.

—Ahora lo único que queremos —terminó Ford por ella, con la misma voz profunda e hipnótica que tenía cuando cantaba uno de sus grandes éxitos—, es tener a nuestra familia con nosotros.

Habíamos pensado en casarnos allá arriba en el lago, pero no queremos arrebatarles a Rafe y a Brooke su día especial de este verano.

—Por supuesto que deberíais casaros en el lago —protestó Brooke de inmediato, pero en vez de estar de acuerdo con su prometida, Rafe le plantó un beso en la frente y le dijo:

—Algo me dice que ya tienen otra cosa en mente.

Ian se aclaró la garganta.

—Me suena como si los dos estuvieseis ya preparados para intercambiar vuestros votos, ¿verdad?

El mayor de los hermanos de Dylan parecía y sonaba como si tuviese un nudo en la garganta, y no como si estuviese bromeando. Y cuando los ojos de Mia se llenaron de lágrimas al asentir, Grace apenas pudo mantener la compostura, sorprendida.

Oh Dios mío, ¿no irían Mia y Ford a casarse esa misma noche, verdad?

—Eso es exactamente para lo que estamos preparados —confirmó Mia—.

Ford y yo no queremos esperar más. Y no queremos ningún circo montándose en nuestra boda con helicópteros y paparazis.

Daremos una gran fiesta más adelante para que pueda asistir todo el mundo, pero esta noche, solo os necesitamos a vosotros, chicos.

Las lágrimas rodaban por las mejillas de Claudia cuando rodeó la mesa para abrazar a su hija y al que pronto sería su yerno.

—¡No me puedo creer que hayáis planeado esto en secreto! Una boda, aquí mismo, en nuestro salón. —La madre de Dylan sonaba abrumada. Y absolutamente entusiasmada.

Grace estaba tan anonadada por lo que estaba a punto de ocurrir que hasta que Dylan se puso a ayudarla a levantarse de su asiento no se había dado cuenta de que seguía sentada a la mesa del comedor, boquiabierta ante el hecho de que una de las mayores estrellas del rock del mundo estaba a punto de celebrar una boda totalmente secreta, ¡justo delante de ella!

Pero a pesar de lo asombrosamente genial que era eso (¿Cómo tenía que ser de increíble una familia para poder hacer algo así?), la ineludible verdad era que ella se estaba inmiscuyendo en un momento familiar privado.

Se volvió hacia Dylan.

—Mason y yo no deberíamos....

—Quédate. —Él le cogió de la mano con una expresión tan llena de calidez que su corazón, ya henchido por el embriagador aire de romance que flotaba en la sala, se detuvo por un instante—. Por favor.

Para cuando consiguió por fin apartar la mirada de esos ojos hipnóticos, Ian estaba de pie de espaldas a la gran chimenea de piedra.

Mia y Ford se habían colocado delante de él, cogidos de la mano, mientras que el resto de la familia se reunía a su alrededor...

Y Grace supo que no había ningún otro lugar donde habría preferido estar.

Dylan sabía que ninguno de ellos olvidaría jamás esta boda.

No solo porque Mia, Ford e Ian les habían hecho esta revelación sorpresa de una forma tan brillante, sino por el bebé, que decidió de repente que su siesta había terminado y que no estaba contento en lo más mínimo con lo callados que estaban todos los demás.

Cuando Grace le quitó a Mason de los brazos e intentó acunarlo para que volviera a dormirse, Adam y Rafa estaban intentando no reírse.

Dylan se habría unido gustoso a ellos dos de no haber sido por el hecho de que podía ver cómo Grace entraba en pánico mientras intentaba calmar a su pequeño, sin éxito.

Agarró la manita de Mason y la acarició suavemente para intentar atraer su atención.

Cuando unos labios regordetes y temblorosos y unos ojos que estaban empezando a llenarse de lágrimas se encontraron con los suyos, Dylan abrió mucho los ojos y sacó la lengua.

Por suerte, Mason enseguida se puso a imitarle sacando su pequeña lengua y riendo.

—Me lo llevaré fuera —susurró Grace, haciendo ademán de apartarse del resto del grupo, pero Mia ya estaba diciendo:

—Esto es tan perfecto, intercambiar nuestros votos mientras el bebé más mono del mundo se ríe con las caras divertidas que le está haciendo todo el mundo. —Se volvió hacia Ford—. Quiero uno de estos. Pronto.

Él se inclinó a besarla y aunque lo dijera en voz baja, todos pudieron escucharle decir:

—Nos pondremos a ello esta noche.

Adam volvió a gemir porque los dos tortolitos claramente se habían olvidado de que había más gente con ellos en el salón.

—Ian, creo que ese era tu pie para entrar en escena.

Con una sonrisa y un movimiento afirmativo de cabeza, Ian comenzó:

—Estamos aquí para ser testigos de la unión entre un hombre y una mujer que han demostrado más allá de toda duda que no solo están hechos el uno para el otro, sino que tienen lo que hace falta para hacer que su amor perdure.

Todo lo que cada uno de nosotros ha deseado siempre para ti, Mia, es felicidad y amor verdadero.

Saber que has encontrado esas cosas con Ford convierte este en uno de los mejores momentos de nuestras vidas, y estamos emocionados por poder compartir vuestro intercambio de votos esta noche.

Dylan pudo escuchar como a Grace se le cortaba el aliento cuando la emoción la inundó, y movió la mano para cogerle las suyas.

Ford levantó las manos de Mia hasta su boca y las besó antes de empezar a hablar.

—Lo eres todo para mí, Mia. Mis sueños. Mi corazón.

Mi alma. Cada día, cuando me despierto contigo a mi lado, y luego cuando me duermo contigo entre mis brazos, soy el hombre más afortunado del mundo —Le plantó un beso en cada una de sus mejillas, húmedas por las lágrimas, antes de besarla en la boca—.

No puedo esperar a que empiece mi «para siempre» contigo.

Mia jamás había parecido más feliz que cuando sonrió a Ford, aunque sus lágrimas no dejaran de derramarse.

—Siempre he sabido que quería lo que tenían mis padres.

—Mia se volvió a sonreír a su madre y a su padre, que se estaban abrazando con fuerza, con el corazón asomándose por sus ojos al ver a su hija más pequeña pronunciando sus votos—.

Un amor tan profundo y verdadero que nada podría interponerse jamás entre ellos.

Estaba totalmente segura de que sabría cómo sería el amor cuando se presentara.

Lo tenía todo planeado... El hombre perfecto que me diría todas las cosas adecuadas y me haría caer rendida a sus pies igual que a una princesa de un cuento de hadas perfecto.

Pero entonces, ahí estabas tú. No salido de un cuento de hadas, sino mejor.

Porque tú eres real. Auténtico. Honesto.

Y con un corazón tan grande que constantemente me maravilla todo lo que eres y lo que haces.

Especialmente la forma en que me amas sin reprimir nada. No puedo esperar a ser tu esposa, Ford.

Cuando se volvieron hacia Ian, él estaba claramente haciendo un esfuerzo por recobrar la compostura para que pudiesen concluir la ceremonia—. Mia, libremente y sin reservas, ¿quieres entregarte a Ford en matrimonio?

—Sí quiero —Mia le deslizó el anillo de bodas de Ford en la mano izquierda—. Con este anillo, yo soy tuya y tú eres mío. Llévalo siempre como señal de nuestro amor.

—Ford, libremente y sin reservas, ¿quieres entregarte a Mia en matrimonio?

—Sí, quiero —Ford metió la mano en el bolsillo, sacó un sencillo aro de platino y se lo puso a Mia en el anular—. Te doy este anillo para llevarlo con amor y alegría. Igual que este anillo es un círculo sin fin, nuestro amor es también para siempre.

—Que los anillos que habéis intercambiado hoy os recuerden siempre que estáis rodeados por un amor duradero. Y ahora, por el poder que me ha sido conferido por la Ciudad de Seattle, es un honor y un placer declararos marido y mujer. Podéis sellar esta declaración con un beso.

Y cuando los nuevos esposos se besaron para sellar el trato, Mason dejó escapar un grito de alegría que hizo que todos los demás se le unieran.