Los Sullivan de Seattle (Libros 4-6) Capítulo 5
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Capítulo 5

CAPÍTULO CINCO

— P ero bueno, ¿eres o no eres la cosita más mona que he visto nunca? —resonó una voz femenina desde dentro de la casa un rato después—. ¿De quién eres tú?

Dylan sonrió a Grace.

—Parece que mi hermana y su prometido están aquí. —Se levantó y le ofreció una mano—. ¿Lista para conocer a la tripulación al completo?

Grace respiró hondo antes de cogerle la mano.

—Claro.

Cuando se levantó, lo tenía cerca. Más cerca de lo que había estado hasta ahora. Durante unos instantes embriagadores, ella no pudo apartar la mano, no pudo evitar que el corazón le latiese demasiado deprisa.

—No debería dejar mis cosas aquí fuera, no vaya a ser que con el viento entre la lluvia.

Los ojos de él se despegaron de los suyos y descendieron hasta su boca, y luego volvieron a subir.

—Buena idea.

¿Cómo era posible, se preguntó mientras metía la libreta y la grabadora en su bolso, que pudiesen no estar diciendo nada y a la vez, tanto?

No debería desearte, no debería desear esto, es lo que de verdad quería decir.

Y juraría que él le había respondido de la misma forma, diciendo: será bueno, Grace, solo has de permitir que suceda. ¡Será tan bueno, joder!

Se quedó sorprendida al ver que había pasado hora y media desde que habían dejado a Mason aporreando las cazuelas y sartenes en la cocina de Claudia.

Sí, le encantaría salir al mar alguna vez, tanto como para haber propuesto escribir un artículo para una revista náutica, pero escuchar a Dylan hablando de navegar y de lo que significaba para él y para otros marineros la había llenado rápidamente con el deseo de hacer más que solamente escribir sobre ello.

Ese mismo deseo que la había golpeado antes esa semana, cuando estaba mirando el velero que él estaba terminando en su cabaña.

Tal vez fuese porque, por lo que Dylan ya le había contado, construir un barco no era demasiado diferente de la forma en la que ella había aprendido a escribir por sí sola.

Primero, desmontando los artículos que le gustaban y estudiando su estructura.

Luego, empezando a construirlos por sí misma, palabra a palabra, párrafo a párrafo, página a página.

En cualquier caso, cuanto más averiguaba sobre lo que él hacía cada día, menos podía culparle por no molestarse en contestar al teléfono. Si ella estuviese construyendo unos veleros tan asombrosos, y luego botándolos para navegar en mar abierto, tampoco se molestaría en coger las llamadas.

—Es un verdadero talento hacer preguntas que vayan directas al corazón de cada asunto —dijo Dylan mientras se dirigían a la cocina—. ¿Dónde aprendiste a hacer eso?

Ella se quedó asombrada una vez más por la facilidad con la que Dylan le hacía cumplidos.

Su ex rara vez la había elogiado por nada que no fuese su figura.

De hecho, ahora que lo pensaba más a fondo, Richard y ella no habían tenido muchas conversaciones sobre nada que realmente tuviese importancia.

La verdad es que jamás habían tenido una auténtica conexión.

—Mis padres decían que hasta cuando era muy pequeñita, hacía un millón de preguntas sobre todo. El periodismo siempre fue mi profesión ideal, lo mismo que navegar lo es para ti. Pero tengo que decirte que para ser un tío al que no le gusta hacer entrevistas, hoy me lo has puesto muy fácil.

Él le sostuvo la puerta y ella vio a una mujer espectacular en el suelo, apilando piezas de construcción junto a Mason.

—Hola, soy Mia. Y tu hijo es la cosita más mona que he visto jamás.

—Estoy de acuerdo —dijo Grace con una sonrisa—. Soy Grace, y estoy encantada de conocerte. Gracias por tenerle tan entretenido.

Levantó la vista justo a tiempo de ver a Ford Vincent dirigiéndose hacia ella y ofreciéndole su mano para estrechársela.

A pesar de saber de antemano que la estrella del rock podría estar esa noche allí con Mia, dado que era su prometido, Grace todavía estuvo a puntito de quedarse paralizada por la impresión.

—Hola. —Sin saber bien cómo, consiguió estrecharle la mano sin ponerse a temblar o a sudar o a hacer ninguna otra cosa bochornosa. Tampoco es que con eso consiguiese ningún alivio temporal, porque literalmente un segundo después, Tatiana Landon entró en la estancia.

—Tatiana —dijo Dylan—: estos son Grace y su hijo, Mason.

La estrella de cine pareció agradablemente sorprendida por su presencia... En realidad, encantada sería un término más adecuado.

—Me alegro muchísimo de conocerte. No puedo esperar a oírlo todo sobre cómo os conocisteis Dylan y tú. Él nunca trae a nadie a cenar.

Oh, no, todos asumían que estaban saliendo.

—En realidad, solo estamos...

Antes de que ella pudiese acabar la frase, Mason lanzó una pieza de construcción por el aire, alcanzando con fuerza la rodilla de un hombre trajeado.

Ella corrió a recogerla, pero el hombre cegadoramente atractivo se le adelantó. Estaba sonriendo cuando le dio la pieza.

—Tu hijo tiene un buen brazo.

—De verdad que sí —asintió Dylan, y ella pudo escuchar la sonrisa en su voz sin necesidad de verla—. Tendrías que haber visto a Mason lanzando su juguete delante de mi taller esta semana.

El hombre levantó las cejas al escuchar esa anécdota antes de volverse hacia Grace y decirle:

—Soy el hermano de Dylan, Ian.

Ella nunca se había sentido cómoda siendo el centro de atención y podía notar como su compostura, ya titubeante como mucho unos minutos atrás, se hacía rápidamente jirones mientras todos la observaban fijamente, especialmente este hermano cuya mirada era un poquito más intensa que la de los demás.

—Estoy encantadísimo de que tú y tu hijo hayáis podido venir a cenar con nosotros esta noche.

Justo en ese momento, Mason le tiró otra pieza de juguete a Ian, que él se agachó para depositar suavemente a los pies del niño.

Cuando Mason se echó a reír, contento por tener otro nuevo amigo con quien jugar, Claudia dijo:

—¿No es Mason genial? He tenido el privilegio de vigilarle durante las últimas dos horas mientras Grace y Dylan hacían su entrevista.

Otra pareja entró en la cocina.

—¿En serio ha accedido Dylan a dar una entrevista? —preguntó el hombre de cabellos oscuro que se parecía tanto a Dylan—. ¿Es que ha estallado el Apocalipsis?

—Estos son Rafe y Brooke —presentó Dylan mientras Mason se ponía en pie y levantaba los brazos. Sin hacer una pausa, Dylan le cogió—. Chicos, me gustaría presentaros a Grace y a Mason.

Cuando Brooke saludó con la mano al bebé, él le devolvió el gesto alegremente.

—¿No es una ricura? —preguntó Mia mientras Ford la ayudaba a ponerse de pie sobre lo que para Grace eran unos tacones imposiblemente altos.

—Sí, muy rico —asintieron Brooke y Tatiana.

La forma en que todos se enamoraron de inmediato de su hijo ayudó a que Grace recuperara un poco de su compostura. Por supuesto, entonces fue cuando entró otro hermano más, vio a Mason con apoyando su pequeña cabecita en el hombro de Dylan con aire soñoliento y preguntó:

—¡Guau! ¿Es que has adoptado un crío en tu última expedición en barco?

—Grace, este es Adam. Estoy seguro de que vas a quedarte realmente sorprendida al saber que sigue estando soltero.

Entonces es cuando Adam se giró y la vio.

—¿El bebé es tuyo? —Cuando ella asintió, él le dedicó una sonrisa realmente aduladora—. No me extraña que el enano sea tan mono.

En ese punto, ¿qué otra cosa podía hacer ella salvo echarse a reír?

Durante la entrevista, Dylan le había hablado sobre aprender a caminar en la cubierta de un velero durante una tormenta sin salir despedido al agua.

Ahora ella sabía exactamente cómo se sentiría haciendo eso, habiendo conocido a su familia al completo durante los últimos cinco minutos.

O a casi todo el clan, es decir, porque cuando un hombre atractivo con cabellos grises entró, y todos en la habitación le sonrieron, ella supo exactamente lo guapo que Dylan sería en treinta años, y también cuánto le adorarían sus futuros hijos.

Y cuando el padre de Dylan abrazó y besó a Claudia, Grace no pudo contener un suspiro por lo adorable que era ver a dos personas todavía tan enamoradas después de tantos años.

No era de extrañar que hubiese tanto amor en esa casa.

Normalmente, a estas horas Mason ya estaría cansado y gruñón, pero se encontraba totalmente en su elemento, con todas esas mujeres haciéndole mimos y todos los hombres diciendo que probablemente de mayor sería un jugador de béisbol profesional con ese brazo que tenía.

De los dos, ella era la que se sentía abrumada, no solo por sus emociones hacia el sujeto de su artículo para la revista, sino hacia su magnífica familia.

Así que cuando Claudia le preguntó a Grace si podía ayudarla a montar la ensalada, estuvo encantadísima de poder alejarse del grupo más numeroso.

Su madre, como Grace ya había supuesto, era el ojo de la calma en el centro de la tormenta.

—Gracias otra vez por vigilar a Mason mientras yo entrevistaba a Dylan.

—Siempre que necesites que alguien te cuide a tu hijo, ya sabes a quién llamar. Por cierto, ya está cambiado y limpito. ¿Ha ido bien la entrevista?

—Escuchando hablar a Dylan, sentí casi como si estuviera en un velero con él. Tu hijo es un hombre fascinante.

Grace levantó la vista del pepino que estaba cortando para lanzarle una mirada fugaz. Solo para averiguar que él ya la estaba mirando. De nuevo ruborizada, tuvo que obligarse a serenar el temblor de sus manos antes de proseguir con su tarea con el cuchillo.

—Mason me recuerda a cómo era Dylan de pequeño —le dijo Claudia—.

Un encanto. Siempre dispuesto a reír. —El pequeño estaba riéndose justo entonces, mientras Brooke lo hacía botar en sus brazos—.

Feliz de pasarse horas construyendo cosas.

De hecho, era un niño tan fácil de cuidar que era realmente fácil dejarle a su aire, especialmente cuando sus hermanos y Mia parecían todos necesitar más de nuestra atención.

Así que cuando Max vio que estaba fascinado por los veleros, ambos decidimos que aprenderíamos a navegar con él.

Fue verdaderamente una de las mejores cosas que hemos hecho jamás, porque entonces fue cuando conocimos de verdad a nuestro hijo... Y él nos conoció a nosotros

—En el confesionario de la cabina —dijo Grace con una sonrisa, haciendo referencia a una de las cosas que Dylan le había dicho durante su entrevista—. ¿Entonces tú también crees que no es posible guardar ningún secreto cuando vas en un barco?

—Ya lo averiguarás tú misma la primera vez que salgas a navegar con él.

Justo entonces, Mason soltó un pequeño sollozo, y ella corrió a cogerlo de los brazos de Brooke.

—Creo que echa de menos a su mami —dijo Brooke.

Grace le plantó un beso al niño en la frente.

—Ha sido un gran día para él, conocer a tanta gente nueva. —Para ambos, en realidad—. Probablemente también tenga hambre y sed. —Metió la mano en su bolso para coger un biberón. Él se acurrucó contra su pecho y empezó a beber como si acabase de cruzar el desierto del Sahara.

Dylan los llevó hasta la mesa donde sacó una silla a su lado. Ella había planeado poner a Dylan en su trona portátil, pero después de terminarse el biberón, él se lanzó a acurrucarse en brazos de Dylan y se quedó dormido al instante.

Grace pensó que era la cosa más mona, más rica que había visto jamás ...

Un hombre grande y fuerte sosteniendo con tanta suavidad a un bebé dormido.

Uno que, obviamente, se sentía tan seguro que no le importunaba en lo más mínimo que los demás estuviesen entrando al comedor, riendo y bromeando entre sí de una forma que solo una auténtica familia es capaz de hacer.

Grace se dio cuenta de que no era la única que pensaba que Dylan y Mason formaban una estampa preciosa.

Estaba bastante segura de que los ojos de Claudia se habían empañado un poquito, también.

Bandejas repletas de comida se pasaron de un lado a otro sobre la mesa, y como Dylan tenía las manos ocupadas, Grace llenó los platos de los dos con un poquito de todo.

Pensaba que se pondría nerviosa comiendo en un grupo de gente famosa y desconocida, pero en el momento en que le dio el primer mordisco a la deliciosa comida de su madre, notó que estaba muerta de hambre.

Sentarse a cenar con todos le dio por fin a Grace la ocasión de estudiar un poco a la familia.

Todavía un poco deslumbrada por tanta estrella, al mismo tiempo se sorprendió de lo normales que parecían.

Bromeaban, se metían los unos con los otros jocosamente, flirteaban...

Sobre todo, Adam. Por lo que Dylan le había dicho, todos se reunían de forma regular.

Tatiana, que estaba sentada a su izquierda, le dijo:

—Me encantaría saber más sobre el artículo que estás escribiendo, Grace. Sobre todo ya que Dylan normalmente es tan reacio a que le entrevisten.

Más que sorprendida de que Tatiana no pareciera comportarse ni con el más mínimo atisbo de desconfianza con ella por ser periodista, Grace le dijo:

—Es un trabajo sobre el corazón de un marinero, sobre por qué la gente se siente impulsada a echarse a un mar que puede ser tan hermoso como peligroso.

Esta semana he leído un montón sobre la navegación, pero dos horas con Dylan me han resultado más útiles de lo que habría sido una biblioteca completa.

—Suena fascinante —dijo Tatiana—. Siempre he admirado a la gente que tiene la habilidad de filtrar una pila de información y sacar solo las partes relevantes. ¿Cuál es tu secreto?

—Hacer preguntas brillantes —respondió Dylan.

—Preguntas interminables, en todo caso —dijo Grace—. Si no os hubieseis presentado todos a cenar, probablemente todavía estaría taladrando Dylan con ellas.

—¿Entonces no has terminado con él aún? Preguntó Mia.

Mason se removió en los brazos de Dylan, para estar también a medias en los de Grace, y ella se centró en hacer que él estuviese más cómodo mientras contestaba:

—Ni siquiera estoy cerca. Todavía nos queda a los dos mucho terreno que cubrir.

Cuando levantó la vista, todos sonreían como locos. ¿Que acababa de decir para que todos se pusieran tan contentos?

Por suerte, ahí es cuando la conversación viró hacia el lanzamiento de su primo Ryan que le había la victoria a su equipo durante el partido de béisbol de la noche anterior, así que Grace por fin se permitió relajarse en su asiento.

Todo lo que podía relajarse, de todos modos, con el muslo de Dylan apretado contra el suyo por debajo de esa abarrotada mesa.

Con su hijo dormido en el regazo de ambos y además, con su familia ahí mismo, no debería tener que estar también conteniendo su deseo por él.

Pero eso es lo que hacía.