Capítulo 3
CAPÍTULO TRES
L os truenos y los relámpagos hacían temblar el cielo fuera del apartamento de Grace el viernes por la tarde, mientras ella esperaba a que Dylan viniese a recogerlos. Mason había gateado hasta la ventana y estaba aplaudiendo con alegría cada vez que el relámpago brillaba y el trueno retumbaba.
Grace le cogió en brazos para que pudiese tener una vista mejor de la tormenta, que se parecía demasiado a la que llevaba los últimos tres días rugiendo dentro de ella.
Dylan la había manipulado hábilmente para que accediera a hacer la entrevista en su casa de la infancia, de entre todos los sitios posibles.
Aunque no era poco habitual en absoluto que una persona conocida llevase la batuta con una periodista, el hecho de que ella le hubiese echado un vistazo a Dylan y le hubiese deseado de una forma en la que jamás había deseado a ningún otro hombre la tenía preocupada.
Muy preocupada, ya que la única vez en que había permitido que la frontera entre su trabajo y su vida privada se hiciese poco definida había sido un gigantesco error.
Abrazó a Mason más fuerte mientras borraba mentalmente la palabra error .
Habría vuelto a cometer sin dudarlo uno y mil errores de nuevo para poder tenerlo aquí con ella.
Pero aunque ambos habían conseguido pasar tanto por su embarazo en solitario como por que ella fuese madre soltera durante los primeros diez meses de la vida del niño, eso no significaba que tuviese que cometer otro error parecido con Dylan.
Richard Bentley le había pedido salir durante su entrevista, año y medio atrás.
Nadie tan encantador ni que derrochase tantos cumplidos la había mirado antes.
Así que aunque ella sabía que no debería mezclar el trabajo con el placer, él le había resultado demasiado persuasivo y decidido para poder resistirse.
Especialmente después de la muerte de su padre, ocurrida solo seis meses antes.
Lo único que ella había querido era olvidar, solo un ratito.
Su primera cita con Richard había tenido lugar en una azotea privada a las afueras de Washington D.C.
El restaurante con sus manteles blancos era tan elegante que ella se habría sentido terriblemente fuera de lugar con su sencillo modelo de vestido y zapatos negros si no hubiesen estado en una zona totalmente privada del local.
Hacia el final de la velada, la cabeza le daba vueltas a causa de la bebida espumosa y de lo que le había parecido en aquel momento la cita más romántica que jamás había tenido.
Normalmente nunca se acostaba con un tío en la primera cita pero, en retrospectiva, Grace no podía negar que había sentido como si le debiera algo a Richard por esa noche de cuento de hadas.
En su segunda cita, él la había llevado a navegar en su velero y aunque el viaje no había ido tan bien como la cena bajo las estrellas, a ella ni se le había pasado por la cabeza concluir esa cita con solo un beso de buenas noches tampoco.
Todas sus citas eran lo mismo: él la llevaba a algún lugar privado que la había impresionado y entonces ella le invitaba a pasar la noche.
Para cuando se dio cuenta de que algo no parecía andar bien (¿Por qué nunca la llevaba a sitios donde alguien pudiese verlos juntos?
¿Por qué siempre tenía alguna excusa sobre estar demasiado ocupado para hablar con ella o verla entre semana?
¿Por qué decía que quería mantener su relación solo entre ellos dos un poquito más de tiempo?), ella ya había tenido una falta.
Richard no se había mostrado encantado en absoluto al saber solo unas semanas después que estaba embarazada.
Habría sido una locura por parte de Grace asumir que Dylan tenía ninguna otra cosa más en mente esa noche aparte de una rápida entrevista y una comida casera en casa de sus padres.
Pero había dejado de ser capaz de mentirse a sí misma el día en que su test de embarazo había dado positivo.
Así que aunque no podía entenderlo, tampoco podía negar el calor que desprendían los ojos de Dylan al mirarla.
Tampoco podía negar el correspondiente acceso de calor que ella había sentido solo por estar junto a él.
¿Y si añadíamos lo bien que se había portado él con Mason y lo fácil que le había resultado convertir sus llantos en risas?
Ahí había tres tremendas y enormes razones por las cuales tendría que esforzarse al máximo para mantener las cosas en el plano estrictamente profesional. Porque él era muy, muy tentador.
Sonó el timbre y ella intentó prepararse para verle otra vez, pero al abrir la puerta y verla, el obvio aprecio que se reflejó en su mirada hizo que su sensualidad adormecida por tanto tiempo volviese de golpe a la vida, más fuerte y más ardiente que nunca.
Igual que le había pasado el martes en su taller náutico.
—Estás muy guapa, Grace.
—Gracias. —Había pasado tanto tiempo desde que alguien le había dicho que era bonita, o desde que ella se había permitido creérselo...—. Pasa, cogeré las cosas de Mason.
Su hijo inmediatamente estiró los brazos hacia Dylan, y aunque ella pudo notar la misma punzada en el pecho que notaba siempre que pensaba en dejar que alguien le cogiese, esta vez fue lo bastante lista y no intentó sujetar a Mason. Estaba claro que él había estado deseando estar cerca de otro tío.
—Me encanta tu casa —comentó Dylan, mirando la pequeña cocina y el saloncito de su apartamento—. Debe de ser genial tener el parque al otro lado de la calle.
—Es un gran barrio, pero tienes razón. El parque fue la razón por la cual lo elegí.
—A pesar del hecho de que el apartamento estaba, y seguía estando, por encima de su límite presupuestario—.
Ayer, como no dejaba de señalar al tobogán y a los niños más mayores que jugaban allí, bajé con él sentado en mi regazo por primera vez.
—Apuesto a que le encantó, ¿verdad?
—Tanto, que todavía estaría ahí haciendo lo mismo si al final, como una hora después, no hubiese sido capaz de seguir subiendo más veces por la escalera con él en brazos—confirmó ella, revolviendo el cabello oscuro de Mason.
Estaba a punto de cargarse al hombro su pesada bolsa con las cosas del bebé y su asiento portátil para el coche cuando Dylan dijo:
—¿Por qué no haces una pausa en lo de levantar cosas pesadas un par de horas y me dejas llevar tu carga por ti?
Ella no sabía por qué la oferta de Dylan la hizo estar a punto ponerse a sollozar; solo sabía que no podía seguir permitiéndole que la hiciese ponerse blandita por dentro de esta forma.
Permanecer dura y decidida era lo que había mantenido su vida y la de Mason por el camino correcto hasta el momento.
Si ahora bajaba la guardia, si dejaba que alguien más llevase su carga, incluso aunque solo fuese durante un ratito, ¿cuánto le costaría volver a asumirla después, totalmente sola?
Además, Dylan ya tenía a su hijo en brazos, y ella podía encargarse fácilmente del resto. Igual que hacía siempre.
—Ya lo tengo todo —afirmó ella, cuando la verdad era que entre lo de jugar en el parque el día anterior y su largo día delante del ordenador reescribiendo media docena de veces cada frase de su artículo sobre nuevas tendencias en lacas de uñas, le dolían los hombros.
Se quedó un poco más que sorprendida por el Jeep maltrecho aparcado delante de su edificio.
Según la investigación sobre Dylan que había llevado a cabo, y después de entrar en su taller de construcción de barcos equipado a todo tren, sabía que él tenía dinero.
Pero a diferencia de su ex, que tenía que hacer gala de su riqueza de todas las formas posibles, Dylan obviamente no sentía la necesidad de conducir por ahí en un pequeño coche deportivo ni en un enorme Hummer que dejase a todos los demás coches de la carretera a la altura del betún.
Ajustó rápidamente el asiento de Mason en la parte de atrás, luego le puso el cinturón y le dio un juguete para que se entretuviese durante el trayecto.
—Mi madre no ha dejado de contar los minutos desde que la llamé para avisarle de que Mason y tú ibais a venir a cenar.
Grace ya estaba nerviosa por lo de esta noche, pero ahora sus nervios subieron un grado más.
—Antes se ha puesto un poco caprichoso. Espero que no le dé una rabieta cuando lleguemos allí.
—Estoy seguro de que esta noche se portará genial. Además, después de criar a cinco de nosotros, mi madre es una experta en lidiar con las rabietas.
Con Mason dándole golpes a la parte de atrás de su asiento con el juguete, debería haber sido capaz de mantener sus hormonas a raya.
Pero ese sonido no hizo que ella fuese menos consciente de lo cerca de su muslo que estaba la mano de Dylan sobre la palanca del cambio, ni de lo bien que olía...
A una combinación embriagadora de aromas marinos y madera recién cortada.
—Me encantaría saber más sobre tu familia.
—Le había prometido a Dylan que no iba a centrarse en su familia en su artículo, pero como él mismo le había dicho el martes, al menos necesitaría un poco de información de fondo para comprender cómo había llegado a ser el hombre que era—.
He hecho algo de investigación preliminar para mi artículo y creo que tengo bastante idea de a qué se dedica cada uno.
Su hermano mayor, Ian, no solo era multimillonario y el fundador de Sullivan Inversiones, también se había prometido recientemente con Tatiana Landon, una estrella de cine hermosa y con talento.
El hermano que iba segundo en edad, Adam, era muy conocido por sus renovaciones de casas históricas por todo el Pacífico Noroeste.
Su hermano mediano, Rafe, era investigador privado y estaba prometido con una mujer que fabricaba bombones gourmet.
Para completar el grupo estaba su hermana, Mia, propietaria de la inmobiliaria Sullivan Realty, que estaba prometida con la estrella del rock Ford Vincent.