Los sueños que compartimos (Amor y otros sueños 1) Capítulo 49
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Capítulo 49

Capítulo Cuarenta Y Nueve

Maya

—Esta pieza es para ti, Maya —la voz de Josh se eleva por encima del estruendoso aplauso del público—. El mundo no está lleno de maravillas. Tú sí.

Se oyen silbidos y gritos de alegría, pero rebotan contra mí. Solo sus palabras, que repite en inglés, consiguen alcanzarme. Se me llenan los ojos de lágrimas. Me abandono al abrazo del guardia de seguridad, mientras todo dentro de mí cede.

El hombre a mi lado me mira asombrado. Descanso todo mi peso sobre su brazo y cierro los ojos. Dice algo, pero apenas lo oigo ya. Porque, de fondo, Josh hace resonar el piano. La orquesta lo sigue.

Reconozco la melodía al instante. Es The Melody of Our Dream s.

Una vez más, nuestro tiempo juntos pasa fugaz ante mis ojos. Cada caricia y cada mirada cargada de anhelo. Las carcajadas y los momentos desgarradores en los que no pude resistirme a su atracción.

Me dejo llevar por la música y lo revivo todo en mi mente, regreso al lugar donde la escuché por primera vez. Igual que entonces, quiero apoyar la cabeza en su hombro. Quiero sentir su brazo rodeándome y creer que nada puede alcanzarnos.

No quiero pasar ni un segundo más sin él.

De un solo movimiento decidido, me zafio de nuevo y aparto de mí al guardia.

Sorprendido por mi repentina fuerza, da un traspié hacia atrás.

Distingo su expresión atónita durante una fracción de segundo, pero al instante siguiente me vuelvo.

Echo a correr como nunca en mi vida. En trance, irrumpo en el escenario, a la vista de todos.

Las tablas bajo mis pies se sienten inestables, y los focos de colores desprenden un calor desconocido.

Josh está sentado al piano de espaldas a mí. Sus manos vuelan sobre las teclas. No hay temblor, no hay vacilación.

Igual que yo.

Me acerco a él a zancadas. El público se da cuenta de mi presencia, pero sus gritos y exclamaciones no significan nada para mí. Tampoco el personal de seguridad, que corre hacia mí desde ambos lados del escenario.

—¡Josh! —lo llamo con todas mis fuerzas.

De pronto, se queda inmóvil. Solo la orquesta sigue tocando. En cámara lenta, se vuelve hacia mí. Al principio parece que no entiende lo que está pasando. Pero luego, en sus ojos, se enciende un resplandor que vuelve innecesaria cualquier pregunta.

Me sonríe, se levanta del taburete y abre los brazos.

Nada puede impedir que eche a correr hacia él. Entre los atronadores aplausos del público, con The Melody of Our Dream s en los oídos y todo el amor que siento por este hombre latiéndome en el pecho, me hundo en su abrazo.

Hay tantas cosas que podría susurrarle ahora. Pero las palabras que necesitaría para expresar lo que siento todavía no se han inventado.

Así que me desprendo en silencio de sus brazos y lo miro. Veo cómo la gente enciende cada vez más luces por nosotros. Brillan de forma hipnótica, pero no irradian ni una fracción del resplandor que emana de Josh.

La orquesta se entrega por completo una vez más. Siento las vibraciones del aire dentro de mi pecho. La magia del momento nos arrastra. Con ternura, rozo su nariz con la mía y lo miro hondo a los ojos.

Allí, en el verde de su iris, lo veo todo. Su felicidad y sus deseos se entrelazan con mis propios sentimientos y llenan de luz el mundo que nos rodea.

Paso a paso, nos vamos acercando el uno al otro.

El público nos anima con entusiasmo. A nuestros pies se extiende un mar de luces. La música alcanza su último clímax.

Una última mirada a sus ojos y luego bajo los párpados. Solo puedo sentir su aliento cálido en mi mejilla y el anhelo que late en nuestros corazones.

Y por fin, llega el momento. Nuestros labios se rozan con tanta suavidad que siento su amor recorriéndome entera. Y ahora ya nada puede detenerme. Los muros que llevaba dentro durante tanto tiempo han dejado de existir.